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sábado, 17 de octubre de 2026

LA «ARITMÉTICA LETAL NO CABE en el CONFETI»: CASI 50 MIL CADÁVERES en 25 MESES de SHEINBAUM solo es MEJORÍA MIRÁNDOSE al ESPEJO de AMLO»… y 20 mil desaparecidos en un país donde desaparecer casi equivale a morir.


El segundo piso de la Cuarta Transformación encontró cómo salir bien en la fotografía: posar junto al primero. Según la mas reciente gráfica de TResearch, al corte presentado como “25 meses de gobierno”, Claudia Sheinbaum acumula 49,682 víctimas de homicidio doloso, frente a las 76,525 de Andrés Manuel López Obrador en el mismo tramo. Son 26,843 víctimas menos: una reducción de 35.1%. La disminución existe, pero confronta el dato oficial de 52%. Lo que no se sostiene es convertirla, por sí sola, en certificado de pacificación. Una montaña de cadáveres no se vuelve jardín porque la de al lado sea más alta.

La comodidad del encuadre consiste en escoger el espejo adecuado. Frente a López Obrador, Sheinbaum mejora; frente a todos los demás presidentes incluidos en esa comparación, queda por encima en víctimas acumuladas. 

Dentro de la serie presentada por TResearch, el segundo piso únicamente sale favorecido cuando se mide con el primero: la referencia más sangrienta de la propia gráfica. No es poca cosa bajar respecto de ese nivel; tampoco es poca cosa necesitar ese nivel para presumir.

La aritmética que no cabe en el confeti

Al mismo corte que presenta TResearch, los números colocan al gobierno de Sheinbaum así:

  • Frente a Peña Nieto: 49,682 contra 45,072. Son 4,610 víctimas más, un aumento de 10.2%.
  • Frente a Zedillo: 49,682 contra 31,444. Son 18,238 más, un incremento de 58%.
  • Frente a Calderón: 49,682 contra 23,722. Son 25,960 más, un aumento de 109.4%: más del doble.
  • Frente a Fox: 49,682 contra 21,340. Son 28,342 más, un incremento de 132.8%.
  • Frente a Salinas: 49,682 contra 14,493. Son 35,189 más, un aumento de 242.8%: alrededor de 3.4 veces su acumulado. Las diferencias y los porcentajes se calcularon a partir de las cifras del gráfico.

Así se entiende el truco del espejo: el segundo piso presume una escalera descendente cuando mira hacia AMLO, pero sigue varios peldaños arriba cuando mira hacia el resto. El dato incómodo no desaparece porque se le cambie el ángulo: en este comparativo, Sheinbaum tiene el segundo mayor acumulado de víctimas, solamente por debajo de su antecesor.

Eso sí: tampoco hay que hacer propaganda al revés. Estas cifras describen acumulados de víctimas durante determinados gobiernos; no demuestran que cada presidente haya causado personalmente cada homicidio ni bastan para establecer cuál estrategia fue más eficaz. Lo que sí permiten es pinchar el globo de una celebración que quiera presentar una mejora relativa como si fuera un país pacificado.

Menos ataúdes no significa que ya no haya funeral

49,682 víctimas registradas durante el gobierno de Sheinbaum NO son el sobrante molesto de un porcentaje favorable ni la letra pequeña que deba esconderse debajo del “35% menos” o el presumido 52%.

Una cosa es reducir la velocidad de una tragedia; otra, haber salido de ella. Si un edificio se incendia menos que el de al lado, hay una mejora. Para declararlo habitable todavía hace falta apagar el fuego.

La gráfica contabiliza homicidios; no acredita, por sí misma, el conjunto de condiciones que permitirían hablar de pacificación. Una evaluación más amplia debe mirar otras violencias y sus cambios. El Índice de Paz México 2026, por ejemplo, examina indicadores más allá del homicidio y advierte sobre el crecimiento de las desapariciones reportadas y donde Tamaulipas lidera la barbarie.

Por eso, anunciar menos asesinatos ,aun asi sea en medio del cuestionamiento por el incremento de desaparecidos ,puede ser una noticia favorable sin convertirse en acta de defunción de la violencia. El porcentaje informa una diferencia; no expide, por sí solo, un certificado de paz.

Cuantos desaparecidos: 

Una revisión del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) muestra que en estos dos años de gobierno han desaparecido 19,894 personas. Un promedio de 829 al mes, 28 al día. De este total, 11,677 corresponden al primer año (1 de octubre de 2024-30 de septiembre de 2025) y 8,217 al segundo (1 de octubre de 2025-30 de septiembre de 2026)….adondevanlosdesaprecidos.org

Bajar respecto del peor registro de la propia comparación,asi sea impreciso, es avanzar. Vender ese avance como pacificación sería confundir una montaña más baja con la desaparición del cementerio.

Con información: TResearch/

viernes, 16 de octubre de 2026

"YO REPARTÍA y TE REPARTÍA: EJECUTADA RECLAMÓ al CARNAL del JC el DINERO que le DIO del RANCHO PLAYERO que RECLAMA OSIEL CÁRDENAS"... van 3 ejecutados y contando.


«Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía». La frase aparece casi al final de la conversación y le quita cualquier aire de desconocido a Julio de la Cruz Reina, destinatario del reclamo: la mujer, ahora ejecutada, le recuerda que cuando tuvo recursos también compartió con él. No precisa cantidades, fechas ni motivos, pero sí deja asentada su versión: Julio había recibido de ella, no solamente llamadas.

El audio en video trascendido a las redes atribuye la voz a Virginia Silva García e identifica al interlocutor como Julio César de la Cruz Reyna, a quien presenta como hermano del capo del Cártel del Golfo Juan Carlos de la Cruz Reyna.

Ahora se sabe,este sería propietario de restaurante en Matamoros,también parte de otros trascendidos en redes.

La publicación en video sitúa la llamada el 7 de febrero de 2026 y entre el material difundido se exhibe una credencial de elector a nombre de Julio César ,ademas de una conversación de Whatsapp junto con un amplio escrito de denuncia con mucho mas detalles, ya publicados.

Julio César de la Cruz sería hermano de un ex-mando criminal identificado por las autoridades estadounidenses, actualmente recluido en el mismo penal federal de alta seguridad donde también está enclaustrado Osiel Cárdenas.

Por separado, una comunicación oficial estadounidense documenta los antecedentes de Juan Carlos de la Cruz Reyna como operador del Cártel del Golfo.

Según el relato enseguida sospechosamente borrado, Virginia y su madre, Gloria, fueron asesinadas el 19 de septiembre de 2026 en Altamira; su abogado, Fernando Gerardo Covarrubias Treviño, ligado a Alfredo Cardenas,Alias «El Contador» del Cartel del Golfo,había sido asesinado en Matamoros el 2 de febrero.

Este es el contexto que vuelve especialmente grave esta conversación que presume la relación entre los homicidios, las amenazas y los documentos denunciados.

Lo que sigue es el desmenuce del testimonio: una mujer atribulada y con discusiones previas en mensajes de WhatsApp que ya exhibia amagos presionada por Julio Cesar de la Cruz para entregar una propiedad a la que identifica como «Dunas» en alusión a terrenos costeros, reclama explicaciones y termina recordándole a su interlocutor que antes también le tocó de lo que ella ganaba.

El hilo conductor de toda es un presunto despojo, no una operación que la hablante haya reconocido como voluntaria.

1. «Yo no tengo por qué estar metida en arguendes»

La conversación arranca marcando distancia. Virginia rechaza que la involucren en arguendes y señala una notaria en Reynosa.

2. «En Reynosa está una notaría donde según yo a ti te tengo que entregar los ranchos. ¿Lo sabes?»

Aquí aparece el primer foco rojo: una notaría y una supuesta obligación de entregar propiedades al interlocutor. El «según» importa: ella no reconoce esa obligación; la cuestiona. La pregunta «¿lo sabes?» pone el asunto directamente frente a Julio: hay una operación que lo presenta como destinatario y ella exige explicaciones. No es precisamente una felicitación por su nueva inversión inmobiliaria.

3. «Según tú fuiste con un notario junto conmigo donde yo te doy en dación de pago un rancho»

La mujer describe una supuesta comparecencia conjunta que no acepta como cierta. Ese es el núcleo de su protesta: se estaría presentando como realizada una operación que ella desconoce. El vocabulario suena formal; el reclamo, nada: ¿cuándo fui contigo y cuándo acepté entregarte un rancho? Una firma elegante no responde esas preguntas.

4. «¿Sabías eso? Bueno, pues van a meter a la cárcel al notario»

La hablante anuncia una consecuencia penal para el fedatario.No informa de una sentencia ni demuestra que existiera una orden de aprehensión: expresa su convicción de que lo denunciado ameritaba cárcel. Dicho sin toga prestada: para ella, aquello no era un simple error de escritorio.

5. «Ni que tu hermano ni que el señor […] lo que me tengan que decir que me lo digan y de qué se trata»

La mujer rechaza la cadena de intermediarios y pide que le hablen claro. Menciona a «tu hermano» y a «el señor», pero, aunque ese pasaje no proporciona sus nombres, se presume que alude a Juan Carlos de la Cruz Reyna y Osiel Cárdenas.

6. «¿Acaso él ha pagado las deudas de los ranchos, acaso él ha puesto algo o yo soy parte de él?»

El reclamo enfrenta la supuesta entrega con preguntas sobre las aportaciones de quien pretende recibir. Ella cuestiona qué habría pagado o puesto esa persona para justificar la operación. El cierre —«¿yo soy parte de él?»— añade una negativa a ser tratada como si alguien pudiera disponer de ella y de sus bienes en el mismo paquete. Es una impugnación, no un reconocimiento de deuda.

7. «Se corta la llamada. Sí, se corta»

Este tramo exige freno editorial. La transcripción no permite distinguir si se trata de palabras pronunciadas o de una observación sobre la interrupción de la conexión. Tampoco permite afirmar que alguien colgó para intimidar, evadir preguntas o recibir instrucciones. Hasta para contar una historia brutal hay que resistir la tentación de ponerle efectos especiales.

8. «Ya mataron a licenciados […] se cumplió lo que te dijeron»

La conversación pasa de las propiedades a la violencia. El fragmento alude a abogados asesinados y a algo anunciado que se habría cumplido. 

En nuestro relato en Valor Tamaulipeco sitúamos el asesinato del abogado Covarrubias Treviño cinco días antes de la fecha que atribuye a la llamada e incluso presumimos al autor.

9. «Esa gente no está mintiendo»

La frase aparece junto a las referencias a asesinatos y advertencias cumplidas. Su peso está en que presenta a «esa gente» como creíble dentro de una conversación atravesada por el miedo. 

10. «Yo no tengo por qué vivir en estrés. Así te lo digo. Estoy harta de vivir en estrés»

Aquí la discusión deja ver su costo personal. La mujer no habla únicamente de ranchos: protesta por la forma en que está viviendo. Repite que está harta. No corresponde convertirlo en un diagnóstico clínico, pero tampoco rebajarlo a una rabieta. Es una expresión explícita de agotamiento dentro del mismo relato sobre propiedades que no quiere entregar.

11. «Lo único que presiento es que al señor Osiel Cárdenas Guillén, alguien le ha hecho creer que esas tierras son de él»

Este es el nombre de mayor peso en el testimonio y también el punto donde más cuidado exige la redacción. La mujer dice «presiento»: formula una sospecha que causalmente estaría ligada con todos los sucesos.

12. «O que las compró o lo engañaron, que se las compraron a alguien para él»

La ahora victima plantea posibilidades, no una compraventa acreditada. Puede haber una supuesta adquisición, un engaño o terceros que dijeron comprar para otra persona.

13. «Pero todo se va a aclarar […] a mí ya me llevaron hasta el límite»

La expectativa de aclaración convive con una declaración de hartazgo extremo. Primero sostiene que habrá explicación; enseguida insiste en que la han llevado al límite. Leído junto con sus objeciones a la entrega de los ranchos, el pasaje expresa resistencia, no conformidad. De voluntad tranquila para desprenderse de sus bienes, estas palabras tienen poco.

14. «Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía»

Este es el golpe directo al interlocutor. Según su propio testimonio, ella compartió con él lo que ganaba. La frase permite escribir que Virginia afirmaba haberle dado dinero o compartido recursos; no permite fijar cuánto, cuándo, por qué ni bajo qué acuerdo. 

Pero el reproche sí es nítido: antes recibías de mí. En medio de la controversia sobre propiedades que supuestamente debía entregar, la mujer recuerda una relación previa en la que ella se presenta como quien daba. No aporta un recibo bancario; deja un señalamiento que merece investigarse, no adornarse.

15. «A ti yo no te he pedido dinero ni te he mortificado de nada»

La frase completa el contraste: ella dice haber compartido recursos con él y niega haberle pedido dinero o causado molestias. No liquida jurídicamente ninguna cuenta, pero explica el sentido del reproche: ¿por qué aparece ahora una supuesta obligación de entregarte propiedades si yo no te he pedido dinero? Esa es la contradicción que su testimonio pone sobre la mesa.

El reclamo que no cabe debajo de un sello

La conversación atribuida a Virginia presume quién falsificó documentos, quién ordenó amenazas y quién estuvo detrás de los homicidios denunciados.

Contiene un reclamo concreto contra una supuesta entrega de ranchos que ella no reconoce, una sospecha expresamente formulada sobre Osiel Cárdenas y una afirmación directa de que había compartido dinero con su interlocutor Julio de la Cruz Reyna hermano del «JC».

Ahí está la exigencia periodística: contrastar el instrumento notarial, las comparecencias, las firmas, el presunto adeudo y los movimientos registrales descritos en la denuncia publicada. 

Porque si una mujer protesta que nunca aceptó entregar sus tierras en una entidad donde cambian de dueño con facilidad asombrosa, el sello no puede servir de escondite: tiene que servir para encontrar quién puso qué, cuándo y con autorización de quién buscaban despojarla. Y enseguida la mataron, en medio de dos asesinatos más que detonan una pregunta valida, cuantos mas faltan para que el gobierno complice de Morena y Americo Villarreal se despoje de sus miedos y detenga a los ejecutores asi como los autores intelectuales en el Altiplano.

Con información: REDES/MEDIOS

“CARLITOS RUGRATS: NOMBRES de CARICATURA, pero AVENTURAS de TERROR HAN DESANGRADO SINALOA”… cae parte de la estructura, no la cortina del negocio.


Se pusieron nombre de caricatura, pero las aventuras que les atribuyen no tienen nada de infantiles: armas, drogas y una guerra que sigue desangrando Sinaloa. Ahora, a Los Rugrats, el brazo armado de La Mayiza encabezado por Carlos Páez Pereda, alias Carlitos Rugrats, les llegó una sacudida: al menos 19 presuntos integrantes detenidos entre el 10 y el 15 de octubre, entre ellos operadores importantes y cinco familiares del señalado jefe criminal.

En la guerra intestina del Cartel de Sinaloa, Los Chapitos han acumulado golpes y reflectores. Del otro lado, los herederos de Ismael El Mayo Zambada han mantenido un perfil menos estridente. Menos espectáculo, sí; menos violencia, no. La discreción tampoco equivale a un pase de inmunidad: los operativos contra Los Rugrats pusieron bajo presión a una de las principales estructuras armadas del Mayito Flaco en Culiacán.

El golpe más relevante tiene nombre y apodo: José Luis Páez Pereda, El Wicho, identificado como hermano de Carlitos, presunto responsable de las finanzas y segundo al mando de la organización. Su detención fue anunciada el 15 de octubre. Según la Secretaría de Defensa, fue capturado en Villa Unión, municipio de Mazatlán, y es requerido en el Distrito Central de California por posesión de cocaína con intención de distribuirla. Es decir, la captura apunta al área que presuntamente administra el dinero y la logística del grupo, no solo a sus pistoleros.

Del nombre de caricatura a los operativos

Carlitos Rugrats, de 30 años y originario de Laguna Colorada, Sinaloa, tomó para su organización el nombre y elementos de la serie animada Aventuras en pañales, con referencia particular a Carlitos Finster. La ocurrencia acaba en la marca: las autoridades estadounidenses lo señalan como un operador de alto nivel de Los Mayos, presuntamente vinculado con el tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína, además de asesinatos y secuestros para sostener las operaciones del cartel.

En redes sociales, según la información proporcionada, presume armas, drogas y fajos de billetes. Un escaparate de poder criminal donde el dinero posa para la cámara y las víctimas quedan fuera del encuadre.

La reciente cadena de detenciones alcanzó a Jesús Darío N, alias Cara de Cochi, capturado en Valle de Bravo junto con otros siete presuntos colaboradores. La Fiscalía del Estado de México lo identifica como supuesto jefe de seguridad de Carlitos y dirigente de La Barredora 24/7, célula vinculada con el Cartel de Caborca, aliado estratégico de La Mayiza.

En un operativo simultáneo en Toluca fueron detenidos tres colombianos, entre ellos Cristian N, señalado como uno de los operadores logísticos del líder del grupo.

Los arrestos también alcanzaron el círculo familiar de Páez Pereda. Además de El Wicho, fueron detenidas Leslie Dennise Pereda García y Aglaee Ramírez Páez, identificadas como primas del presunto jefe y señaladas por labores logísticas; así como Claudia Selene García Ontiveros y Francisco Javier Ramírez Agüero, identificados como su tía y su tío. Entre las personas aprehendidas también figuran Carlota Murillo Avendaño, María Alejandrina Páez Sainz y Ana Cristina Ramírez Páez. El parentesco, por sí solo, no acredita responsabilidad penal: las imputaciones deben sostenerse con pruebas, no con un árbol genealógico.

Un golpe al dinero, no el funeral de la célula

Para Víctor Manuel Sánchez, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, la captura de El Wicho importa por dos razones: afecta la operación del grupo y podría abrir la puerta a información que permita nuevas detenciones. Pero conviene guardar la fanfarria: golpear una estructura no equivale a desmantelarla.

El especialista describe a Los Rugrats como la principal célula de choque de La Mayiza en Sinaloa y, específicamente en Culiacán, como su aparato sicarial con más integrantes y mejor armamento. Eso no significa que sean la organización más poderosa de toda la facción: los herederos del Mayo cuentan con otras estructuras regionales, como Los Cabrera, Los Salgueiro, Los Arzate y Los Rusos.

Parte de los integrantes de Los Rugrats, explica Sánchez, procede de remanentes jóvenes de Los Ántrax, la organización creada por Rodrigo Aréchiga, alias Chino Ántrax. La continuidad tiene poco de novedosa: caen mandos, sobreviven pistoleros y aparece otro nombre para seguir con el negocio. Cambia la marca; la violencia conserva la franquicia.

Aunque buena parte del grupo es originaria de Culiacán, sus integrantes han sido enviados a Mazatlán y Escuinapa para disputar el sur de Sinaloa. Las detenciones, por tanto, no solo afectan al entorno de Carlitos: también presionan una pieza del despliegue territorial del Mayito Flaco.

La caricatura no paga las armas: el narcotráfico, sí

Según el FBI, Carlitos Rugrats gestiona parte del transporte de drogas desde Sinaloa hasta Tijuana, para su distribución en el sur de California y otros destinos estadounidenses.

Sánchez explica que el grupo aprovecha corredores fronterizos controlados por aliados de La Mayiza, entre ellos los hermanos René y Alfonso Arzate, conocidos como La Rana y Aquiles, y Los Rusos en Mexicali. El mecanismo, según su descripción, consiste en pagar un porcentaje por utilizar esas rutas, conservar la mayor parte de las ganancias y entregar al Mayito Flaco la porción correspondiente.

De ese circuito saldrían recursos para reclutar sicarios, comprar armas y pagar sobornos. Detrás del apodo de caricatura no hay una travesura: hay una estructura que necesita dinero constante para sostener su capacidad de violencia.

Las 19 detenciones representan un golpe importante, pero no autorizan a dar por terminada la historia. La advertencia del investigador es menos vistosa que cualquier anuncio triunfal y bastante más precisa: Los Rugrats sintieron el impacto, aunque la célula sigue operativa. Por ahora, las autoridades han detenido a parte de su estructura; todavía no han cerrado el negocio.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS