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lunes, 14 de septiembre de 2026

«YA VE VENIR el VOTO de CASTIGO: IMELDA CASTRO NO METE las MANOS al FUEGO por NADIE en SINALOA»… Morena puede pedir otra oportunidad, pero no la merece,ni puede exigirla.


Sinaloa llega a 2027 con la factura sobre la mesa, y Morena pretende que el electorado la pague sin hacer preguntas. Imelda Castro admite lo obvio —que el voto de castigo existe y que “no hay que confiarse”—, pero su diagnóstico se queda corto: no se trata de un capricho ciudadano ni de una campaña digital que pueda neutralizarse con propaganda, sino de una reacción lógica ante años de violencia, zozobra, deterioro económico y una crisis de Gobierno que el partido ahora intenta presentar como accidente meteorológico.

El castigo no es paranoia

El voto de castigo no nace de la “guerra cognitiva”, de las “acusaciones falsas” ni de oscuros “intentos injerencistas”, como convenientemente sugiere el discurso oficialista. Nace cuando la gente abre la cortina de su negocio y descubre que vender, circular o simplemente llegar a casa se convirtió en un acto de fe; cuando una familia busca a un desaparecido y el Estado responde con burocracia, evasivas o promesas; cuando la economía depende más de la burbuja criminal que de empleos sólidos, inversión productiva y certidumbre.

Castro reconoce que Sinaloa arrastra una economía “falsa”, con 80% de burbuja y apenas 20% de base estructural. Es una confesión de tamaño industrial: el Estado que Morena presume gobernar está sostenido, en buena medida, sobre una estructura económica frágil, distorsionada y vulnerable a la violencia. Y, sin embargo, la aspirante ofrece como horizonte que “2027 va a ser un buen año”. Una especie de acto de fe electoral: primero sobrevivan, luego ya veremos si llegan las buenas noticias.

Morena quiere vender la idea de que su mayoría electoral nacional funciona como certificado automático de confianza en Sinaloa. Pero una elección no es una franquicia: no basta con colgar el mismo logotipo, repartir programas sociales y repetir que la coalición está arriba del 50%. La ciudadanía no vota en abstracto; vota con la memoria de sus muertos, sus desaparecidos, sus negocios cerrados, sus calles vacías y sus instituciones bajo sospecha.

Los apoyos sociales son derechos y deben mantenerse, pero no pueden convertirse en coartada para exigir gratitud política eterna. Ningún monto de inversión pública borra por sí solo el miedo, la incertidumbre ni la percepción de que el poder local quedó rebasado, cuando no comprometido, frente a la delincuencia organizada. Confundir política social con blindaje electoral es tratar al votante como cliente cautivo y no como ciudadano.

“No meto las manos a la lumbre”

La frase más reveladora de Castro no es que quiera reconciliar a Sinaloa ni que prometa restaurar la confianza. Es otra: “No tengo elementos para decir que hay infiltración [del crimen organizado], pero no meto las manos a la lumbre por nadie”.

Traducido al castellano de la realidad: no puede afirmar que el Gobierno esté infiltrado, pero tampoco se atreve a garantizar que esté limpio. Y esa ambigüedad resulta devastadora para un partido que aspira a retener la gubernatura. Si quien busca encabezar el relevo no puede asegurar que la administración saliente está libre de vínculos criminales, entonces la pregunta no es por qué habría voto de castigo, sino por qué Morena supone que todavía merece el beneficio de la duda.

La cautela jurídica es necesaria: las acusaciones deben probarse y nadie debe ser condenado sin debido proceso. Pero la prudencia legal no obliga a practicar la amnesia política. Que no exista una sentencia definitiva no significa que no existan responsabilidades públicas, decisiones fallidas, omisiones graves o un daño reputacional evidente. La política no se gobierna únicamente con expedientes cerrados; también con credibilidad, rendición de cuentas y capacidad para asumir consecuencias.

Un “cisne negro” demasiado cómodo

Presentar la crisis como resultado de un “cisne negro” —la detención de Ismael “El Mayo” Zambada y sus repercusiones— sirve para diluir responsabilidades. Claro que los acontecimientos extraordinarios pueden alterar un Estado; lo imperdonable es que un Gobierno no tenga reflejos, controles ni autoridad suficiente para responder cuando la realidad se rompe.

No fue un meteorito. Hubo señales, hubo violencia, hubo deterioro de la gobernabilidad y hubo un intento de regreso de Rubén Rocha Moya aun bajo el peso de una investigación en Estados Unidos. La propia Castro reconoce que esa decisión colocó a Sinaloa, al Gobierno federal y a la relación bilateral en una situación difícil. Pero después pretende dejar la evaluación “al pueblo de Sinaloa”. Es correcto: precisamente el pueblo evaluará. Y lo hará en la urna, donde ningún coordinador partidista, programa social o eslogan puede borrar lo vivido.

El voto como ajuste de cuentas

El voto de castigo está fundado porque no reclama perfección: reclama algo mucho más elemental. Reclama un Gobierno que no se esconda detrás de explicaciones externas, que no atribuya cada crítica a una conspiración digital, que no convierta la inseguridad en asunto ajeno porque “el crimen organizado es federal”, y que no pida confianza mientras evita responder por la podredumbre que pudo crecer bajo su propia administración.

Morena puede pedir otra oportunidad, pero no la merece y NO puede exigirla. Para merecerla tendría que ofrecer más que reconciliación retórica, protección para candidaturas y promesas de industrialización. Tendría que romper con la opacidad, deslindarse de quienes arrastran al partido al descrédito, permitir investigaciones completas y asumir que gobernar Sinaloa no consiste en administrar el discurso, sino en recuperar un Estado que demasiadas familias sienten perdido.

En 2027, el voto de castigo no será una exageración ni una maniobra de adversarios. Será, si ocurre, el mecanismo más democrático para recordarle a Morena una lección elemental: la confianza pública no se hereda, no se compra con propaganda y, sob

La entrevista con El Pais

La senadora con licencia recibe a EL PAÍS a pocos días de su nombramiento, en medio de una sucesión marcada por la crisis que atraviesa el Estado y por el controvertido intento de Rubén Rocha Moya de regresar al Gobierno pese a la investigación que enfrenta en Estados Unidos. Con más de cuatro décadas de trayectoria política, la morenista asegura que nunca ha tenido contacto con integrantes de una célula delictiva.

Cuando se le pregunta por la posible infiltración del crimen organizado en el Gobierno de Sinaloa —encabezado durante cinco años por Rocha, gobernador con licencia y señalado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, junto con otros nueve funcionarios y exfuncionarios, por presuntos vínculos con un brazo del Cartel de Sinaloa—, Castro responde con cautela. “No tengo elementos para decir que hay [infiltración del crimen organizado]”, responde. Y de inmediato matiza: “Tampoco meto las manos a la lumbre por nadie”.

Pregunta. Como sinaloense, ¿qué cambiaría de lo que han hecho los gobiernos hasta ahora en Sinaloa?

Respuesta. Es muy importante considerar la secuela que produce la confrontación entre grupos del crimen organizado: económica, política y emocional. En materia económica, hay que entender que Sinaloa, por su propia historia narcótica, tiene una economía distinta a cualquier parte del país. Tenemos una economía falsa. Que tiene 80% de burbuja y 20% de base estructural. Hay que partir de la economía real: recuperar empleos y empresas, impulsar inversiones públicas y privadas y avanzar en la necesaria e inevitable industrialización, para que podamos cambiarle el rostro a Sinaloa. No se trata de un cambio cosmético. En materia política, Sinaloa tiene que arribar a una especie de reconciliación y cierre de filas. No me refiero a la guerra que está sucediendo, sino a la población y a las fuerzas políticas. Más allá de la competencia. Tenemos que caminar con la oposición. Implementar la justicia restaurativa: debe haber reconciliación y reparación del daño. Todas las familias que tienen desaparecidos deben saber el destino de sus seres queridos, aunque sea fatal. Si atendemos esas tres grandes secuelas, Sinaloa va a poder salir adelante.

P. ¿Reconciliación con PAN, PRI y Movimiento Ciudadano?

R. Necesitamos inclusión. El Poder Ejecutivo en el Estado tiene que convocar a una reconciliación política en Sinaloa y dejar atrás el proceso electoral. Tenemos que convocar antes de los comicios para que la competencia se dé de manera sana y no pensemos en la guerra cognitiva y digital.

P. ¿Cómo recuperar la confianza de los sinaloenses?

R. Ha habido crisis en la clase política que han afectado su credibilidad, pero no es un factor dominante. En los últimos años, si algo se ha recuperado en México es justamente la confianza y la credibilidad. Morena ha ganado la mayoría de las gubernaturas, de las dos cámaras y la presidencia. Sinaloa tiene el mismo comportamiento que el país. Los partidos de la coalición están arriba del 50% y eso se va a reflejar en las elecciones. Algunas acciones de servidores públicos no se ven bien por parte de la ciudadanía y generan pérdida de confianza, pero es totalmente recuperable para Morena cualquier problema. Graciela Domínguez [gobernadora interina] es una servidora pública honesta, profesional y con experiencia. Ella va a iniciar un plan de seguridad y gobernabilidad que mucha falta le hace a Sinaloa y por esa vía se puede recuperar la confianza.

P. ¿Cree que el desgaste de los últimos meses no cobrará factura?

R. Ninguna competencia política es un día de campo, porque se trabaja con el recurso humano más delicado: el comportamiento electoral. Cuando la gente va a la urna, hace una recapitulación política antes de emitir su voto. El voto de castigo existe y lo hemos vivido; no hay que confiarse. En el caso de Morena, el electorado está evaluando todo, no solo a funcionarios, sino también las acciones del Gobierno federal. En Sinaloa, 1,2 millones de sinaloenses reciben apoyos y hay una inversión de 23.500 millones de pesos en programas sociales, además de inversiones en agua, campo, infraestructura y salud. La gente sabe entender la guerra digital, las acusaciones falsas y los intentos injerencistas.

P. ¿Qué sectores, actividades o intereses están contaminados con dinero del crimen organizado?

R. Aprobamos reformas para darle herramientas al sistema financiero y de seguridad para combatir el lavado de dinero. Si se pone en marcha, que se está haciendo, el congelamiento de cuentas es el primer paso. Tenemos que separar la economía real de la ficticia. No se trata de acusar a nadie: un restaurantero le vende a todas las personas que van a consumir; quien vende casas le vende a quien tenga capacidad de crédito. Se debe reactivar la economía con industrialización e inversión pública y privada. El 2027 va a ser un buen año para Sinaloa en materia económica y de seguridad.

P. ¿Cómo evalúa el Gobierno de Rubén Rocha Moya?

R. Siempre lo vi como un gobierno de transición. Sin embargo, el 25 de julio de 2024 aparece un cisne negro que nadie había previsto y que detonó la crisis que conocemos. No digo que la detención de un capo [Ismael El Mayo Zambada] que nunca había pisado la cárcel sea mala; es la forma en que se realizó, con una injerencia comprobada. Eso desarticuló relaciones políticas y desencadenó la crisis de seguridad y económica. A eso se suman las acusaciones de Estados Unidos. No tengo una evaluación. Se la dejo al pueblo de Sinaloa. Sí hubo errores. Lo que pasó fue insólito e inédito y generó un problema de gobernabilidad. Pero no hay sentencia ni investigación concluyente.

P. ¿Cuál fue uno de los principales errores?

R. Que el gobernador haya querido regresar, aunque era su derecho legal, con una investigación en marcha. Eso puso a Sinaloa en una situación difícil, al Gobierno federal y la relación bilateral. Todo.

P. ¿Tiene miedo de la campaña en un Estado en llamas?

R. Tengo más de 40 años recorriendo el Estado, conozco cada rincón de Sinaloa y su gente. No tengo temor de hacer campaña, he hecho muchas.

P. ¿Cuenta con protección?

R. Las dirigencias de los partidos de la coalición solicitaron el protocolo. Tengo protección. No tengo temor, pero son decisiones que me rebasan y tengo que aceptar.

P. Hay quienes aseguran que un Estado como Sinaloa es imposible de gobernar sin acordar con el crimen organizado. ¿Se han acercado a usted integrantes de alguna célula delictiva?

R. Se tienen que cambiar no solo las formas, sino el fondo de hacer política. Gobernar con autonomía. No se puede pensar que los poderes fácticos, cualquiera que sean, incluyendo el que mencionas, tienen que ser parte de la gobernanza. El Estado no puede aceptar la imposición de poderes que estén por encima de él. Nunca he tenido un cruce de ningún tipo con personas que se dediquen a cuestiones ilícitas.

P. ¿Puede asegurar que no hay infiltración del crimen organizado en el Gobierno de Sinaloa?

R. No debería haber. No tengo elementos para decir que la hay, pero no meto las manos a la lumbre por nadie. Las acusaciones que ha habido se tendrán que comprobar. Los que están ahí en su mayoría son de Morena y Morena tiene como principio básico el pacto con el pueblo. Si lo hubiera debe procesarse y denunciarse.

P. Algunos morenistas cuestionan que pueda controlar y limpiar el Estado del crimen organizado. ¿Qué les responde?

R. El gobernador de un Estado tiene la obligación de combatir los delitos del fuero común. El crimen organizado es un tema federal. No es un asunto que yo tenga que combatir. Se tiene que gobernar con autonomía y dejar que el Gabinete de Seguridad Federal atienda al crimen organizado.

P. ¿Se ve como la primera gobernadora de Sinaloa?

R. Sí. Desde hace tiempo me atraviesa ese pensamiento. Pero será el pueblo de Sinaloa el que tome la decisión.

P. ¿Busca ser la gobernadora que reconcilie al Gobierno de Sinaloa con la ciudadanía y a todas las fuerzas políticas?

P. ¿Rubén Rocha Moya debe separarse de Morena para limpiar la imagen del partido?

R. No hay una sentencia. Eso le toca a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido.

P. ¿Se puede pacificar Sinaloa?

R. Se está pacificando Sinaloa. Pero reconocemos que no ha sido suficiente y que todavía hay focos rojos al sur del Estado. La paz duradera está ligada a la erradicación del crimen organizado, hay una pax de otro tipo que parece estable, pero prende de un hilo y en cualquier momento se cae. Cuesta vidas humanas y la desestabilización que se está viviendo.

P. Pactar con el crimen organizado no es una opción.

R. Nunca lo ha sido. Ha sido una anomalía, algo ilegítimo.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ELIA CASTILLO

“NO FUE MAGIA, FUE la MEDICINA ORGANIZADA: A REGINA, la REGIA, le FALLÓ el CORAZÓN de VIAJE por ITALIA y REGRESÓ con uno NUEVO”… bajo una cultura de donación que entiende que, cuando una vida termina, otras pueden empezar.


La historia de Regina no sólo habla de un milagro, de una familia que no soltó la esperanza y de Andrea, la joven italiana cuya donación salvó siete vidas. También deja una pregunta incómoda, de esas que en México se suelen esquivar entre discursos, inauguraciones y promesas de “sistemas de salud de primer mundo”: ¿qué habría pasado si ese infarto la sorprendía aquí?

Regina, una joven regiomontana de 19 años, sobrevivió a una anomalía coronaria, a un infarto en el mar, al coma inducido, al ECMO, al Impella y a una espera desesperada por un corazón. Pero sobrevivió, sobre todo, porque la emergencia ocurrió en Italia: un país donde un hospital la recibió siendo extranjera, la trasladó entre centros especializados, la integró a una lista nacional de urgencia y encontró un órgano compatible en cuestión de semanas. No fue magia. Fue medicina organizada, infraestructura, protocolos, especialistas y una cultura de donación que entiende que, cuando una vida termina, otras pueden empezar.

En México, en cambio, seguimos viviendo dentro de la propaganda de una Dinamarca imaginaria. Nos vendieron durante años la postal de un sistema sanitario nórdico, eficiente y universal, mientras millones de pacientes conocen la versión real: hospitales saturados, citas que se aplazan durante meses, familias que hacen rifas para pagar medicamentos, ambulancias que llegan tarde, clínicas sin insumos y enfermos que aprenden que el derecho a la salud tiene horarios, ventanillas, requisitos y, muchas veces, precio.

La diferencia se entiende mejor con un ejemplo brutal: Regina necesitó una cadena de decisiones rápidas. Una ambulancia, terapia intensiva, estudios especializados, traslado a hospitales de mayor complejidad, soporte mecánico cardiaco, inclusión inmediata en una lista de trasplante y finalmente un corazón disponible. Basta con que falle uno de esos eslabones para que una tragedia clínica se convierta en una sentencia. En Italia, la cadena funcionó. En México, demasiadas familias saben que la cadena suele romperse desde el principio: no hay cama, no hay ambulancia, no hay especialista, no hay medicamento, no hay máquina, no hay órgano, no hay presupuesto. Pero sí hay conferencia mañanera para presumir que todo marcha “mejor que nunca”.

La gratitud de Regina hacia Italia es profundamente humana: “La verdad estoy bastante agradecida de que me haya pasado en Italia, porque todo salió a la perfección”. Esa frase debería caer como una piedra sobre la retórica oficial mexicana. No porque México carezca de médicas, médicos, enfermeras, cirujanos y personal hospitalario extraordinario —los hay, y sostienen el sistema con vocación casi heroica—, sino porque el Estado los ha obligado a trabajar en condiciones indignas, parchando con esfuerzo individual lo que debería estar garantizado por una política pública seria.

Italia no le regaló un milagro a Regina. Le ofreció algo más elemental y menos romántico: la posibilidad real de no morir por falta de atención. Le dio una red hospitalaria que respondió a tiempo y una cultura de donación capaz de transformar el dolor de la familia de Andrea en siete oportunidades de vida. México, mientras tanto, sigue debatiendo cómo mejorar las cifras, cómo centralizar compras, cómo reorganizar instituciones y cómo bautizar programas, como si cambiar el logotipo fuera equivalente a reparar un quirófano.

La historia de Regina también desnuda otra deuda nacional: la donación de órganos. México necesita campañas permanentes, información clara, coordinación efectiva y confianza en las instituciones. Porque no basta con pedirle a la ciudadanía que done; hay que asegurarle que existe un sistema capaz de procurar, trasladar, asignar y trasplantar órganos con rapidez, transparencia y dignidad. Un corazón donado no puede quedar atrapado en el mismo laberinto burocrático que condena a tantos pacientes a esperar una consulta.

Regina volverá a estudiar, a caminar, a mirar el cielo y quizá a encabezar una campaña para impulsar la donación de órganos. Su segunda oportunidad tiene el nombre de Andrea y el respaldo de un sistema que respondió cuando cada minuto contaba. Ojalá en México dejemos de compararnos con Dinamarca desde el atril y empecemos, al menos, por garantizar que una joven con el corazón colapsado no tenga que agradecer que su emergencia ocurrió lejos de casa.

Con información: ELNORTE/

LOS “DERECHOS HUMANOS” VISITARON RETENES de los HUMANOS poco DERECHOS y REPARTIERON FOLLETOS»…son viles sucursales de la extorsión carretera.


Los derechos de los ciudadanos no son una tarjeta de “pase libre” para brincar retenes, pero tampoco el uniforme de las autoridades de distintos niveles y colores es licencia para convertir la carretera en interrogatorio de sobremesa. En Reynosa, una organización salió a «turistear» y repartir folletos justamente donde el ciudadano suele enterarse de sus garantías: cuando ya tiene a media autoridad preguntándole hasta qué desayunó antes de practicar la extorsión con cualquier pretexto.

Mientras en los filtros carreteros algunos uniformados todavía parecen creer que portar chaleco, radio y cara de pocos amigos basta para suspender la Constitución, integrantes de Derechos Humanos Internacional Reynosa, Tamaulipas se lanzaron a carretera para recordar una obviedad que a veces se extravía entre conos, armas largas y preguntas de rutina: el ciudadano tiene derechos, incluso cuando le ordenan orillarse.

La agrupación recorrió puntos de revisión en las rutas Reynosa–Monterrey y sobre la Carretera Nacional para repartir folletos y orientar a conductores, familias, trabajadores, estudiantes, comerciantes y transportistas sobre qué pueden preguntar —y qué deben exigir— cuando un retén decide convertir su viaje en una entrevista laboral, declaración ministerial y examen de árbol genealógico, todo en una sola parada.

Porque sí: la autoridad puede realizar funciones de seguridad e investigación. Pero no, eso no significa que cualquier persona con uniforme pueda detener, revisar, interrogar o husmear un vehículo al ritmo de “¿de dónde viene?, ¿a dónde va?, ¿con quién viaja?, ¿qué trae ahí?, ¿y por qué tan nervioso?”. La ley no funciona con el principio de “porque lo digo yo y traigo radio”.

La organización explicó que una revisión debe tener base legal, finalidad legítima y respeto a la dignidad de la persona. En lenguaje menos burocrático: no basta con parar a alguien por existir, circular o tener la mala fortuna de cruzarse con un filtro a media carretera.

Entre las recomendaciones repartidas a los automovilistas está mantener la calma, evitar confrontaciones inútiles, preguntar respetuosamente el motivo de la revisión, solicitar la identificación de quien interviene y dejar claro si se trata de una revisión preventiva, una inspección o una detención. Porque una cosa es colaborar con una autoridad legítima y otra muy distinta entregar la vida, obra, itinerario y datos personales a quien apenas se presenta con un “soy Rosa” o un “somos del Ejército”.

El mensaje central fue simple: conocer los derechos no equivale a jugarle al rebelde sin causa ni a querer ganarle un debate constitucional a un agente junto al acotamiento. Significa saber que una revisión no convierte automáticamente al conductor en delincuente, que una pregunta no siempre obliga a abrir el álbum familiar y que la autoridad tiene obligaciones tan claras como las del ciudadano.

También subrayaron que la ciudadanía debe respetar las indicaciones legales y mantener una conducta responsable. Es decir, no se trata de aconsejar que alguien acelere, se ponga bravucón o transforme el retén en episodio de acción de bajo presupuesto. Se trata de recordar que la seguridad no se fortalece con arbitrariedades ni la autoridad se debilita por identificarse, explicar el motivo de una intervención y actuar conforme a la ley.

En Tamaulipas, donde el uniforme no siempre ha sido garantía automática de tranquilidad y la sospecha de suplantaciones, abusos o “madrinas” forma parte de una realidad que muchos automovilistas conocen demasiado bien, pedir identificación no debería considerarse insolencia: debería ser protocolo básico de autoprotección.

La organización insiste en que sus folletos no buscan azuzar pleitos entre ciudadanos y autoridades, sino prevenir abusos antes de que el asunto termine en una discusión, una retención sin explicación o, peor aún, una denuncia que nadie quiso escuchar a tiempo.

Porque al final, el ciudadano informado no es el enemigo del orden. El problema empieza cuando algunos confunden un retén con territorio sin Constitución, y creen que la autoridad se acredita con una orden seca, un arma visible y la vieja frase de “usted coopere”. 

No se trata de enseñar a la gente a “ponerse al brinco”; se trata de que nadie tenga que elegir entre obedecer a ciegas o arriesgarse a que una revisión sin reglas se convierta en abuso. La autoridad profesional no teme identificarse, explicar qué está haciendo y respetar límites. La que se ofende porque le preguntan quién es, probablemente ya respondió demasiado.

El humor social en redes sociales:

“Vinieron a tomarse la foto, se evaporaron las capuchas y las madrinas, y mañana vuelve el moche.”

1. El detector de teatro
No discute la Constitución. Detecta el set.
“Ta bueno su papel.” “Puro show.” “Solo fueron a la foto.” “Van como si estuvieran desfilando.”
Traducción: el folleto es vestuario. El retén es el escenario. El ciudadano es extra no pagado.

2. El contador de madrinas
La obsesión del hilo no es el CNPP. Es el clavero.
“¿Cuántos efectivos y cuántas madrinas?” “1 agente con 20 claveros.” “Desaparecieron los encapuchados.” “Nadie con tenis ni insignias.”
El chiste es cruel y preciso: cuando llega DH, el retén se disfraza de institución. Cuando se va, vuelve el extra sin gafete.

3. El economista del filtro
Cotiza el punto como si fuera caseta.
“Valiendo madre también van a pedir moche.” “Les tumbaron la cuota de 500 por unas horas.” “El comandante viendo cómo se le van los carros sin mochada.” “8 mil por camioneta.” “15 mil.” “Cuota de 1500 a los de decreto.”
Aquí el humor es de contabilidad negra: no hay derechos humanos, hay tarifa.

4. El tío de la frase hecha
No necesita argumento. Tiene eslogan.
“Es la misma gata pero revolcada.” “Andan en el mismo barco.” “Se juntó la crema y nata.” “Llegaron los papás de las ratas.” “Taparle el ojo al macho.”
Es folklore de retén. Cabe en un sticker.

5. El que sí tiene historia y ya no ríe igual
Estos no hacen chiste: hacen denuncia con fecha y kilómetro.
Celular a golpes para borrar el video. Cubanos en el camión a los que les vacían la cartera. Dos familias a las que les piden 8 mil “o más adelante se las quitan.” Fiscales vs militares: unos amables, otros rateros.

6. El abogado de comedor
Cita la Carta Magna entre “jajaja” y “pinches ratas.”
“Nadie debe ser molestado en su persona y bienes.” “Solo el que porta el arma es oficial.” “Que esté Derechos Humanos 24 horas.”
Tienen razón a medias y tono de grupo de Facebook a las 11 pm. Mezcla letanía constitucional con “pónganse a trabajar.”

7. El guía turístico del abuso
No debate Reynosa. Abre el mapa.
“Vayan a la Y griega.” “San Roberto, la 57.” “Matehuala.” “Sabinas–Laredo.” “Sinaloa y Sonora.” “Coahuila, el MP.”
El retén deja de ser noticia local. Se vuelve franquicia nacional.

8. El nihilista de carretera
El más honesto y el más inútil.
“Jaja que buen chiste.” “No me hagan reír.” “Veremos cuánto dura.” “Todos modos siguen robando.”
No cree en el folleto ni en la queja. Cree en el despoblado.

9. El que le habla directo a DH
“Educen primero a sus elementos.” “¿Y si me dan los chingadazos ustedes me salvan?” “De qué me sirve saber mis derechos en despoblado.”
Este es el golpe al comunicado: el folleto asume una autoridad que escucha. El feed asume una autoridad que te pide la clave del celular.

10. El morenista / priista de último minuto
Uno solo, pero no falta: “antes con el PRI reclamabas, ahora con Morena hay becas y no resolución.”
Cuando el hilo ya está caliente, alguien mete partido como quien echa chile a un café.

“Puro pan y circo… solo el pueblo puede proteger al pueblo.”
(Mario Flores / Joseluis Camacho, versión Obrador de retén)

Y la más precisa, sin poesía:

“Una cosa es posar para la foto y otra la realidad de cómo operan.”

Veredicto del feed, sin anestesia

Nadie está en contra de que te expliquen que puedes preguntar el motivo de la revisión.

Están en contra de que eso se venda como solución cuando el producto real del retén, según ellos, es la cuota, la madrina y el módulo que nunca se queda.

DH salió a educar al ciudadano.
El ciudadano, en los comentarios, intentó educar a DH:
no me des tríptico; quédate en el filtro, pide gafete, cuenta encapuchados y no te vayas a las dos horas.

Eso, en humor social mexicano, no es debate.
Es el público gritándole al actor que se le ve el chaleco debajo del personaje.

Con información: @REDES/

EL “PUEBLO NO es TONTO ?: SENADOR se CURA en SALUD y, con VIDEÍTO al ESTILO de su CUÑADO, CDV, BUSCA ANESTESIAR CONCIENCIAS»…su panorama ya es negro oscuro, pero el negro va con todo.


El video de José Ramón Gómez Leal no es una explicación: es un paraguas preventivo. Mientras arrecian publicaciones sobre sus nexos, expedientes en EE.UU ,reportes de inteligencia de la DEA y comunicaciones con Sergio Carmona, el senador morenista ensaya la vieja maniobra del político acorralado: convertir las preguntas en “ataques”, a los periodistas en instrumentos de facción y a los señalamientos en simple ruido electoral.

“Curarse en salud” antes del diagnóstico

En su mensaje dominical,el cuñado de Francisco «Pancho» Javier García Cabeza de Vaca,el llamado «JR», prepara el terreno para ausencias legislativas donde es un faltista consumado y se presenta como víctima de una conjura: dice haber padecido una infección estomacal, acusa a “algunos medios” de estar “muy intensos”, atribuye las críticas a “grupos políticos” que alimentan mentiras y remata con el sedante favorito del poder: “el pueblo no es tonto”.

Pero el pueblo no es tonto precisamente porque sabe distinguir entre una descalificación genérica apelando a la verborrea y una respuesta de fondo.

El senador no identifica qué publicación miente, qué documento fue falsificado, qué dato puntual es incorrecto, quién fabricó cada acusación ni qué acción legal emprendió para desmontar esas versiones. 

Se limita a levantar una nube de humo —medios, grupitos, periodiquitos, chismes y tiempos electorales— para no tocar el núcleo del problema: los señalamientos públicos que lo sitúan en una conversación mucho más grave que una pelea de redes, una en la que huachicol, narcotráfico y complicidad son palabras recurrentes.

El Senador no está respondiendo a hechos: está administrando percepciones.

La retórica del perseguido

El libreto es transparente y tiene varias capas:

  • Victimización anticipada. Antes de que la presión crezca, JR narra que ya lo están atacando. Así busca que cualquier evidencia posterior sea recibida por su audiencia como parte de una campaña, no como materia que amerita escrutinio.
  • Desplazamiento del tema. Habla de una infección, de asistencias y de informes; luego desplaza el debate hacia supuestos intereses electorales. Nada de eso responde por qué su nombre aparece en informes y publicaciones relacionados con una red de presunto contrabando de hidrocarburos.
  • Descalificación sin refutación. “Chismes”, “mentiras”, “grupitos” y “medios intensos” son etiquetas, no pruebas. Cuando un funcionario enfrenta señalamientos documentados, el estándar no es insultar al mensajero, sino exhibir documentos, fechas, comunicaciones completas, denuncias y explicaciones verificables.
  • Apropiación del pueblo. Repetir que “el pueblo no es tonto” es una frase eficaz para el aplauso, pero grotesca cuando se usa para pedir obediencia emocional. El ciudadano no debe creerle al senador por disciplina partidista; debe exigirle claridad por responsabilidad democrática.
  • La unidad como coartada. Invocar “unidad” en medio de preguntas incómodas puede sonar noble, pero también puede ser una forma de pedir silencio. La unidad política no está por encima de la verdad; menos aún cuando se trata de corrupción, combustible ilegal, aduanas o crimen organizado.

La frase más reveladora de «choro mareador» del «JR SIN VISA» ,quizá sea que “ya vienen tiempos electorales”. Exactamente: por eso el escrutinio debe ser más severo, no más dócil. Las campañas no son licencia para blindar aspirantes mediante sentimentalismo, victimismo o propaganda de WhatsApp.

Lo que no responde

Hay elementos que, de acuerdo con reportes publicados, no pueden reducirse a un “periodiquito” ni a un ataque de adversarios.

Un informe de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana incorporado a una carpeta de investigación de la FGR mencionó al senador José Ramón Gómez Leal en relación con una red investigada por presunto contrabando de 144 millones 508 mil 856 litros de combustible a través de la Aduana de Matamoros. 

A ello se sumó la difusión de conversaciones atribuidas a teléfonos de Sergio Carmona, empresario conocido públicamente como “El Rey del Huachicol”. La organización Defensorxs y diversos medios reportaron comunicaciones que, según sus autores, mostrarían contacto entre Carmona y Gómez Leal desde 2021. 

El senador reconoció que conoció a Carmona, aunque aseguró que nunca tuvo conocimiento de presuntas actividades relacionadas con hidrocarburos ni de una investigación contra el empresario. 

Un senador que aspira a más poder no puede limitarse a decir “me inventan historias”. Debe responder, con precisión en vez de acudir a la homilía del domingo se queda en una operación de maquillaje: mucho abrazo, mucho “pueblo”, mucha red social y ninguna rendición de cuentas.

La contradicción moral

El problema no es que JR tenga adversarios. Todo político los tiene. El problema es pretender que la existencia de adversarios cancele la obligación de explicar los hechos.

En el contraste resulta particularmente incómodo que el senador quiera repartir certificados de patriotismo y moralidad mientras los cuestionamientos sobre su entorno se acumulan. La soberanía no se defiende convirtiendo la doble nacionalidad en sospecha colectiva ni señalando a quienes tienen otro pasaporte; se defiende cerrando las rutas de impunidad, limpiando aduanas, transparentando campañas y aclarando vínculos que rozan el dinero, el combustible y el poder.

La nota que cuestiona su discurso sobre personas que “se hacen ricas en México y se van” subraya esa contradicción: frente a reportes y señalamientos que ameritan explicaciones puntuales, el senador desplaza la indignación hacia el pasaporte ajeno. Es patriotismo de utilería: una bandera agitada para que nadie pregunte por la caja registradora. 

Y hay una diferencia que conviene conservar con rigor: señalamiento no es sentencia, pero un señalamiento respaldado por reportes, una carpeta de investigación, comunicaciones difundidas y referencias públicas tampoco se borra con una frase de autoayuda política.

El animal político

José Ramón Gómez Leal se exhibe como el animal político de la impunidad preventiva: un aspirante que, antes de aclarar, se declara atacado; antes de documentar, desacredita; antes de responder, abraza; y antes de rendir cuentas, intenta convertir la sospecha pública en una agresión contra “el pueblo”.

No es un perseguido por preguntar demasiado: es un político cuestionado por explicar demasiado poco.

Su método no consiste en desmentir con pruebas, sino en intoxicar el debate con palabrería; no busca despejar dudas, sino cansar al ciudadano hasta que confunda el ruido con inocencia. Es el operador del fuero retórico: cree que decir “son chismes” puede funcionar como amparo moral frente a asuntos que exigen fiscalías, expedientes abiertos y respuestas verificables.

Y ésa es la verdadera pudrición: no sólo el presunto vínculo entre dinero, combustible y poder, sino la pretensión de que una audiencia adormecida acepte que el político bajo escrutinio tiene derecho a exigir fe mientras se niega a entregar verdad. 

Con información: @Redes/