Claudia Sheinbaum puede no haber cobrado un solo soborno en su vida personalmente en persona, pero cada vez que se tapa los ojos frente a las denuncias de corrupción de su propio gobierno cruza la raya: eso ya es un acto de corrupción política, aunque venga envuelto en discurso de “legalidad” y “procedimiento”.
“La narrativa no es suficiente”: la coartada oficial
- Raquel Buenrostro ya dejó claro el nuevo catecismo de la 4T recargada: “la narrativa no es suficiente para iniciar una investigación; se necesitan elementos”.
- Traduzcamos: mientras no llegue un expediente armado, con testigos, documentos y el caso casi resuelto, la Secretaría de Anticorrupción prefiere seguir tomando café y viendo cómo arde la casa en Twitter.
- El problema es que el libro de Scherer no es un hilo anónimo de X: detalla nombres, cargos, fechas, modus operandi y hasta vínculos con operadores del huachicol y redes de extorsión desde el poder. Negarse siquiera a abrir una indagatoria preliminar no es prudencia jurídica: es encubrimiento pasivo.
“Que presente su denuncia”: la presidenta lavándose las manos
- Cuando le preguntan qué hacer con las acusaciones de corrupción documentadas en “Ni venganza ni perdón”, la presidenta responde con la consigna perfecta para no hacer nada: “que presente su denuncia, no lo he leído ni lo voy a leer”.
- Que la jefa del Estado se niegue a leer un libro que señala a su círculo cercano no es neutralidad, es una decisión política: decide no enterarse para no tener que actuar.
- Y cuando la mandataria respalda a Buenrostro y su “la narrativa no es suficiente”, está mandando un mensaje nítido al aparato: aquí no se mueve un expediente si no hay presión judicial… y ojalá tampoco mediática.
Cuando el poder sí leía y explotaba “narrativas”
- López Obrador se subió a la Presidencia cabalgando precisamente esas “narrativas”: “fue el Estado” en Ayotzinapa, la indolencia criminal en Pasta de Conchos, los escándalos de Peña reventados en medios y redes.
- Él mismo bautizó a las “benditas redes sociales” como arma para romper la hegemonía mediática priista, y usó cada filtración, cada reportaje y cada video incómodo para dinamitar al viejo régimen, aunque muchos casos jamás llegaran a sentencia.
- Hoy, el mismo movimiento que aplaudía los hashtags y las portadas incómodas como prueba moral del “PRIAN corrupto” las degrada a simple “narrativa” cuando el dedo señala a los suyos.
Tolerar y minimizar también es corrupción
- En México casi ninguna gran trama de corrupción se destapa porque un fiscal heroico despertó iluminado, sino porque periodistas, libros incómodos y redes sociales arrinconan al poder hasta que ya no puede fingir demencia.
- Si frente a un libro que describe redes de extorsión, tráfico de influencias y posibles vínculos con huachicol la respuesta oficial es: “no lo he leído”, “no lo voy a leer”, “que presente su denuncia” y “la narrativa no es suficiente”, el Estado está renunciando deliberadamente a su obligación de investigar.
- Cuando el poder tiene los elementos para sospechar, las herramientas para indagar y el deber de hacerlo, pero elige no mover un dedo, eso se llama corrupción por omisión: no hace falta maleta de billetes, basta mirar para otro lado.
El boomerang que ya viene de regreso
- Morena está donde está porque millones se hartaron de los gobiernos que desoían denuncias en prensa, se burlaban de víctimas y apostaban al olvido: Calderón en Pasta de Conchos, Peña con la “verdad histórica”, el PRIAN entero tragándose reportajes de corrupción como si nada.
- Si Sheinbaum se instala en la misma lógica de minimizar, desacreditar y congelar cualquier señalamiento que incomode al grupo gobernante, la narrativa que un día derribó al viejo régimen terminará devorando también al guinda.
- Sheinbaum puede no ser corrupta en lo personal, pero tolerar, solapar y voltear la mirada ante acusaciones serias contra su entorno es exactamente lo que hundió a sus antecesores: es corrupción de Estado disfrazada de formalismo legal.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/SALVADOR CAMARENA/










