El rector de la Universidad Autonoma de Tamaulipas (UAT), Dámaso Anaya,primo cómodo del gobernador morenista Américo Villarreal Anaya, acaba de inventar un nuevo modelo educativo: posgrado en sexting y logística para cuernos VIP, todo desde la comodidad de su WhatsApp institucional.
Mañanitas calientes
El “académico” amanece tarde, no va al gym, pero se reporta puntual para la clase de educación física privada: “mira lo que tengo para ti”, le escribe a la universitaria Emy a las 9:50 a.m., seguida del clásico “¿Te gusta?”, mientras él responde con la delicadeza de un adolescente calenturiento: “Me encanta” y “Te voy a comprar unas de esas”,en alusión a un camioneton Ford Bronco de reciente modelo,publicado en imagen.

El intercambio con una fémina identificada en redes como Ema Isabel Rios,deja ver que la prioridad del rector no son los alumnos ni la UAT, sino las «nenas que tanto le gustan» como cita «Emy» en otra impresión de pantalla que permite ver la imagen una sola vez.

Amor de 5G y camioneta oficial
El romance viene en 5G y con datos pagados por el erario: por la mañana le manda foto de calle, camioneta y tráfico, pero el mensaje importante va en el texto: “Buenos días amor, no puedo dejar de pensar en ti… te voy a comprar unas de esas”.

Ella contesta feliz, pide confirmación de que sí le van a comprar “esa” cosa, él acepta y de paso deja claro que hay un tercero con el que hay que “hablar para ver cómo lo cuadramos”, como si estuviera analizando como gastarse los recursos de la Universidad Autonoma de Tamaulipas en un regalo clandestino.
Hoteles, miedo y discreción selectiva
Más tarde, el chat se vuelve manual de viaje para infieles nerviosos: Emy le dice que el Hampton de Tampico ya le da miedo porque siente que los vigilan, que mejor se vean en CDMX o en otro lado.

Él responde que el “asunto está caliente” y que hay que verlo con calma, pero acto seguido confiesa que ya tiene “muchas ganas” de ella y que al día siguiente se ponen de acuerdo, mezclando preocupación por la seguridad con calentura de motel.
Cursilería cursi pero con denuncia interna
Entre “te amo hasta mañana, ya no me escribas” y “siempre estaré para ti”, la conversación se enchila de corazones y caritas, pero también deja caer que en Tampico ella desconfía de “Remes”, que “no le inspira confianza” y que hace cualquier cosa por dinero.
Remata hablando de la “bruja de Isolda” y de cómo la publicación de ayer “ya va a calmar a muchos”, como si el drama amoroso conviviera sin pudor con intrigas políticas y pleitos de grupo en Morena.
Rector, primo y rabo verde
El resultado es un chat con tiempos, emojis, fotos y referencias cruzadas que se ve todo menos fake: horarios continuos, estilo de conversación repetido, misma foto de él en traje tomándose selfie al espejo, y una Emy que combina quejas de seguridad con promesas de cama.
Para ser rector y primo del gobernador, Dámaso Anaya no domina mucho la discreción: pide que “no suban nada a ningún lado”, pero deja todo documentado en capturas de pantalla dignas de carpeta de investigación… o de nota de ocho columnas.
La mente enamorada y no solo del rector
La mente enamorada es, en términos clínicos, un sistema nervioso central secuestrado por su propio laboratorio de drogas internas.
Cuando se enciende el circuito del apego y la recompensa, la corteza prefrontal (la parte que sirve para pensar, evaluar riesgos y decir “no”) queda temporalmente subordinada a estructuras más primitivas como la amígdala y el sistema mesolímbico. En ese estado, la famosa “otra cabeza” no es metáfora: la motivación sexual y la búsqueda compulsiva de contacto con la persona deseada dominan la agenda cognitiva casi por completo.
En neuroquímica pura, el flechazo dispara dopamina en los circuitos de recompensa, generando sensación de euforia, urgencia y foco obsesivo en el objeto amoroso. A esto se suma noradrenalina, que sube la alerta, acelera el corazón y disminuye el sueño y el apetito, mientras la serotonina tiende a bajar, facilitando pensamientos intrusivos y rumiación constante sobre la relación. El resultado es un cuadro muy parecido a una adicción conductual: tolerancia, necesidad de dosis crecientes de contacto, síndrome de abstinencia emocional y deterioro del juicio crítico.
La hormona que “atropella a la neurona” suele ser una mezcla de testosterona (o estrógenos, según el caso) más oxitocina y vasopresina, que consolidan apego y confianza incluso cuando los datos objetivos gritan lo contrario.
La corteza orbitofrontal, encargada de evaluar consecuencias morales y sociales, reduce su actividad, mientras las áreas asociadas a la recompensa anticipada se iluminan con sólo recibir un mensaje, una foto o una promesa de encuentro.
En consultas clínicas se observa que sujetos en este estado minimizan riesgos profesionales, familiares y legales, porque el cerebro literalmente recalibra la importancia de cada cosa: el placer inmediato y la fantasía romántico‑sexual se ubican en la cima de la jerarquía motivacional.
El poder es afrodisiaco
En términos clínicos pero sin anestesia: el poder es afrodisiaco, y de los fuertes. No porque traiga feromonas integradas, sino porque infla tres sistemas a la vez: el de recompensa del cerebro, el narcisismo y la sensación de impunidad.
Cuando alguien maneja presupuesto de mas de 5,000 millones de pesos al año, nombramientos y favores, el sistema dopaminérgico se acostumbra a que casi todo lo que quiere, lo obtiene; y ese “yo siempre consigo lo que deseo” se traslada sin esfuerzo del terreno político al sexual.
Los 5,000 millones de pesos de presupuesto de una universidad no son sólo números contables, son gasolina emocional. Ese dinero se traduce en escoltas, camionetas, viajes, viáticos, contratos, becas, plazas y un séquito de personas que dependen de la firma del jefe. Desde la mirada clínica, eso genera un entorno de refuerzo positivo brutal: cada decisión del personaje produce sumisión, gratitud o miedo en terceros, alimentando la ilusión de omnipotencia. Y cuando el cerebro se siente omnipotente, baja todavía más la actividad de las áreas que frenan impulsos y evalúan riesgos.
En modo de laboratorio, se podría decir que el presupuesto actúa como catalizador de la “erección moral selectiva”: mucha rigidez para defender el cargo, pero una flacidez total para sostener límites éticos.
Con tanto recurso a su disposición y con el gobernador de la entidad como primo, el sujeto de poder aprende que todo se resuelve “cuadrando” algo: un contrato, una beca, un viaje, una habitación de hotel. La mente se acostumbra a ver personas, afectos y cuerpos como extensiones de ese capital político‑económico.
El resultado clínico: un cerebro dopaminizado, narcisista y sobreprotegido por la institución, pensando con la «otra cabeza» porque la primera vive convencida de que nunca habrá consecuencias.
Con informacion: EPOCA VIOLENTA/MEDIOS/REDES







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