Resulta que antes de convertirse en los reyes del terror corporativo y dueños de medio cartel exótico, los ilustres hermanos Oseguera —sí, los de la dinastía del CJNG— pasaron por una infancia precaria.
De acuerdo con los desgarradores escritos que su defensa presentó ante la justicia gringa para rascarle una rebaja a la condena de Antonio Oseguera (alias Tony Montana), los magnates del narco que crecieron al amparo de las autoridades en Mexico,empezaron bien abajo: sufriendo hambre en los maravillosos pastos de Michoacán.
El patriarca fugitivo y el «niño modelo» que salió peor
El papá de la criatura decidió que ser jornalero en EE.UU era mejor negocio que lidiar con la chaviza, así que un buen día hizo lo que muchos: se fue por cigarros al norte y jamás regresó (ni mandó un mísero dólar).
Con un panorama de hambre y sin desayunos seguros, a Tony no le quedó de otra que dejar la escuela a los 10 años y ponerse a jalar la tierra.
A los 16 años, el muchacho cruzó la frontera para buscar al papá prófugo. Le tocó sudar la gota gorda en fábricas de mallas ciclónicas y, más tarde, en San Francisco, donde se metió de lleno al mundo de la alta gastronomía… o bueno, a lavar platos, picar cebolla y servir tragos en bares italianos por dos pesos.
De mesero estresado a cliente frecuente de rehabilitación
Trabajar de noche, aguantar borrachos y el estrés crónico de la vida migrante cobraron factura. Tony cayó en las garras del alcohol y la cocaína, convirtiéndose en cliente distinguido de centros de rehabilitación (incluyendo uno en Tlajomulco donde intentó limpiar su alma de perico).
Según su abogado defensor, el pobre Tony nunca tuvo madera de gran capo; lo retratan casi como a un «paria» inestable al que las responsabilidades grandes le quedaban gigantes. Claro, un paria que de algún modo terminó coordinando negocios turbios con los cuñados y fundando uno de los carteles más sanguinarios del planeta.
El final de la función
Hoy, a punto de cumplir los 70 años y con una condena de 20 años cocinándose en Estados Unidos, al buen Tony Montana solo le queda esperar un milagro judicial que básicamente significa: morir de viejo tras las rejas. Pasó de cosechar pobreza en Michoacán y servir copas en San Francisco a firmar autógrafos penales en Almoloya y terminar en el gabacho. Un verdadero cuento de superación… pero al revés.
¿Se imaginaban este currículum tan «aspiracional» para el hermano del mismísimo Mencho?
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PABLO FERRI/




