En este videíto bucólico, el Senador de la Republica por el Partido de MORENA, Enrique Inzunza no está hablando: está levantando un alegato de impunidad envuelto en papel craft de “sabiduría del monte” y Juárez de pastorela escolar.
El contexto que él no dice
- El Departamento de Justicia de EE.UU. lo acusa por conspiración para importar narcóticos, posesión y conspiración para distribuir drogas, junto con otros vinculados al Gobernador Ruben Rocha Moya,todos ligados al Cártel de Sinaloa y la facción de los Chapitos.
- La acusación incluye petición de detención y extradición; no es un hilo de X, es un indictment en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
- En México, el debate jurídico está en si el fuero/inmunidad lo blinda o no, mientras figuras como Zaldívar simplifican en redes la discusión de licencia, fuero y posibilidad de detener a Rocha Moya e indirectamente al propio Inzunza.
Desde ahí hay que leer su pieza de autoayuda narcoparlamentaria.
“Buenas tardes, las y los saludo desde mi terruño…”
Traducción política: “No estoy huyendo, estoy en ‘mi tierra’, soy de aquí, soy pueblo; ¿capta, juez federal de Nueva York?”.
Lo que dice:
- Se coloca “en casa”, en la loma, en el monte, como si grabara desde un retiro espiritual y no como un imputado por narcotráfico en la mira de dos sistemas de justicia.
Lo que no dice:
- No menciona una sola vez la palabra “acusación”, “narcotráfico”, “indictment”, “sanción” ni “Estados Unidos”.
- Finge que no existe un señalamiento penal concreto por drogas y armas, ni la petición de extradición.
Lo que dice la ley:
- El fuero parlamentario del artículo 61 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos protege “las opiniones que manifiesten en el desempeño de sus cargos”, no el paisaje desde el que las pronuncian.
- La inmunidad procesal del 111 CPEUM no es un certificado de origen de terruño, es un candado procedimental para iniciar causa penal; no borra ni purifica el contenido de una acusación extranjera.
En resumen: se pone de fondo la loma para que no se vea el elefante que le pisa el cuello.
“…aquí en esta loma donde suelo venir… a llenarme de la energía del monte…”
El senador acusado por EE.UU. se reinventa como influencer chamánico.
Lo que dice:
- Apela a un imaginario místico: la “energía del monte” como fuente de legitimidad moral y serenidad frente a la tormenta jurídica.
Lo que no dice:
- Nada sobre su deber de someterse a la investigación, comparecer, o siquiera explicar si piensa enfrentar el proceso de extradición.
- Omite que su situación no es de “crisis espiritual”, sino de responsabilidad penal internacionalmente requerida.
Lo que dice la ley:
- El régimen de responsabilidad de los senadores no tiene inciso “basta con ir al cerro y declararse en paz con los antiguos”. El artículo 110 CPEUM sigue ahí, marcando que los servidores públicos responden políticamente y penalmente por sus actos, con procedimientos específicos.
- Que no exista aún sentencia condenatoria no elimina la existencia de una acusación formal ni la posibilidad de medidas cautelares, dentro y fuera del país.
La “energía del monte” es la nueva versión de “mi conciencia está tranquila”, solo que con filtro sepia.
“…y a frecuentar a quienes son, considero mis preceptores, los antiguos que han escrito toda esta sabiduría.”
Aquí aterrizamos en la teología de la coartada: si los “antiguos” lo iluminan, ¿quién es la Fiscalía de Nueva York para contradecirlos?.
Lo que dice:
- Se coloca bajo tutela de una tradición casi sagrada: “los antiguos” como fuente de sabiduría política y moral.
Lo que no dice:
- Que sus “preceptores” jurídicos concretos deberían ser la Constitución, la jurisprudencia y el expediente penal, no los espíritus del monte.
- Que su calidad de senador lo sujeta a un estándar reforzado de legalidad y transparencia, no a retiro esotérico.
Lo que dice la ley:
- La SCJN ha precisado que el fuero no es “un privilegio personal”, sino una medida de protección al órgano legislativo mientras dura el encargo.
- Esa doctrina no lo convierte en discípulo de un linaje mítico; lo marca como pieza de una institución sometida a controles, incluida la declaración de procedencia del 111 CPEUM cuando hay acusaciones graves.
La jugada es clara: sustituir el lenguaje de imputaciones, delitos y procesos por el de “sabiduría” y “antiguos”, para que el público vea un prócer perseguido, no un senador bajo sospecha de ser parte de una red del narcoestado.
“Hoy he tenido la oportunidad de volver a la magnífica biografía de Juárez y su México que escribió Ralph Ruther.”
Aquí pasa del monte al altar cívico: se cuelga de Juárez como chaleco antibalas simbólico.
Lo que dice:
- Que relee una biografía “magnífica” de Juárez, escrita por Ralph Ruther (referencia que ya explotó en el Senado para justificar su pose de defensor de la soberanía frente a EE.UU.).
Lo que no dice:
- Que él no es Juárez, que la acusación no es por defender la República contra la intervención extranjera, sino por supuesta conspiración para importar drogas a ese mismo país que cita como agresor.
- Que el expediente gringo no narra heroicidades republicanas, sino una supuesta red de protección al Cártel de Sinaloa.
Lo que dice la ley:
- La referencia a Juárez es retórica, no jurídica: el régimen de inmunidad actual no es legado directo del Juárez hagiográfico de su libro, sino producto de reformas, criterios del 95 y tesis de la Corte que distinguen entre libertad de expresión parlamentaria e inmunidad procesal.
- El fuero no está diseñado para blindar a quienes, desde un cargo, presuntamente facilitan actividades criminales trasnacionales; precisamente por eso la Corte insiste en que la inmunidad no es patente de corso de impunidad.
El truco: si te pone en el mismo párrafo que Juárez, espera que el público lea “perseguido por el imperio”, no “acusado por narcotráfico ante un gran jurado”.
“Esta semana, el día miércoles, estaremos iniciando los trabajos de la Comisión Permanente. Ahí nos vemos.”
La frase clave: la normalización. “Aquí no pasa nada, el miércoles vuelvo a chambear”.
Lo que dice:
- Anuncia que seguirá trabajando en la Comisión Permanente; se presenta como legislador activo, operativo, sin sombra jurídica que lo inhabilite.
- “Ahí nos vemos” cierra como invitación casual, casi como si hablara de una tertulia vecinal.
Lo que no dice:
- Que los señalamientos de EE.UU. son por delitos que, de acreditarse, implicarían penas altísimas y responsabilidad política severa.
- Que existe una tensión evidente entre seguir votando leyes, presidiendo comisión y, al mismo tiempo, ser uno de los diez acusados por narcotráfico y tráfico de armas.
Lo que dice la ley:
- Mientras siga siendo senador en funciones, la inmunidad procesal exige un procedimiento de declaración de procedencia si se quiere actuar penalmente en su contra en México.
- Su permanencia en el cargo no lo convierte en inocente, solo en procesalmente blindado dentro del territorio nacional, salvo que se active el mecanismo constitucional correspondiente.
- La distinción entre “inmunidad” e “impunidad” es brutal: la primera es un escudo procedimental acotado; la segunda es el resultado político de usar ese escudo para bloquear toda rendición de cuentas.
Inzunza vende la inmunidad como normalidad institucional, cuando, en este contexto, funciona como paraguas de impunidad.
Inmunidad vs impunidad: la trampa del discurso
Con este video, Inzunza hace tres operaciones discursivas simultáneas:
- Se sacraliza (monte, antiguos, Juárez) para maquillar la dimensión penal de las acusaciones.
- Se normaliza (“el miércoles nos vemos en la Permanente”), como si el indictment fuera un mal chisme.
- Confunde deliberadamente inmunidad constitucional mexicana con una especie de absolución moral y política frente a acusaciones de otro país.
Pero jurídicamente:
- El fuero/inmunidad no borra la acusación ni la convierte en “infame” por decreto; solo condiciona cómo y cuándo se le puede procesar en México.
- La existencia de un proceso penal en EE.UU. sigue su propio cauce, con o sin su saludo desde la loma; la extradición depende de tratados, de la FGR y del Ejecutivo, no de su agenda de lectura de Juárez.
Es decir: él actúa como si la inmunidad fuera un certificado general de inocencia y como si el problema se resolviera en el terreno simbólico; en realidad, sólo está exhibiendo hasta qué punto confía en que el sistema político mexicano opere como dique de impunidad ante lo que viene de fuera.
Con informacion: @Enrique Inzunza/




