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viernes, 6 de marzo de 2026

SI,SI son TERRORISTAS»: EL «CARTEL de JALISCO COLOCO OCHO CARGAS de DINAMITA para DERRIBAR un PUENTE»…y el Estado se niega a nombrar terrorista al enemigo.


El intento del CJNG de volar el puente de La Desembocada en Puerto Vallarta tras la captura de Ruben Oseguera,alias Mencho es, en los hechos, un acto de terrorismo interno: uso de explosivos para intimidar población y doblar al Estado mediante daño masivo a infraestructura civil crítica.

El puente como blanco de guerra

  • Autoridades federales aseguraron ocho cargas de dinamita colocadas en la estructura del puente de La Desembocada, sobre la carretera 544, en Puerto Vallarta, presuntamente por el CJNG.
  • Los explosivos fueron instalados después de la jornada de bloqueos y enfrentamientos del 22 de febrero, desatada tras el abatimiento de Nemesio Oseguera “El Mencho”.
  • Parte de las cargas llegó a activarse durante los choques con fuerzas federales, dañando una vía clave que conecta comunidades rurales y articula el flujo económico regional.

Terrorismo doméstico, no “simple crimen organizado”

  • La operación usó explosivos de alto poder dirigidos a un objetivo civil estratégico (un puente carretero), no a un enemigo armado en combate directo.
  • La destrucción (o amenaza de destrucción) del puente dejó incomunicadas a más de 6,000 personas, encareció traslados, afectó abasto y generó una situación prolongada de miedo cotidiano: cruzar un paso agrietado, vigilado por militares, con riesgo estructural.
  • El saldo incluye al menos un campesino muerto y un trabajador lesionado por la detonación de una carga que quedó oculta en la estructura, lo que evidencia desprecio absoluto por vidas ajenas al conflicto criminal.

Mensaje tras la caída de “El Mencho”

  • El intento de desplome del puente es parte de la respuesta violenta del CJNG tras la muerte de su líder, que ya había desatado bloqueos, ataques y una ola de violencia en varios estados
  • La lógica es política, no solo económica: demostrar capacidad de castigar al territorio cuando el Estado golpea a la cúpula del cártel, forzando a la población civil a vivir en función del miedo.
  • A la fuga de 23 internos que se habría cubierto con la destrucción de la estructura se suma ahora el uso del puente como rehén colectivo, un recordatorio de que pueden dejar “del otro lado” a poblaciones enteras si así les conviene.

Un Estado que se niega a nombrar al enemigo

  • Pese a la naturaleza del ataque —explosivos, infraestructura crítica, daños masivos e indiscriminados a civiles— el discurso oficial sigue encasillando estos hechos en la categoría cómoda de “delincuencia organizada”, sin activar un lenguaje ni una política antiterrorista a la altura de la amenaza.
  • Hablar solo de “hechos violentos” o “afectaciones a la infraestructura” diluye la dimensión política del mensaje criminal: controlar territorio mediante terror, condicionar la vida económica y social, disputar al Estado el monopolio del miedo
  • Esa reticencia semántica es también una decisión de poder: si no hay terrorismo, no hay que admitir que el Estado comparte escenario con actores armados que ya aprendieron a usar el pánico social como arma estratégica.cnnespanol.

El desafío criminal que queda plantado

  • El puente minado, la comunidad incomunicada, el campesino muerto por una carga olvidada y los trabajadores que hoy se juegan la vida entre ruinas son la materialización física de ese terrorismo doméstico que la narrativa oficial se empeña en minimizar.
  • No es solo la historia de un narco caído, sino de un aparato armado que aprendió a explotar el concreto, las rutas comerciales y la vulnerabilidad civil como parte de su arsenal.
  • Mientras el gobierno se aferra a eufemismos, el CJNG ya probó que puede convertir un puente en línea de frente y a una región entera en rehén, sin necesidad de proclamas ideológicas: le basta con detonar la vida diaria de miles de personas.

Con informacion: ELUNIVERSAL/

«CAYÓ la MASCARA y CAYÓ del PUESTO»: «RENUNCIA SINVERGUENZA DIRECTOR de HOSPITAL INFANTIL TRAS VIOLACION de MEDICAS y SIN CONSECUENCIAS»…drogadas,violadas y obligadas a exponer su historia en público.


El director del Hospital Infantil en Cd.Victoria,Vicente Plasencia Valadez, impuesto en el cargo por su amigo, el Secretario de Salud Vicente Hernandez,a su vez impuesto por el Gobernador Américo Villarreal,ya renunció, se hizo a un lado, pero no por conciencia, sino porque ya no le quedó dónde esconderse en un hospital que huele más a encubrimiento que a desinfectante.

Contexto mínimo: lo que pasó

  • La madrugada del 30 de diciembre de 2025, un hombre ajeno al Hospital Infantil de Tamaulipas entró al área de dormitorios de residentes y abusó sexualmente de dos médicas.
  • La doctora Daniela García denunció públicamente que las drogaron y violaron, y que el hospital no les dio apoyo médico, psicológico ni jurídico, ni llamó a la policía de inmediato.
  • El director Vicente Plasencia salió días después con un mensajito lleno de “solidaridad”, “respeto” y “no es encubrimiento, lo juro”, y ahora “se hace a un lado” del cargo por el escándalo.

Frases típicas del funcionario y cómo se les cae la máscara

1) “En medio de la polémica… hoy anunció su separación del cargo… para evitar que la discusión pública afecte el curso de las investigaciones.”

No se va por la agresión sexual, se va por la “polémica”.
La violencia contra las residentes queda reducida a ruido mediático; el verdadero problema, para él, es la “discusión pública” que incomoda al despacho, no el tipo que entró al dormitorio de guardia.

Y la joya: dice que se separa para que la discusión no “afecte” las investigaciones, como si el obstáculo fuera la gente hablando y no un hospital que falló en seguridad, protocolos y reacción.

2) “Reiteró su solidaridad con las doctoras involucradas…”

La solidaridad que se “reitera” siempre llega tarde y con abogado al lado.
Si tuvieran solidaridad real, las doctoras no habrían tenido que reventar el caso en público; habrían encontrado respaldo desde el minuto uno, no después del escándalo.

Aquí la palabra “involucradas” es clínicamente aséptica: les pasó lo peor dentro del propio hospital, pero él las menciona como si fueran parte de un trámite administrativo.

3) “Lo primero que quiero reiterar es mi solidaridad absoluta… y mi respeto total hacia su proceso de recuperación personal y emocional.”

Cuando alguien arranca con “lo primero que quiero reiterar”, lo que está haciendo es blindarse con sentimentalismo prefabricado.

Habla de “recuperación personal y emocional” como si el daño fuera algo que se resuelve con buenas vibras y no con atención médica, apoyo jurídico, medidas de seguridad y sanciones reales.

La solidaridad que no trae consigo autocrítica ni consecuencias institucionales no es absoluta; es decorativa.

4) “Desde que tuvo conocimiento del caso la dirección del hospital colaboró con las autoridades investigadoras…”

La frase clave es “desde que tuve conocimiento”, el comodín favorito para poner distancia con la realidad: todo lo que pasó antes de que él “supiera” se borra mágicamente.

“Colaborar” es el verbo más vacío del diccionario burocrático: no dice si denunciaron de oficio, si activaron protocolos, si acompañaron a las víctimas o si solo abrieron la puerta cuando llegó la fiscalía.

El mensaje real es: “no estorbamos”, dicho como si fuera una proeza.

5) “Facilitamos el acceso… y entregamos toda la información desde el primer momento.”

Si de verdad entregaste “toda la información desde el primer momento”, no estarías dando un discurso a la defensiva dos meses después.

Además, “facilitar el acceso” suena a favor: como si la institución pudiera escoger entre ayudar o poner trabas, y hubiera decidido, casi por cortesía, no obstaculizar.

Quien realmente está en el centro no son las víctimas, sino la reputación del director que se autopinta como colaborador ejemplar.

6) “Ante la difusión reciente de nuevos testimonios y materiales… decidió hacerse a un lado para que las investigaciones continúen sin presiones externas ni interpretaciones públicas…”

Traducción: mientras los testimonios no circulaban, se sentía cómodamente instalado en el cargo.

En cuanto los videos, entrevistas y publicaciones rompen el cerco, ya no habla de proteger a las doctoras, sino de proteger las “investigaciones” de las “interpretaciones públicas”.

Lo que llama “presiones externas” es, en realidad, la sociedad enterándose de lo que pasó y exigiendo que alguien responda.

7) “He tomado la decisión de hacerme a un lado y dejar la dirección…”

No dice “renuncio por responsabilidad”, dice “me hago a un lado”, que es la versión higiénica de salir por la puerta trasera sin que nadie firme nada.

“Hacerme a un lado” suena a movimiento de tráfico, no a rendición de cuentas: se quita del carril, pero sigue en la misma vía.

El verbo está elegido para que parezca un acto noble, cuando es, en el mejor de los casos, una retirada táctica.

8) “Mi renuncia no implica reconocimiento de responsabilidad… es una decisión personal para proteger la imagen de la institución.”

Roza lo obsceno: lo único que cuida explícitamente es la “imagen de la institución”, no la seguridad de las residentes ni la confianza rota.

Negar de entrada cualquier responsabilidad mientras te vas es como incendiar una casa y aclarar que solo saliste para no manchar la pintura.

Además, si de verdad crees que no fallaste en nada, ¿por qué la institución necesita protección? Lo que necesita protección es la gente que duerme en ese hospital.

9) “Actuó conforme a los protocolos institucionales para casos de acoso o violencia sexual…”

Si esto fue “actuar conforme a los protocolos”, el problema ya no es solo él: el problema son los protocolos.

Invocar el protocolo es un escudo típico: si el resultado fue que un agresor entró, abusó y las víctimas tuvieron que salir a gritar en público para ser escuchadas, entonces o no se aplicaron los protocolos o los protocolos están diseñados para cuidar papeles, no personas.

Usa la palabra “conforme” como si bastara con seguir un guion, aunque el guion lleve directo a la impunidad.

10) “Confío plenamente en las instituciones de justicia… llegarán hasta las últimas consecuencias…”

Este es el cierre de manual para todo funcionario que se deslinda: tirar la pelota a “las instituciones” como si fueran un ente místico e infalible.

“Hasta las últimas consecuencias” es una frase que ya viene con fecha de caducidad; se dice cuando se sabe que, en la práctica, casi nunca pasa nada proporcional a la gravedad del hecho.

Lo que no dice es si el hospital se considera también víctima institucional y va a empujar el caso, o si solo se va a sentar a ver qué hace el Ministerio Público.

11) “Dedicó 37 años de su vida profesional… institución fundamental…”

Clásica carta de servicios: cuando la gestión puntual es indefendible, se sacan las décadas de antigüedad como salvoconducto moral.

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Pero 37 años no son un seguro de ética; son un dato de currículum.
La institución puede ser “fundamental”, pero justo por eso debería soportar un examen implacable, no una capa de sentimentalismo para evitar preguntas incómodas.

12) “No quiero empañar la imagen del Hospital Infantil…”

Nadie empuña más la imagen de un hospital que un caso de abuso sexual contra residentes dentro de sus instalaciones sin respuesta contundente y oportuna.

La “imagen” no se mancha por exigir responsabilidades; se mancha cuando se intenta administrar el escándalo en lugar de reparar el daño.
Otra vez: cuida la fachada, no el fondo.

13) “Mi prioridad siempre fue proteger a las víctimas y permitir que el proceso judicial avance…”

Si esa hubiera sido la prioridad real, el discurso sonaría totalmente distinto: empezaría asumiendo fallas, detallando acciones concretas y pidiendo perdón sin rodeos.

Decir “siempre fue mi prioridad” mientras te vas negando cualquier responsabilidad es autoabsorción, no empatía.

La realidad se mide por lo que hicieron las víctimas: tuvieron que plantarse frente a cámaras y actos públicos para que alguien reaccionara; eso no describe un entorno donde su protección haya sido prioridad.

14) “Aunque se separa de la Dirección, continuará ejerciendo como cirujano en el nosocomio…”

Aquí se revela el verdadero alcance de la “decisión”: no se va del hospital, solo cambia de silla.

No hay ruptura, no hay inhabilitación, no hay sanción; hay reacomodo.
El mensaje a todo el personal es brutal: puedes fallar como autoridad, puedes irte cuando truene el escándalo, y de todos modos seguirás adentro, bata puesta, como si aquí no hubiera pasado nada.

El director se va “haciéndose a un lado”, pero no por vergüenza, sino por cálculo político. La vergüenza, la verdadera, la cargan hoy las doctoras que fueron drogadas, violadas, ignoradas y obligadas a exponer su historia en público para que alguien volteara a verlas.

Con informacion: HoyTamaulipas/

«YA DEBERÍA estar PRESO»: «EVIDENCIA APUNTA EXSECRETARIO de MARINA que VIVE FRENTE al MAR TURQUESA de CANCUN FUE CONSUMADO PROTECTOR de TRAFICO de HUACHICOL»…y no aguanta una esculcada.


Desde hace bastante tiempo atrás, el almirante José Rafael Ojeda debería estar bajo investigación y, posiblemente, tras las rejas. La evidencia de que como secretario de la Marina encubrió el contrabando fiscal que encabezaban sus sobrinos políticos, y cobijó la corrupción, es cada vez mayor. Ojeda, que vive en un piso frente al mar turquesa de Cancún, es un nombre que había desaparecido de la opinión pública, porque la investigación sobre el robo más grande de la historia, el llamado huachicol fiscal, había sido acotado para que ya no lo salpicara y recargara todo en sus sobrinos políticos.

Pero hace dos semanas, ese metabolismo artificial se alteró. Sebastián Barragán y Juan Omar Fierro, reporteros de Aristegui Noticias, dieron a conocer un audio donde el contralmirante Fernando Guerrero Alcántar le describía la trama criminal del contrabando de combustible, y que fue asesinado meses después. 

El audio era verosímil porque las acusaciones las puso por escrito en una carta integrada en la investigación de su asesinato, y detonó un escándalo tan grande, que acalló el cuestionamiento de si el audio era real, y por tanto, si los dichos de Ojeda también.

Epigmenio Mendieta, abogado de los sobrinos políticos de Ojeda, Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, le dijo a Azucena Uresti en Radio Fórmula que el audio no formaba parte de la investigación del asesinato de Guerrero Alcántar. La Secretaría de la Marina informó a Aristegui Noticias que no tenían ese audio, grabado, según el medio, el 14 de junio de 2024, ni conocían de cualquier otro audio o video que involucrara al almirante Ojeda, que no ha abierto la boca hasta ahora.

La Marina desconoció el video y que lo tuvieran, pero no negó su existencia. Hasta ahora, por tanto, si no ha sido desmentido, porque la Fiscalía General tampoco ha dado su opinión sobre este caso, es real, lo que lleva a las preguntas sobre quién grabó y quién filtró. La primera es fácil de responder: grabó la Secretaría de la Marina. Cuando menos en la gestión de Ojeda, la oficina del secretario tenía un sistema que grababa todas las conversaciones en el despacho. Era un protocolo de seguridad que muchos de los externos que acudían a platicar con él, sabían. La segunda es un misterio.

Al escuchar el tono y fraseo del almirante, parecería estar dejando un registro de su compromiso en el combate a la corrupción y prueba de honradez. De ahí, el audio que nadie dice contundentemente que es falso, tiene un valor adicional: desbarata el esfuerzo gubernamental de blindarlo.

Ojeda no sabía en ese momento que el esfuerzo para protegerlo y deslindarlo de las corruptelas de sus sobrinos políticos se iba a caer a pedazos el 7 de septiembre pasado, cuando en una de las últimas mañaneras del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el entonces fiscal general, Alejandro Gertz Manero, dijo que el almirante se presentó en sus oficinas “hace casi dos años” para decirle que había problemas de corrupción en varias de las áreas de la secretaría y contrabando de combustible. Es decir, Ojeda sabía de esos delitos un año antes de que se mostrara sorprendido por la denuncia de Guerrero Alcántar. Gertz Manero, defendiéndolo, a la luz del audio, lo hundió. La razón por la que el exfiscal lo exoneró fue porque la investigación sobre los Farías Laguna llegaba a Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, y querían que ahí topara, lo que ha sucedido hasta ahora. No había intención de investigar al almirante, pero no así a otros mandos de la Marina.

A finales de septiembre, la presidenta le pidió al secretario de la Marina, almirante Raymundo Pedro Morales, seguir con el caso del contrabando de combustible de la mano de la Fiscalía General, donde estaban involucrados y judicializados 45 elementos que debían haber sido separados de sus cargos o detenidos, porque era, además, una presión de Estados Unidos. Hasta ahora, de lo que se conoce, solo han sido dados de baja cinco, por no presentarse a su trabajo.

Días después de la declaración de Gertz Manero, la presidenta también instruyó al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, que hablara con Ojeda para informarle la estrategia para deslindarlo, con la advertencia de que si no funcionaba, tendría que hacerse responsable de las irregularidades durante su gestión. En este contexto, el secretario Morales se reunió con Guerrero Alcántar en su oficina el 10 de octubre del año pasado. La Marina confirmó la cita, que dijo fue a petición del contralmirante, para felicitarlo, expresarle su lealtad y proponerle un esquema para una mejor recaudación en las aduanas.

Guerrero Alcántar, de acuerdo con documentos internos de la Marina sobre las redes de corrupción en aduanas, descritos en este espacio, formaba parte de los altos mandos navales que habían colocado los hermanos Farías Laguna en las aduanas marítimas, ubicándolo como administrador en la de Veracruz. El último puesto que tenía era director general de Recaudación de Aduanas, que se encuentra en las instalaciones centrales de la Secretaría de la Marina al sur de la Ciudad de México.

Poco después de la reunión con el almirante Morales solicitó vacaciones y, por procedimiento, dijo a dónde iría, Mazatlán y Manzanillo. El 8 de noviembre, casi un mes después de su conversación con el secretario, fue asesinado en Colima. Aunque la Marina señaló el contenido de su plática, la causa penal sobre su asesinato en la Fiscalía General infiere que el crimen tuvo relación directa con esa reunión, donde “posiblemente” le habló de las denuncias que formuló en su carta, y fue interno, al solo saber el personal de la Armada, las fechas y lugares exactos de sus estancias.

Se desconocen más detalles de esa investigación que se mantiene hermética, pero que fue sacudida por la revelación del audio, que permite hacer la línea de tiempo que muestra hoy inconsistencias e incongruencias en que incurrió Gertz Manero al salir en la defensa de Ojeda, aunque tampoco sabía el exfiscal que una grabación que misteriosamente llegó a la opinión pública, fundiría el blindaje y obligaría a que el gobierno inicie una investigación contra el exsecretario de la Marina por su presunta vinculación con toda la corrupción durante su administración, algo que no ha sucedido hasta ahora.

Fuente.-Raymundo Rivapalacio/ELFINANCIERO/

«QUE TIEMBLEN los JUECES y los JUDICIALES»: «CANCION de VIVIR QUINTANA es un CATECISMO BLASFEMO contra el MACHO ASESINO y el ESTADO que se HACE TARUGO»…una letanía que en vez de padre nuestro recita nombres de muertas


“Canción sin miedo”,de la autoría de Vivir Quintana, es el catecismo blasfemo contra el macho asesino y el Estado que se hace güey: una letanía que en vez de padre nuestro recita nombres de muertas y desaparecidas y se los escupe en la cara al presidente, a los jueces y a todo el aparato que mira para otro lado mientras cuentan cadáveres.

Vivir Quintana, maestra que se hartó de la pedagogía light

Vivir Quintana, nacida Viviana Monserrat Quintana Rodríguez en Francisco I. Madero, Coahuila, creció hija de docentes, estudió pedagogía, música y dio clases de español antes de volverse la cantautora que hoy incendia plazas con una guitarra y una lista interminable de agravios. Esta mujer que usaba canciones para enseñar sintaxis terminó usando versos para exhibir la sintaxis del horror: feminicidios, impunidad y gobiernos que solo reaccionan cuando la indignación les arruina el acto público.

Su música mezcla folk y regional mexicano, pero la fórmula real es otra: melodías dulces con letra que atraviesa como bala expansiva, especialmente cuando nombra casos y pone el dedo en la llaga de los feminicidios sin justicia. “Canción sin miedo”, escrita por encargo de Mon Laferte para el Zócalo en marzo de 2020, dejó de ser “su” canción y se volvió un bien común: himno de marchas, performance colectivo, consigna coreada por miles de gargantas hartas.

El mensaje intrínseco: no es canción, es denuncia con acordes

Este texto musical le quita toda coartada estética al poder: “que tiemblen estados, los cielos, las calles, que tiemblen los jueces y los judiciales” no es metáfora bonita, es amenaza directa a un sistema que normalizó que nos roben amigas y nos maten hermanas a ritmo de cifra oficial. 

El coro no pide permiso: exige justicia por cada desaparecida, se planta frente al feminicida y demanda que caiga, no en abstracto, sino con la fuerza que el Estado se niega a usar cuando el agresor es compadre, policía, militar o funcionario de casa.

Cuando la voz dice “soy Claudia, soy Esther y soy Teresa, soy Ingrid, soy Fabiola, soy María”, no está haciendo poesía de catálogo: está sumando expedientes, carpetas, titulares y cruces rosas a una identidad colectiva que deja de ser víctima aislada para convertirse en sujeto político furioso. “Soy la niña que subiste por la fuerza, soy la madre que ahora llora por sus muertas” arranca la máscara de excepcionalidad y muestra lo obvio: esto no son casos aislados, es una maquinaria de violencia donde la mujer es mercancía, trofeo o desecho, y el aparato de justicia funciona como lubricante de la impunidad.

Contra el agresor y el Estado sordo

La canción parte del agresor concreto –el fulano que te apaga los ojos, el que sube niñas por la fuerza–, pero inmediatamente sube la mira: no hay feminicida sin Estado que mire hacia el techo, sin ministerio público que “pierde” carpetas, sin juez que reclasifica delitos para que el expediente entre por la puerta y salga por la ventana. El “por favor, señor presidente” no es súplica, es ironía letal: una cortesía mínima puesta al servicio de un reproche monumental a la cabeza de un sistema que presume abrazos mientras las estadísticas de mujeres asesinadas compiten con las cifras de guerra.

El mensaje intrínseco es brutalmente sencillo: si el Estado no protege, la sororidad se vuelve autodefensa política; si la ley no escucha, las gargantas se vuelven megáfonos de rabia organizada. “Si tocan a una, respondemos todas” no es hashtag bonito, es aviso de que la paciencia institucional está agotada y que la próxima revolución, si llega, sonará más a coro feminista que a partes de guerra.

Irreverencia como táctica: incendiarlo todo, romperlo todo

“Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo” es la respuesta directa a la obsesión masculina por las paredes limpias y los monumentos intactos mientras los cuerpos aparecen destrozados en fosas, moteles o riberas de ríos. El orden que la canción propone romper no es el del tráfico vehicular ni el de la agenda presidencial: es el orden hipócrita que protege el mármol y abandona a las madres que excavan con sus manos en Tijuana, Sonora o cualquier periferia sin nombre.es-us.vida-estilo.

Cuando el estribillo exige “que caiga con fuerza el feminicida”, lo que se está pidiendo en clave de himno es algo que en un país mínimamente civilizado sería trámite: una política criminal seria, ministerios públicos que investiguen, jueces que no se vendan y un aparato estatal que deje de tratar a las mujeres como daño colateral. Frente al Estado sordo, la canción hace algo más que gritar: archiva en la memoria colectiva los nombres que los expedientes quisieran enterrar y convierte cada marcha en un tribunal improvisado donde la sentencia es clara: justicia, justicia, justicia.

Con informacion: YOUTUBE/VIVIR QUINTANA

«PURA MALA SUERTE»: «MEDICAS VIOLADAS en HOSPITAL INFANTIL en VICTORIA SIGNARON COPIA pidiendo AYUDA a la UAT pero SECRETARIA GENERAL es HERMANA del NEGLIGENTE»…en Tamaulipas no hay impunidad, solo familias unidas.


El corazón de la historia es brutalmente simple: dos médicas residentes denuncian que fueron drogadas y violadas en el Hospital Infantil de Ciudad Victoria,en Tamaulipas, el director Vicente Placencia Valadez se dice “solidario” y niega negligencia, mientras un monton de autoridades a quienes las victimas les compartieron copia de su denuncia y solicitud de ayuda, entre ellas las universitarias a cargo del Rector Damaso Anaya,primo del Gobernador de Morena,Americo Villarreal, miran para otro lado…pues resulta que la Secretaria General de la UAT,la Dra. Ma. Concepción Placencia, es nada menos que la hermana del director del hospital.

El hospital donde violan médicas… y la culpa es de la puerta

La madrugada del 30 de diciembre de 2025 un sujeto entra a la residencia de mujeres del Hospital Infantil de Tamaulipas, deambula más de una hora y termina agrediendo sexualmente a dos doctoras que estaban rendidas tras guardias inhumanas.

Las cámaras captan al tipo dentro del área de descanso entre las 3:10 y las 4:20 de la mañana, pero los guardias “no vieron nada” y la supervisión se toma su tiempo para aparecer, como si la emergencia fuera un trámite más.

Las residentes ya habían advertido un patrón: robos, intrusos, acoso, violencias previas, todo documentado en quejas formales donde pedían protocolos, vigilancia, cerraduras dignas del siglo XXI y seguridad básica para dormir sin miedo.

En su carta del 5 de enero de 2026 enumeran que es la tercera ocasión que entra gente ajena a áreas restringidas, que hay antecedentes de robo de pertenencias y de otro hombre que ya había hostigado a una residente meses antes.

La carta que grita y un sistema que se tapa los oídos

El pliego que firman médicas residentes y pasantes no es una cartita tímida: es un acta de acusación contra un sistema que normaliza poner en riesgo a su propio personal.

Ahí exigen investigación administrativa inmediata, vigilancia permanente, control de accesos 24/7, cámaras que realmente sirvan y áreas de descanso dignas; advierten “temor fundado” para seguir trabajando y piden que quede antecedente institucional de todo.

No se quedan en generalidades: señalan que la falta de protocolos viola normas oficiales como la NOM-001-SSA3-2012 y su actualización para residencias médicas, que obligan a garantizar seguridad, privacidad y bienestar del personal en formación.

Y, ante la indiferencia, adoptan una medida extrema: suspender temporalmente la asistencia a guardias nocturnas hasta que haya garantías mínimas de seguridad, porque si el hospital no protege ni a sus médicos, menos va a blindar a los pacientes.

El director ejemplar… en lavarse las manos

Frente a cámaras, el director del Hospital Infantil se presenta como el funcionario sensible que “desde el primer momento” actuó para proteger a las víctimas, reforzar la seguridad y colaborar con la autoridad, discurso que suena perfecto en boletín, no tanto en la realidad descrita por las doctoras.

En su versión, revisaron videos, informaron a las residentes de su derecho a denunciar y enseguida llovieron mejoras: cerraduras electrónicas, más guardias, control de accesos, nuevas cámaras, gafetes y alarmas en puertas, todo casi como si el hospital fuera de primer mundo pero instalado de golpe después de que explotó el escándalo mediático.

El problema es que las residentes ya habían elevado quejas previas, con copia para media burocracia sanitaria, y nada cambió hasta que el horror se volvió tendencia en redes y nota nacional.

Una de ellas lo resume con una frase que atraviesa la propaganda oficial: “No sabemos quién nos violó, pero sí sabemos quién no nos cuidó”.

La UAT, la hermana incómoda y el eco que nunca llega

En la cadena de destinatarios de la carta aparecen secretarios de Salud, coordinadores del IMSS, directores de educación en salud y, por supuesto, el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, responsable académico de esas residencias.

Las víctimas acuden a la UAT no por cortesía, sino porque es la institución que debería exigir condiciones mínimas para que su personal en formación no termine violado en la guardia.

Pero aquí entra el plot twist que explica el silencio sepulcral: la secretaria general de la UAT es la doctora María Concepción Placencia Valadez, nombrada por el rector a inicios de 2025, y en los chats internos se señala que es hermana del propio director del Hospital Infantil, Vicente Plasencia Valadez.

Es decir, las residentes le piden ayuda a una universidad cuya segunda al mando tiene un vínculo directo de sangre con el funcionario cuya actuación están cuestionando, un conflicto de interés tan obvio que en cualquier institución seria encendería todas las alarmas.

De acuerdo con mensajes que circulan entre médicos, el oficio fue recibido, firmado por pasantes y con copia al rector, pero “no le dieron seguimiento” precisamente porque la secretaria general es la hermana del director, y así la queja terminó en el cajón del parentesco conveniente.

Mientras tanto, la narrativa oficial sigue hablando de “solidaridad”, “acompañamiento” y “evitar revictimización”, exactamente lo que no ocurrió cuando las víctimas tocaron puertas institucionales antes de exhibirse en público.

Un sistema putrido que se protege a sí mismo

El caso del Hospital Infantil de Tamaulipas exhibe cómo opera un sistema donde las normas oficiales se citan en papel, pero se olvidan en la puerta de la residencia médica.

Las doctoras denuncian violencia sexual, intrusos y amenazas a su seguridad, y la respuesta real no llega desde la primera agresión, ni desde la segunda, ni desde la tercera: aparece solo cuando el video de una víctima rompe el protocolo de silencio y hace trizas la comodidad burocrática

El gobierno estatal presume reforzar la seguridad hospitalaria, mientras la universidad que debería respaldar a sus residentes guarda un discreto mutismo, precisamente donde la estructura de poder está atravesada por relaciones familiares con el director cuestionado.

En el papel se habla de “proteger la dignidad de las residentes”; en los hechos, quienes terminan protegidos son los cargos, los apellidos y las carreras políticas que orbitan alrededor de un hospital donde dos médicas fueron drogadas y violadas mientras el sistema dormía tan profundamente como ellas.

Con informacion: @redesTVAZTECA/