Bernardo Bravo Manríquez, líder de los citricultores del Valle de Apatzingán, fue asesinado. Así, sin adornos. Otro productor que no resistió el peso de las balas ni el olvido del Estado. Y mientras su cuerpo era hallado en un camino rural, el gobierno se apresuraba a abrir una “carpeta de investigación”, ese eufemismo que en México equivale a tirar la toalla con sello oficial.
El campo limonero, ese que da aroma al ceviche y sabor al tequila, hoy es territorio de guerra: ahí no crecen árboles, crecen cuotas, levantones y silencios. Bravo Manríquez lo denunció más de una vez: el crimen organizado cobra por cada kilo cosechado, y el Estado —ese que presume “coordinación + inteligencia”— apenas cobra su sueldo.
Y así, mientras Michoacán sangra limón y plomo, el país entero se ahoga en cifras: más de 26,669 ejecutados en lo que va del sexenio. Pero lo realmente obsceno no es la cantidad de muertos, sino la ausencia de justicia. Según Impunidad Cero, la probabilidad de que un delito se resuelva ronda el 0.9%. Es decir: si te matan en México, tus posibilidades de justicia son las mismas que de ganarte la lotería… dos veces seguidas.
¿Los “optimistas”? Ellos dicen que se esclarece hasta el 10% de los homicidios. Bravo. En ese escenario mágico, de mas de 26 mil cadáveres, solo 2,600 casos tendrían solución. Pero seamos serios: ni los milagros del “superpolicía” Omar García Harfuch —ese Batman chafa que presume “coordinación e inteligencia”— logran convertir números en justicia.
Porque aquí los muertos son estadísticas, los expedientes son papelería reciclada y la justicia es una leyenda urbana.
El país presume playas, telenovelas y tacos, pero no puede presumir saber quién mata a quién. En esta república del eufemismo, la frase favorita del poder es: “investigación en curso”. Curso eterno, sin final feliz.
El eco del pueblo (sin filtro, sin maquillaje)
“Todo lo que se opone, estorba. Lamentablemente en este México vivimos y no en el que describe la narrativa oficial.” — N.L.
“Y dónde está la autoridad: en las ancas de la mula.” — N.L.
“Qué triste, increíble este gobierno de mierd…” — oc, Monterrey
“Y el gobierno pintado.” — ely, Monterrey
“Este crimen no quedará impune… (bostezo).” — Pancho Garza, SPGG
“Cuántos más asesinatos quiere, señora presidenta (sí, con minúsculas).” — México mágico
“El gobierno bananero sabe quiénes son los delincuentes. Ellos mismos son los malandros.” — ALV el PEJE, Monterrey
“Morena: el excremento de México.” — Adrián, Santa Catarina
“El gobierno sabe quiénes son los que mataron a este pobre hombre por denunciar extorsiones. ¡Haga su trabajo, presidenta!” — MarkEpicorGQ, Escobedo
“Se abrirá una carpeta de investigación. Hasta donde tope. Bla bla bla…” — La vida en el México chicharronero de cuarta
“Abrazos, no balazos. El Huachikakas.” — Peter, Monterrey
“Por unas migajas el pueblo lo sacrifica todo.” — Verdadio, Mty
Postdata amarga
Bernardo Bravo ya no hablará más. Su asesinato no será tema en la mañanera ni caso resuelto en los tribunales. Será una línea más en la estadística de un país que ya perdió la cuenta.
En México, el muerto sí descansa.
La justicia, ni siquiera despierta.
Mientras tanto, los productores entierran a sus líderes, las familias rezan frente a carpetas de cartón, y el Estado se conforma con dar el pésame por redes sociales. México es hoy ese lugar donde el muerto sí descansa, pero la justicia, ni en sueños.






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