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martes, 8 de septiembre de 2026

¿VA a HABER PASTEL? : MAÑANA, SINALOA y el CÁRTEL COMPLETAN 2 AÑOS DE PLOMO, SANGRE y FUEGO»…104 semanas, 728 días y cerca de 17 mil 472 horas sin tregua.


Faltan menos de 24 horas para que Sinaloa cumpla dos años de guerra entre dos bandos de la misma banda, que decidieron dirimir sus divergencias a plomo, sangre y fuego, luego de dos traiciones: la primera, la del gobernador de Morena, Rubén Rocha Moya, contra su “amigo” Melesio Cuén; y la segunda, producto de la primera alimentada por la ambición de los “Chapitos”, quienes optaron por secuestrar y entregar a Ismael “El Mayo” Zambada.

Y el parte de guerra no habla de una misión militar cumplida: habla de 3 mil 818 homicidios, 4 mil 406 personas privadas de la libertad y 12 mil 436 vehículos robados desde el 9 de septiembre de 2024.

¿Habrá pastel?

Sinaloa cumplirá dos años de una guerra que el Estado prometió contener con el envío del «estratega»  Omar García Harfuch

La propia Presidenta aseguró, de viva voz, que permanecería en el estado hasta que la crisis se resolviera. Sin embargo, la promesa de pacificación terminó reducida a la administración de cifras.

No son dos años en abstracto. Son 104 semanas. Son 728 días —si se cuenta el 29 de febrero de 2025—. Son cerca de 17 mil 472 horas. Son minutos, madrugadas, trayectos suspendidos, negocios cerrados, familias esperando llamadas que no llegan y ciudadanos aprendiendo a vivir con el ruido de las balas como si fuera parte del clima.

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Y para la función de aniversario, el más reciente parte de guerra ofrece un número particularmente obsceno: la semana 104 cerró con 45 muertes violentas, 50 por ciento más que la semana previa, además de 75 vehículos robados. No parece una curva de descenso. Parece una administración puntual de la barbarie.

La guerra entre los Guzmán y los Zambada ha dejado, hasta el 6 de septiembre, 3 mil 818 homicidios dolosos: un promedio de 5.2 asesinatos diarios. También suma 4 mil 406 privaciones de la libertad, es decir, 6.1 personas arrancadas cada día de su vida cotidiana; y 12 mil 436 vehículos robados, a razón de 17.1 diarios. Eso sin contar el miedo, que no aparece en los reportes porque todavía no hay una carpeta de investigación para cada familia que decide no salir de casa.

La pregunta no es si el Gobierno conoce las cifras. Las conoce. Las repite. Las clasifica. Las archiva. La pregunta es qué clase de éxito creen estar administrando militares, autoridades civiles, fiscales, mandos policiales y funcionarios que, dos años después, siguen describiendo la crisis como si fuera un fenómeno meteorológico: una ola, una racha, un repunte, un episodio.

No: es una guerra. Y una guerra que no han podido frenar.

Mientras los discursos oficiales celebran detenciones —3 mil 924, según el balance citado por Noroeste—, el saldo cotidiano demuestra que las capturas no han significado control territorial, tranquilidad pública ni protección efectiva para la gente. Hay 211 personas abatidas y miles de detenidos, pero los homicidios siguen ocurriendo, las desapariciones y privaciones de libertad superan a los asesinatos, y el robo de vehículos continúa funcionando como una industria criminal con entregas diarias.

¿Habrá pastel para festejar el segundo aniversario del fracaso? ¿Velitas por cada mes en que la misión de contener la violencia quedó pendiente? ¿Un reconocimiento para quienes, con uniformes, conferencias y boletines, lograron que la inatajable guerra entre dos ramas del mismo grupo criminal se convirtiera en la rutina de Sinaloa?

Porque si el objetivo era pacificar, fracasaron.
Si el objetivo era proteger a la población, fracasaron.
Si el objetivo era evitar que la violencia se normalizara, fracasaron todavía más.

Y lo peor es que el calendario no se detiene por los comunicados. Dentro de unas horas se cumplirán dos años. Dos años de una guerra que el poder público no ha ganado, no ha contenido y, por lo visto, tampoco ha sabido explicar.

Con información: NOROESTE/

lunes, 7 de septiembre de 2026

LA “MÁQUINA MÁS GRANDE JAMÁS CONSTRUIDA: ASÍ FUNCIONA el ENTRAMADO que le DA VIDA a la IA… el video desarma, capa por capa, todas las piezas.


No, la IA no vive “en la nube”. Esa frase, tan cómoda como engañosa, sirve para que millones crean que ChatGPT, Claude o Gemini son una suerte de oráculo etéreo que responde desde el vacío cada vez que alguien le pregunta una tontería a las tres de la mañana.

Pero detrás de esos tres segundos de respuesta hay una maquinaria obscenamente material: minas de cobre, fábricas de obleas, láseres disparando contra estaño fundido, memorias apiladas como rascacielos microscópicos, electricidad devorada a escala de ciudades, agua, acero, cableado y una masa creciente de trabajadores que no se puede reemplazar con un prompt.

Este video desarma, capa por capa, el verdadero “stack” de la inteligencia artificial: el modelo que vemos; los chips que lo ejecutan; Taiwán y TSMC, donde se fabrican buena parte de esos cerebros; ASML, la empresa holandesa cuya maquinaria permite imprimirlos; la memoria HBM que se ha convertido en uno de los cuellos de botella más brutales; los centros de datos; y, al final, el incómodo mundo físico que sostiene toda la fantasía digital.

La idea central es sencilla, aunque sus consecuencias no lo sean: la IA dejó de ser solo software. Es una nueva infraestructura industrial global, una carrera por energía, semiconductores, memoria, cobre, redes eléctricas, suelo, agua y técnicos especializados. Una máquina de siete pisos repartida por el planeta, con demasiados puntos críticos concentrados en muy pocas empresas, países e islas.

Y mientras algunos siguen hablando de “la nube”, otros ya están entendiendo quién controla los embudos, quién cobra los peajes y quién pagará la factura. 

Con información: ARNAU RAMIÓ/YOUTUBE

“VIVIÓ entre ESCÁNDALOS y CORRUPCIÓN: un PLOMAZO SILENCIÓ al DIPUTADO de MORENA, pero NO debe SILENCIAR los PENDIENTES por EXPLICAR”… poder, negocios e impunidad que nadie quiso tocar.


No murió un diputado federal cualquiera. Murió Zenyazen Escobar García, una figura de Morena cuya trayectoria política parece el manual de cómo se mezclan el poder público, los negocios privados, las lealtades territoriales, las confrontaciones personales y una larga fila de señalamientos que, durante años, sobrevivieron sin una explicación judicial concluyente.

Su asesinato —un balazo en la cabeza dentro de un Mercedes Benz, en Puente Nacional— cerró de manera violenta una carrera que comenzó en las aulas, pasó por el activismo magisterial y terminó instalada en las altas esferas del poder veracruzano. Pero no cerró las preguntas. Al contrario: las multiplicó.

Porque alrededor de Escobar no sólo queda la imagen de un político de Morena que ascendió rápidamente de diputado local a secretario de Educación de Veracruz y luego a legislador federal. Queda también un rastro de denuncias por presuntos desvíos, contratos bajo sospecha, empresas beneficiadas, trabajadores fallecidos que seguían apareciendo en nómina, negocios ligados al manejo de basura, disputas por el control de Córdoba y episodios personales que nunca terminaron de aclararse.

No se trata de dictar sentencia desde una columna. Se trata de exhibir un patrón: en Veracruz, el poder morenista no siempre se presenta con el discurso de la transformación; a veces se parece demasiado al viejo régimen que prometió sepultar. Cambian los colores, cambian los eslóganes, cambian los rostros en la propaganda, pero permanecen las redes de influencia, el negocio con los recursos públicos, el control de estructuras municipales y la costumbre de que las investigaciones se queden convenientemente a medio camino.

Durante su paso por la Secretaría de Educación de Veracruz, una de las cajas presupuestales más grandes del estado, Escobar quedó rodeado por observaciones de la Auditoría Superior de la Federación y denuncias por presuntos desvíos. La administración estatal presentó 41 denuncias penales vinculadas con presuntas irregularidades superiores a 1 mil 75 millones de pesos durante su gestión; además, la ASF observó 69.1 millones de pesos de la cuenta pública de 2019 y 62.4 millones de 2021.

También quedaron bajo sospecha contratos por cientos de millones de pesos con empresas consideradas irregulares, así como el caso de al menos 49 personas fallecidas que presuntamente continuaban en la nómina educativa. Si esas acusaciones eran falsas, debieron aclararse con expedientes sólidos y resoluciones públicas. Si eran ciertas, alguien tenía que responder penalmente. Lo que quedó fue el terreno favorito de la impunidad: el escándalo político sin castigo visible.

Y luego está el poder local. La política de Córdoba aparece en este relato no como servicio público, sino como botín: residuos, concesiones, tolvas, alcaldías, tesorerías, tránsito, policía y grupos enfrentados por controlar el aparato municipal. Primero los negocios; luego las candidaturas; después la ruptura. Una secuencia que retrata la degradación de la política cuando el partido deja de ser instrumento de representación y se vuelve franquicia de intereses.

La historia incluye además casos que no deberían desaparecer detrás de la noticia de su muerte. La desaparición de Yenifer Cristina Velázquez López en 2021, las versiones sobre su relación con un alto funcionario y la exigencia de su familia para que se investigara no pueden archivarse en el cajón de “temas incómodos”. Tampoco el caso de Edgar Asurto H. Montiel, ocurrido en 2006, cuyas circunstancias siguieron sin esclarecerse casi dos décadas después. Que no haya una conclusión oficial contra Escobar no elimina la obligación del Estado de explicar qué ocurrió.

Morena llegó al poder prometiendo barrer con la corrupción, desmontar las mafias políticas y terminar con la protección de los intocables. Pero personajes como Escobar obligan a una pregunta brutal: ¿la llamada transformación limpió el sistema o simplemente heredó sus métodos, sus operadores y sus zonas de silencio?

La muerte del diputado federal debe investigarse con rigor, sin especulación y sin convertirlo automáticamente en mártir. Pero la investigación no puede limitarse al gatillo ni al vehículo donde fue encontrado. Debe seguir el dinero, las redes políticas, las denuncias congeladas, las concesiones, los contratos, las estructuras de control territorial y los expedientes que durante años nadie quiso resolver.

Porque un balazo puede silenciar a un político. Lo que no debería silenciar es todo lo que su carrera dejó pendiente de explicar.

Con información: @Redes/

LA “CADENERA” de MORENA y la 4T: SHEINBAUM FRACASA y el ANTRO GUINDA del DESMADRE sigue LLENO”… mero lastre de la herencia de eslabones irrompibles.


Para las personas más jóvenes, déjenme les cuento que en los años 70 y 80 existía una figura amada y odiada en las discotecas de moda de todo México: El Cadenero. Sí, con mayúscula, porque se trataba, en el mundo del ocio y esparcimiento nocturno, de una especie de institución venerada y temida, sobre todo por los hombres. Las mujeres no lo padecían tanto, al contrario, a menos que tuvieran la ocurrencia de presentarse en una disco (eso de “antro” no se usaba, estaba reservado para verdaderos tugurios, de acuerdo con el infame Manual de la Vela Perpetua) con Un Impresentable. Si las chicas iban acompañadas de un remedo de señorito de muy mal ver tanto en su vocabulario y ademanes como en su aliento etílico y sus ojos inyectados y luminosos por las inhalaciones de cocaína, y encima, y muy importante, su vestimenta era de muy mal gusto para el dress code del lugar, no había forma de que entraran al lugar, a menos que acataran la orden:

-Pasas tú sola. -Aish, pero es que viene conmigo, Beto… -tuteaban infructuosamente a Mr. Cadenero Brazos Cruzados Mirada Matona.

-Sólo pasan tú y tus amigas, él no puede entrar, Adriana… –El Cadenero, sí, tuteaba a las Abejas Reinas, faltaba más.

La joven no tenía más que de dos: o dejaba al intento de galán ahí botado con su mala vibra, o mandaba al demonio al Politburó del Buen Existir Discotequero y se buscaba otra disco, o un bar menos exigente.

El Cadenero no tenía piedad. Con un gesto casi imperceptible le señalaba a la joven los zapatos de su acompañante. Los zapatos eran vitales. Mamado, uno de esos cadeneros épicos en el Acapulco del Baby’O, miraba de manera fugaz los papos que presentaba el moconete que pretendía entrar al lugar, identificaba la autenticidad (o no) de la marca, el modelo, el lugar de venta, y en cinco segundos ya había decidido si el prospecto y sus amigotes ingresarían al desmadroso paraíso nocturno.

Pero no era sólo un asunto de clases sociales o de ropa de marca. Había juniors que eran los más peligrosos, los peores, los más corruptos, y esos, tarde o temprano, iban justamente a corromper todo, hasta a los cadeneros que no parecían débiles de voluntad. Un fin de semana y otro también armaban tremendas broncas, no pagaban completa la cuenta, se robaban botellas, no dejaban propinas, se drogaban, se emborrachaban nivel chillar y vomitar, incomodaban mujeres solas o acompañadas, hasta el punto del acoso sexual.

El Cadenero tenía que evitar eso a toda costa. El Cadenero tenía que ser inmune a los intentos de corrupción y los amagos de los grupos, ya fueran niños judíos, libaneses, españolizados, agringados, chilangos a secas, hijos de policías (¿conocieron al Negro Durazo?), o bien, nenes de los presidentes de la república y sus gobers preciosos, además de herederos de los más ricos empresarios mexicanos.

El Cadenero era una especie de incorruptible sumiller que olfateaba y probaba potenciales clientelas explosivas y corruptoras y le daba sentido al letrerote invisible que tenía tatuado en la frente y en orgullo del oficio: NRDS. Nos-Reservamos-el-Derecho-de-Admisión, güey, así me amagues con tus guaruras, guarros (escoltas) o con tu papá no sabes quién soy, gato, o tu jefe narco y sus advertencias de te vas a morir, perro.

-No estás en la lista -les decía El Cadenero, si acaso se dignaba a dirigirles la palabra, se tratara o no de personajes influyentes. Los miraba de frente como diciendo no me intimidas y no los volvía a ver en toda la noche. No mercy. Recibía insultos, amenazas, incluso boicots: la manada de juniors rechazados dejaba de ir a la disco durante meses y por tanto había una merma significativa para la empresa porque esos indeseables solían gastar mucho dinero en todo tipo de alcoholes.

Cuando los insoportables volvían al lugar, se portaban del carajo para perjudicar no sólo a la empresa (el lugar podía ser clausurado por riñas y balaceras, por ejemplo), sino para joder lo más que pudieran a El Cadenero porque, ¿acaso no había sido él el que los había dejado entrar y ayudado a conseguir puestos privilegiados, una de las mejores mesas del lugar antes de que desataran una guerra nocturna cualquier jueves, viernes, sábado y hasta domingos?

Al paso de los años unos cuantos cadeneros prevalecieron por encima de las ínfulas de esos jóvenes lacras y sus prepotentes clanes que todavía en sus años 30 y 40 y hasta 50 seguían yendo a los mismos lugares para pasear su impunidad y ejercitar una vez más sus abusos, frecuentemente contra mujeres, pero la verdad es que la mayoría de los cadeneros terminaron resignados formando parte del mismo estercolero de corrupción y excesos. Se asimilaron al sistema. Se corrompieron, quizá no de acción, pero sí debido a su incapacidad y su frecuente omisión. O a al menos dada su imposibilidad de doblegar al establishment.

Su NRDA sucumbió. Y llevo esa historia a la política de hoy. Claudia Sheinbaum ha querido ser La Cadenera de la 4T y Morena, pero no lo ha conseguido. Vaya que lo intentó, pero la mayoría de Los Impresentables de su movimiento ahí siguen, campantes, aunque ella los haya mermado momentáneamente en sus poderes, transas y excesos. En estos dos años de política, la verdad es que la Presidenta sí falló con los Adanes, los Noroñas, las Maras, las Nahle, las Laydas, los Andis, los Rocha y tantos más que no sólo no se moderan, sino que se reproducen como hiedras.

Ni modo. Así son las herencias cuando no te liberas: un lastre con eslabones irrompibles.

Quizá la culpa sea de su predecesor, El Cadenero Mayor, que nunca lo fue: carecía de un NRDA y dejó entrar a cualquiera por las mismísimas puertas de Palacio Nacional y… ya ven ahora el desmadre que traen en el antro guinda sus camaradas con ínfulas fifís y arranques Daniel Ortega.

Claudia Sheinbaum tiene menos de un año para devenir una implacable cadenera, La Cadenera, o los estropicios podrían ser mayúsculos en el 2027 electoral si su partido sigue avalando personajes que jamás deberían entrar al escenario político local, ni mucho menos al nacional.

Veremos.

Con informacion: Juan Pablo Becerra/EL UNIVERSAL

“¿VAN A APRETAR MÁS?: los SATrapas del FISCO VAN por los MISMOS CONTRIBUYENTES CAUTIVOS”…perfeccionan el arte de exprimir a los ya localizados.


Mientras en el Congreso federal vuelven a sacar del cajón las propuestas para “ajustar” impuestos —ese eufemismo burocrático que suele significar pagar más, declarar más y equivocarse menos—, el SAT mantiene intacta su vocación de SATrapía: no amplía de manera significativa el universo de contribuyentes, pero sí perfecciona el arte de exprimir a los ya localizados.

El padrón de contribuyentes activos apenas creció 0.97 por ciento en 2025, según el Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. La base quedó en 87.7 millones de personas físicas y morales. En español fiscal: el fisco casi no encontró nuevos cautivos, así que decidió revisar con mayor entusiasmo a los que ya tienen RFC, buzón tributario y la mala costumbre de contestar requerimientos.

La tasa de expansión de la base gravable es la más baja, cuando menos, desde el año 2000. Pero lejos de ser una señal para preguntarse por qué millones permanecen fuera de la formalidad, el aparato tributario parece haber elegido una solución más eficiente para sus indicadores: cobrarle, revisarle y fiscalizarle más al contribuyente identificado. Si no crece el padrón, que crezca la auditoría.

Los números describen la evolución del modelo: los actos de fiscalización terminados pasaron de 21 mil 572 en 2021 a 47 mil 525 en 2025. En los primeros meses de 2026, el SAT ya reportó 32 mil 557 actos concluidos y proyecta cerrar el año con 62 mil 229. Es decir, la recaudación no necesariamente se está construyendo con más inclusión tributaria, sino con una creciente capacidad de tocar la puerta —electrónica, desde luego— de los mismos contribuyentes de siempre.

El mensaje implícito parece claro: no importa tanto ensanchar la base, sino profundizar la zanja. México conserva una informalidad laboral cercana a 55 por ciento de la población ocupada, pero el aparato fiscal concentra su puntería en la mitad que sí está visible, facturando, declarando y dejando huella digital en cada CFDI. A los invisibles de la economía informal se les observa como fenómeno estructural; a los formales, como oportunidad de cumplimiento.

Mario Rizo, socio de Gobierno Corporativo de Salles Sainz Grant Thornton, advierte que una base tributaria que deja de crecer al ritmo de la economía limita la capacidad futura de financiamiento del Estado. Dicho sin lenguaje de presentación corporativa: si el gobierno no logra incorporar nuevos contribuyentes, tarde o temprano agotará la paciencia, el flujo y la capacidad de pago de los mismos de siempre.

Rizo atribuye el freno a la formalidad a una combinación conocida, pero persistentemente ignorada: baja productividad de las microempresas, burocracia administrativa, costos laborales, contribuciones de seguridad social, escasos incentivos tangibles y un crecimiento económico moderado. Para un pequeño negocio, formalizarse no siempre se percibe como entrar al sistema; con frecuencia se siente como entrar a una sala de espera con obligaciones, recargos potenciales, declaraciones periódicas y una ventanilla que nunca termina de cerrar.

La paradoja es incómoda: el Estado necesita más contribuyentes, pero la formalidad sigue siendo cara, compleja y poco seductora para millones. En vez de convertirla en una ruta accesible y rentable, el SAT parece consolidar otro principio rector: al que ya cayó en la red, que no se le escape ni una deducción.

Con información: ELNORTE/

“MÁS PENAS en un ESTADO SIN DIENTES ?: DIPUTADO TATEMADO por la LETRA ZETA PROMETE que LEY ANTIEXTORSIÓN TIENE FUTURO”… “herramientas reales” desde 2025, sin resultados reales:


La promesa de Carlos Canturosas, aun Diputado Federal con currículo ligado a ZETAS, de “más herramientas” y penas homologadas contra la extorsión suena impecable en tribuna y también en la calle, pero tropieza con una verdad elemental: ninguna ley funciona cuando quienes deben aplicarla administran la impunidad. 

Tamaulipas ya aprobó esa ley robusta, casi enseguida de la Federal,una LEY GENERAL PARA PREVENIR, INVESTIGAR Y SANCIONAR LOS DELITOS EN MATERIA DE EXTORSIÓN que contiene agravantes, unidades especializadas, centro de denuncias, coordinación institucional y castigo específico para servidores públicos que encubran o dejen operar redes de extorsión; la pregunta no es qué otra herramienta falta, sino quién está decidido a usar las que ya existen.

Más penas para un Estado sin dientes

Carlos Canturosas salió a vender otra vez el catálogo de promesas de seguridad: homologar penas, mejorar investigaciones, facilitar denuncias anónimas, coordinar fiscalías y bloquear llamadas desde penales. 

Todo muy bonito; una especie de feria legislativa donde cada diputado presume una herramienta nueva mientras la extorsión sigue cobrando como si tuviera ventanilla propia en cada dependencia.

El legislador asegura que las reformas darán “más herramientas” a las autoridades. Pero conviene aterrizarlo:Tamaulipas ya tiene una ley contra la extorsión que contempla penas de 15 a 25 años de prisión, agravantes que pueden disparar la condena, unidades especializadas dentro de la Fiscalía, un Centro Estatal de Atención a Denuncias, medidas para frenar comunicaciones criminales desde cárceles y sanciones de 10 a 20 años para el servidor público que encubra, omita denunciar o facilite este negocio.

Entonces, diputado, ¿cuál es la herramienta que falta? ¿Otra ley? ¿Otro escritorio? ¿Otra rueda de prensa con palabras cuidadosamente planchadas? Porque el problema no parece ser que Tamaulipas carezca de instrumentos jurídicos; el problema es que sobran funcionarios dispuestos a convertir esos instrumentos en decoración institucional.

La extorsión no se derrota únicamente subiendo penas, porque al extorsionador no lo intimida un código penal que sabe inerte. La amenaza no se sostiene por falta de leyes: se sostiene por la certeza de que la denuncia se congela, la investigación se extravía, el expediente duerme y el protector oficial sigue cobrando quincena. 

Cuando el delincuente presume vínculos, controla territorios, somete comercios y nadie lo toca, no está aprovechando un vacío legal: está disfrutando un permiso político.

La narrativa legislativa pretende hacernos creer que el crimen tiembla al escuchar que habrá más artículos, más protocolos y más coordinación. Pero el crimen organizado no le teme al boletín de prensa; le teme a las investigaciones reales, a los cateos sin aviso, al congelamiento de cuentas, a fiscales que no reciban órdenes de protección y a policías que no trabajen como gestores de cuotas ni como escoltas de impunidad.

Canturosas habla de “herramientas reales”. Perfecto. Que empiece por exigir resultados reales:

  • ¿Cuántas denuncias anónimas se transformaron en carpetas de investigación?
  • ¿Cuántas carpetas derivaron en detenciones, judicializaciones y sentencias?
  • ¿Cuántos funcionarios, mandos policiales, custodios penitenciarios o agentes ministeriales han sido investigados por colaborar, omitir o encubrir extorsiones?
  • ¿Cuántas redes económicas vinculadas al cobro de piso han sido desmanteladas, no sólo anunciadas?
  • ¿Cuántos comercios, transportistas y familias pueden hoy denunciar sin temor a que el dato termine, por la puerta trasera, en manos de quien los amenaza?

Ése es el examen que la propaganda no quiere contestar.

Porque la propia legislación tamaulipeca reconoce algo que la clase política pretende olvidar: la extorsión también se alimenta de la colaboración u omisión de servidores públicos. Por eso la ley castiga expresamente a quien, desde funciones de prevención, investigación, persecución, justicia o custodia penitenciaria, deje de denunciar o permita la operación del delito. Si esa disposición no se aplica contra quienes correspondan, entonces la ley no es una espada: es un folleto.

Y ahí se desploma el discurso del diputado de perfil tatemado: no basta con ponerse el traje de cruzado anticrimen cuando el aparato estatal sigue sin rendir cuentas sobre sus zonas de silencio, sus expedientes extraviados, sus operadores intocables y sus vínculos incómodos. No se puede ofrecer una puerta blindada contra la extorsión mientras desde adentro alguien deja la llave pegada en la cerradura.

La extorsión no avanza porque el Congreso haya sido demasiado blando en el papel. Avanza porque demasiados han sido blandos —o convenientemente ciegos— frente a quienes la ejecutan, la cobran, la toleran o la protegen. Y mientras esa complicidad manifiesta no sea investigada con la misma energía con la que se anuncian reformas, las “mayores penas” seguirán siendo el maquillaje legal de un Estado que promete perseguir al monstruo, pero le deja el corral abierto.

No hacen falta más herramientas para llenar discursos; hace falta voluntad para usar las que ya existen. Porque donde la impunidad tiene padrinos, la extorsión no necesita abogados: necesita cómplices.

Con información : Hoytamaulipas/ CONGRESO DE TAMAULIPAS/

SE “RESQUEBRAJA” ORGANIZACIÓN CRIMINAL MORENA: DIPUTADO LIGADO a “LA CHISPA”, VINCULADO a AMÉRICO, AMAGA con IRSE donde MÁS CONVENGA»…son una agencia de colocaciónes criminales.


MORENA presume unidad, pero sus grietas ya parecen autopistas electorales: Pedro Haces, diputado morenista y líder de la CATEM, acaba de anunciar que su central obrera no tiene colores, no le jura lealtad a nadie y tocará la puerta de cualquier partido que le garantice posiciones rumbo a 2027. La “transformación”, al parecer, también viene con cláusula de movilidad política.

CATEM: sindicato sin partido… pero con curules

En Ixtapaluca, Haces dejó claro que la CATEM pretende convertir su músculo sindical en una franquicia electoral: buscará espacios federales y locales en las 32 entidades, dentro de una elección en la que estarán en juego más de 19 mil cargos públicos. El objetivo ya no es sólo representar trabajadores: es sentarlos en curules, sin importar demasiado bajo qué siglas ocurra.

La frase central fue tan transparente como cínica: “en CATEM no tenemos colores”. Es decir, la estructura sindical se declara disponible para negociar con quien abra la puerta. Morena, PAN, aliados, adversarios o reciclados: el color ideológico importa menos que el acceso al presupuesto, a las candidaturas y a la influencia territorial.

La escena en Ixtapaluca fue reveladora. Ahí coincidieron Ricardo Monreal, Higinio Martínez, legisladores morenistas y el senador panista Enrique Vargas del Villar. Haces los saludó como “grandes amigos”, borrando de un plumazo la disputa partidista que cada día se representa en tribunas, conferencias y redes sociales.

No fue una concentración sindical: fue una mesa de negocios políticos con música de mitin.

La “pluralidad” como coartada

Que una organización obrera dialogue con fuerzas políticas distintas no es, por sí mismo, un delito ni una anomalía democrática. El problema aparece cuando esa “pluralidad” se presenta como virtud mientras se opera como mecanismo de presión, reparto de posiciones y construcción de poder sin rendición de cuentas.

Haces plantea que los trabajadores deben llegar al Congreso para defender sus derechos. Suena impecable, hasta que se observa el método: una dirigencia sindical que negocia candidaturas “donde nos abran las puertas”, como si las curules fueran concesiones disponibles para quien acumule más contingentes, más operadores y más capacidad de movilización.

La pregunta no es si los trabajadores pueden aspirar a cargos públicos. Claro que pueden. La pregunta es quién decide cuáles trabajadores llegan, qué intereses representan una vez instalados en el poder y qué factura política deberán pagar quienes les abrieron la puerta.

El incómodo historial de Pedro Haces

La figura de Pedro Haces no puede analizarse únicamente desde sus declaraciones electorales. Su nombre ha aparecido en señalamientos públicos y reportajes sobre su vínculos y cercanía con personajes relacionados con estructuras criminales en Tamaulipas. 

En septiembre de 2025 El Universal coloca en el centro al ex-militar Mario Guitián Rosas, “El Chispa”, identificado en reportes de inteligencia como operador de Los Metros, facción del Cártel del Golfo en Reynosa.

La publicación señala que Guitián Rosas habría buscado acercarse a Morena a través de Pedro Haces Barba, y sostiene que existen fotografías de ambos en actos oficiales. También menciona su presencia en eventos políticos y una fotografía donde aparece tambien el gobernador Américo Villarreal cuyo contexto ya fue desbrozado y se trató de una cena con el crimen organizado que exhiben la catadura de inmoral del gobernador.

Morena y sus alianzas sin pudor

La retórica oficialista suele dividir al país entre “el pueblo bueno” y una oposición moralmente podrida. Pero la fotografía de Ixtapaluca cuenta otra historia: dirigentes guindas y panistas celebrando la autonomía de un líder sindical que promete llevar su estructura hacia donde haya candidaturas disponibles.

Y, en paralelo, los señalamientos periodísticos, los antecedentes criminales que relacionan a operadores políticos con integrantes y enlaces de grupos criminales que obligan a mirar con más cuidado esa maquinaria de alianzas.

Las imágenes exigien explicaciones cuando esas fotografías se combinan con campañas electorales, casas de enlace, operadores sindicales, desapariciones, huachicol, extorsión, presuntos vínculos criminales y el poder institucional de un gobierno estatal o federal.

La política mexicana está llena de coincidencias convenientes. Pero hay coincidencias que, por su gravedad, requieren una investigación seria.

Morena no puede seguir vendiendo superioridad moral mientras sus dirigentes construyen redes de poder con sindicatos convertidos en plataformas electorales y mientras persisten señalamientos periodísticos que conectan a operadores políticos con figuras del crimen organizado.

Haces ya puso las cartas sobre la mesa: CATEM irá “donde nos abran las puertas”. La pregunta es quién las abre, qué exige a cambio y cuántos personajes oscuros se cuelan detrás de esa puerta.

Con informacion: REFORMA / EL UNIVERSAL+ /