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sábado, 22 de agosto de 2026

“YA PA’ QUEJARSE está el PUEBLO: CONDENA TEATRERA de SHEINBAUM a ROCHA, SIN NOMBRARLO, NO le QUEDA a la PRESIDENTA…ahora resulta que es víctima y no parte de victimarios»


No le queda el papel de víctima. No cuando se es parte del reparto, se milita dentro de la maquinaria y se gobierna bajo el mismo paraguas político que hoy intenta fingir sorpresa. Claudia Sheinbaum publicó desde sus redes una de esas piezas de solemnidad marmórea que parecen redactadas para colgarse en una pared, no para responder a una crisis concreta: habla del poder sin principios, de la arrogancia, del abuso y de la historia; pero evita cuidadosamente pronunciar el nombre de Rubén Rocha Moya.

Qué conveniente: se denuncia “la ambición desnuda del poder por el poder”, pero se omite identificar al personaje que acaba de regresar a la gubernatura de Sinaloa después de una licencia de 112 días, en medio de acusaciones estadounidenses sobre presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.

Es como escuchar al capitán de un barco denunciar, desde el puente, que hay humedad en la cubierta, sin mencionar el boquete por el que está entrando el agua.

No le queda el papel de víctima

Sheinbaum no habla desde una esquina impotente del sistema ni desde la oposición perseguida por el poder. Habla desde la Presidencia de la República, con una mayoría legislativa, con un partido dominante en buena parte del país, con el poder judicial bajo su control y con capacidad política suficiente para que sus palabras no sean únicamente frases para redes sociales.

Por eso su mensaje tiene un problema de origen: intenta adoptar la voz de quien observa un abuso desde fuera, cuando su movimiento forma parte del entorno político que lo tolera, lo administra o, cuando menos, se resiste a nombrarlo. No es la ciudadana que reclama frente a Palacio; es quien despacha desde Palacio.

Decir que “el poder sin límites deriva en abusos” sin señalar quién está ejerciendo ese poder, ni qué límite debe imponérsele, es una forma elegante de convertir la denuncia en incienso. Huele a condena moral, pero no deja ningún costo político. Es la versión gubernamental del “alguien debería hacer algo”, pronunciada precisamente por quien tiene instrumentos para hacer algo.

La historia mexicana está llena de ese teatro: gobiernos que descubren súbitamente los excesos del poder justo cuando el poder tiene nombre, credencial y fotografía con ellos. El priismo perfeccionó durante décadas la técnica de sacrificar a una pieza sin cuestionar el tablero; el sistema se declaraba indignado por sus propios monstruos, como si los hubieran dejado abandonados en la puerta de Los Pinos. La diferencia es que ahora el recurso se presenta con vocabulario de transformación.

No basta con decir que los cargos son pasajeros. Más bien habría que demostrarlo. Porque un cargo no deja de ser permanente sólo porque una mandataria lo escriba en X; deja de serlo cuando las responsabilidades políticas, administrativas y penales se investigan sin blindajes, sin licencias cosméticas y sin el rodeo de las frases elípticas.

Para quejarse ya está el pueblo

El pueblo no necesita que desde arriba le expliquen que la arrogancia es mala. Lo sabe cuando vive la violencia, cuando ve la captura de instituciones, cuando se topa con la impunidad y cuando escucha que una decisión política de alto impacto es “personal”, como si gobernar Sinaloa fuera escoger entre té o café.

La Secretaría de Gobernación dice que el retorno de Rocha Moya fue una decisión personal; Morena asegura que no fue informado; gobernadores aliados piden “madurez y responsabilidad”.

Todo el aparato, incluidos los gobernadores, parecen practicar un deporte nacional: lavarse las manos sin tocar el jabón. Pero el pueblo —ese que el discurso invoca con mayúscula— no tiene por qué conformarse con una procesión de deslindes.

Para quejarse ya está el pueblo, sí: para señalar a los gobernantes cuando fallan, exigir explicaciones y recordar que la dignidad no se defiende con aforismos. Pero a la Presidencia no le corresponde quejarse como comentarista de la realidad. Le corresponde gobernar, fijar postura clara, exigir rendición de cuentas y evitar que el silencio parezca una forma de cobertura.

Hay algo casi sarcástico en escuchar que “el pueblo no está para alimentar ambiciones personales” mientras el poder político pide que el pueblo admire su indignación, aunque esa indignación no tenga destinatario. Es pedir aplauso por describir el incendio sin atreverse a mencionar quién cargó los cerillos.

La omisión también gobierna

Nombrar a Rocha Moya no era un detalle estilístico: era el mínimo de honestidad política. Cuando la acusación es grave y el funcionario señalado pertenece al universo de poder de quien emite el mensaje, los pronombres indefinidos no son prudencia; son coartada.

La retórica presidencial pretende presentarse como una lección de ética pública, pero una ética sin nombres, sin consecuencias y sin decisiones es apenas decoración institucional. Un espejo bonito en la oficina del poder: refleja principios, pero no obliga a mirarse.

Si de verdad “el poder que olvida al pueblo termina enfrentándose a la historia”, entonces habrá que empezar por no usar al pueblo como escenografía retórica. Porque la historia no juzga los tuits por su tono épico. Juzga, sobre todo, aquello que los gobiernos decidieron hacer —o decidieron no hacer— cuando ya no podían fingir que no sabían de quién estaban hablando.

Con información: ELNORTE/

“ÁRBOL GENEALÓGICO NARCO EXHIBE 18 LÍDERES CRIMINALES EMPARENTADOS con POLÍTICOS”…no son todos los que están, pero están todos los que son.


La frontera entre el narco y la política mexicana no siempre se pinta con sangre: a veces se firma con un acta de cabildo, se presume en una campaña y se protege detrás de un apellido. La radiografía expone 18 líderes criminales con vínculos familiares o de pareja con 27 políticos; no es un accidente genealógico, sino el retrato de una clase política que, demasiadas veces, convive demasiado cómodamente con el poder criminal. 

Los nombres incómodos

El caso más reciente es el de Ramón Ángel Álvarez Ayala, “El R1”, identificado como líder regional del CJNG en el norte de Michoacán y acusado de los asesinatos del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y de la influencer Valeria Márquez

“El R1” es hermano de Roldán Álvarez Ayala, político que fue alcalde de Apatzingán entre 2002 y 2005, militó durante años en el PRD —cercano a Leonel Godoy y Cuauhtémoc Cárdenas— y después migró a Morena, donde siguió activo e intentó llegar a diputado plurinominal. 

No es que la sangre dicte una sentencia automática, pero sí que el caso obliga a una pregunta incómoda: ¿cómo es que los partidos reciben, arropan y promueven perfiles con este tipo de conexiones sin activar controles de integridad serios? Porque una cosa es tener un pariente descarriado; otra, convivir políticamente con indicios que ameritan revisión y hacer como si el árbol familiar no tuviera ramas armadas.

En Tepalcatepec, Michoacán, el apellido también reparte poder. Juan José Álvarez, “El Abuelo”, señalado como líder de Cárteles Unidos, tiene en su familia a Uriel Álvarez, su hermano, y a Martha Mendoza, su cuñada, ambos exalcaldes del municipio: él bajo las siglas del PRI y ella bajo Morena. El crimen cambia de uniforme; la familia, al parecer, sabe jugar en todas las boletas. 

Cacicazgos de familia

En Guerrero aparecen los Ortega, una familia con presencia en Chilapa, Tixtla y Quechultenango. Mientras una parte del clan ha tenido presencia política como alcaldes y diputados locales bajo las siglas del PRD, el caso ilustra cómo ciertas regiones pueden quedar atrapadas entre redes familiares, control electoral y poder territorial. 

Morelos tampoco se queda atrás. Los clanes Miranda y Romeroconsolidaron una especie de cacicazgo en Amacuzac y Temoac: alcaldías para parientes, familiares en nómina y estructuras locales que parecen funcionar más como patrimonio de apellido que como instituciones públicas. 

Y Nuevo León tiene su propio recordatorio de que los vínculos familiares con el narco pueden llegar hasta la gubernatura: Samuel García es sobrino segundo de Gilberto García Mena, “El June”, antiguo capo del Cártel del Golfo. 

Existe una fotografía de Samuel cuando era niño junto a “El June”, aunque no se ha establecido una relación del gobernador con los negocios criminales de su tío segundo. El punto no es fabricar culpables por parentesco; es exigir que los vínculos se investiguen con seriedad, sin excepciones para quien tenga fuero, reflectores o millones de seguidores.

No hay partido inocente

La podredumbre no porta un solo color: los casos documentados salpican a Morena, PRI, PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, PT, Partido Verde y candidaturas independientes. Cuando se trata de ganar municipios, votos y territorios, la ética partidista suele ser ese folleto que todos citan y nadie lee. 

El artículo advierte que la cooptación criminal puede abarcar decenas —o incluso cientos— de municipios. Es decir: el problema no es solamente que el narco infiltre la política; es que en algunas zonas la política se vuelve la oficina administrativa del narco, con presupuesto público, policías municipales y programas sociales incluidos.

La coartada institucional

El Operativo Enjambre ha actuado de manera sesgada y selectiva contra 17 alcaldes y ha derivado en el arresto de 14 de ellos,mientras deja impunes al resto, han actuado parcialmente casi obligados, pero no por convicción moral, una vulgar pose en vez de actitud del gobierno.

Es una señal de que el problema existe y tiene nombre, cargo y firma, pero resulta insuficiente frente a una red nacional de captura territorial. 

México no necesita asumir que todo familiar de un criminal es delincuente. Necesita impedir que los partidos conviertan la presunción de inocencia en una licencia para no revisar nada. Porque entre “no hay pruebas” y “nadie quiso buscar” suele esconderse el verdadero pacto de impunidad.

Con información: DR.VICTOR MANUEL SANCHEZ VALDEZ/GRUPO ANIMAL/

SE «VA A QUEDAR SIN RANCHO: EE.UU BUSCA DECOMISARLE RANCHO en CALIFORNIA a CACAIXTLON GRINGO del CJNG… las herencias de sangre siempre vienen con broncas incluidas.


Juan Carlos Valencia González, compró en 2011 un rancho en Hemet, California, por 250.000 dólares usando únicamente el apellido materno: Juan Carlos González. Quince años después, la propiedad —hoy valuada en hasta 695.000 dólares— es objeto de un proceso federal de decomiso, mientras su dueño figura como el nuevo jefe del CJNG y carga una recompensa de 25 millones de dólares sobre la cabeza.

El rancho del futuro capo

Antes de convertirse en el Pelón o el R3, antes de heredar la silla sangrienta de su padrastro, Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, Juan Carlos Valencia González apostó por un pedazo de campo californiano. Tenía 26 años, era 2011 y el expediente de compraventa lo registró como Juan Carlos González: sin Valencia, sin estridencias, sin el apellido que conectaba de inmediato con Rosalinda González Valencia y el clan de Los Cuinis.

El precio fue de 250.000 dólares, en su mayor parte cubiertos con un préstamo. La operación se hizo con Hemet Auto Center Leasing Inc. y el terreno, de 19.468 metros cuadrados —casi tres canchas de fútbol—, quedó catalogado para uso residencial. Sin embargo, durante 15 años no se solicitó un solo permiso de construcción, según los registros inmobiliarios del condado de Riverside revisados por EL PAÍS.

No fue una mala jugada financiera. Apenas entre 2012 y 2013, el valor del predio saltó 51%. Después siguió subiendo, entre 5% y 12% cada año, hasta que la oficina catastral local calculó que podría venderse por hasta 695.000 dólares: casi el triple de la cifra original. En 2025, además, generó 3.747 dólares de impuesto predial, 7% más que el año anterior.

Un refugio con olor a estiércol

El rancho está en Hemet, a 140 kilómetros al este de Los Ángeles, en una zona de cercos, caballos, predios baldíos, cultivos, casas elegantes y cerros secos, pedregosos y empinados. Un paisaje de tranquilidad rural, salvo por los ventarrones que pueden traer el olor del estiércol y por el detalle incómodo de que uno de los propietarios del lugar es uno de los narcos más buscados del planeta.

El sitio funcionó como una especie de escape para Valencia González, nacido en Santa Ana en 1984, ciudad donde aún viven varios de sus familiares. No hay albercas de revista ni ostentación de nueva riqueza: hay una pequeña casa casi derruida, una galera de madera, una camioneta vieja cubierta de polvo, una bandera estadounidense ondeando en medio del terreno, dos gallos, dos perros, un chivo y un borrego.

En la reja metálica se leen advertencias que combinan la rusticidad con una paranoia bastante funcional: “Mantén la puerta cerrada. No importa lo que te digan los caballos”; “Cuidado con los perros”; y “Cámaras de seguridad y grabadora de audio en uso”. No es exactamente el retiro espiritual de un empresario agrícola. Es un rancho con animales, vigilancia y una historia que llegó hasta Washington.

De hijastro a sucesor

Valencia González es hijo de Rosalinda González Valencia y Armando Valencia Cornelio, quien pasó de productor de aguacates a fundador del Cartel del Milenio, organización antecedente del CJNG. La relación de sus padres fue breve. Rosalinda después se unió a el Mencho, con quien tuvo tres hijos: Jessica Johanna, Rubén y Laisha Michelle Oseguera González, los tres nacidos en San Francisco, California.

La familia no necesitaba demasiadas presentaciones en el mapa criminal. Los hermanos de Rosalinda, conocidos como Los Cuinis, han sido señalados por autoridades como el brazo financiero del CJNG. Dentro de ese engranaje, el Pelón escaló hasta dirigir el Grupo Elite, un comando de sicarios dedicado principalmente a proteger al jefe del cartel.

Según el Departamento de Justicia estadounidense, Valencia González “organizó numerosos actos violentos”, además de fabricar, transportar y distribuir toneladas de narcóticos. En 2020, Estados Unidos le presentó cargos por importación de drogas y uso de armas de fuego.

Su coronación llegó en febrero de 2026, tras la muerte de el Mencho durante un operativo militar en Jalisco. La muerte del capo no desintegró la estructura criminal que controlaba producción y distribución de múltiples drogas hacia decenas de países, ni el imperio que se había extendido por 21 de los 32 estados mexicanos. La DEA lo dijo sin rodeos: “La caída del Mencho no acabó con el CJNG”. Para su director, Terrance Cole, el Pelón se convirtió en “la principal prioridad de la DEA”.

La recompensa también escaló a nivel de sucesión: 25 millones de dólares por información sobre Valencia González, por encima de los 20 millones ofrecidos por Rafael Caro Quintero, histórico objetivo de la DEA por el asesinato de un agente estadounidense en 1985.

El decomiso se acerca

El rancho llevaba años bajo la mira del Gobierno de Estados Unidos, pero las sanciones del Departamento del Tesoro impuestas a finales de julio de 2026 lo colocaron abiertamente bajo reflector. La designación de la OFAC implica congelar bienes y cuentas bancarias de Valencia González en Estados Unidos, y prohíbe a ciudadanos y empresas estadounidenses hacer transacciones con él.

A finales de julio, el Departamento de Justicia inició ante un tribunal federal del Distrito de Columbia un procedimiento para decomisar el terreno. El caso ya quedó en manos de un juez en Washington D.C. y lo encabeza la Sección de Lavado de Dinero, Narcóticos y Decomisos de la División Criminal del DOJ. La hipótesis oficial: el inmueble está ligado al recién ungido jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Mientras tanto, la administración cotidiana del predio recae, según una fuente de la DEA citada por EL PAÍS, en José María González Valencia, tío materno del capo y residente del condado de Orange. El dato es relevante porque convierte al rancho en algo más que una propiedad abandonada: es un activo que seguía operando, cobrando renta y sosteniendo una rutina aparentemente menor.

“Te tienes que salir”

El inquilino es un criador de caballos mexicano que pidió anonimato. Llevaba tres años ocupando el predio cuando recibió una llamada de José María González Valencia. El mensaje fue breve, seco y suficiente: “Te tienes que salir”. No hubo explicaciones. Tampoco preguntas. “No hice más preguntas porque no conviene”, relató.

Cada mes, dijo, el tío del capo acudía a cobrar 1.500 dólares de renta. Siempre en efectivo. El criador ya trasladó sus caballos a una granja cercana, pero teme que el Gobierno tome posesión del rancho antes de que consiga retirar el resto: fierros viejos, una caminadora para equinos, una silla de montar, la casita desvencijada, la pick-up polvorienta y los animales que aún quedan allí.

Cuando uno de los gallos canta, el hombre lo mira y sonríe. La afición por las aves de pelea era, curiosamente, algo que compartía con el Mencho. El criador asegura no saber casi nada sobre quien gestiona la propiedad y absolutamente nada sobre su dueño real. “No es mi negocio, lo mío es pagarle la renta”, insiste.

Supone que la orden de desalojo anticipa una rendición práctica: no habrá pleito contra el Gobierno porque el terreno terminará por cederse. Conoció a José María González Valencia por amistades comunes, en una finca de la zona; sabe que vive en Santa Ana y lo describe como “buena persona, a todo dar”.

De lo único que dice estar seguro es de que él y su familia “son gente de rancho”. Una descripción modesta para una propiedad que pasó de refugio campirano de un joven llamado Juan Carlos González a evidencia inmobiliaria de la nueva cabeza del CJNG.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ISAIAS ALVARADO/

LA “CASA ESTÁ INCENDIADA”: DE MAULEÓN DESGLOSA las BRONCAS del SHEINBAUM, SALDO del OBRADORISMO CUATRERO…escandalos también enferman al pais.


La tensión se ha vuelto inocultable en el rostro de la presidenta Claudia Sheinbaum, que hoy incluso confesó que los médicos que la acompañan a todas partes le han ordenado reposo y que, alegando una fiebre, decidió no encabezar este viernes la llamada Mañanera del Pueblo. 

La carga de problemas que le heredó el gobierno anterior, marcado por los excesos y la corrupción de sus integrantes, así como los escándalos por los vínculos con el crimen organizado que un día sí y otro también estallan en el corazón del obradorismo, se expresan cada vez de manera más clara en la mirada, las actitudes y la rigidez del rostro de la mandataria mexicana. 

Hace apenas ocho días que uno de los hijos del expresidente López Obrador, Andy López Beltrán, anunció que el gobierno de Estados Unidos le había revocado la visa e hizo pública una carta delirante, cargada de improperios contra la administración de Donald Trump, en la que exigió nada menos que el despido del secretario de Estado Marco Rubio y el subsecretario Christopher Landau, dos de los funcionarios de mayor rango en el gobierno de Estados Unidos, a los que tachó, además, de tener un perfil hitleriano.

Hoy sabemos que la carta no fue consultada con la presidenta, a la que Andy López Beltrán sólo avisó de su publicación, según ha revelado el columnista Mario Maldonado, a través de un mensaje de WhatsApp y cuando circulaba ya entre varios legisladores morenistas. 

El tono de la carta de Andy, que muestra la verdadera estatura de quien ha querido presentarse como heredero delegado de su padre, pega directamente la relación con el gobierno de Estados Unidosen un momento en el que el gobierno mexicano enfrenta la acusación, lanzada por políticos y altos funcionarios de aquel país, de que opera de la mano de los cárteles. No tardó en provocar las burlas de Christopher Landau, quien sugirió que había que rellenar el cuenco de las palomitasporque lo que venía iba a estar mejor.

Lo que vino a continuación fue un desplegado firmado por una serie de gobernadores, cuyos nombres están cuestionados y están siendo investigados por las agencias de Estados Unidos. Ahí estaban, para no ir más lejos, Marina del Pilar Ávila, Américo Villarreal, Alfredo Ramírez Bedoya y Alfonso Dugazo. Más que un apoyo, el cierre de filas de estos personajes en torno del vástago de López Obrador, operado desde el ala radical de Morena, significó un nuevo lastre.

Tampoco fructificaron los esfuerzos de la presidenta, que se vio obligada a salir en defensa del junior y tuvo que abrir un nuevo flanco en su espinosa relación con Estados Unidos. Como cereza en el pastel, llegaron las imágenes de otros dos vástagos del expresidente, gozando de una vida de lujos en la Riviera Maya y en Japón. 

¿La carta irresponsable de Andy puso en riesgo la nacionalidad estadounidense de uno de los nietos de AMLO? 

En todo caso, este es el menor de los problemas frente a las tensiones de la relación bilateral con Estados Unidos.Y sin embargo, representa un frente más de desgaste para la presidenta, que desde que llegó al poder, constantemente ha tenido que salir a lavarles la cara a esos chivos en cristalería que son los hijos de AMLO y que durante el gobierno de su padre, con su círculo de amigos, le metieron mano a las obras emblemáticas del sexenio y, según constan carpetas de investigación, han sido mencionados en el negocio turbio del huachicol. 

Los operadores de la presidencia han intentado detener el golpe con la narrativa de la defensa de la soberanía y del enjerencismo político de Estados Unidos. El problema es que esta defensa han intentado llevarla a cabo quienes ya se encuentran en la mira de Estados Unidos.La narrativa no ha prendido. 

Por el contrario, lo que trascendió es que varios de los socios de Andy López Beltrán ya tienen investigaciones abiertas en aquel país. Silenciosamente, aunque de manera sistemática, el entorno de López Obrador está siendo erosionado y el mensaje de Estados Unidos no puede ser más claro, puesto que ya tocó al más visible de sus hijos.

A todos estos escándalos se suma uno de los que ha traído más desgaste al gobierno de la llamada Cuarta Transformación, que es el de la defensa ultranza del exgobernador de Sinaloa,Rubén Rocha Moya, y de los funcionarios requeridos por Estados Unidos a consecuencia de sus vínculos con el cártel de Sinaloa. 

En ese clima adverso, el reciente elogio del jefe de la DEA, Omar García Harfouch, que lo presenta como interlocutor válido en una relación llena de objetivos vinculados al crimen organizado, es un mensaje más en contra del obradorismo y del ala radical de Morena. La casa está incendiada y el desgaste es visible ya en el rostro de Claudia Sheinbaum.

Fuente.-HECTOR DE MAULEON/

“EXPÚLSELO y VÁMONOS ?: ABOGADO NARRA la RUTA EXPRESS para EXTRADITAR a CONTRALMIRANTE a MÉXICO”… habla de reuniones con agentes de EE.UU en prisión.


El abogado Félix Helou convirtió ayer el traslado de Fernando Farías Laguna de Argentina a México en un guion de thriller geopolítico: agentes de Estados Unidos, reuniones en prisión, decisiones exprés y una extradición que, según su versión, desapareció por la puerta de atrás.

De la extradición al “expúlselo y vámonos”: el caso Farías y la ruta rápida hacia el Altiplano

A Fernando Farías Laguna no lo trajeron de Argentina a México: lo sacaron por la vía rápida, como quien cancela una suscripción incómoda y entrega el paquete en la puerta del vecino.

Eso, al menos, sostiene su abogado, Félix Helou, quien asegura que el retorno del contraalmirante retirado no fue una extradición en forma, sino una especie de atajo jurídico con escala en Washington, bendición argentina y avión de la Marina listo para despegar.

La historia tiene de todo: un pasaporte falso, una solicitud de asilo rechazada, Omar García Harfuch de visita en Argentina, una reunión organizada por la DEA y agentes estadounidenses apareciendo en la cárcel horas antes de que Farías fuera expulsado del país sudamericano. 

Helou afirma que México se desistió del proceso formal de extradición —que tenía audiencia programada para el 27 de agosto— y dejó abierto el camino para que Argentina expulsara a su cliente por haber ingresado ilegalmente al país. Es decir: no se le extraditó, pero se le entregó; no hubo resolución de fondo, pero hubo vuelo de regreso; no se respetó el proceso, pero sí se respetó el itinerario.

El litigante llama a esto una “manipulación jurídica” y una “interpretación forzada” de la ley. Traducido al español de sobremesa: México habría conseguido los beneficios de una extradición sin tener que cargar con la molestia de terminar una extradición.

La cereza del operativo, según la defensa, es Estados Unidos. Helou sostiene que hubo intermediación de Washington para facilitar el traslado y recuerda que, horas antes, Omar García Harfuch estuvo en Argentina en una reunión vinculada con la DEA. Para el abogado, tanta coincidencia junta ya no parece coincidencia: parece logística internacional con agenda compartida. 

Farías Laguna llegó a Ciudad de México la madrugada del 21 de agosto y fue trasladado al penal federal número 1, el Altiplano. La Fiscalía informó que el viaje se realizó en una aeronave de la Secretaría de Marina, mientras que la autoridad argentina presumió en redes sociales que había expulsado a un “delincuente mexicano” cuya petición de asilo fue rechazada mediante un decreto del presidente Javier Milei. 

Pero Helou insiste en que su cliente huyó por temor a ser asesinado en México y que Argentina tenía el deber de analizar si estaba frente a un perseguido político, no simplemente ante un mexicano acusado de huachicol. Ahí está el corazón del pleito: para el gobierno argentino, Farías era un prófugo que entró con documentos falsos; para su defensa, era un hombre buscando protección ante un proceso contaminado por intereses políticos.

En el fondo, el caso deja una pregunta incómoda: ¿fue una expulsión administrativa perfectamente válida o una extradición disfrazada con otro nombre para evitar el trámite judicial? Porque si la justicia puede cambiar de carril cuando conviene, quizá el debido proceso también necesite pasaporte, visa y, de ser posible, asiento junto a la ventana.

Con información: ELECONOMISTA/