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martes, 6 de octubre de 2026

«CDG los AMARRO y se los DIO a AMERICO: SENTENCIAN con 25 AÑOS de CARCEL para 6 SECUESTRADORES de ESTADOUNIDENSES que CDG de la KENA OBSEQUIO al GOBIERNO»…AVA apenas empezaba y ya se le veia el rostro de hampon.


El contraste documentado permite una crítica contundente contra el aun gobierno de Morena y Americo Villareral : cinco sujetos ahora sentenciados ,coinciden con los hombres que aparecieron maniatados y señalados por una facción del Cártel del Golfo en 2023; ese antecedente desaparece de la nota sobre sus condenas en 2026. 

Lo que esta información permite establecer es el pacto de Américo Villarreal con el Cártel del Golfo de Matamoros, tras una entrega pactada que exhibe en todo su esplendor el “amasiato” político-criminal del gobernador desde los inicios de su gobierno con el Cartel del Golfo de Matamoros,ahora de filiación MORENA.

El cártel puso los amarrados; el Estado, las sentencias

En Tamaulipas, hasta una entrega de hombres maniatados por el crimen organizado puede terminar presentada, tres años después y convenientemente desinfectada de contexto, como una historia de eficacia institucional. 

La nota publicada por Hoy Tamaulipas ayer 6 de octubre informa que seis hombres recibieron condenas de 25 años y tres días por la desaparición de cuatro estadounidenses en Matamoros. 

Cuenta las penas, enumera a los sentenciados y reproduce los resultados comunicados por la Fiscalía. 

Lo que no cuenta es cómo cinco de esos nombres llegaron al expediente: ya habían aparecido amarrados, acompañados de una cartulina que los entregaba como responsables. 

Ese detalle no es una anécdota incómoda. Es el elefante esposado en medio del boletín.

El 3 de marzo de 2023, cuatro estadounidenses fueron privados de la libertad en Matamoros. Dos de ellos, Shaeed Woodard y Zindell Brown, fueron asesinados; Latavia McGee y Eric James Williams sobrevivieron. En los días siguientes, una facción del Cártel del Golfo, identificada como Grupo Escorpión, apareció con una operación de control de daños tan grotesca como calculada: cinco hombres maniatados y una carta de “disculpas”. 

El grupo criminal no se limitó a señalar presuntos responsables. También intentó redactar la interpretación del crimen: sus hombres, decía el mensaje, habían actuado por “su propia determinación e indisciplina”. 

Traducido del dialecto de la impunidad: la organización quería presentar el ataque como una desviación de subordinados, no como un problema de la estructura criminal. Hasta presumía respeto por la vida de los inocentes. Una organización señalada por secuestrar personas ofreciéndose como garante de la tranquilidad: el verdugo estrenando departamento de relaciones públicas.

La captura que llegó hecha

El 10 de marzo de 2023, la Fiscalía anunció actuaciones contra seis personas. Los nombres de cinco —Antonio de Jesús, Luis, Ever Noel, Juan Francisco y Gustavo— coincidían con los de los hombres encontrados maniatados junto al mensaje atribuido al cártel. 

El sexto, José Guadalupe, había sido detenido previamente y señalado como posible vigilante del lugar donde estuvieron las víctimas. La cobertura contemporánea advertía que la Fiscalía no había aclarado expresamente si las órdenes anunciadas correspondían a los entregados, aunque la coincidencia de nombres estaba ahí. 

Ahora, la nota de 2026 identifica a los condenados como Juan Francisco “N”, Antonio de Jesús “N”, Gustavo Marcelino “N”, Luis Valdez “N”, Ever Noel “N” y José Guadalupe “N”. 

A Ever Noel le añade 12 años por homicidio simple intencional, para un total de 37 años y tres días. Hay, por tanto, continuidad nominal entre los cinco señalados en aquella entrega y cinco de los seis sentenciados. No hay seis hombres entregados por el cártel: hubo cinco, más otro detenido previamente. La precisión importa, incluso cuando se escribe con el cuchillo entre los dientes. 

También importa distinguir una sentencia de una operación policial exitosa. Que un tribunal haya considerado acreditada la responsabilidad penal no convierte retrospectivamente la aparición de cinco hombres amarrados en una captura producto de inteligencia, persecución o desmantelamiento criminal. La Fiscalía pudo aportar pruebas para obtener condenas; eso no borra el origen públicamente documentado de cinco de los acusados. 

La justicia no necesita fingir que encontró lo que le dejaron en la banqueta.

El contexto que estorba

Hoy Tamaulipas ligado al oficialismo atribuye la información a la Fiscalía y refiere que el tribunal valoró las pruebas, que las víctimas fueron localizadas en el ejido El Tecolote y que se aseguraron vehículos e inmuebles. 

Sin embargo, no menciona la entrega de los cinco hombres, la cartulina ni la maniobra de deslinde del Grupo Escorpión. Esa omisión deja al lector con el desenlace judicial, pero sin uno de los antecedentes más relevantes para evaluar la actuación del Estado. 

La nota no hace nada estridente, pero si periodísticamente insuficiente: reproduce la versión institucional sin incorporar el contexto que la vuelve incómoda. El resultado es un expediente narrado desde la sentencia hacia adelante, como si los amarrados hubieran caído del cielo y no hubieran aparecido junto a un mensaje criminal,mucho menos dice que plagiarios tuvieron ayuda oficial, incluida una ambulancia de protección civil de Matamoros. 

Y aquella cartulina no era una prueba autosuficiente de culpabilidad. Era, ante todo, la versión de una organización interesada en contener el escándalo y desplazar la responsabilidad hacia determinados individuos. El cártel pretendía señalar culpables y, simultáneamente, absolverse como estructura. Confundir esa puesta en escena con esclarecimiento habría significado aceptar que los propios criminales fijaran los límites de la explicación. 

Condenar no equivale a desmantelar

Las condenas son un resultado judicial concreto. Negarlas sería tan tramposo como utilizarlas para borrar las circunstancias de las detenciones. Pero la información publicada no explica qué responsabilidad se acreditó contra los mandos de la organización, qué se investigó sobre la preparación de la entrega ni cómo se descartó que el señalamiento criminal buscara concentrar las culpas en aquellos cinco hombres. La nota tampoco identifica a la persona que, por los mismos hechos, recibió dos años de prisión y uno de inhabilitación por abuso de autoridad, ni detalla su conducta. 

Ahí están las preguntas que un boletín no sustituye. No para inventar inocencias ni declarar culpables sin pruebas, sino para saber hasta dónde llegó realmente la investigación y dónde termina lo que se ha informado.

En el gobierno de Américo Villarreal, el episodio no puede evaluarse únicamente por el número de años impuesto a los acusados. También debe examinarse por esa escena previa: una organización criminal señalada por el ataque ofreciendo cinco hombres como responsables y una Fiscalía que después llevó a juicio a personas con esos mismos nombres. Ese antecedente exige explicaciones; por sí solo, no demuestra un acuerdo entre el gobernador y el cártel.

El saldo conocido permite una conclusión menos cómoda que la postal de eficacia: hubo condenas, pero cinco de los procesados no surgieron públicamente de una espectacular cacería del Estado, sino de una entrega atribuida al grupo criminal. Convertir ese desenlace en una medalla sin contar su origen sería premiar la recepción del paquete como si fuera el desmantelamiento del remitente. 

Porque una cosa es sentenciar a los que dejaron amarrados. Otra, muy distinta, demostrar que la justicia llegó hasta quienes tenían el poder de amarrarlos y entregarlos.

Con información: TELEMUNDO/ HoyTamaulipas/

«FANFARRONERÍA GOLFA de PRIMITO CRUZA el ATLÁNTICO y LLEGA a la PRENSA ESPAÑOLA»… desafío es más grave de lo que parece.


La frontera de Tamaulipas,aun bajo la gestión de Morena y el multiseñalado Americo Villarreal, volvió a calentarse, pero esta vez el ruido no viene solo de los disparos: también lo ponen los discursos, las amenazas y la diplomacia con casco. Estados Unidos reporta un ataque contra su Guardia Costera; Claudia Sheinbaum pide pruebas, y México despliega 500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional. El episodio sigue bajo disputa, pero la movilización ya incluye helicópteros, drones y equipos antidron. Para eso sí hubo certeza y presupuesto. 

Según la versión estadounidense recogida en la información proporcionada, el intercambio de disparos ocurrió el 26 de septiembre en el río Bravo, cerca de Garceño, Texas, frente a Camargo, Tamaulipas. 

Presuntos hombres armados habrían disparado desde el lado mexicano contra los guardacostas. No se reportaron muertos ni heridos, pero el incidente bastó para poner otra vez sobre la mesa el reclamo de Washington: seguridad fronteriza, organizaciones “terroristas” y advertencias de que, si México no hace lo suficiente, el vecino podría encargarse.

Sheinbaum, por lo pronto, apelo a su estrategia favorita, negar: “Nosotros hemos pedido evidencias de que esto fue así, porque no tenemos evidencia”, declaró ayer lunes. 

El embajador Ronald Johnson, en cambio, ya celebraba el refuerzo mexicano y anunciaba patrullajes a ambos lados del río para atender amenazas de criminales o terroristas. La Sedena presentó la respuesta como Operación Concurrente, con 500 efectivos, helicópteros UH-60, drones e inhibidores. La cooperación viene equipada; lo que sigue pendiente, según lo expresado por la presidenta, es la evidencia del episodio que encendió la alarma. 

Y todo ocurre en la frontera chica, una región donde los grupos criminales han provocado el éxodo masivo e intermitente y no necesitan una presentación de PowerPoint para demostrar su presencia.

La información advierte una frontera chica en manos de criminales en municipios como Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo y Ciudad Díaz Ordaz. 

La zona carga, además, con el llamado caso Camargo: el asesinato de 19 personas en enero de 2021, la mayoría migrantes. La investigación y el juicio documentaron acusaciones contra policías estatales por perseguir vehículos, disparar contra sus ocupantes y quemar los cuerpos. 

Una precisión incómoda: el lugar de la matanza estaba en el municipio de Díaz Ordaz, aunque el crimen quedó identificado públicamente con el nombre de Camargo. Allí la violencia no solo ha llevado uniforme de sicario; también ha sido atribuida a quienes debían impedirla. 

Con información: DIARIO ESPAÑOL/EL PAIS/PABLO FERRI/

«Y AUN NO ARRANCA CAMPAÑA: FICHADOS por EE.UU RODEAN a CANDIDATA de MORENA en BC TAMBIEN SEÑALADA»…pareciera que es requisito.


Todavía no empiezan oficialmente las campañas en Baja California y Julieta Ramírez, perfilada como la próxima candidata de Morena a la gubernatura, ya tiene un problema que no se resuelve con porras ni fotografías: los señalamientos de Estados Unidos contra personajes de su entorno político por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.

El nombre que encabeza la lista es Rafael Buenrostro Martín, señalado como operador y benefactor económico de las actividades de “pre-precampaña” de Ramírez. El pasado 15 de septiembre, durante su presentación como aspirante por la dirigencia nacional de Morena en el WTC, Buenrostro llevó simpatizantes, organizó las porras y coordinó las fotografías. Todo muy electoral, aunque oficialmente todavía no tocara.

La semana pasada, el organizador del entusiasmo recibió una atención bastante menos festiva: la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos lo señaló por sus presuntos vínculos con “Los Mayitos”, una facción del Cártel de Sinaloa. Según la información citada, Estados Unidos y la Unidad de Inteligencia Financiera bloquearon sus cuentas; también se ordenó el bloqueo financiero de su empresa, Publicidad e Imagen Integral. De las porras al congelamiento financiero, sin escalas.

De acuerdo con el Departamento del Tesoro estadounidense, Buenrostro habría actuado como “enlace de influencia política” a cambio de sobornos para favorecer las operaciones criminales de José Ángel Rivera Zazueta, identificado como uno de los principales operadores del Cártel de Sinaloa en Baja California. Es decir, Washington no le atribuye únicamente talento para reunir simpatizantes.

El informe también menciona una relación de Buenrostro con Carlos Torres, exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, a quien identifica como amigo cercano de Rivera Zazueta. Ese señalamiento debe mantenerse en sus términos: una relación mencionada por las autoridades, no una sentencia que permita repartir culpabilidades por cercanía.

En el entorno promotor de Ramírez aparece además Dulce María Mendivil García, subsecretaria Anticorrupción de la administración estatal. Su hermano, Pedro Ariel Mendivil, exdirector de Seguridad Pública de Mexicali, fue señalado por la OFAC por presuntamente favorecer a “Los Rusos”, célula del Cártel de Sinaloa. La ironía del cargo de su hermana se escribe sola; las responsabilidades, en cambio, no se heredan.

“Mendivil recibió sobornos de ‘El Ruso’ a cambio del control del Cártel de Sinaloa sobre la Policía Municipal de Mexicali para facilitar el narcotráfico y llevar a cabo operaciones de represión del cártel”, sostuvo la OFAC.

Ramírez fue secretaria particular de Marina del Pilar y ha sido vista como su apuesta para la sucesión. Pero antes de vender continuidad, tendrá que explicar las compañías de su proyecto político. Los señalamientos citados no constituyen una acusación directa contra ella; sí ponen bajo escrutinio a quienes la promueven. Porque una cosa es presumir músculo electoral y otra descubrir que algunos de los encargados de hacer ruido también aparecen en los expedientes del Tesoro estadounidense.

Con información; ELNORTE/

«SON 8, pero ¿HABLAN de 18?: SIGUE en TERAPIA INTENSIVA el INSALUBRE SISTEMA de SALUD de SHEINBAUM»… es la bacteria de gobierno la causante.


El sistema presume alta especialidad, pero las familias denuncian algo mucho más elemental: falta de higiene. Mucha bata institucional, mucho protocolo anunciado y una pregunta que no necesita doctorado en epidemiología: ¿cómo termina un recién nacido infectado en el lugar que debía protegerlo? En el Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, en Guadalajara, padres de bebés fallecidos señalan malas prácticas mientras siguen pendientes las investigaciones sobre las infecciones y su relación con las muertes. 

El corazón de Yuliana Guadalupe Vega Hernández se quedó allí. La mujer de 37 años viajó desde Culiacán todavía embarazada para recibir atención especializada. Regresó sin Dayana, su hija “deseada, planeada, amada”. Según su testimonio, a los siete días de nacida la bebé contrajo una infección por hongos y bacterias que nunca lograron erradicar. Murió el 4 de julio, después de dos paros cardíacos. Yuliana volvió con secuelas físicas que, relata, le impiden ser madre nuevamente y con aproximadamente 60.000 pesos gastados en traslados y servicios funerarios.

La cuenta resulta obscena: buscar atención, perder a una hija y todavía pagar el regreso y el entierro. Una factura que ningún comunicado puede anestesiar.

En el relato de las familias aparecen dos microorganismos: Klebsiella pneumoniae, una bacteria, y Candida albicans, un hongo. Conviene nombrarlos correctamente: bastante confusión hay ya en las explicaciones institucionales como para meter también a los hongos en el cajón de las bacterias. Los padres de Elián, José Nayib y Anthony Jassiel denunciaron que sus hijos presentaron infecciones por ambos microorganismos durante su hospitalización. La responsabilidad y la contribución de esas infecciones a cada fallecimiento siguen bajo investigación. 

Según el recuento de las familias del texto, son 11 las que exigen justicia; ellas calculan que podría haber por lo menos 18 afectadas. No es una cifra oficial de muertes confirmadas por un mismo brote. Es el registro que madres y padres han tenido que construir entre salas de espera, conversaciones y funerales.

Porque, cuando la información institucional no alcanza, el duelo acaba haciendo trabajo de archivo.

Asepsia de discurso

Los testimonios describen una escena incompatible con la tranquilidad que debería ofrecer una unidad neonatal: personal que, según las madres, manipulaba celulares sin lavarse las manos, tosía cerca de los bebés o entraba sin las medidas de protección que ellas esperaban. 

Lorena de Jesús Ramírez, madre de José Nayib, denunció falta de uso constante de guantes, batas y cubrebocas: “Hubo muy malas prácticas y falta de higiene”. Son señalamientos que deben investigarse, no sustituir un dictamen; pero tampoco pueden desinfectarse con una frase de relaciones públicas.

El contraste tiene algo de diagnóstico institucional: alta especialidad en el membrete y, según las denuncias, fallas elementales al lado de la incubadora.

La higiene de manos no es un accesorio ni una cortesía del personal. La especialista Rosa María Wong, de la UNAM, explicó a EL PAÍS que el lavado estricto de manos es la estrategia fundamental para prevenir y controlar la transmisión intrahospitalaria de estos patógenos. También señaló que la prematurez, la hospitalización prolongada y los procedimientos invasivos aumentan la vulnerabilidad de los recién nacidos. Precisamente por eso, protegerlos exige más rigor, no menos. 

Un bebé vulnerable necesita barreras contra la infección. No excusas después del funeral.

El brote y la burocracia

Tres familias relataron que un responsable del área reconoció que conocían la presencia de bacterias y hongos y les aseguró que podía terminar con el brote en 20 días. La pregunta de los padres fue brutalmente sencilla: si podía hacerlo, ¿por qué no había actuado antes, mientras sus hijos acumulaban semanas y meses internados? Esa versión forma parte de sus denuncias y deberá esclarecerse. 

Ahí está la lesión que los comunicados no suturan: la distancia entre lo que una institución sabía, lo que hizo y lo que debe explicar.

En Durango, el IMSS informó de cinco recién nacidos fallecidos entre el 15 y el 19 de septiembre. Reconoció la detección de una bacteria, aunque advirtió que su presencia, por sí sola, no explicaba las muertes. Anunció aislamiento, restricciones de ingreso, limpieza exhaustiva y seguimiento mediante cultivos. La causalidad requiere investigación; la obligación de rendir cuentas no necesita esperar a que se complete el último cultivo. 

No se trata de convertir toda muerte neonatal en prueba automática de negligencia. Se trata de no convertir la complejidad clínica en un sedante para las preguntas.

Pronóstico reservado para la confianza

Zoé Robledo anunció una auditoría clínica independiente, la separación temporal del director del hospital y del jefe de la unidad neonatal, una investigación epidemiológica más profunda y un “comando operativo” para reforzar la seguridad de los recién nacidos. La auditoría deberá determinar si hubo infecciones asociadas a la atención, si causaron o contribuyeron a las muertes y si existieron fallas evitables. Esas respuestas siguen siendo indispensables. 

“Comando operativo”: el nombre suena a despliegue de emergencia. Las familias, en cambio, piden algo menos espectacular y mucho más concreto: saber qué ocurrió, quién debía impedirlo y quién responderá si se acreditan omisiones.

La separación temporal de dos funcionarios no equivale a una sanción definitiva. Una auditoría no equivale a justicia. Y anunciar vigilancia no demuestra que antes se hubiera vigilado bien. 

El expediente institucional podrá hablar de microorganismos, factores de riesgo, evolución clínica y eventos adversos. Las familias hablan de Dayana, Elián, José Nayib, Anthony Jassiel y los demás bebés que no volvieron a casa.

Ese es el diagnóstico que no admite maquillaje: hay niños muertos, denuncias de fallas sanitarias y responsabilidades todavía por esclarecer. La investigación debe distinguir lo inevitable de lo prevenible. Porque, si confirma que hubo muertes evitables, no estaremos ante una fatalidad que se resuelve con pésames, sino ante un sistema que falló donde tenía la obligación más elemental de cuidar. 

Y contra eso no sirve la anestesia del discurso. Sirven la verdad, las consecuencias y medidas que lleguen antes del siguiente funeral.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/VERONICA M. GARRIDO

“69 MILLONES: BROTA NOMBRE de LIBERADO por los HARFUCH en TAMPICO y la EVIDENCIA del PODER CORRUPTOR del SEÑOR de los BUQUES”… más poderoso que el poder de fuego.


El poder más peligroso no siempre dispara: también paga. Y, según la información ministerial citada por EL NORTE, Roberto Blanco Cantú, alias “El Señor de los Buques”, habría repartido entre 2024 y 2025 unos 69.4 millones de pesos en sobornos y “honorarios” a funcionarios de distintas dependencias y a particulares. Una bolsa millonaria para que millones de litros de hidrocarburos de contrabando entraran al país. El combustible viajaba en buques; las complicidades se aceitaban con dinero.

También identificado como Roberto Brown, este empresario originario de Matamoros está acusado de participar en la posesión y el almacenamiento ilícito de hidrocarburos mediante su sociedad con Mefra Fletes, una compañía dedicada al traslado de hidrocarburos desde Texas. Actualmente prófugo, debe su apodo a su presunta participación en una estructura que utilizaba buques tanque para introducir combustible a México. Un sobrenombre de gran calado para un negocio que, según las acusaciones, necesitaba algo más que barcos: puertas abiertas y controles convenientemente domesticados.

En mayo de 2026 se reportó el cateo de una residencia en San Pedro, Nuevo León, relacionada con Blanco, a quien se identificó como investigado por encabezar una red de huachicol fiscal. Detrás del alias y del domicilio en uno de los municipios más exclusivos del país aparece el verdadero músculo que describe la investigación: el poder corruptor. No conquistar las instituciones, sino conseguir que dejaran pasar.

La contabilidad de las complicidades

Héctor Manuel Portales Ávila, testigo colaborador de la Fiscalía General de la República y exapoderado de una de las empresas que prestaron servicios a Blanco, entregó a la dependencia una relación de pagos. Según la información ministerial, el reparto fue de 24 millones 807 mil 800 pesos en 2024 y de 44 millones 658 mil 400 pesos en 2025.

La suma de ambos montos es de 69 millones 466 mil 200 pesos. No una propina para brincar un trámite, sino una bolsa capaz de sostener una operación en la que, conforme al testimonio, los pagos acompañaban el recorrido del combustible.

Portales identificó a Osvel Tudón Rojas como la pieza clave de “El Señor de los Buques” en la relación con los puertos y las agencias aduanales. Además de coordinar los embarques desde Estados Unidos, Tudón recolectaba el dinero que después repartía en sobornos, según el testigo. La logística tenía dos cargas: los hidrocarburos y el efectivo.

La Marina y federales de Omar García Harfuch detuvo a Tudón en Tampico pero quedó en libertad a las pocas horas en medio de sospechas.

Se desconoce si alcanzó algún acuerdo de colaboración con las autoridades, como Portales. Lo comprobable en el relato es menos espectacular, pero igualmente revelador: lo detuvieron y no había una orden judicial para mantenerlo bajo arresto.

La lista de pagos

Según Portales, solamente del 19 de septiembre al 4 de diciembre de 2024, Blanco distribuyó dinero entre los siguientes destinatarios y conceptos:

Destinatario o conceptoMonto reportado
Agencia Aduanal Benito Abad y Compañía5 millones 383 mil 800 pesos
Agencia naviera2 millones 600 mil pesos
Terminales portuarias6 millones 454 mil pesos
Administración Portuaria Integral (API)7 millones 370 mil pesos
“Honorarios”3 millones de pesos

Benito Abad, dueño de la agencia aduanal que lleva su nombre, también se encuentra prófugo de la justicia, de acuerdo con el texto citado. La relación de pagos dibuja una cadena que abarcaba servicios aduanales, navieros y portuarios. 

Matamoros, el cruce del negocio

EL NORTE señaló, en una publicación del día anterior a la nota citada y con base en información de autoridades, que Matamoros es la ciudad por donde más combustible se trafica en la frontera de Tamaulipas y que Blanco es el principal operador de huachicol en ese cruce.

Ese es el tamaño de la acusación: no solamente un empresario con barcos y contactos, sino un presunto operador capaz de financiar complicidades para introducir combustible de contrabando al país. El expediente descrito todavía debe probar responsabilidades; pero el mecanismo denunciado resulta brutalmente claro: cuando el dinero compra la vigilancia, la frontera deja de ser un filtro y se convierte en una puerta de servicio.

Con información: ELNORTE/