La caricatura de Paco Calderón para El Norte, es básicamente el acta de defunción de la “megareforma electoral” convertida en pirotecnia política: la quemaron, hizo humo… y cada quien corre a sacar su narrativa como si fueran buitres alrededor del cadáver todavía tibio de la iniciativa.
Qué está diciendo la caricatura
- A Claudia Sheinbaum la dibujan como piñata chamuscada: le truena en la cara la reforma, el propio Peje la regaña desde la pantalla, y la oposición la declara “derrota histórica”, “humillación” y “prueba de que ni manda en los suyos”.
- Desde el otro lado sale el clásico vocero felino-cuatrotera: “¡No hubo derrota, era un señuelo, el verdadero objetivo es el Plan B!”, como si todo hubiera sido un maquiavélico ajedrez y no una chambonada legislativa de tres pistas.
- Luego aparece la versión extrema: “No sólo no perdimos, todo fue una trampa para desenmascarar traidores y que el pueblo los borre en 2027”. O sea, convirtieron un tropiezo legislativo en casting de Judas.
- En paralelo, la mano de piedra que azota un mazo gigante sugiere que el verdadero juego sigue: no se aprobó la reforma, pero el impulso autoritario ahí está, listo para intentar por otras vías lo que no pasó por el Congreso.
El remate del monero
- Calderón se dibuja a sí mismo tipeando en la selva y suelta la estocada: esto parece una novela de Frederick Forsyth, donde una república bananera se salva de volverse dictadura gracias a unos mercenarios.
- La alusión va directa a la vocación hetaira del Tucan Tropical del Partido Verde y el partido revolucionario de corte comunista del Partido del Trabajo.
En resumen, la gran “reforma electoral histórica” terminó como cohete mojado: mucho ruido, mucho sermón patriótico, y al final solo sirvió para llenar el cielo de humo y el piso de ceniza. La 4T la vendió como cirugía mayor a la democracia y acabó siendo origen de memes, regaños presidenciales y explicaciones creativas para justificar el papelón: que si era un señuelo, que si era una jugada de 4D, que si todo fue un operativo para cazar a los “traidores”. La típica: cuando ganas, fue estrategia; cuando pierdes, también… pero con más adjetivos.
La oposición, por su parte, festeja como si hubiera derrocado a un dictador, cuando en realidad apenas logró que no le desmantelaran el árbitro electoral a penaltis legislativos. Hacen fiesta nacional porque el Gobierno no logró cambiar las reglas a su antojo, como si eso fuera un triunfo heroico y no el mínimo indispensable en una democracia que se respete tantito. Brindan por “la defensa del INE” mientras cierran filas con cualquiera que vote en contra del presidente, aunque tenga el historial político de un villano menor de novela de Televisa.
Del lado oficialista, la doctrina es clara: la realidad nunca contradice al líder, sólo confirma planes secretos que el pueblo llano no entiende. Así que si la reforma fracasa, no es fracaso, es “Plan B”, “movimiento táctico” o “diagnóstico de lealtades”. Si algo sale mal, no fue incompetencia, fue una audición para ver quién merece seguir en la corte. Prefieren inventar conspiraciones brillantes antes que aceptar que se equivocaron en la operación política o que subestimaron el costo de meterle mano al sistema electoral.
Y en medio de todo, México sigue siendo el país de Forsyth tropicalizado: una república que coquetea con la palabra dictadura mientras se salva a ratos gracias a fuerzas que no deberían tener ese poder; a veces son mercenarios armados, a veces son ministros de la Corte, a veces una oposición que despierta sólo cuando le tocan la bolsa o la silla. Hoy, el “salvador” fue una mezcla de cálculo electoral, presión social y miedo a darle al presidente el control absoluto del tablero. Mañana, quién sabe.
Porque esa es la otra: la caricatura te ríe en la cara mientras te recuerda que el espíritu del mazo sigue levantado. El intento de capturar al árbitro falló, pero el impulso de someterlo no desapareció; simplemente se reacomoda para entrar por la puerta trasera, disfrazado de Plan B, C o Z. Y si algo nos enseña esta historieta es que a la clase política mexicana le encanta jugar a la guerra con la democracia, pero siempre desde el palco: cuando se quema algo, nunca es su silla… es tu voto.
Con informacion: PACO CALDERON/ELNORTE/

















