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domingo, 20 de septiembre de 2026

EL “DINERO con MARIACHI”: GASTOS en GRITOS DELATAN el CINISMO del GOBIERNO que NO GASTA en GRITOS por la VIOLENCIA… cientos de millones, ninguno para salud, palas y pupitres.


El presupuesto público no sólo revela prioridades: también delata cinismo. Mientras gobiernos estatales y alcaldías encontraron cerca de 317 millones de pesos para convertir la noche del Grito en una feria de artistas, drones, pirotecnia, banquetes y aplausos protocolarios, hospitales, universidades, víctimas y familias de personas desaparecidas tuvieron que seguir haciendo lo que siempre se les exige en México: sobrevivir con la cartera vacía y la dignidad en oferta. 

El dinero sí aparece, pero con mariachi

No es que no haya dinero. Esa es la primera mentira que se cae cuando uno mira las cifras. Dinero hay; lo que falta es la voluntad de dirigirlo hacia donde duele. Para el espectáculo patrio, la administración pública despliega una eficacia casi milagrosa: se contratan escenarios, se cierran plazas, se montan pantallas, se afinan luces, se programan drones y se pagan estrellas de la música. El Estado, cuando quiere montar una verbena, no conoce la austeridad: conoce el presupuesto, los proveedores y la chequera.

Pero si se trata de un hospital sin medicamentos, de una universidad pública que apenas logra sostener aulas y nóminas, de una comisión de búsqueda sin personal ni herramientas, o de hijos huérfanos por la violencia, entonces comienza el repertorio oficial de siempre: “no hay margen”, “hay que racionalizar el gasto”, “la situación financiera es complicada”, “se revisará en el próximo ejercicio”.

Para los vivos que necesitan atención médica, para los jóvenes que necesitan estudiar y para las familias que buscan a sus desaparecidos, la respuesta es la calculadora. Para el estruendo de una noche, la respuesta es el espectáculo.

La patria como producción escénica

El reporte de Proceso documenta que, en 23 estados y 11 demarcaciones de la Ciudad de México, el gasto de los festejos patrios de 2025 rondó los 317 millones de pesos. El monto, además, rebasó en diversos casos presupuestos anuales destinados a universidades públicas, salud, procuración de justicia, atención a víctimas, huérfanos de la violencia y trabajos de identificación de restos humanos. 

Es decir: hubo gobiernos capaces de gastar más en el momento exacto en que un funcionario sale al balcón a repetir nombres históricos que en la tarea, menos luminosa y mucho más incómoda, de evitar muertes, formar estudiantes o devolver identidad a los restos de quienes fueron arrancados de sus familias.

La comparación es brutal porque no admite demasiados adornos. Un concierto se termina cuando se apagan las bocinas; una emergencia hospitalaria no. Los drones aterrizan después de dibujar una bandera en el cielo; las madres buscadoras siguen caminando bajo el sol, entre brechas, fosas y oficinas que les piden regresar mañana. La pirotecnia dura segundos; la falta de recursos para identificar cuerpos puede durar años y multiplicar el dolor de familias enteras.

En este país, parece que el presupuesto tiene oído musical: reacciona de inmediato al corrido, al pop y al espectáculo masivo, pero se vuelve sordo ante la camilla, el pupitre y la pala de quien busca a un hijo.

La reserva como confeti burocrático

El escándalo no se agota en cuánto se gasta, sino también en cuánto se oculta. Varios gobiernos estatales no transparentaron sus erogaciones y la Presidencia clasificó los gastos como reservados con el argumento de la seguridad nacional. 

La fórmula es extraordinaria: la fiesta es pública, televisable, fotografiable, transmisible y celebrada desde balcones oficiales; el dinero, en cambio, se vuelve secreto de Estado. Los ciudadanos pueden ver los fuegos artificiales, pero no necesariamente la factura. Pueden escuchar el grito, pero no la explicación del costo. Pueden aplaudir el show, pero no revisar con facilidad quién cobró, cuánto cobró y por qué se decidió pagar eso antes que otra necesidad.

La “seguridad nacional” se ha convertido, una vez más, en esa cobija burocrática que todo lo tapa. No importa que se trate de un festejo masivo en plazas públicas: el gasto se administra como si revelar el contrato de un cantante pudiera poner en riesgo la soberanía del país. Quizá la verdadera amenaza no sea que se conozcan los montos, sino que la gente compare.

Y comparar es precisamente lo que incomoda: una noche de patriotismo coreografiado frente a todo un año de carencias institucionalizadas.

La austeridad selectiva

La austeridad gubernamental suele ser una criatura caprichosa. No visita el templete, no le cobra IVA al espectáculo de drones y jamás le pide moderación al banquete de invitados especiales. En cambio, se instala con comodidad en los hospitales, en las universidades y en las oficinas que atienden a las víctimas.

Allí sí se vuelve severa. Allí reclama eficiencia. Allí exige que se haga más con menos. Allí considera que un trabajador puede atender a decenas de pacientes, que un investigador puede arreglárselas con equipo insuficiente, que una universidad puede resistir otro recorte y que una familia puede esperar otro año para encontrar respuestas sobre su desaparecido.

La austeridad, pues, no funciona como una política financiera, sino como una escala moral invertida: se ahorra en lo urgente y se derrocha en lo ceremonial. Se escatima donde la ausencia estatal cuesta vidas y se presume generosidad donde el rendimiento político se mide en aplausos, fotografías y tendencias en redes sociales.

No se trata de negar el valor simbólico de las celebraciones patrias ni de proponer un país sin plazas, música o memoria colectiva. El problema aparece cuando la ceremonia deja de ser ceremonia y se convierte en prioridad presupuestal; cuando el patriotismo oficial se paga con recursos que hacen falta para sostener derechos básicos.

Un gobierno que destina más a la fiesta que a la búsqueda de desaparecidos no está celebrando a la patria: está administrando su imagen. Un gobierno que presume austeridad mientras financia fastuosamente una noche de espectáculo no combate el dispendio: lo ilumina, lo amplifica y le pone sonido envolvente.

La conclusión es incómoda, pero sencilla: para la administración pública, la patria parece valer más cuando cabe en una tarima que cuando exige una cama de hospital, un laboratorio forense, un aula digna o una respuesta para quienes siguen buscando a los suyos.

Con información: PROCESO/

“ASÍ ERA MONTERREY y CUMPLE 430 AÑOS: NACIÓ entre MONTAÑAS, a los PIES del CERRO de la SILLA… y de modesta villa colonial se CONVIRTIÓ en el gran motor industrial del norte de México.”


Monterrey nació entre montañas, agua escasa y rutas difíciles, pero terminó por convertirse en una de las ciudades decisivas de México. Fundada de manera definitiva por Diego de Montemayor el 20 de septiembre de 1596, fue durante siglos una población pequeña, dedicada al campo, la ganadería y el comercio regional; su despegue llegó con el ferrocarril y la industrialización de finales del siglo XIX.

A los pies del Cerro de la Silla, Monterrey pasó de ser una modesta villa colonial a convertirse en el gran motor industrial del norte de México. Su historia está marcada por el esfuerzo de una ciudad que enfrentó el aislamiento geográfico, las sequías, las guerras y un crecimiento acelerado para forjar fábricas, barrios, avenidas y símbolos urbanos que hoy forman parte de su identidad.

Desde la llegada del ferrocarril y el auge de empresas como Cervecería Cuauhtémoc, Fundidora, las cementeras y la industria del vidrio, Monterrey transformó su paisaje y su ritmo de vida durante el siglo XX. Estas imágenes permiten volver a ese pasado y mirar, frente a frente, cuánto ha cambiado —y cuánto permanece— en algunos de sus sitios más emblemáticos. 

Fundidora

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Av. Lázaro Cárdenas (antes Las Torres)

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Sector Obispado

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Tec de Monterrey

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

UANL

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Ojos de agua de Santa Lucía (hoy Paseo Santa Lucía)

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Centro de Monterrey

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma

Sierra Madre Oriental y Loma Larga

Avenida Juárez

Fotos actuales: EL NORTE / Daniel González y Erick Vielma/ Monterrey.gob

“HAY PRIORIDADE$”: MILITARES PROYECTAN CONSTRUIR MUSEO de 1,658 MILLONES de PESOS»… para exhibir la historia del Ejército, la Fuerza Aérea y la GN, pero no la de sus FRACASOS.


Mientras el crimen organizado se pasea con impunidad por amplias zonas del País —como volvió a exhibirse estos días con el control territorial de Los Ardillos en el centro de Guerrero—, la prioridad de la Secretaría de la Defensa Nacional parece estar en otra trinchera: levantar un megamuseo de mil 658 millones de pesos.

No se trata de una inversión para reforzar la seguridad de comunidades sitiadas, recuperar caminos tomados por grupos armados o proteger a poblaciones que viven bajo el yugo criminal. No. El plan contempla un complejo museístico con dos edificios de hasta tres niveles para exhibir la historia del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional; incluso habrá espacio para presumir aeronaves.

El proyecto se edificará en una zona actualmente cubierta de flora y fauna, donde la última obra relevante fue la Calzada Flotante, construida a finales de 2022 para conectar peatonalmente la Primera y la Segunda Sección. Aquella intervención, por lo menos, tuvo un impacto menor. 

Ahora viene un despliegue mucho más pesado de concreto, estacionamientos y edificios, con la venia de una institución que, cuando se trata de explicar su presencia en territorios bajo control criminal, suele tener menos entusiasmo.

Porque el museo no escatimará comodidades: estacionamiento público para 447 automóviles y ocho autobuses, otro espacio privado para seis vehículos oficiales, auditorio para 364 personas, cafetería y tienda de souvenirs. Sí, souvenirs. Mientras pueblos enteros enfrentan extorsiones, desapariciones, desplazamientos y retenes criminales, el Ejército proyecta un sitio donde los visitantes podrán salir con una taza, una gorra o algún recuerdo de la grandeza castrense.

La obra también incluirá el Centro Nacional de Historia Militar, con tres plantas, salas de consulta para 100 personas, el Archivo Histórico de la Defensa, una biblioteca especializada y un taller de digitalización. Habrá además un cuarto edificio destinado a la restauración y al alojamiento de personal militar: espacio para 174 elementos, divididos en 87 hombres y 87 mujeres.

La pregunta resulta inevitable: ¿qué historia militar se busca contar en un museo de mil 658 millones de pesos mientras, afuera de sus vitrinas, el Estado sigue perdiendo territorio frente a organizaciones criminales? 

Porque una cosa es preservar archivos, otra muy distinta es convertir la memoria institucional en prioridad presupuestal cuando la seguridad cotidiana de miles de mexicanos sigue siendo una promesa incumplida o…acaso es un infundio ?…le preguntamos a Sinaloa ?.

Con información: REFORMA/

LA «MUERTE TAMBIEN CHECA TARJETA: la PARCA NO se DETIENE solo CAMBIA de VELOCIDAD y EJECUTA su CHAMBA cada 22 MINUTOS con 34 SEGUNDOS»…458 grupos de cien cadáveres y otros 14 mas.


Sin comparaciones escogidas a modo, sin maquillaje estadístico y aun concediendo que las cifras oficiales se contradicen entre una actualización y la siguiente, el mas reciente balance publicado por TResearch ayer 19 de septiembre deja una certeza brutal: en México la muerte no se detiene; solamente cambia de velocidad.

El gráfico, con corte al 18 de septiembre, registra 39 homicidios durante la jornada y 45 mil 814 en el sexenio. El Gobierno federal advierte que sus reportes diarios son preliminares y pueden reclasificarse después. Aquí hasta los muertos padecen correcciones de estilo

Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia el 1 de octubre de 2024. Hasta el 18 de septiembre de 2026 habían transcurrido 718 días de gobierno. Si se toma como válido el acumulado del gráfico, el promedio resulta de 63.8 asesinatos diarios: uno cada 22 minutos con 34 segundos.

Es decir: mientras alguien termina de comer, viaja unas estaciones en el Metro o mira medio capítulo de una serie, en algún punto del país otra persona puede acabar convertida en carpeta de investigación, fotografía forense y comunicado de siete líneas.

Los 45 mil 814 muertos equivalen a 458 grupos de cien cadáveres y otros 14 cuerpos sobrantes. No caben en una conferencia mañanera, ni debajo de una gráfica descendente, ni detrás de una frase tranquilizadora: están regados en ciudades, caminos, calles, brechas y carreteras; unos con nombre, otros convertidos en “NN” y todos ausentes en una casa.

El preludio sexenal

Si se mantiene el promedio acumulado de 63.8 homicidios diarios durante los 2 mil 191 días completos del sexenio, el gobierno de Sheinbaum terminaría el 30 de septiembre de 2030 con aproximadamente 139 mil 803 víctimas de homicidio. Si, en cambio, desde ahora se conservara exactamente el ritmo de la última jornada —39 asesinatos diarios—, el cierre rondaría los 103 mil 261 muertos.

Ese es el verdadero parte de guerra: no determinar qué cifra luce menos indecente, sino reconocer que el país lleva casi dos años produciendo un cadáver aproximadamente cada 23 minutos. El reloj avanza, el contador suma y el discurso oficial llega después, con una gráfica nueva para explicar que la carnicería, estadísticamente hablando, “va mejor”.

Con información: TREsearch/ EL Financiero/ APnews/

LA “ARTILLERÍA SELECTIVA”: EL MACHETE PERIODÍSTICO de MARTHA OLIVIA VS. el CDV PIERDE el FILO cuando se TRATA de AMÉRICO»… y cuando sirves a uno, terminas por no servir.


La entrevista de Martha Olivia López con Alberto Najar, retrata una voz combativa y documentada contra el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, pero también exhibe —por contraste— una crítica pública que parece detenerse cuando el poder tiene otro nombre: Américo Villarreal. El filo del machete permanece afilado, aunque su dirección parece selectiva.

Martha Olivia López volvió a sacar el expediente completo contra Francisco García Cabeza de Vaca: corrupción, contratos públicos, vínculos con los hermanos Carmona —que, dicho sea de paso, también alcanzan y de sobra a Américo Villarreal—, el grupo policial GOPES, masacres, abusos y una red de poder familiar del cabecismo que, según su lectura, convirtió a Tamaulipas en un negocio privado con uniforme oficial.

Y no, no se equivoca en el diagnóstico sobre Cabeza de Vaca. El problema es su parcialidad: habla de los GOPES, pero omite que ese mismo aparato policial fue señalado en audios de haber sido entregado, bajo el actual gobierno de Américo Villarreal, a intereses del Cártel del Golfo en Matamoros.

La periodista sostiene que la declaración de Gloria Molina, exsecretaria de Salud, encaja como pieza tardía pero útil en el rompecabezas: la funcionaria asegura que los contratos importantes no se movían por decisión técnica, sino desde la oficina del entonces gobernador. López remacha que Cabeza de Vaca no es un perseguido político, sino un político perseguido por expedientes, denuncias y acusaciones graves.

La embestida no se queda en el exmandatario. López revive la historia de los GOPES, a quienes liga con la masacre de Camargo, ejecuciones extrajudiciales y protección criminal,otra vez, sin aportar nada que también involucra al hoy gobernador morenista «mañoso».

La periodista con visión selectiva también menciona a operadores políticos y mediáticos que, en su interpretación, ayudan a lavar la imagen del exgobernador bajo el barniz de la “persecución política”.

Hasta ahí, la comunicadora despliega una artillería que no pide permiso: nombres, episodios, cifras, acusaciones y adjetivos. Cabeza de Vaca aparece como el villano perfecto de una película tamaulipeca: el gobernador que, según esa narrativa, daba órdenes, cobraba cuotas, protegía aparatos armados (…no se equivoca nadita) y ahora pretende posar como víctima de la historia que ayudó a escribir con tinta de impunidad.

Pero el reportaje deja una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿por qué ese machete crítico parece funcionar con precisión quirúrgica contra el viejo poder panista y perder filo frente al actual gobierno morenista de Américo Villarreal ?.

La crítica feroz contra el cabecismo es legítima si está respaldada por pruebas; lo que resulta periodísticamente cuestionable es que la vigilancia pública parezca tener colores partidistas o una autocensura que mucho$ comparten.

El contraste editorial

La entrevista está dedicada prácticamente por completo a señalar al exgobernador panista: adjudicaciones, posibles delitos, violencia estatal, redes de influencia y campañas mediáticas de defensa. En ella no hay un escrutinio equivalente sobre las actuaciones, omisiones, contratos, seguridad pública, fiscalías o redes políticas del actual gobierno de Américo Villarreal. El propio texto estenográfico muestra una acusación frontal contra Cabeza de Vaca, mientras el poder vigente queda fuera del encuadre. 

La búsqueda en redes y publicaciones históricas y recientes, es difícil,casi imposible, encontrar señalamientos de López contra el gobierno de Villarreal. 

En cambio, sí hay evidencia pública abundante de sus denuncias y críticas hacia Cabeza de Vaca: en 2024 denunció ante la FEADLE hostigamiento e intimidación que atribuyó al exgobernador, su vocero, su abogado y el entonces fiscal estatal; en 2026 su intervención mediática volvió a colocar al exmandatario en el centro de acusaciones por contratos y presunto manejo irregular de recursos. 

Qué tipo de periodismo describe

El término más preciso no sería “periodismo” a secas, sino periodismo de fiscalización selectiva: una práctica que investiga, denuncia y confronta con gran intensidad a un bloque de poder, pero no aplica de manera visible el mismo estándar al grupo gobernante actual.

También puede describirse como:

  • Periodismo de trinchera: el reportero adopta una posición política reconocible y concentra su fuerza contra un adversario específico.
  • Periodismo de oposición retrospectiva: audita con rigor al gobierno anterior, pero no actualiza la misma severidad frente al poder que lo sustituyó.
  • Periodismo militante o faccioso, si la selección de blancos responde principalmente a afinidades políticas y no a una metodología constante de interés público.
  • Periodismo de confirmación: privilegia hechos que apuntalan una narrativa ya definida —en este caso, el cabecismo como emblema de corrupción— y deja menos espacio para someter al nuevo régimen a una prueba semejante.

La diferencia central está en el método. Un periodismo de investigación sólido no se mide por lo fuerte que golpea a un exgobernador desacreditado, sino por su capacidad de incomodar al que manda hoy. Denunciar al caído puede ser necesario; investigar al poderoso vigente y el poder fáctico que lo rodea es la prueba de independencia.

Precisión necesaria

Aunque no es válido convertir la ausencia de resultados fácilmente localizables en prueba definitiva de autocensura. Pero editorialmente es defendible afirmar que López proyecta una crítica asimétrica: una fiscalización permanente y feroz contra García Cabeza de Vaca, sin que en esta revisión aparezca una ofensiva investigativa de fuerza comparable contra Américo Villarreal. Esa asimetría no invalida por sí misma sus denuncias contra el exgobernador; sí obliga a preguntar si su radar periodístico vigila al poder o sólo a una de sus versiones.

Con información: @AhoraMX_