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domingo, 28 de junio de 2026

«AVISENLE a la CHISPA del CDG: HOY se CONMEMORA 16 ANIVERSARIO del CONVOY del MATADERO donde VIAJABA CANDIDATO que SERÍA GOBERNADOR de TAMAULIPAS»…y el lugarteniente lo presume en redes.

EL «ENFERMO de PODER: NAVARRETE en DOS ENTREVISTAS DESMITIFICA a AMLO, lo LLAMA VENGATIVO, UTILITARISTA y EXHIBE las MALETAS del DINERO»… y lo dijo como complice.


Carlos Navarrete no es cualquier opinador de sobremesa. Fue dirigente nacional del PRD, senador, operador político de la vieja guardia de la izquierda institucional y, durante años, compañero de ruta de Andrés Manuel López Obrador cuando ambos compartían trinchera en ese partido que hoy es poco más que un cascarón.

Ahora, ya sin disciplina partidista ni necesidad de cuidar las formas, Navarrete suelta una bomba que mezcla nostalgia, confesión y ajuste de cuentas.

Asegura que el financiamiento político de López Obrador en sus años de oposición no cabía en la narrativa romántica de los “sobres amarillos”. Según su versión, aquello era otra escala: maletas. Maletas con millones.

Dice que no se trataba solo de aportaciones voluntarias —ese diezmo político que, afirma, algunos dirigentes recortaban de su propio salario—, sino de flujos de dinero que simplemente no cabían en sobres. “No vas a meter 2, 3, 5 o 10 millones de pesos en un sobre amarillo”, ironiza, desmontando una de las imágenes más repetidas del obradorismo temprano.

El punto más incómodo no es la cifra, sino la lógica: creían en el proyecto, creían en el liderazgo y, bajo esa convicción, normalizaron mecanismos opacos de financiamiento. No hubo —según su propio relato— demasiadas preguntas. Había fe política.

La relación entre Navarrete y López Obrador es clave para entender el peso de estas declaraciones. No habla un adversario histórico, sino alguien que estuvo dentro del mismo ecosistema político, en la época en que el PRD era plataforma y no escombro. Su ruptura no es nueva: viene de años atrás, cuando AMLO decidió romper con el partido y construir su propio movimiento. Desde entonces, lo que antes era camaradería se volvió distancia, y luego crítica.

Pero el timing importa. Estas declaraciones aparecen en un contexto donde el debate sobre el financiamiento político, la narrativa de austeridad y la construcción del mito fundacional de Morena sigue siendo terreno de disputa.

Que le dijo a TRAGALUZ y FERNANDO del COLLADO

Una entrevista de Tragaluz (mayo de 2024) confirma lo que hoy circula en redes, cruzando versiones y afinando el tono.

Carlos Navarrete ya no está en modo dirigente: está en modo testigo incómodo. Exlíder nacional del PRD, exsenador y parte del círculo que acompañó a López Obrador en su etapa perredista, hoy responde sin disciplina partidaria… y sin filtro.

Lo que ahora se viraliza —las “maletas” con dinero— no es un exabrupto aislado. Es consistente, casi calcado, con lo que le dijo Fernando del Collado en Tragaluz. Ahí no improvisó: construyó una narrativa completa.

Primero, el contexto: Navarrete se presenta como alguien “más libre”, “curado de espanto” y decidido a dejar la prudencia. Traducción política: ya no tiene nada que cuidar ni a quién rendirle cuentas.

Y desde ahí lanza tres líneas de fuego que hoy reaparecen:

1. El financiamiento: del “diezmo” a las maletas

En ambas versiones —la entrevista y el clip viral— sostiene lo mismo:

  • Que hubo aportaciones sistemáticas desde el poder público: legisladores, gobernadores y funcionarios.
  • Que el famoso “10% del salario” no era excepción, sino piso mínimo.
  • Que el dinero se manejaba en efectivo y sin registros claros.
  • Y que las cantidades eran tales que no cabían en sobres amarillos.

Ahí conecta directo con lo que hoy circula:
la imagen romántica del sobre se le queda corta; su versión es más cruda —maletas con millones.

En Tragaluz lo dijo sin rodeos: fue testigo, participó y el dinero alcanzaba para financiar campañas permanentes, cinco días a la semana. No habla de un episodio, sino de un sistema.

2. La opacidad estructural

Navarrete no solo describe montos, describe método:

  • Efectivo.
  • Sin trazabilidad.
  • Sin contabilidad verificable.

Y remata con una frase clave: “Nunca se sabrá”.
No porque no exista la información, sino porque el diseño mismo impedía dejar rastro.

Incluso sugiere —sin afirmarlo de forma concluyente— que había indicios de dinero de origen dudoso. No lo prueba, pero deja sembrada la sospecha y la conecta con decisiones políticas posteriores.

3. El mito fundacional y la fe política

Quizá lo más revelador no es el dinero, sino la justificación.

Navarrete admite algo que en el discurso público rara vez se reconoce:
creían en el proyecto.

En Tragaluz lo formula casi como autocrítica generacional:

  • Había “admiración extrema”.
  • Se alimentó la figura de López Obrador.
  • Se sostuvo —aun sin pruebas contundentes— la narrativa del fraude de 2006.

Y su conclusión es demoledora: ayudaron a construir a un líder que terminó siendo, según él, autoritario, ególatra y con rasgos mesiánicos.

Ahí encaja perfecto la frase que hoy reaparece en redes:
no preguntaban demasiado porque había fe.

Relación con AMLO: de aliados a críticos

Esto no viene de un adversario histórico. Navarrete y López Obrador compartieron proyecto dentro del PRD. La ruptura llega cuando AMLO rompe con el partido y construye Morena.

Desde entonces, Navarrete ha transitado de operador a crítico. Pero lo relevante ahora es el tono: ya no es desacuerdo político, es desmitificación desde dentro.

4. El retrato del poder

En la entrevista amplía el cuadro:

  • Describe a AMLO como “enfermo de poder”.
  • Habla de aislamiento en Palacio.
  • Lo acusa de ser vengativo, utilitarista y malagradecido.
  • Y advierte un intento de prolongar influencia más allá del sexenio.

Introduce incluso el concepto de “hybris”: el exceso de poder que distorsiona la realidad.

5. Coincidencia clave: no es nuevo, es reiterado

Lo importante para el análisis —más allá del tono— es esto:

Lo que hoy se viraliza no contradice lo que dijo en 2024.
Lo refuerza.

  • Antes: “dinero público, efectivo, sin registro, aportaciones obligadas”.
  • Ahora: “no eran sobres, eran maletas”.

Es la misma historia, contada con una imagen más potente.

En síntesis: Navarrete está reescribiendo —desde su versión— la trastienda financiera y política del obradorismo temprano. No aporta pruebas nuevas, pero sí algo políticamente más peligroso: testimonio interno, consistente y reiterado en el tiempo.

Y en política, a veces eso pesa más que un documento… porque rompe el relato.

Navarrete, en esencia, está diciendo: la épica fue menos épica de lo que se cuenta.

Y lo dice alguien que estuvo ahí.

Con información: TRAGALUZ/FERNANDO del COLLADO/ REDES/

«OOOOOTRO NEGOCIO VERDE OPACO: CASTA MILITAR NO LLENA y al ESTILO VENEZUELA y CUBA se SIGUE EMPACHANDO»…el zapatero tiene mas de 20 años «batallando»con los zapatos.


El anuncio del Tren Maya de viajes de degustación de comida típica de la Península de Yucatán, incluida su propia cerveza artesanal, reavivó las protestas de empresarios turísticos locales que han denunciado la competencia desleal de los militares.

El problema no es que los militares hagan cerveza. El problema es que ya hacen de todo… y nada de eso tiene que ver con su vocación.

El anuncio del Tren Maya como “experiencia gastronómica integral”, con cerveza artesanal incluida, no suena a desarrollo: suena a monopolio con uniforme. A estas alturas, la casta militar mexicana no solo construye trenes; administra aeropuertos, hoteles, aduanas, parques turísticos, museos y hasta una aerolínea. Ahora también quiere ser chef, sommelier y maestro cervecero.

La historia ya la conocemos. En Cuba, las Fuerzas Armadas terminaron controlando buena parte del turismo a través de conglomerados como GAESA; en Venezuela, los militares se expandieron a sectores estratégicos y comerciales bajo la promesa de eficiencia y soberanía. El resultado fue el mismo: opacidad, desplazamiento del sector privado y economías cada vez más cerradas y menos competitivas. Mucho uniforme, poco resultado.

México parece decidido a ensayar esa misma receta… con lúpulo incluido.

Mientras el Tren Maya presume su vagón restaurante “Janal” como “la vitrina más ambiciosa de la gastronomía mexicana del siglo XXI”, en Calakmul hay 23 hoteles y 30 restaurantes viendo cómo se les vacían las mesas. No es una competencia: es un choque desigual. De un lado, empresarios que pagan impuestos, enfrentan regulaciones y sobreviven con márgenes mínimos. Del otro, una corporación militar con recursos públicos, permisos exprés y cancha inclinada desde el arranque.

La nueva “Cerveza Tren Maya” no es el problema en sí; es el símbolo. Porque cuando el Estado —a través de los militares— decide producir, distribuir y vender, deja de ser árbitro para convertirse en jugador… y uno que además pone las reglas.

“Ya estamos dando las últimas”, advierten los empresarios locales. Y no es exageración. Cuando competir implica medirse contra una estructura que no responde a las mismas reglas del mercado, el desenlace es previsible: cierre de negocios, concentración de poder y economías regionales subordinadas a un solo actor.

La pregunta ya no es si el Tren Maya será rentable o si su cerveza tendrá buen sabor. La pregunta es cuánto espacio le va a quedar a cualquiera que no vista uniforme.

Porque cuando todo lo administra la milicia, lo civil no desaparece de golpe… pero empieza a marchitarse.

Con información: ELNORTE/

“AMERICO Vs NEW YORK TIMES ?: GOBERNADOR HUACHICOLERO se AFERRA a la SILLA de GOBERNADOR bajo la SOMBRA FEDERAL CÓMPLICE”… mientras el universo y EE.UU. le preparan la salida.


Con todo respeto —o con el que amerita el espectáculo politico-criminal—, surge la duda inevitable: ¿Américo Villarreal Anaya, todavía gobernador de Morena en Tamaulipas —por muy poco tiempo— también va a demandar al New York Times ?

Porque una cosa es amagar con pleitos —y con dinero nuestro— contra cualquier “portalito”, como lo hizo el “paco de las pacas”, Francisco Cuéllar, en su calidad de jefe de comunicación social del gobernante hoy en aprietos, y otra muy distinta es creer que puede intimidar al diario de referencia en Estados Unidos.

“En una cancha juegan los voceros de siempre; en otra, los medios que marcan agenda global y tampoco se doblan por berrinches locales.”

Porque una cosa es amagar con “traigo jurídico” frente a una nota incómoda y otra muy distinta es intentar pelearte con un medio que no se mueve por ocurrencias ni por boletines reciclados como lo hace Tamaulipas con costo al erario de manera paradójica,pues engañan al contribuyente con su propio dinero.

El New York Times no es la gaceta municipal ni un portal al que se le manda carta aclaratoria con membrete y asunto resuelto. Es una institución con décadas de rigor, abogados que respiran difamación como disciplina olímpica y editores que no publican sin blindarse por todos los flancos.

Entonces, si la estrategia es convertir cada publicación adversa en pleito judicial, la pregunta no es menor: ¿hasta dónde alcanza el berrinche o la estrategia sin_verguenza? ¿Habrá demanda también para cada reportaje internacional tan solo para mandar señales de miren ciudadanos, no soy hampones de 7 suelas.

Porque aquí hay dos planos. Uno, el discurso político que intenta descalificar lo incómodo con ruido y amenazas. Otro, el terreno real donde operan los grandes medios: verificación múltiple, fuentes independientes y un estándar legal que no se intimida con conferencias ni con desplantes. Ahí no basta con indignarse; hay que probar.

Y si de verdad se cree que todo es falso, el camino no es la pose ni el amago, sino la evidencia sólida y pública. Lo demás suena más a control de daños que a defensa de fondo.

Así que la duda queda en el aire, con un poco de ironía y bastante lógica: si ya se lanzó contra uno, ¿también va por el New York Times… o ahí sí se mide distinto?

El punto fino de la idea es este: si ya amagó con demandar al Los Angeles Times, hay que dejarle claro qué liga está jugando cuando se mete con el New York Times y por qué sus posibilidades son mínimas.

Quién es el New York Times (por si se anima)

The New York Times es un diario fundado en 1851 en Nueva York por Henry Jarvis Raymond y George Jones, con sede hoy en el edificio de la Octava Avenida en Manhattan.

Es considerado en la industria como uno de los grandes periódicos de referencia en Estados Unidos, el “diario por excelencia”, con influencia global en agenda política, económica y de derechos humanos.

Prestigio, premios y poder de fuego

El Times ha ganado decenas de premios Pulitzer desde 1918, cuando obtuvo el primero por su cobertura de la Primera Guerra Mundial, consolidando su reputación de diario de calidad.

No es solo un medio: es una corporación que cotiza en bolsa (The New York Times Company), con alrededor de 5,900 empleados y una capitalización cercana a 8 mil millones de dólares, donde cada línea publicada pasa por filtros editoriales y legales rigurosos.

Métricas y audiencia

El NYT se define a sí mismo como un medio con una audiencia global de alto poder adquisitivo y fuerte impacto entre élites políticas, corporativas y culturales, métricas construidas con datos internos y análisis propios.

Su alcance digital se cuenta en millones de suscriptores, y sus reportajes sobre gobiernos —como el editorial contra Peña Nieto o el texto sobre la compra de prensa por publicidad oficial— se convierten en referencia internacional inmediata, incluso cuando la prensa mexicana intenta minimizarlo.

Orígenes, lema y cultura editorial

Adolph Ochs adquirió el Times en 1896 y bajo su mando el diario dio el salto a renombre internacional y consolidó su lema “All the news that’s fit to print” (“Todas las noticias aptas para ser publicadas”), un manifiesto contra el amarillismo de sus competidores.

Desde entonces el NYT vive de la verificación múltiple, el blindaje jurídico y el trabajo con periodistas acreditados y fuentes independientes; no publica investigaciones federales contra funcionarios solo porque alguien se las sopló en corto.

Con información: MEDIOS/REDES/