Si algo ha demostrado el gobernador Rubén Rocha Moya en medio de sus crisis, es su capacidad de reponerse. Un proverbio japonés dice que si te caes siete veces debes levantarte ocho. Pero es solo una apelación a la voluntad, a no rendirse. Una vez que Rocha terminó su relación con Héctor Melesio Cuen, al despedirlo de su administración, inició la embestida contra la UAS enviando una iniciativa de reformas a la Ley Orgánica para apropiarse de la universidad.
La democracia era solo un pretexto. Querían el tesoro. La casa rosalina gasta alrededor de 8 mil millones de pesos al año. Pero no calculó la reacción de los universitarios, pues generó un problema social de un calado que no habíamos visto en décadas.
Aquellas imágenes de los uaseños gritando ¡Fuera Rocha! al paso de la camioneta donde iba con el entonces presidente AMLO en Mazatlán, podrían resumir el nivel de confrontación que alcanzó el conflicto. Detrás de la ventanilla, Rocha se delataba acorralado. Y fue solo gracias a la muerte de Cuen, asesinado el día que secuestraron al Mayo Zambada, que logró amarrar un acuerdo con los directivos para que nada cambiara. Jesús Madueña se reeligió, los juicios penales se negociaron quedando en nada y al final la UAS no es ni mejor ni peor que antes de esa intentona fallida.
El gobernador se arregló con la UAS pero ya tenía otra guerra, la que se desató a raíz del secuestro de Ismael Zambada García en julio de 2024 y que estaba causando la muerte de cientos de culichis, el cierre de empresas, el apagón de la vida nocturna y la ira de miles de hombres y mujeres que exigían justicia pero también su renuncia.
En Ciudad de México sintieron la presión y le pidieron que se fuera. Fue a principios del 2025. Pero aguantó. Dijo que no. Luego se repuso y poco a poco fue agarrando sangrita otra vez, de la mano de la mismísima presidenta Claudia Sheinbaum… Hasta que llegó el 29 de abril del 2026, cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos lo acusa a él y a nueve más de estar coludidos con los chapitos. Fue como si le cayera un edifico de tres pisos encima.
Bajo una presión política y mediática nunca vista contra un gobernador, Rocha Moya pidió licencia para ponerse a disposición de la justicia mexicana. Lo llamaron a declarar y nunca se supo qué le preguntaron ni qué respondió. Se refugió en su casa mientras la cauda de críticas y ataques crecía como bola de nieve, muchos pidiendo que lo llevaran a la cárcel o lo enviaran a los Estados Unidos. Unos más que el mismo gobierno norteamericano viniera por él como vino por el Mayo Zambada o como fue por Nicolás Maduro a Venezuela.
Por ello muchos morenistas –ya no se diga la gente de a pie o sus opositores—tuvieron la convicción de que el rochismo había llegado a su fin, que el equipo que lo rodeaba solo tenía que limpiar la casa y preparar su retirada. Pero ese equipo no pensaba igual y nunca soltó el poder. Rocha puso a Yeraldine Bonilla como parapeto y desde entonces gobierna con el celular, recibe gente, da instrucciones y opera un gobierno al que se supone renunció.
Instituciones gubernamentales
Ahora quiere regresar. Rocha lo había estado diciendo a varios de los que lo visitaban en su casa para una u otra cosa, incluso a algunos de los pretensos y pretensas a sucederlo. Estoy planeando regresar, les ha dicho. Por eso las declaraciones de varios diputados en ese sentido no deben sorprendernos. Manuel de Jesús Guerrero y Eligio López Portillo, solo dicen lo que les ordenan aunque saben que no es una decisión que el gobernador con licencia vaya a tomar solo y sin voltear a Ciudad de México. No se trata solamente de un problema legal, de formas, sino de un tema principalmente político. La presidenta Sheinbaum y el mismo partido tendrían que evaluar el impacto que tendría para ellos el regreso de Rocha en medio de esta crisis, seguramente la más profunda que Sinaloa ha vivido en muchas décadas.
Bola y cadena
NO HAY QUE OLVIDAR QUE, si bien el gobierno norteamericano no ha presentado las pruebas de su acusación, esta sigue vigente en la corte del Distrito Sur de Nueva York y eso no es nada desdeñable. Para los gringos el gobernador y los nueve coacusados conspiraron para introducir drogas a los Estados Unidos y no van a meter el indictment en un cajón. Y tienen todos los elementos para sustanciarla si les da la gana; por algo se entregó el general Gerardo Mérida, del que ya no hemos sabido nada y por eso el ex jefe de Finanzas, Enrique Díaz, sigue negociando su salvación. Rocha será, mientras tanto, un blanco de los gringos. En el tercer piso, o en su casa.
**Artículo publicado el 20 de julio de 2026 en la edición 1225 del semanario Ríodoce.







