La 4T tendrá todas las cortinas de humo que quiera, pero llegó la hora de pagar la cuenta. Héctor de Mauleón
El Departamento del Tesoro lo informó el martes pasado con toda puntualidad, en el contexto del desmantelamiento de una red de tráfico de huachicol ligada al Cártel Jalisco Nueva Generación. En México, los cárteles utilizan las ganancias ilícitas de la venta de combustible en el mercado negro para realizar pagos en efectivo a campañas políticas y favorecer la llegada de funcionarios dispuestos a colaborar con ellos. La finalidad de las organizaciones criminales, insistió el Departamento del Tesoro, es ayudar a elegir políticos mexicanos corruptos dispuestos a colaborar con los cárteles para controlar puestos administrativos clave en el gobierno, lo que facilita las operaciones de contrabando de combustible y el acceso a contratos estatales para lavar las ganancias ilícitas de este esquema y de otras actividades criminales.
En esta reciente ofensiva, Estados Unidos señaló, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, a 11 personas físicas y morales como parte de la red vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación. No había hasta ahora una acusación del Departamento del Tesoro que llegara de manera tan frontal y específica a las actividades del tráfico de huachicol y las ligara con la elección de políticos mexicanos corruptos. El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, subrayó que las sanciones dadas a conocer por la Oficina de Control de Activos Extranjeros envían el mensaje de que quienes se benefician con este tráfico, así como con el tráfico de drogas y de armas, rendirán cuentas.
En el anuncio no se mencionan nombres ni partidos, pero tampoco queda mucho espacio para la duda. Todo esto es un adelanto de la información que Estados Unidos tiene en su poder y un anticipo de lo que está preparando, mientras el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum exige pruebas, pruebas y más pruebas, y ha tendido claramente un círculo de protección sobre los funcionarios y exfuncionarios de su partido que el gobierno de Estados Unidos ya le ha reclamado. En los mismos días, la red de control de delitos financieros de aquel país (FinCEN) anunció que el gobierno de Donald Trump ha adoptado una serie de medidas agresivas para investigar y llevar ante la justicia a quienes proporcionan apoyo a los cárteles que han sido designados como organizaciones terroristas.
De acuerdo con el Tesoro, el problema investigado es de tal magnitud que entre una tercera y una cuarta parte del combustible que se vende en México podría ser ilícito. Ya no se trata solo de un problema de contrabando. Según lo ha dejado ver el propio secretario del Tesoro de Estados Unidos, se trata de un problema de financiamiento a organizaciones consideradas terroristas.
En la misma semana, el secretario de Seguridad Nacional de aquel país, Marwin Mulin, aseguró que no hay una sola pulgada de la frontera norte de México que no esté controlada por los grandes grupos criminales. Hace 15 días, en Francia, en su discurso desde la cumbre del G7 —en la que se discutían los desafíos globales más apremiantes en materia de seguridad internacional y estabilidad económica y comercial—, Donald Trump declaró ante los representantes de Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido que México perdió el control del país, que México está gobernado por los cárteles, que México es el epicentro de la violencia y que Claudia Sheinbaum es una mujer muy asustada. Queda claro que nada de esto es producto del azar.
De ningún modo estos señalamientos son episodios aislados. El gobierno de Trump está construyendo y justificando ante el mundo una narrativa. Está armando el escenario de lo que se propone hacer.
Y lo ha hecho no solo a través de las repetidas y constantes declaraciones de funcionarios, sino también mediante filtraciones periodísticas en importantes medios estadounidenses, que han puesto en la picota los nombres de varios gobernadores, han comenzado a mencionar los nombres de los hijos del expresidente López Obrador y afirman que en Morena ha comenzado la desbandada: más de una decena de políticos mexicanos, incluidos gobernadores y legisladores que han sabido leer lo que se avecina, han entablado contacto con agencias estadounidenses para negociar con ellas y ofrecer información comprometedora sobre otros integrantes de su propio partido. Estados Unidos quiere que lo sepamos y quiere que lo sepa el mundo. La justificación jurídica que construyó está sobre la mesa.
El régimen podrá tender las cortinas de humo que quiera. Podrá emplear ejércitos de bots para desviar la atención sobre cualquier tema. Pero el reloj está caminando y eso no lo puede controlar.
Muchos saben que llegó la hora de pagar la cuenta.
Con información: LATINUS/HECTOR DE MAULEON/









