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viernes, 11 de septiembre de 2026

«AMERICO TIENE RAZON: PASE TURISTICO de N.L es una MAFUFADA Vs CONDUCTORES que PORTAN PLACAS de TAMAULIPAS que NO NACIERON bajo el CERRO de la SILLA»…eres “sospechoso” por culpa de lámina con letras y números.


El “pase turístico” de Nuevo León no es una política de movilidad: es una aduana doméstica con interfaz digital. Bajo el elegante maquillaje de “registro gratuito”, el gobierno neoleonés pretende que una placa de otro estado —y en particular la tamaulipeca, por el contexto regional— cargue con una sospecha administrativa antes de poder circular: como si el vehículo foráneo debiera acreditar que no viene a delinquir, contaminar, invadir o, peor todavía, a gastar dinero fuera de San Pedro.

Una ideota con placa oficial

Nuevo León ha decidido que el problema no es la delincuencia, la falta de inteligencia policial que adolece de registros de placas, la impunidad ni la incapacidad de vigilar a quien realmente comete delitos. No: el problema, aparentemente, es que los automóviles traen placas de Tamaulipas, Coahuila, Veracruz, Ciudad de México o cualquier entidad que no haya tenido la fortuna burocrática de nacer bajo el cerro de la Silla.

La ocurrencia consiste en exigir un Pase Turístico a los vehículos particulares con placas foráneas o extranjeras que entren o circulen temporalmente en la entidad. El permiso sería gratuito, en línea y tendría una vigencia acumulada máxima de 30 días al año; comenzaría a exigirse el 21 de octubre. La palabra “gratuito”, sin embargo, no vuelve constitucionalmente inocuo al requisito: una barrera administrativa no deja de ser barrera porque no cobre caseta. 

Es el tipo de genialidad gubernamental que presume modernidad porque pide un trámite digital, aunque en el fondo revive una vieja tentación autoritaria: convertir el derecho de circular en un privilegio condicionado a que el visitante se registre, explique su presencia y, de paso, acepte que su matrícula es motivo suficiente para levantarle una ceja institucional.

La Constitución no dice “salvo placas tamaulipecas”

El artículo 11 constitucional es bastante menos rebuscado que la imaginación regulatoria de Nuevo León: toda persona tiene derecho a entrar a la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes. Las restricciones admitidas no son un buffet de ocurrencias locales: se vinculan a facultades judiciales en casos de responsabilidad criminal o civil y a limitaciones legales sobre migración, inmigración, salubridad general y ciertos supuestos relativos a personas extranjeras. 

La pregunta que el Instituto de Control Vehicular y el gobierno estatal deberían responder sin rodeos es elemental: ¿en qué renglón de ese artículo cabe un permiso estatal obligatorio para que un mexicano con placas de Tamaulipas use las vialidades de Nuevo León?

No basta rebautizar un salvoconducto como “Pase Turístico” para que deje de parecerse a lo que constitucionalmente está prohibido exigir como condición general de tránsito. Si para circular hay que obtener autorización previa por el solo hecho de portar placas ajenas, la autoridad no está facilitando la movilidad: está administrando sospechas.

Y hay un problema adicional: el derecho es de la persona, no de la placa. La matrícula identifica el registro de un vehículo, no acredita peligrosidad, antecedentes penales, intención delictiva ni calidad moral de quien conduce. Convertir la procedencia registral del automóvil en criterio de control equivale a practicar perfilamiento territorial con una hoja de cálculo.

Presunción de inocencia sobre ruedas

Aquí está el núcleo más grave y más incómodo de la “ideota”: no se fiscaliza una conducta concreta; se clasifica preventivamente a un universo de conductores por el origen de sus placas.

La lógica implícita es perversa: “si vienes de fuera, primero regístrate; después vemos si puedes circular”. Y cuando esa categoría se asocia, en el debate público, a Tamaulipas, el subtexto es todavía más burdo: la placa tamaulipeca aparece tratada como una especie de indicio de riesgo, una marca administrativa que merece vigilancia especial antes de que exista infracción, denuncia, orden judicial o hecho objetivo alguno.

Eso no es seguridad pública seria. Es estigmatización con código QR.

La Constitución, en su artículo 1, obliga a todas las autoridades a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, además de prohibir la discriminación motivada por origen nacional o cualquier condición que atente contra la dignidad humana o anule derechos y libertades. Aunque una placa no sea una persona, usarla como atajo para imponer cargas diferenciadas a quienes provienen de otras entidades exige una justificación reforzada, objetiva y proporcional.

También la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial obliga a que la movilidad se garantice bajo principios de accesibilidad, inclusión e igualdad, con eliminación de obstáculos, barreras, exclusiones y restricciones discriminatorias. El Estado debe atender los desplazamientos de las personas de manera incluyente, igualitaria y sin discriminación.

En otras palabras: Nuevo León puede perseguir delitos, inspeccionar vehículos con causa legal, investigar redes criminales, sancionar infracciones y reforzar su seguridad vial. Lo que no puede hacer —o no debería poder hacer sin un escrutinio constitucional severo— es reemplazar investigación por geografía y sospecha razonable por placas foráneas.

El reclamo tamaulipeco: correcto, pero tímido

El aun gobernador de MORENA ,Américo Villarreal, tiene razón cuando invoca el libre tránsito y cuestiona la base jurídica del pase. La medida puede afectar a quienes cruzan Nuevo León por razones laborales, comerciales, familiares, médicas o turísticas, en una región donde Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila no son islas diplomáticas sino economías y comunidades inevitablemente conectadas. 

Pero el reclamo de Tamaulipas luce demasiado diplomático frente a la magnitud del despropósito. Decir solamente “está mal” es correcto, aunque insuficiente. No se trata únicamente de que el trámite sea incómodo o de que pueda dañar la integración regional. Se trata de que el diseño normativo presume que el visitante debe justificar su presencia ante el estado anfitrión.

Y Tamaulipas tendría que decirlo con todas sus letras: el pase no sólo obstaculiza la movilidad; normaliza la idea de que la procedencia territorial del vehículo puede funcionar como sustituto de una investigación individualizada. Es decir, prejuzga. No sentencia, desde luego, pero sí etiqueta: primero te coloco en la fila de los potencialmente problemáticos porque tu placa no es local; luego, si quieres ejercer un derecho ordinario, tramita tu permiso.

Vaya modelo de federalismo: México unido, pero previa captura de datos.

Lo que debería exigirse

La discusión no debe quedarse en el folclor de la rivalidad entre estados ni en la respuesta fácil de “pues también pongan un pase para los regios”. Copiar la arbitrariedad no la vuelve legal; sólo la multiplica.

Debe exigirse, al menos:

  • Que Nuevo León publique con claridad la fundamentación legal específica que le permitiría condicionar la circulación de vehículos nacionales por razón exclusiva de placas foráneas.
  • Que explique cuál es el fin constitucionalmente legítimo del padrón, qué evidencia demuestra su necesidad y por qué las facultades ordinarias de tránsito, seguridad e investigación resultan insuficientes.
  • Que acredite proporcionalidad: por qué 30 días al año, por qué el requisito alcanza a todos los foráneos y por qué no hay medidas menos restrictivas.
  • Que garantice protección de datos personales y descarte cualquier uso del registro para vigilancia indiscriminada, cobros encubiertos o filtros selectivos.
  • Que Tamaulipas y los demás estados afectados exploren mecanismos jurídicos reales —incluido el control constitucional que corresponda— y no se limiten al intercambio de declaraciones de micrófono.

La seguridad no se construye tratando al ciudadano mexicano como extranjero en su propio país. Menos aún cuando el “sospechoso” no es una persona investigada, sino una lámina con letras y números.

El pase turístico neoleonés es una mala idea por la forma y por el fondo: burocrático en su ejecución, selectivo en su destinatario y constitucionalmente sospechoso en su premisa. Porque cuando un gobierno confunde una placa tamaulipeca con una presunción de riesgo, no está cerrando el paso al crimen: está abriendo la puerta al prejuicio institucional. 

Con información: HoyTamaulipas/

«AGRICULTURA CINÍCA de EXPORTACIÓN: ATORAN en TEXAS 907 KILOS de METANFETAMINA DISFRAZADA de REPOLLOS»…como burló tantos retenes en uniformes de todos colores ?


No eran repollos. Eran bolas plásticas camufladas con hojas de repollo, una versión particularmente cínica de la agricultura de exportación: 907 kilos de metanfetamina viajando hacia Estados Unidos disfrazados de verdura, como si el narcotráfico hubiera decidido inscribirse al programa de alimentación saludable.

La DEA en Houston informó que el aseguramiento ocurrió en Texas, en el Valle del Río Grande que tiene de vecino a Tamaulipas , durante un operativo conjunto en el que participaron DEA, CBP, Patrulla Fronteriza, FBI, Investigaciones de Seguridad Nacional y el Departamento de Seguridad Pública de Texas.

Es decir: una colección completa de agencias federales y estatales tuvo que intervenir para detener un cargamento que, por su volumen, difícilmente parece obra de un improvisado con una camioneta y tres costales.

Más de 2 mil libras de droga sintética escondidas entre repollos no son un “incidente”; son una muestra del músculo logístico de las organizaciones criminales. Para que esa carga llegara hasta donde fue detectada debieron existir proveedores, operadores, empaquetadores, transportistas, vehículos, rutas, puntos de resguardo, vigilancia, comunicaciones y, presumiblemente, una estructura capaz de calcular pérdidas como parte ordinaria del negocio.

Porque esa es la parte que suele perderse entre el aplauso institucional del “gran golpe”: una organización que puede arriesgar casi una tonelada de metanfetamina no opera apostándolo todo a un solo cargamento. El decomiso puede representar un daño real —y debe investigarse como tal—, pero también obliga a preguntar cuántos envíos menores, con otros disfraces y otras rutas, lograron pasar antes o después sin activar el despliegue de uniformes, siglas y comunicados.

La pregunta incómoda no es únicamente quién mandó los falsos repollos, sino cómo una carga de semejante tamaño avanzó por un pais y una frontera supuestamente blindada hasta requerir la intervención coordinada de agencias federales, estatales y locales. 

La DEA no precisó el lugar exacto del aseguramiento y todo indica que no fue en el puerto aduanero de Pharr, donde CBP suele reportar oficialmente sus decomisos. Ese vacío no es menor: si no se sabe —o no se informa— dónde se detectó la carga, tampoco queda claro cuánto trayecto recorrió ,cuantos retenes militares ,federales y hasta estatales allanó antes de que alguien notara que el repollo tenía demasiado contenido químico para una ensalada.

Las autoridades sostienen que impidieron que los más de 900 kilos llegaran a los canales de distribución del interior estadounidense. Correcto. Pero el propio tamaño del cargamento sugiere otra lectura: si una pérdida de este calibre cabe en la contabilidad criminal, es porque el negocio dispone de márgenes, rutas alternas y suficiente flujo como para que un decomiso extraordinario no necesariamente sea una derrota estratégica.

Para rematar con ironía, conviene no insinuar un origen concreto: que el cargamento llevara hojas de repollo no prueba que procediera de una zona productora mexicana. Pero sí podemos especular con los principales estados donde se cultiva la hortaliza.

Los principales productores de col o repollo son:

  • Puebla, que encabeza con amplia diferencia la producción nacional.
  • Michoacán.
  • Chiapas.
  • Sonora.
  • Baja California

La investigación sigue abierta para identificar el origen, a los responsables y a la organización detrás del envío. Ojalá llegue hasta ahí. Porque capturar el repollo falso es una foto útil; desmontar la red que lo sembró, lo empacó, lo movió y esperaba cobrarlo del otro lado sería la verdadera noticia.

Con información: ELNORTE/

“YA NO CABEN en la FOTO: la GUERRA FRATRICIDA de la MAYIZA y la CHAPIZA CONVIERTE en OBITUARIO la LISTA de INFLUENCERS AMENAZADOS en VOLANTES”… ahora fue el “Piturris”.


No fue una amenaza al aire: fue una sentencia con hélices. En la guerra intestina del Cártel de Sinaloa, los volantes que cayeron sobre Culiacán no funcionaron como propaganda, sino como un macabro tablero de selección: primero señalaron a creadores, cantantes e influencers; después, varios comenzaron a aparecer en la nota roja.

Del panfleto al cadáver: cuando el narco “narcocomunica y volantes, sí cumple»

Porque cuando una avioneta soltó panfletos sobre Culiacán, después la tierra empezó a recibir cadáveres. Así de brutal es la pedagogía criminal de la guerra entre Los Chapitos y La Mayiza: primero publican la lista; luego, la convierten en obituario.

Los volantes, lanzados desde el aire como si fueran propaganda electoral del infierno, acusaban a influencers, cantantes y personajes de redes de ser lavadores, prestanombres o colaboradores de una facción rival. No hubo expedientes públicos, sentencias judiciales ni derecho de réplica que valiera. Bastó el sello del narco para que la acusación circulara como condena anticipada.

La operación fue una suerte de “comunicación social” criminal:papel barato, nombres propios, fotografías, acusaciones de ocasión y una advertencia implícita que, con el tiempo, dejó de ser implícita. Porque mientras las autoridades administraban comunicados y promesas de investigación, los señalados comenzaron a caer: asesinados, secuestrados, atacados o forzados a vivir con la certeza de que una publicación, una foto o un apellido pueden convertirse en sentencia.

El caso de José Luis Esparza, El Piturris, asesinado mientras trabajaba en su taquería en Ciudad Obregón, vuelve a exhibir esa maquinaria. No se trata sólo de un creador de contenido más abatido por sicarios; es otro nombre dentro de una lista de influencers convertidos en blanco en medio de una disputa donde los cárteles ya no se conforman con controlar rutas, territorios y negocios: ahora también quieren decidir quién puede tener audiencia, quién puede monetizar su fama y quién debe desaparecer de la pantalla —y de la vida—.

Antes fue César Gastélum, Cesarín, acribillado durante una transmisión en vivo a pocos metros de la Fiscalía de Sinaloa. Antes, Valeria Márquez, asesinada mientras miles de personas la veían en directo. Y desde 2017, con el asesinato de El Pirata de Culiacán, quedó claro que en México una burla, una canción, un video o una cercanía real o inventada con algún grupo criminal puede costar más que una cancelación digital: puede costar la vida.

El mensaje es atroz, pero nítido: en esta guerra no sólo se mata por territorio; se mata por narrativa. El narco reparte volantes como quien reparte fichas de dominó, acusa sin pruebas como quien redacta un boletín y ejecuta con la eficiencia que el Estado no exhibe para investigar.

La tragedia no es únicamente que los criminales amenacen. La tragedia es que, en demasiados casos, cumplen. Y mientras tanto, las redes sociales —ese espacio que prometía fama, negocio y libertad de expresión— terminan funcionando como vitrina de vigilancia, escaparate de propaganda y, para algunos, antesala del panteón. Titulares posibles

En México, la amenaza criminal ya no llega sólo en una manta colgada de madrugada. También puede caer del cielo, circular en redes y terminar, semanas después, en una escena del crimen.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

SE “MATÓ SOLO”?: la SESUDA FGR PRESUME una MUERTE AUTOINFLIGIDA en el AUTO del DIPUTADO FEDERAL… con despliegue forense para el levantamiento de las huellas del guion.


La FGR desplegó el equivalente burocrático de una autopsia con esteroides: más de 150 actos de investigación, peritajes de medicina legal, criminalística de campo, balística, genética, química, lofoscopía, toxicología, informática, fotografía forense y hasta tránsito terrestre, para llegar —por ahora— a la conclusión que suele caber en tres palabras: “se mató solo”.

Según la versión federal, el cadáver del diputado morenista Zenyazen Escobar García, localizado el viernes dentro de un vehículo en Puente Nacional, Veracruz, fue sometido a una disección investigativa “individual, integral y sistemática”. La necropsia administrativa incluyó dictámenes, indicios, testimonios y entrevistas con personas de su entorno afectivo y laboral; todo para sostener que las líneas de investigación “avanzan, coinciden y apuntan” hacia una muerte por suicidio.

Es decir: la escena fue preservada, los indicios fueron embalados, etiquetados, fotografiados, cotejados y procesados bajo la lupa de policías ministeriales, peritos, analistas, ministerios públicos y fiscales. El expediente recibió balística por partida doble, genética, química, toxicología y lofoscopía —porque nunca está de más levantar las huellas del guion—, hasta que el diagnóstico preliminar quedó listo: una muerte autoinfligida, según la FGR.

La Fiscalía, sin embargo, deja una rendija abierta en el acta de defunción institucional. Dice que continuará investigando y que no descarta “eventualmente” otros móviles o ejes. Traducido del dialecto ministerial: el caso apunta al suicidio, pero el cadáver de la investigación todavía no recibe el certificado definitivo de cierre.

La FGR presume que sus diligencias han sido “exhaustivas” y sus peritajes “escrupulosos”, con apego estricto a protocolos y normatividad. Un despliegue forense de alto calibre para que, al final, la hipótesis principal quede resumida en la fórmula más cómoda de la criminología oficial: no hubo atentado, no hubo tercero, no hubo misterio; el expediente, por el momento, dictamina que el diputado murió por mano propia.

Con información: ELNORTE/

jueves, 10 de septiembre de 2026

«YA NO HAY MARGEN de MANIOBRA: SHEINBAUM tiene ALCANCIA con DUEÑOS,DEUDAS y PROMESAS que se COMEN el CAMBIO”…ingresos caminan,obligaciones corren y presupuesto llega a fin de mes respirando por la boca


México se parece cada vez más a una familia que cobra casi lo mismo desde hace años, pero tiene una lista de pagos automáticos que no deja de crecer: renta, colegiaturas, pensiones de los abuelos, mensualidades, intereses de la tarjeta y transferencias obligatorias a parientes. Cuando por fin llega la quincena, más de la mitad ya tiene dueño antes de que alguien piense en reparar el techo, comprar medicinas o invertir en el negocio familiar.

Eso es el deterioro del espacio fiscal: no es que el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum se haya quedado literalmente sin dinero, sino que el dinero disponible para decidir qué hacer con él se está encogiendo de forma alarmante. 

La porción del ingreso presupuestario que no estaba amarrada a gasto rígido pasó de 67.3 por ciento en el primer semestre de 2018 a 51.7 por ciento en el mismo periodo de 2026: 15.6 puntos porcentuales menos, o casi dos puntos por año. Es decir, la familia mexicana del presupuesto ya no administra una chequera; administra una colección de recibos vencidos o por vencer.

El problema es que los compromisos fijos han corrido mucho más rápido que los ingresos.Entre el primer semestre de 2018 y el de 2026, el gasto rígido creció 72.7 por ciento en términos reales, mientras los ingresos tributarios apenas aumentaron 30.1 por ciento y los ingresos presupuestarios 16.9 por ciento. 

Traducido al lenguaje doméstico: los gastos obligatorios subieron como si la familia hubiera contratado servicios premium, ampliado las ayudas permanentes y aceptado créditos más caros, pero el sueldo apenas recibió un ajuste modesto.

Como proporción de la economía, ese gasto rígido pasó de 6.4 por ciento del PIB en 2018 a 10.6 por ciento en 2025, y podría rondar 10.7 por ciento en 2026. Son 4.3 puntos del PIB adicionales en apenas ocho años. No es un descuido de caja chica: es haber convertido una parte creciente del ingreso nacional en pagos que el Gobierno ya no puede recortar sin costo político, social o financiero.

La cuenta empezó a pesar más desde 2023, cuando coincidieron dos presiones: por un lado, aumentó el costo financiero de la deuda —los intereses de la tarjeta gubernamental—; por otro, siguieron expandiéndose las transferencias del Bienestar, que desde el inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador ganaron una participación mayor dentro del gasto público. Una familia puede ayudar a sus integrantes, por supuesto; el problema aparece cuando promete ayudas permanentes mientras el pago de sus deudas también se encarece y sus ingresos no despegan.

El cálculo del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria ilustra el tamaño del encierro: el espacio fiscal, es decir, lo que queda tras pagar pensiones, transferencias a estados y recursos para empresas públicas del Estado, se redujo de 4.8 por ciento del PIB en 2018 a apenas 1.7 por ciento en 2026. En la metáfora doméstica, antes quedaban casi cinco pesos de cada cien para emergencias, mejoras o proyectos; ahora quedan menos de dos.

Y el Paquete Económico 2026 confirmó que alrededor de 80 por ciento del gasto total ya está comprometido. Así que, si llega una urgencia —un hospital que requiere equipo, una escuela deteriorada, una obra indispensable, una crisis económica o un desastre natural— el margen para responder no sale de un cajón secreto: sale de recortar la porción cada vez más pequeña que sigue siendo flexible, o de pedir prestado.

Ahí está el riesgo de fondo. Si la tendencia continúa, más de la mitad del ingreso presupuestario quedará permanentemente atrapada en componentes rígidos. La consolidación fiscal —bajar el déficit y ordenar las finanzas— tendría que hacerse sobre el pedazo más flaco del presupuesto, mientras Hacienda no plantea un rediseño fiscal que encuentre fuentes nuevas y sostenibles de financiamiento. En otras palabras: la familia ya no está discutiendo cómo prosperar; está calculando qué necesidad dejará para después sin que la casa se venga abajo.

En resumen: México no está administrando un presupuesto, sino una quincena hipotecada. O recauda mejor, revisa compromisos que crecen sin freno o seguirá pagando la casa con el dinero destinado a reparar el techo

Con información: ELNORTE/

LA “REUNIÓN FALLIDA”: ANTES que ROCHA MANDARA a MATAR a CUÉN USANDO los CHAPITOS, la SEGOB se METIÓ en el PLEITO de la UAS antes que ZAMBADA…universidades son el segundo botin después del gobierno.


Lo que antes se despachaba como “teoría”, “grilla” o exageración incómoda, hoy reaparece con membrete de investigación: el pleito por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), no era una disputa administrativa entre académicos iluminados, sino una guerra por poder, presupuesto, estructura electoral y control territorial en Sinaloa.

Asi lo dijimos cuando todavía era incómodo decirlo: el pleito entre Rubén Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén no inició como una discusión universitaria ni un desencuentro de pasillo. Era una pelea por una mina de oro política llamada UAS, con miles de millones de pesos, movilización electoral, operadores, expedientes judiciales y, al final, la sombra inevitable del narco.

Ahora El Universal le pone cronología, nombres y escena al lodazal: el 16 de julio de 2024, apenas nueve días antes del asesinato de Cuén, Rocha, representantes universitarios y la entonces secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, intentaron apagar el incendio. No resolvieron nada. Como suele ocurrir cuando el poder se atrinchera, la Federación se lavó las manos y mandó el problema de vuelta a Sinaloa, justo donde Rocha e Inzunza tenían el tablero judicial bajo control.

Y no era un pleito menor. La UAS administra un presupuesto anual cercano a los 8 mil millones de pesos, supera incluso el presupuesto de Culiacán y concentra una maquinaria de más de 160 mil estudiantes y 20 mil trabajadores activos y jubilados. En otras palabras: no era sólo una universidad; era una fábrica de votos, cuadros, lealtades y músculo político. El viejo modelo de la “Universidad-Partido” no se desmontaba con discursos sobre autonomía: se disputaba con fiscalías, reformas, presiones y pactos.[

La nota de El Universal recupera además el punto que durante meses muchos quisieron borrar debajo de la alfombra: según la carta atribuida a Ismael “El Mayo” Zambada, la reunión del 25 de julio de 2024 buscaba, entre otras cosas, destrabar la confrontación entre Rocha y Cuén por el control de la UAS. A esa cita habrían sido convocados Zambada, Joaquín Guzmán López, Iván Archivaldo Guzmán, Cuén y Rocha. Rocha sostiene que no acudió; Cuén terminó asesinado y Zambada terminó secuestrado y llevado a Estados Unidos.m]

Así que no: no era cuento, no era una “narrativa maliciosa” ni una fantasía de periodistas conspiranóicos. Era el retrato de un estado donde la política, la universidad, la justicia y el crimen organizado dejaron de caminar en carriles separados hace tiempo. Lo verdaderamente escandaloso no es que hoy aparezcan los datos; lo escandaloso es que durante tanto tiempo quisieron vendernos que todo se reducía a una reforma universitaria y a unos cuantos funcionarios bajo investigación.

Porque cuando una pelea por una universidad termina necesitando la mediación de capos, ya no hablamos de autonomía: hablamos de captura. Y cuando después del crimen se destraba la reforma, se diluyen procesos contra los cuenistas y la UAS termina respaldando públicamente al gobernador, lo mínimo que corresponde es desconfiar de la versión oficial y preguntar quién ganó realmente aquella guerra.

Con información: ELUNIVERSAL/

LA “AJOLOTIZACIÓN” del INE: INSTITUTO ELECTORAL CARÍSIMO se MUDA de PIEL y el COLOR TAMBIÉN VOTA»… ningún color es inocente.

El INE mudó de piel: dejó el rosa y se enfundó en lila. Pero el estreno no parece una sobria actualización institucional, sino una ajolotización con credencial electoral: un cambio cromático que, por más manual que traiga, llega inevitablemente salpicado por el paisaje morenista que ya pintó de lila a media Ciudad de México.

Del rosa INE al lila ajolote

El carísimo Instituto Nacional Electoral presentó sus nuevos uniformes y su renovada identidad visual en color lila. La presidenta Guadalupe Taddei defendió la operación como una medida para proteger el “historial del Instituto” y evitar que, otra vez, una organización en proceso de convertirse en partido político se apropie de la tonalidad que identifica al árbitro electoral.

La explicación apunta, sin decirlo, al partido Somos, que adoptó el rosa que hasta ayer funcionaba como una de las señas visuales más reconocibles del INE. El problema es que, al tratar de escapar del rosa partidizado, el Instituto aterrizó en un lila que ya tiene referentes políticos demasiado evidentes: Clara Brugada y su cruzada por ajolotizar la capital.

Porque el lila no llega virgen al padrón de colores. En el contexto del Mundial de Futbol, el Gobierno capitalino convirtió bardas, puentes, banquetas y hasta calles en parte de una escenografía urbana con ajolotes y pintura lila. Hubo críticas por la saturación, por el gasto y por la sospecha inevitable: cuando un gobierno pinta hasta el mobiliario urbano, difícilmente se trata sólo de decoración.

Ahora el INE aparece con un tono parecido. Cambió el rosa por un lila que, en la conversación pública, ya carga con el olor a pintura fresca de la CDMX y con la silueta de un ajolote institucionalmente reciclado.

La ironía institucional

Taddei sostiene que el nuevo color permitirá distinguir a capacitadores y supervisores electorales cuando recorran el país durante campañas y otros ejercicios partidistas. La lógica es atendible: miles de personas del INE deben ser reconocibles en campo sin que se les confunda con promotores, brigadistas o representantes de partidos.

Pero la solución abre otra contradicción. El propio manual aprobado afirma que busca evitar asociaciones con intereses particulares o actores políticos; sin embargo, el lila elegido bordea el morado del partido PAZ —antes PES— y se parece al color que el gobierno de Clara Brugada colocó por toda la capital.

Es decir: el Instituto quiso blindarse de una coincidencia cromática y acabó entrando a una zona donde el color también tiene dueño, memoria, propaganda y hasta fauna emblemática.

El manual, elaborado por la Coordinación de Comunicación Social que encabeza Sergio Azueta, promete homologar la identidad institucional, evitar usos inconsistentes y asegurar que la ciudadanía distinga las comunicaciones oficiales de contenidos falsos, distorsionados o ajenos. Todo muy técnico, todo muy correcto, salvo por el detalle de que el nuevo empaque visual llega con una lectura política imposible de ignorar.

El color también vota

En política mexicana, ningún color es inocente. El verde no es sólo verde; el rojo no es sólo rojo; el azul jamás fue únicamente azul. El rosa del INE se volvió territorio disputado cuando Somos decidió usarlo, y el lila elegido como antídoto ya circula con antecedentes de gobierno, partido y ajolote.

El INE dice que buscaba un color neutral para no confundirse con nadie. Pero en la boleta de la percepción pública, el lila ya trae campaña encima. Cambiar de tono quizá evite que le vuelvan a piratear el rosa, pero no garantiza que el árbitro deje de parecer uniformado para la foto oficial de alguien más.

Con información: ELNORTE/