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martes, 22 de septiembre de 2026

“YA se ARMÓ el TIRO: ALCALDE PANISTA de RÍO BRAVO VA a PELEARLE la COMAPA a AMÉRICO en la SUPREMA CORTE”… un pleito en el que la CONSTITUCIÓN le da la RAZÓN al MUNICIPIO.


El alcalde panista de Río Bravo,Miguel Ángel Almaraz Maldonado, anunció que recurrirá a la Suprema Corte de Justicia de la Nación(SCJN) para buscar que la administración de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado(Comapa) sea devuelta al Ayuntamiento,tras la negativa estatal del gobierno de Morena y Américo Villarreal.

El argumento constitucional más sólido para el alcalde no es que el agua deba administrarla “quien traiga mejor chaleco”, sino que el artículo 115 Constitucional reserva el servicio al municipio y sólo toleró la continuidad estatal como una solución transitoria, no como una patente de corso política sin revisión seria de necesidad, proporcionalidad y resultados. 

La Diputación Permanente sostuvo que la transferencia pondría en riesgo la continuidad y calidad del servicio; el Ayuntamiento puede responder que continuidad sin calidad, transparencia ni rendición de cuentas es la coartada burocrática perfecta para eternizar una excepción. 

Río Bravo no es una sucursal administrativa del Gobierno estatal

El agua potable, el drenaje, el alcantarillado, el tratamiento y la disposición de aguas residuales no son una concesión graciosa del gobernador en turno Americo Villarreal, ni un trofeo partidista para administrarse desde Ciudad Victoria. Son, por mandato expreso del artículo 115, fracción III, inciso a), de la Constitución, funciones y servicios públicos a cargo de los municipios.

Así de claro: la Constitución no dice que el municipio podrá hacerse cargo del agua cuando al Congreso local le parezca simpático el alcalde; dice que los municipios tendrán a su cargo ese servicio. Y cuando el texto constitucional habla con esa nitidez, ningún dictamen puede convertir la regla en adorno y la excepción en sistema permanente.

Que el Gobierno de Tamaulipas conserve la operación de la COMAPA de Río Bravo bajo el discurso de “proteger la continuidad del servicio” merece una pregunta incómoda, pero indispensable: ¿continuidad de qué? ¿De un servicio que, según el alcalde Miguel Ángel Almaraz Maldonado, llega con variaciones de color y olor, con fallas en la red y con una ciudadanía que no recibe explicaciones suficientes? Esa denuncia requiere peritajes, muestreos y datos verificables; pero también impide que el Estado se autoexpida un certificado de excelencia con la tinta de su propio boletín. 

El Congreso tambien ligado a escándalos con el crimen organizado, presume haber evaluado condiciones técnicas, financieras y operativas, y concluye que transferir la COMAPA podría perjudicar a la población. Perfecto: entonces que publique íntegramente los dictámenes, indicadores de potabilización, calidad bacteriológica y fisicoquímica, cartera vencida, pérdidas físicas, estado de plantas, presupuesto de rehabilitación, contratos, nómina, auditorías y comparativos objetivos que sostengan esa conclusión. La tutela del interés público no es un conjuro que dispense a la autoridad de motivar sus decisiones; menos aún cuando el resultado práctico consiste en quitarle al municipio una atribución que la Constitución colocó en el corazón del municipio libre. 

El núcleo constitucional

La reforma constitucional publicada el 23 de diciembre de 1999 reforzó el diseño municipalista del artículo 115: agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales son servicios que corresponden al municipio. El artículo tercero transitorio permitió, de manera excepcional, que los gobiernos estatales continuaran prestándolos cuando ya lo hicieran al entrar en vigor la reforma, siempre que no mediara solicitud municipal para que fueran transferidos. 

Eso importa porque en Río Bravo sí existe una solicitud municipal. Y allí se acaba la comodidad del Estado: el transitorio no fue redactado para construir un feudo administrativo hereditario, sino para evitar que una transición abrupta dañara a la población mientras se consolidaba el nuevo reparto competencial.

La defensa constitucional del Ayuntamiento debe apoyarse en cuatro ideas:

  • Titularidad municipal. El artículo 115, fracción III, inciso a), establece la regla: el servicio de agua corresponde al municipio. La intervención estatal es jurídicamente extraordinaria, no la nueva normalidad. 
  • Municipio libre y autonomía funcional. La libertad municipal no se reduce a elegir alcalde, celebrar sesiones de Cabildo y colgar el escudo en la fachada. Incluye ejercer de manera efectiva las funciones públicas que la Constitución le asigna. Vaciar al Ayuntamiento de una competencia esencial mediante una negativa legislativa genérica equivale a preservar la forma del municipio mientras se le extrae la sustancia.
  • Transitorio de aplicación estricta. El artículo tercero transitorio de la reforma de 1999 habilitó una continuidad estatal condicionada, no una apropiación indefinida. Una vez que el Ayuntamiento solicita asumir el servicio, la autoridad estatal y el Congreso tienen la carga de demostrar —con razones reforzadas, evidencia actual y una ruta de transición— por qué la restitución constitucionalmente prevista sería imposible o gravemente lesiva.
  • Derecho humano al agua. El artículo 4º constitucional reconoce el derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El interés público no se protege conservando una estructura por inercia; se protege acreditando resultados medibles de calidad, disponibilidad, accesibilidad y saneamiento. 

Tesis y jurisprudencia útiles

Conviene citar los siguientes criterios y precedentes del Semanario Judicial de la Federación:

CriterioUtilidad para Río Bravo
“Servicio público de agua potable. Los estados y municipios, dentro de su libre facultad configurativa, pueden prestarlo directamente o bien…”, precedente publicado por la SCJN el 24 de octubre de 2025Reconoce que existen modalidades de prestación directa o mediante organismos; pero esa libertad configurativa debe leerse desde la titularidad constitucional municipal. Sirve para sostener que una COMAPA no es dueña constitucional del servicio: es un instrumento organizativo, no la fuente de la competencia. 
“Aguas residuales. Servicio público. Prestan los municipios…”tesis con registro digital 176561Refuerza que el tratamiento y disposición de aguas residuales integran el servicio público municipal previsto por el artículo 115, fracción III. Resulta clave frente a la pretensión de tratar la COMAPA como enclave estatal separado de la competencia municipal.
“Servicio de agua potable prestado por los municipios para bienes del dominio público. Quedan comprendidos en la exención del artículo 115 constitucional”Aunque el tema inmediato es fiscal, el criterio parte de una premisa inequívoca: el agua potable es un servicio prestado por los municipios bajo el artículo 115. Ayuda a situar la competencia municipal como punto de partida constitucional.
Artículo 115, fracción III, inciso a), CPEUMNo es jurisprudencia, pero es el martillo principal: asigna expresamente al municipio agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales.
Artículo tercero transitorio de la reforma constitucional de 1999Es la pieza de litigio decisiva: regula la subsistencia temporal de la prestación estatal y debe interpretarse de forma restrictiva frente a una petición municipal expresa de transferencia. 

La tesis de 2025 debe utilizarse con inteligencia, no como eslogan. La contraparte puede alegar que reconoce libertad configurativa de estados y municipios. La réplica es sencilla: libertad configurativa no significa libertad para borrar al municipio de la ecuación constitucional ni para usar una COMAPA estatal como pantalla que vuelva perpetua una situación transitoria.

La réplica al Congreso

La Diputación Permanente argumentó que el Ayuntamiento no acreditó condiciones técnicas, administrativas, financieras y operativas suficientes, y que el Estado ha realizado obras de rehabilitación y fortalecimiento. Ese razonamiento sólo puede sostenerse jurídicamente si supera un estándar alto de motivación.

No basta decir “el municipio no puede”. Hay que demostrarlo.

No basta citar infraestructura estatal. Hay que explicar por qué esa infraestructura no puede entregarse con inventarios, reglas de transición, presupuesto, capacitación, convenios de apoyo y salvaguardas de continuidad.

No basta invocar el interés público. Hay que probar que la retención estatal es idónea, necesaria y proporcional para protegerlo, y que no existe una medida menos restrictiva de la autonomía municipal.

Y, sobre todo, no basta desconfiar políticamente del alcalde. El artículo 115 no fue escrito para que las mayorías legislativas locales administren premios y castigos según la paleta partidista de cada ayuntamiento. Si el criterio fuera “el municipio sólo recibe sus facultades cuando el Congreso confía en su alcalde”, entonces el municipio libre quedaría convertido en municipio bajo tutela: electo por sus ciudadanos, pero administrado por el humor de la capital.

Una ruta argumentativa para la Corte

La controversia constitucional debe construirse como una defensa institucional del Ayuntamiento y de la población de Río Bravo, no como una riña personal entre Miguel Ángel Almaraz y el gobierno de Américo Villarreal.

Reducir el conflicto a una vendetta política —al estilo de la guerra que Francisco García Cabeza de Vaca desató por la COMAPA cuando fue alcalde de Reynosa (2005-2007) y terminó ganando— sólo le regalaría a la contraparte el relato que necesita para desviar el debate: el municipio libre, la competencia constitucional y el derecho de los riobravenses a un servicio de agua eficiente, transparente y salubre.

«En el año 2005, cuando apenas tenía unos meses como alcalde de Reynosa, Francisco García Cabeza de Vaca, inició una guerra con el Gobierno del Estado para conseguir el control de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Comapa). Cuando lo obtuvo lo celebró como una gran victoria.»….Hora Cero/

Pretensión central: impugnar el acto legislativo o normativo que mantenga la prestación estatal de los servicios de COMAPA Río Bravo, por invadir o vaciar la competencia que el artículo 115, fracción III, inciso a), reconoce al municipio.

Conceptos de invalidez sugeridos:

  1. Violación directa al artículo 115 constitucional.
    La decisión convierte una atribución municipal expresa en una facultad sujeta a autorización política ordinaria del Congreso local.
  2. Interpretación expansiva e indebida del artículo tercero transitorio.
    La continuidad estatal prevista por el constituyente permanente debe ser excepcional y temporal. Una interpretación que permita conservar indefinidamente el servicio pese a la solicitud municipal desnaturaliza el transitorio y derrota la finalidad municipalista de la reforma.
  3. Falta de motivación reforzada.
    Si el Congreso afirma incapacidad técnica y financiera, debe exhibir evidencia pública, actual, verificable y comparativa; no basta una conclusión administrativa con membrete. La limitación de una competencia constitucional exige razones de la misma talla que la competencia que se restringe.
  4. Desproporcionalidad.
    Aun suponiendo riesgos de transición, existen medidas menos intrusivas que conservar el control estatal: entrega escalonada, convenio de acompañamiento técnico, transferencia de activos y pasivos, programa de fortalecimiento, auditoría independiente, metas de calidad del agua y supervisión temporal.
  5. Afectación al derecho humano al agua.
    El Estado no puede invocar el derecho al agua como argumento para impedir la gestión municipal sin demostrar, con datos de calidad y continuidad, que su actual administración lo garantiza en forma suficiente y salubre. El derecho humano no es un pretexto para centralizar; es un parámetro para exigir resultados. 

El pleito por la COMAPA no debería decidirse por afinidades de partido ni por la liturgia del poder estatal. El agua no puede quedarse en manos de quien simplemente tenga más oficinas, más sellos o mejor acceso al micrófono oficial.

Si Río Bravo pidió recuperar un servicio que la Constitución le asigna, la carga no es del municipio para mendigar permiso: la carga es del Estado y del Congreso para justificar, con pruebas robustas y no con desconfianza de temporada, por qué pretenden prolongar una excepción.

Porque una cosa es evitar que el agua deje de correr por las tuberías; otra, muy distinta, es usar esa preocupación como llave para cerrar la puerta del municipio libre. Y si la COMAPA estatal presume eficiencia, que la demuestre con agua salubre, cuentas abiertas y datos públicos. Lo demás —por mucho membrete que lleve— es centralismo con disfraz de interés público.

Con información: Hoytamaulipas/

¿NO saben de GEOPOLÍTICA?: MÉXICO FACILITARÁ el ASALTO CHINO con un CONTRATO de SISTEMAS de HUAWEI»…soberanía tecnológica será puerta trasera para Pekín y una provocación a Washington.


Como si México y Estados Unidos estuvieran para intercambiar flores, y no a días de volver a sentarse a negociar el T-MEC, la 4T parece haber decidido meterle un petardo chino al corazón tecnológico del Estado mexicano. El nombre del artefacto es Huawei.

La bronca no es un contrato cualquiera ni una licitación de computadoras para oficina. Lo que estaría en juego es la renovación —o captura, según desde dónde se mire— de la infraestructura digital de Aduanas, el SAT, Pemex, CFE, IMSS, ISSSTE y el AICM. Es decir: impuestos, comercio exterior, energía, salud, cruces fronterizos y datos estratégicos. El menú completo del país, servido en bandeja de silicio.

En el centro de la operación aparece José Antonio “Pepe” Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, uno de los funcionarios con mayor influencia en el gabinete de Claudia Sheinbaum. El problema no es que digitalice al gobierno; el problema sería quién termina administrando las llaves, los servidores y los respaldos de esa digitalización.

Y ahí entra Huawei, el gigante chino que para Washington no es simplemente una empresa de telecomunicaciones: es una compañía bajo sospecha permanente de ser una extensión potencial de los intereses de seguridad e inteligencia de Pekín. 

Estados Unidos la incluyó en su “Entity List” en 2019 y ha restringido su presencia en infraestructura crítica y redes de telecomunicaciones por riesgos de seguridad nacional. Para la Casa Blanca, Huawei no vende sólo tecnología: vende una posible puerta de entrada a información estratégica.

Por eso, si México le abre la sala de máquinas de sus aduanas, sistema fiscal, sector energético, salud pública y aeropuertos a Huawei —aunque sea mediante intermediarios o empresas fachada, como se denuncia—, Washington no lo leería como una inocente decisión tecnológica. Lo interpretaría como esto: México está permitiendo que China se asome por la ventana trasera de América del Norte.

La “ofensa” para Estados Unidos sería enorme porque no se trataría de datos aislados. Se trataría de información que toca directamente la seguridad económica y comercial de su vecino:

  • Qué mercancías entran y salen de México hacia Estados Unidos y Canadá.
  • Quién importa, quién exporta, cuánto declara y por dónde mueve su carga.
  • Datos fiscales de empresas que participan en cadenas de suministro norteamericanas.
  • Información sobre petróleo, combustibles, energía e infraestructura crítica.
  • Datos de usuarios y operaciones en aeropuertos, sistemas de salud y redes públicas.
  • Potencialmente, información gubernamental sensible o comunicaciones protegidas, dependiendo del alcance real de los sistemas involucrados.

En términos políticos, sería equivalente a decirle a Washington: “Sí, somos sus socios comerciales, pero el cuarto de control se lo estamos enseñando a Pekín”. Y eso, en plena negociación del T-MEC, es una invitación a que Estados Unidos saque la carpeta de “seguridad nacional”, que suele ser la carpeta más cara, más ruidosa y menos negociable de todas.

La sospecha se vuelve especialmente explosiva por la secuencia de movimientos. El 1 de abril, Héctor Alonso Romero Gutiérrez —procedente de la Agencia de Transformación Digital— fue nombrado titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México. Poco después, el gobierno impulsó el traslado de la Ventanilla Única de Comercio Exterior, antes bajo control del SAT, hacia la órbita de la Agencia de Transformación Digital. En otras palabras: quien atendía la capa tecnológica pasó a tener influencia sobre el sistema que controla la puerta comercial del país.

Luego llegó la caída del sistema aduanal y la pregunta inevitable: ¿fue un accidente, una falla de arquitectura, una migración mal ejecutada o el síntoma de una pelea por el control tecnológico? Hasta ahora, no hay un informe público suficientemente detallado que despeje qué ocurrió con el DODA, qué componentes fallaron, qué cambios se estaban implementando y quién concentró el mando operativo después del colapso.

Ahí está el verdadero escándalo: no sólo que las aduanas se hayan trabado, sino que el apagón haya ocurrido mientras se reorganiza el control digital del comercio exterior. Cuando el sistema que mueve mercancías, recauda impuestos y conecta a México con Estados Unidos se cae, no es una “incidencia”. Es una alarma geopolítica.

Qué significa Huawei en esta historia

Huawei significa tres cosas a la vez:

  1. Tecnología china en infraestructura crítica. No es lo mismo vender teléfonos que participar en sistemas que procesan información fiscal, aduanera, energética o de seguridad pública.
  2. Un problema automático con Washington. Estados Unidos mantiene restricciones severas contra Huawei y desconfía de su participación en sectores estratégicos, particularmente telecomunicaciones, redes, nube y datos gubernamentales.
  3. Una prueba de lealtades en el T-MEC. México puede diversificar proveedores y relaciones internacionales, claro. Pero si esa diversificación toca infraestructura que alimenta el comercio y la seguridad de América del Norte, deja de ser un asunto administrativo y se convierte en un problema trilateral.

La molestia de Washington no sería porque México compre tecnología china —China ya es un actor comercial enorme en México—, sino porque, de confirmarse una entrega de sistemas sensibles a Huawei, México estaría colocando tecnología considerada riesgosa por Estados Unidos en la misma tubería por la que circulan datos y mercancías esenciales para el T-MEC.

El tamaño del golpe

La ofensa sería de nivel estratégico, no protocolario.

No sería una nota diplomática incómoda ni una llamada de atención en privado. Podría convertirse en presión durante la revisión del T-MEC, condicionamientos de cooperación en seguridad y aduanas, mayores controles fronterizos, revisiones de origen para mercancías mexicanas y endurecimiento político contra proyectos tecnológicos vinculados con China.

En el escenario más áspero, Washington podría tratar a México como un socio comercial que dejó una rendija abierta para que un rival geopolítico se asome a la infraestructura de Norteamérica. Y en Washington, cuando se pronuncia la combinación “Huawei + aduanas + datos + frontera”, nadie escucha “transformación digital”. Escuchan “riesgo de seguridad nacional”.

La pregunta, entonces, no es si México debe modernizar sus sistemas: tiene que hacerlo, y urgentemente. La pregunta es si esa modernización será transparente, auditable, con controles de ciberseguridad y proveedores plenamente identificables, o si se hará entre apagones, intermediarios y contratos que conviertan al Estado mexicano en una caja negra conectada a intereses que Estados Unidos considera hostiles.

Porque si el gobierno no explica qué pasó con el DODA, qué empresas participan, qué datos administrarían, dónde se alojarían, qué acceso tendrían y qué controles existirían, el discurso de soberanía digital corre el riesgo de convertirse en una ironía de escala continental: presumir independencia mientras se entregan las llaves del sistema a otro país.

Con información: CODIGO MAGENTA/

“CHOQUE de EGOS y VERSIONES EXHIBE PRÁCTICA del DEPORTE NACIONAL del ENCUADRE ECONÓMICO”… ambos escogen la foto donde salen menos despeinados.


El Secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, protagonizó una disputa con Guillermo Ortiz -quien fue Secretario de Hacienda de 1994 a 1997-, por discrepancias sobre la evolución de los indicadores económicos y sociales en México como la pobreza, la educación, el crecimiento de la deuda, el desempleo y la inflación bajo la administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Ninguno miente de forma burda; ambos practican el deporte nacional de la estadística con encuadre: escogen la foto donde salen menos despeinados. Ortiz acierta al advertir que bajar pobreza no equivale automáticamente a construir movilidad, servicios públicos y empleos formales; Amador acierta al recordar que la reducción de pobreza y la recuperación salarial no son utilería, sino mejoras materiales medibles. 

El veredicto rápido

ActorLo que dice bienSu truco retóricoVeredicto
Guillermo OrtizLa informalidad ronda 55%; salud, educación, seguridad y Estado de derecho son variables centrales del bienestarConvierte problemas reales y estructurales en prueba casi total de fracaso de la 4T; mezcla resultados de pandemia, rezagos históricos y responsabilidades recientesVerdad incompleta, con bisturí selectivo
Édgar AmadorLa pobreza multidimensional cayó de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024; la pobreza extrema bajó de 7% a 5.3%; el salario mínimo real se recuperó de forma excepcionalResponde una crítica presente con el álbum de horrores de 1995-1997; compara crisis sistémicas de épocas distintas como si fueran auditoría de gestión equivalenteVerdad real, usada como escudo

La bronca, entonces, no es entre datos falsos y datos verdaderos. Es entre dos medias verdades que se miran al espejo y se declaran indicadores integrales.

Ortiz: acierta en el diagnóstico, exagera en el fallo

Ortiz reconoce tres avances que el gobierno no inventó en PowerPoint: menor pobreza multidimensional, menor pobreza extrema y un salario mínimo que más que duplicó su valor real desde 2018. Pero enseguida intenta rebajar esos resultados con una tesis atendible: una transferencia puede elevar el piso de consumo sin necesariamente elevar el techo de productividad, educación, salud o empleo formal. Ésa es una crítica económica seria. 

También da en el blanco con la informalidad: si cerca de 55% de las personas ocupadas trabaja fuera de la formalidad, el aumento al salario mínimo no alcanza de manera directa a una parte enorme del mercado laboral. Celebrar el salario mínimo como si fuera un aspersor universal es olvidar que el empleo informal no cobra por decreto: sobrevive por cuenta propia, sin seguridad social, pensión ni protección laboral. 

Pero Ortiz también hace trampa de columnista veterano: presenta salud, educación, extorsión, inversión y justicia como si toda la factura hubiera sido emitida exclusivamente por la 4T. No. La degradación institucional, el rezago educativo y la precariedad sanitaria tienen raíces previas; la cuestión exigible al oficialismo es otra: si los corrigió, los frenó o los agravó. Y ahí Ortiz tiene material para golpear, pero no licencia para borrar el descenso efectivo de la pobreza.

Su frase fuerte —“subieron el piso y bajaron el techo”— funciona como metáfora, no como conclusión demostrada. Para probarla tendría que separar qué parte del deterioro educativo, sanitario e institucional se debe a decisiones de la 4T, cuál deriva de la pandemia y cuál es herencia de administraciones anteriores. Sin esa desagregación, el argumento luce elegante, pero trae las tuercas flojas.

Amador: datos válidos, coartada histórica

Amador tiene razón en lo medular: la caída de pobreza de 41.9% a 29.6% entre 2018 y 2024 implica que millones de personas mejoraron su condición bajo la medición multidimensional; además, el salario mínimo real sí tuvo una recuperación histórica. Eso no es propaganda: es un cambio distributivo de primera magnitud. 

Su otro punto —la inflación de 3.26% en agosto de 2026 frente a 51.97% en 1995 y 15.72% en 1997— es numéricamente cierto. Pero como argumento de defensa actual tiene el grosor intelectual de una cartulina: comparar la estabilidad de precios de hoy con la crisis del tequila no prueba que el modelo actual funcione en salud, educación, productividad, informalidad o seguridad. Prueba, apenas, que México de 2026 no atraviesa la crisis financiera de 1995. Ovación cerrada para el calendario. 

El secretario convierte a Ortiz en acusado histórico —con razones atendibles por pobreza, devaluación, desempleo y Fobaproa— para evitar responder el punto incómodo: ¿por qué, tras ocho años de 4T, la informalidad sigue tan alta y los servicios públicos no muestran una mejora proporcional al relato de bienestar? Que Ortiz cargue con el Fobaproa no vuelve imaginarias las carencias de salud ni mejora por sí solo las escuelas.

Y hay otra maniobra: Amador acusa a Ortiz de usar “indicadores aislados”, pero responde con la pobreza multidimensional, el salario mínimo y la inflación; indicadores esenciales, sí, aunque insuficientes para certificar bienestar integral. El gobierno pide fotografía panorámica, pero entrega el retrato donde sale con mejor iluminación.

Dónde están las verdades a medias

  • Pobreza: Amador gana el dato. La reducción es sustantiva y debe reconocerse. Pero pobreza menor no certifica por sí sola empleo de calidad, servicios funcionales ni movilidad social.
  • Salario mínimo: El avance es indiscutible, pero su alcance es parcial en un país donde la informalidad ronda 55%. Es redistribución laboral, no vacuna universal contra la precariedad. 
  • Inflación: Amador tiene razón en la comparación aritmética, pero construye un hombre de paja: Ortiz no sostiene que 2026 sea peor que 1995 en inflación; discute si el bienestar actual es sostenible e integral. 
  • Salud y educación: Ortiz plantea el cuestionamiento más peligroso para el oficialismo: transferencias sin servicios públicos de calidad pueden aliviar el presente y hipotecar el futuro. Pero debe demostrar causalidad y no sólo simultaneidad. 
  • Pasado neoliberal: Amador tiene razón al exhibir que el periodo de Ortiz estuvo atravesado por una catástrofe distributiva. Pero la culpa histórica no funciona como certificado de buena administración presente. Si así fuera, bastaría con ser menos malo que 1995 para pedir medalla.

En sintesis:

Ortiz llega como el exbombero de una época que también dejó humo en el edificio y ahora señala, correctamente, que la salida de emergencia sigue bloqueada. Amador responde mostrando el incendio de 1995 para presumir que hoy hay menos llamas, pero evita explicar por qué la gente aún vive con cubetas: informalidad, clínicas sustituidas por farmacias, rezagos escolares y violencia que cobra cuotas.

La conclusión financiera, sin incienso partidista, es ésta: la 4T mejoró de manera visible el ingreso y la pobreza de la base social, pero no ha probado con la misma contundencia que esté transformando las condiciones que hacen sostenible ese bienestar

Ortiz tiene razón al exigir ese examen; Amador tiene razón al impedir que se borren los avances distributivos. El primero minimiza el piso que sí subió; el segundo presume el piso para no hablar del techo que sigue agrietado.

Con información: ELNORTE/

«VA DECIDIR la DOCTORA ?: PRIETO CONFUNDE la REELECCIÓN de la FUNCIÓN PÚBLICA con VERSIÓN RENOVABLE de MEMBRESÍA del PRESUPUESTO»…ex-panista dice esperará lo que su partido le dicte.

El presidente de la Junta de Gobierno del Congreso dominado por Morena,dominados por el gobernador de Tamaulipas, el ex-panista Humberto Prieto Herrera, señaló que los diputados interesados en buscar la reelección deberán esperar las convocatorias internas de sus respectivos partidos antes de definir su participación en el proceso electoral de 2027.

No esperan reglas: esperan saber por qué puerta seguirá pasando el poder. La reelección, vendida como continuidad democrática, vuelve a exhibir su versión más cómoda: la de funcionarios que confunden la vocación pública con una membresía renovable al presupuesto.

Traducido del dialecto partidista: primero hay que saber quién reparte las candidaturas; después, si acaso, se habla de representar a la gente. 

El servicio, según ellos

Porque el ciudadano puede esperar. El distrito puede esperar. Las promesas pueden esperar. Lo urgente, al parecer, es conocer las reglas del reparto.

Dicen que la ley aún permite la reelección, como si esa frase por sí sola fuera una absolución moral. Pero que algo sea legal no lo vuelve automáticamente legítimo, útil ni digno. También es legal aspirar a quedarse; lo que falta explicar es qué hicieron para merecerlo.

La reelección como premio automático

“La reelección todavía la permite la ley”, dice Prieto Herrera. Cierto. La ley abre la puerta. Pero no obliga a cruzarla con el mismo entusiasmo con que algunos políticos se acercan a cualquier cargo que conserve oficina, micrófono, asesores y presupuesto. 

La pregunta no es si pueden reelegirse. La pregunta es por qué deberían.

  • ¿Qué iniciativa relevante impulsaron?
  • ¿Qué problema del distrito resolvieron?
  • ¿Qué recursos transparentaron?
  • ¿Cuántas veces rindieron cuentas, sin acarreados, sin boletines triunfalistas y sin la coreografía habitual del aplauso?
  • ¿Qué beneficio concreto recibiría Tamaulipas con otros años de los mismos nombres?

Sin esas respuestas, la reelección corre el riesgo de ser lo que tantas veces ha sido: una prórroga para la clase política, no una evaluación para el servidor público.

“Todos tenemos aspiraciones”

La frase es de una sinceridad involuntaria: “Todos somos políticos… todos tenemos aspiraciones… y queremos seguir sirviendo a nuestro Estado”. 

Ahí está el mecanismo completo, comprimido en una sola oración. Primero la aspiración; después el servicio. Primero el futuro político; después el interés público. Primero la candidatura; después, quizá, el ciudadano como utilería electoral.

No hay nada malo en tener ambición. El problema comienza cuando la ambición se disfraza de altruismo y exige aplauso por querer conservar poder. Servir no es permanecer. Servir no es ascender. Servir no es obedecer la convocatoria del partido como si fuera un mandato popular.

Servir es dejar resultados verificables y aceptar que, si no los hubo, el puesto no es patrimonio personal ni premio de antigüedad.

El partido dicta, el ciudadano espera

Prieto Herrera también dijo que esperará “lo que mi partido dicte”. 

Y esa es quizá la declaración más reveladora de todas. No dijo que escuchará a Reynosa. No dijo que recorrerá el municipio para consultar prioridades. No dijo que expondrá un balance de su trabajo para que la ciudadanía decida si merece continuidad. Dijo que esperará lo que el partido dicte.

La democracia mexicana tiene esa vieja enfermedad: candidatos que juran representar al pueblo, pero primero rinden obediencia a la cúpula que los postula. La voluntad ciudadana aparece hasta el final del proceso, cuando llega la boleta y se le pide al votante validar una decisión cocinada lejos de él.

La candidatura no debería ser un premio de disciplina interna. Debería ser una consecuencia de resultados públicos.

La pregunta incómoda

El Instituto Electoral de Tamaulipas ya aprobó lineamientos de reelección para el proceso 2026-2027, que renovará el Congreso y los 43 ayuntamientos; la elección está prevista para el 6 de junio de 2027. 

Perfecto: hay calendario, lineamientos y procedimientos. Ahora falta lo esencial, eso que ningún reglamento partidista garantiza: memoria.

Que cada diputado que quiera repetir responda con datos, no con consignas:

  • Qué prometió.
  • Qué votó.
  • Qué gestionó.
  • Qué cambió.
  • A quién benefició.
  • Qué intereses defendió cuando nadie estaba mirando.

Porque Tamaulipas no necesita legisladores ansiosos por “definir su futuro político”. Necesita representantes dispuestos a someter su presente al escrutinio público.

La reelección puede ser una herramienta democrática, sí. Pero sólo cuando funciona como examen, no como trámite; como castigo al mal desempeño, no como premio a la obediencia; como derecho de los ciudadanos a conservar a quien cumple, no como derecho adquirido de quienes ya se acostumbraron al cargo.

Con información: Hoytamaulipas/