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lunes, 2 de noviembre de 2026

«DEL CIELO al SUELO: el DESTINO le DIO las CARTAS;INES GOMEZ MONT BARAJO el JUEGO»…y ya esta detenida.


A Inés Gómez Mont no le faltaron cámaras, escaparates ni oportunidades para hacerse un nombre en la televisión. Tuvo telenovela, programas de espectáculos, concursos y hasta una pasarela internacional improvisada frente a Tom Brady. 

Pero la trayectoria que comenzó entre reflectores terminó bajo una luz bastante menos favorecedora: la de las investigaciones judiciales. 

Según El Financiero, la exconductora fue detenida recientemente por agentes de ICE en Miami y enfrenta, junto con su esposo, Víctor Manuel Álvarez Puga, investigaciones por presunta delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. 

Su historia de glamour en pantalla arrancó en 1997 con Tric Trac. Después disputó con Bárbara Mori un papel en Mirada de mujer. Mori se quedó con el personaje; Gómez Mont tomó otra ruta: estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana y se incorporó al área de noticias de TV Azteca. El primer revés no la dejó precisamente sin opciones.

En 2004 llegó Los 25+ y después Ventaneando, donde compartió pantalla con Pati Chapoy, Daniel Bisogno y Pedro Sola. Desde aquella tribuna participó en el negocio de contar vidas ajenas: entrevistas, reportajes y coberturas del espectáculo. Años después, su propio nombre acabaría convertido en material de titulares, aunque por razones bastante más serias que un pleito de camerino.

Su gran numerito internacional ocurrió en 2008: apareció vestida de novia durante la cobertura del Super Bowl y le pidió matrimonio a Tom Brady. Él respondió con humor y rechazó la propuesta. Ella consiguió atención internacional. Porque, cuando el objetivo es que te miren, un vestido de novia puede rendir más que una libreta de preguntas.

La pantalla siguió ofreciéndole espacio: Venga la alegría, Aprieta y gana, Deberían estar trabajando y, más tarde, el salto de TV Azteca a Televisa para participar en ¡Cuéntamelo ya!. En 2019 encabezó Familias frente al fuego, de Univision. Espectáculos, concursos, cocina: hubo variedad en el menú y oportunidades para seguir figurando.

Pero en 2021 cambió el tipo de exposición. Su nombre volvió a los titulares por investigaciones judiciales que derivaron en una ficha roja de Interpol para su búsqueda y localización. Según la nota, el recorrido desembocó recientemente en su detención migratoria en Florida. Del micrófono al expediente; de cubrir el escándalo a protagonizar la noticia.

El destino le dio las cartas; ella barajó el juego. La frase sirve para retratar el contraste, no para sustituir a un tribunal. Lo documentado es una caída pública: de una carrera con espacios en grandes televisoras a investigaciones por presuntos delitos y una detención reportada en Estados Unidos. 

Con información: ELFINANCIERO/

EL “TANQUE de DINAMITA”: RIVA PALACIO EXHIBE que DETRÁS de la PUREZA del DISCURSO CUATRERO está la MUGRE debajo del TAPETE»… y basta con esculcar al Obradorismo.


En el relato de Raymundo Riva Palacio, la captura de Iván Cazarín, alias El Tanque, no es únicamente otro trofeo para la vitrina de Seguridad: es un polvorín que podría salpicar a personajes cercanos al obradorismo. El problema para Palacio no sería solo lo que hacía el detenido, sino lo que podría contar y a quiénes podría señalar. Porque una cosa es presumir detenciones y otra que el detenido empiece a pasar lista entre los conocidos de la casa.

La columna de El Financiero pone bajo la lupa a Jorge Amílcar Olán, amigo de Andrés López Beltrán, y a su hermano Luis Alberto. Riva Palacio les atribuye relaciones y servicios que habrían beneficiado negocios vinculados con los hijos de Andrés Manuel López Obrador y figuras del llamado Grupo Tabasco. 

También sostiene que Washington ha solicitado información sobre Amílcar, aunque el propio autor aclara que, al momento de publicar, no existía una acción legal formal contra él en Estados Unidos. Una precisión indispensable: las sospechas no equivalen a una sentencia, por mucho que el ruido político invite a repartir condenas por adelantado.

Pero el personaje menos ruidoso sería, según el columnista, uno de los más importantes: José Alfredo Pérez Astorga, exfuncionario del SAT que habría respondido a Rosalinda López Hernández, hermana de Adán Augusto. Riva Palacio lo presenta como una pieza de intermediación y protección entre intereses políticos, empresariales y presuntamente criminales. Dicho sin incienso burocrático: alguien que, en esa versión, habría convertido las oficinas fiscales en algo bastante distinto de un lugar para cobrar impuestos.

El señalamiento alcanza asuntos tributarios, notarías, empresas y presuntas operaciones relacionadas con el contrabando de combustible. La columna atribuye a Adán Augusto López Hernández y a Rutilio Escandón el diseño de un mecanismo de financiamiento empresarial que habría servido como matriz para ese negocio ilegal. También sostiene que Pérez Astorga intervino en asuntos de las industrias del tequila y el tabaco, además de escrituras de empresas vinculadas con el Cártel Jalisco Nueva Generación. No sería, bajo esa descripción, una manzana podrida: sería una hipótesis sobre el funcionamiento de parte de la frutería.

Uno de los pasajes más delicados es el de un cargamento de 52 millones de cigarros ilegales procedentes de Vietnam, asegurado por la Marina en Lázaro Cárdenas. Riva Palacio afirma que Andrés López Beltrán pidió su liberación. Es una acusación grave atribuida al columnista, no un hecho judicialmente acreditado en el texto. Si se demostrara, el discurso de la regeneración moral tendría que explicar por qué terminó metiendo las manos en una cajetilla de contrabando.

El Tanque, por su parte, aparece en la columna como operador regional del CJNG entre Veracruz y Chiapas y como un posible puente hacia esas presuntas conexiones políticas. El autor sostiene que su eventual extradición inquietaría al entorno del expresidente, mientras que el antiguo funcionario del SAT podría aportar algo todavía más incómodo: no solo los nombres de quienes habrían recibido protección, sino el funcionamiento de esa supuesta protección desde el gobierno. Una cosa es encontrar al delincuente en la puerta; otra, investigar quién presuntamente le facilitaba la entrada.

La acusación política de fondo es esa: mientras el poder presume superioridad moral, Riva Palacio describe una posible red en la que negocios, parentescos, oficinas públicas y crimen organizado habrían compartido demasiados pasillos. La columna plantea señalamientos que requieren pruebas y esclarecimiento; no los sustituye. Pero deja una pregunta difícil de despachar con sermones: ¿se investigará hasta donde conduzcan los indicios o la limpieza terminará justo frente a la puerta de los amigos?

Con información: RAYMUNDO RIVAPALACIO/ELFINANCIERO

«¿ATORARON a la CHISPA y lo SOLTARON?: ENÉSIMA FILTRACIÓN de POLICÍAS EXHIBE PARO a LUGARTENIENTE GOLFO EMPARENTADO con el GOBIERNO»… las redes sirven para desenredar al poder.


El enorme aporte de la denuncia anónima merece reconocerse antes de cualquier otra cosa: permite que salga a la luz lo que alguien conoce desde dentro y no se atreve a declarar con nombre y apellido. El anonimato no convierte un señalamiento en verdad probada, pero tampoco lo vuelve desechable. 

En la mas reciente filtracion, quien se presenta como agente de la Guardia Estatal asegura que corre un riesgo al hablar y ofrece aportar más datos. Eso merece atención, contraste y protección; no el cómodo carpetazo de quienes exigen una firma antes de molestarse en revisar lo denunciado y que en algunos casos como el mas reciente,suele venir acompañado de mas evidencias.

Las redes tienen ahí un valor que sería absurdo desconocer: permiten publicar, conectar testimonios y abrir preguntas sin pedirle autorización al funcionario señalado. Las redes no son inmunes a las presiones ni están completamente fuera del alcance del Estado, pero tampoco pasan necesariamente por la ventanilla donde el poder quisiera decidir qué se cuenta y qué se entierra. 

Para desbaratar redes delincuenciales, también sirven las redes de información. Sobre todo cuando una publicación provoca que aparezca otra voz y esa voz señala dónde seguir buscando, como acaba de ocurrir también en Matamoros tras la filtración de un audio.

Eso es precisamente lo relevante del mensaje publicado este 2 de noviembre: apareció como comentario a la información sobre la presunta liberación irregular de tres detenidos en Reynosa. 

No es la corroboración independiente del primer señalamiento;es una nueva fuente que amplía las acusaciones y ofrece otros episodios susceptibles de verificación. Una filtración abrió la puerta a otra. Ahora falta que la investigación entre por ella y no que alguien corra a cerrarla antes que encerrarlos.

LA PRIMERA ACUSACIÓN: UN INFORME PRESUNTAMENTE HECHO A LA MEDIDA

La publicación que antecede al comentario recoge una denuncia atribuida a elementos de la Guardia Estatal: Ómar Zúñiga Honorato habría recibido 280 mil pesos para modificar el procedimiento y el Informe Policial Homologado, para beneficiar al Cartel del Golfo.

«LA CHISPA»: EL NUEVO SEÑALAMIENTO NO LLEGA SOLO

El autor del comentario afirma que, aproximadamente dos semanas antes, detuvieron al «comandante Chispa» y que «desde Victoria ordenaron que lo soltaran», aunque antes habría pagado «una buena cantidad de dólares». .

¿Quién es «La Chispa»? 

Mario Guitán Rosas ,alias La Chispa se le señala como presunto operador de Los Metros, facción del Cártel del Golfo bajo el mando de César Morfín Morfín, «El Primito» y ha sido sujeto del escrutinio de la prensa nacional por la cercanía con el Gobernador Americo Villarreal. 

El nuevo señalamiento no puede despacharse como si hablara de un personaje sin antecedentes legales o periodísticos que ya estuvo en prisión en 2017.

“Plantea una presunta intervención policiaca de la Guardia Estatal en Reynosa para detenerlo y otra, desde Ciudad Victoria, para evitarlo”.

LA ACUSACIÓN SUBE DE PISO

La infidencia no se limita a señalar a policías de calle. Su autor sostiene que existen mandos inconformes con sus superiores, afirma que el secretario general tiene mayor jerarquía que el general Pancardo y asegura que reciben órdenes para servir al cártel. 

También sitúa el supuesto origen de las instrucciones «arriba del 3 piso de el 15 Juárez en Ciudad Victoria». Esa referencia es importante debe esclarecerse: no identifica por sí sola a quien habría impartido una orden ni acredita su intervención, pero presume quien es la «carga».

Este es el punto que no debe perderse entre los apodos y las cantidades: el denunciante describe una presunta cadena de decisiones que deben corroborarse pese a la falta de voluntad. El problema no terminaría en el agente que abre una puerta; alcanzaría al mando que ordena abrirla y a quien pudiera proteger la maniobra.

Porque el organigrama no puede servir para repartir autoridad hacia abajo y evaporar responsabilidades hacia arriba.

El mismo mensaje atribuye a la liberación de «Goyito Sauceda» un pago de 250 mil dólares y una supuesta intervención política de Eva Reyes, a quien identifica como diputada de Morena y suegra del mencionado. 

También acusa, sin identificarlo por nombre, a un general de zona militar de ayudar a «La Chispa» y menciona a «R8» en un pasaje sobre presuntas instrucciones para cuidar un perímetro utilizado para el cruce de droga. 

«ÓRDENES SON ÓRDENES»: LA FRASE QUE EXIGE OTRAS PREGUNTAS

«No todos somos corruptos», escribe el supuesto agente, antes de rematar con «órdenes son órdenes». La frase es reveladora como parte de su relato, pero no basta con afirmar que «arriba» mandan. Hay que precisar quién, cuándo, por qué vía y ante qué testigos. De otro modo, «arriba» termina siendo un domicilio sin habitantes y «órdenes» una palabra que todos utilizan para que nadie responda.

QUE INVESTIGUEN LOS HECHOS, NO QUE PERSIGAN AL MENSAJERO

El valor de esta intervención anónima no consiste en que haya resuelto el caso. Consiste en que amplía las preguntas, señala posibles rutas de comprobación y muestra cómo una publicación puede abrir espacio a otras revelaciones. Eso es lo que el periodismo debe aprovechar sin entregar su criterio: recibir información no obliga a creerla toda; obliga a examinarla.

A los señalados les corresponde responder sobre hechos concretos y tener oportunidad de ofrecer su versión. Al periodismo le corresponde contrastar, proteger a la fuente y corregir cuando proceda. A nadie le sirve cambiar el boletín oficial por un anónimo intocable.

Pero tampoco hay que hacerse tarugos: exigir pruebas es rigor; exigir que quien denuncia se exponga antes de revisar una sola pista es una estupenda manera de quedarse sin denunciantes.

La salida no es silenciar las redes ni desacreditar automáticamente al que habla desde el anonimato. Es llevar los señalamientos al terreno donde puedan probarse o desmentirse. Porque, si la versión resulta cierta, el escándalo no sería que un policía hablara en internet: sería que dentro de la corporación algunos hubieran confundido la cadena de mando con la cadena de cobro.

Con información: MEDIOS/REDES/

«¿7 de 14 HERRAMIENTAS?»: DIAGNÓSTICO sobre la JUSTICIA DIGITAL de GOVEA y AMÉRICO: «OPERA CASI con un SELLO y una ENGRAPADORA como TECNOLOGÍA»… y las herramientas que tienen no producen resultados.


En Tamaulipas, aun bajo el gobierno de Morena y de Américo Villarreal, la justicia digital —ahora a cargo de una «currícula tatemada»— tiene una incómoda relación con las matemáticas: de las 14 categorías de herramientas consideradas básicas para la investigación criminal por México Evalúa, la Fiscalía estatal reportó contar solo con siete. La mitad.

No es una ninguna calificación de eficacia ni significa que la eficiencia resuelva la mitad de los delitos; significa algo más elemental: en el inventario examinado, apenas reunió la mitad de las capacidades tecnológicas consultadas. El informe distingue entre disponer de herramientas y utilizarlas para construir investigaciones sólidas.

El informe Justicia Digital: tecnología aplicada a la investigación criminal en México, realizado con el apoyo de la Fundación Friedrich Naumann, permite ir más allá del resumen nacional difundido tambien por El Economista: en el caso tamaulipeco, el problema no es una ausencia absoluta de tecnología, sino una combinación de herramientas disponibles, capacidades faltantes y respuestas pendientes. Hay con qué trabajar en algunas áreas; en otras, el hueco está reconocido por la propia institución.

En el diagnostico de Tamaulipas se reportan instrumentos para procesar ciertos indicios y administrar expedientes, pero también vacíos en la captura temprana de información, el análisis transversal de casos y la supervisión tecnológica del trabajo policial. Modernización por partes, no una cadena completa de investigación.

Hay ADN y balística; falta demostrar qué justicia producen

Aunque en la realidad tangible la Fiscalía tamaulipeca parece operar como una oficina sin más tecnología que un sello y una engrapadora, reportó contar con sistemas de huellas dactilares, dos programas de identificación genética —DNAVIEW y Smallpond—, un sistema de identificación balística mediante IBIS y herramientas para desbloquear teléfonos celulares y extraer su información.

Esto sirve de poco o nada frente a los delitos de alto impacto, si atendemos a otros informes que siguen dejando todo pendiente. El problema de fondo es de complicidad, no de tecnología.

El detalle incómodo viene después del inventario: el estudio no permite saber cuántas investigaciones tamaulipecas utilizaron esas herramientas, qué evidencia produjeron, cuántos casos llegaron a juicio gracias a ella ni qué resultados obtuvieron. 

Tener el programa no acredita, por sí solo, una investigación sólida. La licencia no declara ante el juez; la prueba tiene que hacerlo y es tanta la desconfianza que la cifra negra de delitos, la gente que no denuncia,es abrumadora.

En identificación humana, el documento subraya además una diferencia esencial: en los casos de desaparición puede ser necesario identificar tanto a las víctimas como a las personas responsables. Son trabajos relacionados, pero no intercambiables. Identificar unos restos no equivale a esclarecer quién cometió el delito.

En una entidad doblemente campeona: en personas desaparecidas y en cadáveres sin identificar.

Por eso, para Tamaulipas, la pregunta periodística de fondo no termina en “¿cuántos sistemas compraron?”. Empieza ahí: ¿en cuántos casos los utilizaron, cuánto tardaron los dictámenes y cuántos de esos resultados fueron incorporados efectivamente a una investigación judicializada? Son precisamente los tipos de indicadores que recomienda construir el informe.

Sin análisis masivo: expedientes que pueden convivir sin conocerse

Uno de los rezagos más relevantes es que Tamaulipas declaró no contar con un sistema para el análisis masivo de información de casos. No es el único: otras 14 fiscalías dieron la misma respuesta. Pero que el problema tenga compañía no lo vuelve menos grave.

Estas herramientas permiten cruzar información sobre víctimas, personas investigadas, lugares, indicios y formas de operación para buscar patrones y relaciones entre expedientes. Sin esa capacidad reportada, queda una brecha en el uso sistemático de los datos que la propia institución acumula. Eso no significa que no haya analistas ni que nadie haga cruces manuales; significa que no reportó disponer de la herramienta consultada para hacerlo de manera masiva.

Dicho sin incienso burocrático: una fiscalía puede tener montañas de información y seguir necesitando que alguien descubra, a mano, que varios expedientes se están contando pedazos de la misma historia.

Tamaulipas también quedó entre las entidades que reportaron no contar con sistemas para rastrear direcciones IP y declaró carecer de identificación facial. Son brechas distintas: una afecta las herramientas disponibles para explorar rastros digitales en las redes; la otra, la búsqueda de posibles identidades a partir de imágenes. Ninguna autoriza a concluir que un delito sea imposible de investigar, pero ambas reducen el repertorio tecnológico propio declarado.

Denunciar por internet no es lo mismo que recibir la denuncia donde ocurrió el delito

Tamaulipas reportó una plataforma de denuncia digital. Pero, al mismo tiempo, declaró no contar con un sistema para recibir denuncias en el lugar de los hechos. Son dos puertas distintas y el informe las evalúa por separado.

La primera permite un contacto remoto con la institución. La segunda busca que la policía capture desde el sitio información inicial, testimonios, fotografías y referencias de tiempo y lugar, y que esos datos lleguen a la Fiscalía. 

Querétaro ofrece un contraste concreto: reportó 2,062 tabletas electrónicas para recibir denuncias mediante su Sistema Informático Único y señaló que el 53.41% de las denuncias por delitos patrimoniales comenzaban de esa manera. Es información declarada por esa entidad, no una auditoría independiente de sus resultados, pero muestra una integración operativa que Tamaulipas no reportó tener en esa categoría.

Cámaras corporales: una carencia; patrullas: una respuesta ausente

En el apartado de monitoreo de cámaras corporales, Tamaulipas reportó no contar con ese sistema. El rezago alcanza herramientas que el informe considera útiles para documentar intervenciones policiales, esclarecer controversias sobre detenciones y uso de la fuerza, y proteger tanto a la ciudadanía como al personal operativo.

Sobre el seguimiento en tiempo real de patrullas ministeriales, la respuesta fue todavía menos informativa: Tamaulipas no contestó. No se puede convertir ese silencio en una prueba de inexistencia. Sí se puede señalar lo evidente: el estudio quedó sin información para conocer esa falta de capacidad estatal que permite a la policia ir reunirse con el crimen organizado a bordo de su patrullas.

El documento de México Evalúa explica que el seguimiento de unidades puede servir para atender emergencias, conservar registros de recorridos y supervisar comportamientos atípicos. No es únicamente saber dónde anda una camioneta; también es poder reconstruir qué hizo y por dónde pasó y luego indagar a que pasó.

La salida no es otra compra para la foto

Las recomendaciones del informe no consisten en llenar una bodega de aparatos. Plantean priorizar el registro inicial de información, conectar policías, fiscales, peritos y analistas, capacitar al personal, asegurar mantenimiento y licencias, evaluar el uso cotidiano y medir qué evidencia llega realmente a los procesos penales. También proponen ajustar las inversiones a los delitos y necesidades de cada entidad.

Aplicado a los huecos reportados por Tamaulipas, eso exige algo más serio que presumir una plataforma: demostrar cómo se relacionan los casos, cómo se documenta el trabajo policial, cómo se incorpora información desde el lugar de los hechos y qué resultados producen los sistemas forenses que ya existen.

Aunque la palabra que debe ordenar esa discusión es resultados. No cuántas pantallas se encendieron, sino qué cambió para una víctima y qué pudo acreditarse legalmente. El informe no responde todavía esa pregunta para Tamaulipas; precisamente por eso, la Fiscalía no puede dar por solventada su modernización con presentar el inventario.

Con información: EL ECONOMISTA/ MEXICO EVALUA/