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domingo, 10 de mayo de 2026

«CUIDENSE BIEN y…PORTENSE MAL ?»: «ATAQUE de la MAYIZA a DOMICILIO de TIEMPOS de JODIDO de ROCHA MOYA deja VER en MANOS de EE.UU estaría MAS SEGURO»…si juntamos las piezas, narcogobernador debe escoger entre encierro o entierro,ya no hay destierro».


El video del ataque a domicilio contra una de las casas de Rubén Rocha Moya de «tiempos de jodido», donde un tirador con sombrero descarga un fusil al ritmo de “Cuídense bien y pórtense mal” de Quinto Efecto, encaja casi quirúrgicamente con la narrativa de guerra abierta que La Mayiza lleva dos años construyendo contra el narcogobernador aliado de Morena,la Presidenta Sheinbaum y Los Chapitos,como acusa la evidencia y también EE.UU.

El video del sombrero y la rola de “Cuídense bien…”

En redes ya circula el clip donde un sujeto con sombrero, chaleco y fusil semiautomático desciende de un vehículo y dispara contra una vivienda atribuida al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

Mientras acciona el arma suena de fondo “Cuídense bien y pórtense mal”, tema de Quinto Efecto que en el ecosistema del narco-corrido funciona como guiño de pertenencia y desafío, un mensaje para iniciados más que un simple soundtrack.

Lejos del “incidente menor” o del “no hubo victimas que lamentar” que tantas veces han intentado colocar como explicación oficial, el lenguaje audiovisual del video es de ejecución ejemplarizante: rostro cubierto, estética “gente del sombrero” asociada a la facción de El Mayo, tiros dirigidos a la fachada y cero prisa por ocultarse, como si el objetivo no fuera sólo dañar el inmueble sino producir contenido propagandístico.

De los “incidentes menores” a la ofensiva declarada

No es la primera vez que el círculo de Rocha Moya aparece en la mira de La Mayiza y que desde el poder se intenta minimizarlo.

El video propalado en redes bajo el texto “Fue la Mayiza” ,nos remite a otro ataque,el del 23 de septiembre contra la Jeep Cherokee donde viajaba la nieta del gobernador que tampoco fue un asalto al azar, sino una agresión ordenada por Ismael Zambada Sicairos, “El Mayito Flaco”, en el contexto de la ruptura con Los Chapitos tras la entrega de su padre a Estados Unidos.

A ese episodio se suma el asesinato de escoltas del mandatario, levantones a elementos asignados a su familia y persecuciones en plena vía pública, todo en un periodo en el que el propio gobernador presumía “calma” y reducción de homicidios gracias a la operación coordinada con la federación.

La misma que sin recato se reunían en la mesas de seguridad a dialogar con un vulgar narco del que no tenian sospechas,como dijo sinverguenza y públicamente la curricula tatamada de Omar García Harfuch.El mismo que nunca aprobó un examen de control de confianza durante su permanencia en la nefasta Policía Federal del «otro garcia» y cuya orden de baja ‘desobedecida» ha sido vista mas de 600 mil veces.

Los volantes: Chapitos, Rocha y la “gran red de corrupción”

El video del ataque con la rola de Quinto Efecto no aparece en el vacío: llega después de que Octubre de 2024 avionetas lanzaran sobre Guasave, Mazatlán, Navolato, Los Mochis y Culiacán miles de volantes firmados por La Mayiza llamando abiertamente a “derrocar a este gobierno que los apoya”.

En esos panfletos, la facción de El Mayito Flaco acusa tanto a Los Chapitos como a Rocha Moya de abusos contra la población, y pide a los sinaloenses denunciar “cualquier abuso, corrupción, negocios y domicilios del gobernador así como de sus hijos y gabinete que fungen como prestanombres”, incluso proporcionando un número telefónico con lada de Culiacán.

La SSP de Sinaloa terminó reconociendo que la lluvia de volantes ocurrió, aunque intentó rebajarla a un “acto distractor” y habló de mantener comunicación con el número impreso, dando por buena la existencia del material y de la campaña de La Mayiza.

En una tercera descarga de propaganda, la facción advierte incluso a la propia presidenta Claudia Sheinbaum sobre la “gran red de corrupción de Rocha Moya” y promete que “todos pagarán así se escondan…”, dejando claro que el objetivo no es sólo la estructura de Los Chapitos, sino el gobernador como eje político del arreglo.

La hipótesis del “gobernador Chapito” que se vuelve verosímil

Con esta cadena de hechos —ataques al entorno familiar del gobernador, escoltas asesinados, volantes masivos, amenazas expresas contra Rocha Moya— la idea de un “gobernador Chapito” ya no suena a caricatura de redes, sino a hipótesis de trabajo respaldada por la propia propaganda de La Mayiza.

Los panfletos de la facción no sólo lo colocan en la misma lista de enemigos que Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán; lo describen como parte del “gobierno que los apoya” y llaman a exhibir sus negocios, domicilios y prestanombres, lo que supone que, desde la lógica de esa guerra, Rocha es un activo estratégico del bando rival y no un árbitro institucional.

La investigación federal citada en el texto de De Mauleón, que atribuye a El Mayito Flaco la orden de atacar la camioneta de la nieta del gobernador, termina por cuadrar el círculo: si una facción del Cártel de Sinaloa decide irse frontalmente contra Rocha Moya, es porque lo ubica como pieza clave del entramado que beneficia a Los Chapitos, no como un funcionario neutral atrapado en fuego cruzado.

El último eslabón de esa cadena es el video del ataque a una de sus casas al son de “Cuídense bien y pórtense mal”: un producto perfectamente alineado con la campaña previa de volantes, amenazas públicas y acciones armadas selectivas contra el entorno del gobernador.

La gente del sombrero y la disputa por el relato

En medio de esta disputa, la imagen del tirador con sombrero se vuelve un símbolo: en redes se le identifica como parte de “la gente de El Mayo”, una estética que el propio conflicto interno del Cártel ha ido cristalizando como marca de la facción de La Mayiza frente a los Chapitos urbanos, fresas y exhibicionistas.

El hecho de que el ataque se grabe en primera fila, con música elegida y plano abierto sobre el objetivo, muestra que la guerra ya no sólo se libra con fusiles y avionetas, sino con piezas de video diseñadas para circular en TikTok, Facebook y X como capítulos de una serie en la que cada bando compite por fijar su versión de quién es el verdadero enemigo del pueblo sinaloense.

Así, el gobernador que insistió una y otra vez en reducir la violencia a “incidentes” ahora aparece, en la narrativa de La Mayiza, como el botín político-militar que legitima la campaña: derrocar al “gobierno moreno-narco” era tan importante como sacar de la jugada a los Chapitos y ya ocurrió, solo falta encerrarlo,y de paso los que lo han solapado con calculo politico.

Y cada ráfaga grabada con corrido de fondo, como la que hoy se viraliza frente a una de sus casas, es un recordatorio de que, cuando el crimen organizado decide disputarse el poder, los narcogobernadores dejan de ser simples funcionarios y se convierten en personajes centrales de un relato de guerra que se escribe con plomo, volantes y videos musicales.

Con informacion: @Redes/ Medios

«SI ,TIENE RAZON TRUMP: PERMISIVIDAD TOXICA del EJERCITO y el GOBIERNO PROVOCAN EXODO MASIVO de 1,000 FAMILIAS ACOSADAS por LOS ARDILLLOS en GUERRERO»…claramente no estan en el radar de prioridades.


En la Montaña baja de Guerrero no hay “vacíos de poder”; hay presencia selectiva del Estado. Presencia que observa, calcula… y decide no intervenir.

Mientras el discurso oficial insiste en que la estrategia de seguridad “atiende las causas” y “contiene la violencia”, en Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán la realidad se escribe con drones explosivos, trincheras criminales y comunidades enteras huyendo. No es una metáfora: un grupo armado —“Los Ardillos”— pudo desplegar ataques aéreos rudimentarios y posicionarse a escasos 200 metros de una base militar sin que nadie, absolutamente nadie, activara una respuesta efectiva.

Eso no es falla. Es tolerancia.

Las denuncias del CIPOG-EZ no son nuevas ni aisladas. Son la continuidad de un patrón: comunidades indígenas que resisten la cooptación criminal y, por ello, son castigadas con violencia sistemática… y abandono institucional. Desde 2016, los números son contundentes: 76 integrantes asesinados, 25 desaparecidos. ¿Cuántos informes más necesita el Estado para reconocer que su estrategia no está protegiendo a las personas, que es —en teoría— su función primaria?

Porque conviene recordarlo: la seguridad pública no es un programa social, ni una narrativa política, ni una conferencia matutina. Es una obligación constitucional concreta: garantizar la vida, la integridad y los bienes de las personas, en ese orden. Y en Guerrero, esa obligación está siendo incumplida de manera flagrante.

Más de mil familias desplazadas. Pueblos prácticamente vacíos. Niños, mujeres y adultos mayores bajo fuego. Y frente a ello, la respuesta institucional es el silencio administrativo, la omisión operativa y, en el peor de los casos, una sospechosa pasividad que raya en la complicidad.

Porque cuando un grupo criminal puede instalar una trinchera frente al Ejército sin consecuencias, el mensaje no es de debilidad: es de permisividad.

“Los Ardillos” no son un actor desconocido. Tienen estructura, territorio, historial criminal documentado y vínculos claros con economías ilícitas y disputas regionales. El Estado sabe quiénes son, dónde operan y cómo se mueven. Lo que no ha demostrado es voluntad para desarticularlos cuando atacan a población civil que no representa un riesgo político ni económico.

Y mientras tanto, la sofisticación de la violencia avanza. El uso de drones no es una anomalía, es la adaptación de los grupos criminales ante un Estado predecible, reactivo y, sobre todo, ausente en zonas donde no hay costo mediático inmediato.

La Montaña de Guerrero no está fuera del radar. Está fuera de las prioridades.

Por eso, cuando las comunidades advierten que si las matan o desaparecen la responsabilidad será del gobierno, no están lanzando una consigna ideológica: están haciendo una imputación política y moral perfectamente sustentada. Porque la omisión, en contextos de violencia previsible, también es una forma de responsabilidad.

La pregunta ya no es si la estrategia de seguridad está fallando. La evidencia indica que, en lugares como Guerrero, ni siquiera está operando bajo el principio más básico del Estado: proteger a quienes no pueden defenderse solos.

Y cuando eso ocurre, lo que se erosiona no es solo la seguridad. Es la legitimidad misma del poder público.

Con informacion: ELNORTE/

sábado, 9 de mayo de 2026

«GATILLEROS MENSAJEAN con PLOMO a DOMICILIO una PROPIEDAD del NARCOGOBERNADOR ROCHA PROTEGIDO de MORENA y la PRESIDENTA SHEINBAUM»…y enseguida escaparon con mas de 13 mil soldados desplegados.


Una propiedad vinculada al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, amaneció este 9 de mayo con impactos de bala en la colonia Las Quintas, en Culiacán. El domicilio, ubicado en la calle Lago de Cuitzeo, fue rafagueado alrededor de las 10:12 de la mañana, según el reporte oficial que llegó al C4i.

La Secretaría de Seguridad Pública estatal salió rápido a fijar postura: confirmó las detonaciones, el despliegue inmediato de autoridades y, sobre todo, subrayó un dato clave para bajar la temperatura política del asunto: la casa —dicen— lleva más de una década deshabitada por el propio Rocha. Sin heridos, sin ocupantes, sin víctimas… al menos en el parte oficial.

El mensaje, sin embargo, no es neutro. Porque el ataque no ocurre en el vacío.

Llega apenas ocho días después de que Rocha Moya pidió licencia al cargo, el pasado 1 de mayo, en medio de una tormenta que no se cocina en Culiacán sino en Estados Unidos: autoridades de ese país lo colocaron en una acusación junto a nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos, del Cártel de Sinaloa. No es una imputación menor, ni un señalamiento aislado.

Y en ese contexto, los balazos contra una propiedad asociada al mandatario —aunque esté abandonada— adquieren otra lectura: advertencia, presión o simple ruido dentro de una guerra que ya no distingue entre lo político y lo criminal.

Al lugar llegaron elementos del Ejército y personal de la Fiscalía estatal para procesar la escena. El ritual de siempre: acordonar, periciar, documentar. Mientras tanto, la ciudad sigue bajo un clima de violencia sostenida, con operativos federales, despliegue militar récord y una escalada que ya incluye drones y armamento cada vez más sofisticado en manos de grupos criminales.

Culiacán no está en calma. Y cuando una casa ligada al poder recibe plomo —aunque esté vacía— el mensaje no es inmobiliario: es político.

Con informacion: ELNORTE/

EL «CEMENTERIO de FIERROS en CULIACAN es un ARCHIVO METALICO de la GUERRA de FIEROS de la MISMA BANDA en CULIACAN»…meros escombros de la estrategia fallida en mas de 600 dias de guerra.


Detrás de cada carro calcinado y cada coraza artesanal oxidándose en la pensión vehicular de Culiacán no hay “éxito operativo”: hay la bitácora chatarra de una estrategia que fracasó y no lo quiere admitir.

Cementerio de fierros, monumento a la derrota

Al oriente de Culiacán, la Fiscalía convirtió su pensión vehicular en archivo metálico de la narcoguerra: más de 2,500 unidades baleadas, incendiadas, chocadas, monstruos artesanales y hasta aeronaves apiladas como basura de un Estado que solo llega después del tiroteo para recoger cascos y fierros.

Cada carro calcinado es un episodio de la guerra entre Los Chapitos y La Mayiza, desatada desde 2024, que ya dejó más de 3 mil muertos,casi 4 mil desaparecidos y casi el centenar de agentes estatales y municipales asesinados, pero que el discurso oficial vende como “control territorial” y “pacificación en marcha”.

En ese cementerio de autos conviven un Corvette amarillo empolvado, patrullas cribadas a tiros y vehículos recientes quemados durante ataques con explosivos en fraccionamientos residenciales, mientras un letrero de la propia Fiscalía advierte muy campante que no se hace responsable del deterioro de los vehículos.

Traducido a lenguaje llano: el Estado no responde ni por los carros que le dejan en resguardo, mucho menos por los vivos que se esfuman en medio de retenes militares y convoyes blindados.

Efectividad: no se mide en fierros

El cementerio de autos en la carretera Culiacán–Imala es el espejo incómodo de la estrategia: el Estado administra el after de la balacera, no evita la balacera.

Cada vehículo oxidándose detrás de un retén militar es un recordatorio de que el gobierno llegó tarde otra vez, certificó el daño, metió el carro a la pensión y se fue a la conferencia a presumir que el “territorio está bajo control”.

La efectividad no se mide en número de soldados, sino en cuántas familias dejan de desaparecer, cuántos levantones se frenan y cuántos cementerios —de autos y de personas— dejan de crecer. Hoy, la única curva que va para arriba es la de la barbarie y la estadística de ausentes.

Si este es el modelo de “pacificación”, el cementerio de fierros en Sinaloa no es un daño colateral: es la placa metálica, firmada y oxidada, de una estrategia que se derrumbó hace rato y a la que todavía tienen el descaro de llamarle política de seguridad.Generales contándose a sí mismos

Mientras tanto, en los partes oficiales y las conferencias, el ejército presume más de 13 mil efectivos desplegados en Sinaloa, con Fuerzas Especiales, Guardia Nacional, Marina, helicópteros y juguetes nuevos, como si la seguridad se midiera en soldado por metro cuadrado.

Con informacion: ELUNIVERSAL/

«FUE CASUALIDAD o CAUSALIDAD ?: EE.UU ORDENÓ REVISION de 53 CONSULADOS MEXICANOS»…. la retórica soberanista mexicana empieza a chocar con la realidad geopolítica.


Mientras desde Palacio Nacional se ensaya el tono firme, casi desafiante, de la soberanía irreductible —esa que no negocia, no se somete y no se arrodilla—, en Washington están haciendo exactamente lo contrario: revisar, auditar y eventualmente recortar la presencia institucional de México en territorio estadounidense.

La Administración de Donald Trump, siempre fiel a su estilo de diplomacia a golpe de consigna, ordenó revisar el funcionamiento de los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos. Sí, cincuenta y tres. No es un detalle menor: es una de las redes consulares más amplias del mundo, diseñada precisamente para atender a millones de mexicanos en el extranjero. Pero ahora esa infraestructura está bajo la lupa del Departamento de Estado, no por casualidad, sino por el dogma político del momento: “Estados Unidos Primero”.

Y cuando en Washington dicen “revisión”, rara vez significa una cortesía administrativa. Significa que están evaluando si esos consulados siguen siendo funcionales… o si estorban.

El mensaje es claro aunque no lo digan completo: si la presencia consular mexicana no encaja con los intereses políticos de la Casa Blanca, puede convertirse en prescindible. Dylan Johnson, subsecretario de Estado para Asuntos Públicos Globales, lo dijo con el lenguaje burocrático de siempre: todo se revisa para asegurar alineación con la política exterior del Presidente. Traducido al español llano: si no sirve a “America First”, se ajusta… o se elimina.

El contexto tampoco ayuda. En meses recientes, medios conservadores estadounidenses han alimentado la narrativa —sin pruebas contundentes, pero con suficiente ruido político— de que consulados mexicanos han tenido injerencia en la política interna de Estados Unidos, supuestamente favoreciendo causas demócratas. No importa tanto si es cierto o no; en Washington, basta con que sea útil políticamente.

Y aquí es donde la retórica soberanista mexicana empieza a chocar con la realidad geopolítica. Porque mientras desde México se insiste en marcar distancia y elevar el tono frente a Estados Unidos, del otro lado están evaluando reducir los canales institucionales que, paradójicamente, sostienen la relación cotidiana entre ambos países.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué pesa más, el discurso de soberanía o la capacidad real de proteger a los mexicanos en Estados Unidos?

Porque si esta revisión escala a cierres, no será un golpe simbólico, será un golpe operativo. Menos consulados significa menos asistencia legal, menos apoyo comunitario, menos capacidad de respuesta. Y todo en nombre de una lógica política que no se decide en México.

Así que mientras en Palacio se habla de dignidad nacional, en Washington se revisan oficinas, presupuestos y permisos. Dos narrativas que no solo no coinciden, sino que empiezan a estorbarse mutuamente.

La soberanía, al parecer, también se mide en ventanillas consulares… y esas podrían empezar a cerrarse.

Con informacion: ELNORTE/

«OTRA VULGAR FANFARRONERIA:GOBERNADOR INVESTIGADO por la FGR QUEMÓ 5 MILLONES de DOLARES en HELICOPTERO USADO que en MANOS de SSP-NL solo es FIERRO CARO»…no helicóptero fiero.


Entre fanfarrias, edificio inconcluso y narrativa de “modernización”, el Gobierno de Nuevo León de Samuel García investigado por la FGR, decidió quemar —literalmente— cerca de 5 millones de dólares (unos 86.2 millones de pesos) en un segundo helicóptero Black Hawk. Sí, otro más. Porque claramente lo que le faltaba a la estrategia de seguridad no era inteligencia, coordinación o resultados sostenibles… sino más fierro caro volando que al no disponer de artillería se le quita lo fiero.

El gobernador Samuel García lo presentó como si se tratara de un salto cualitativo en la lucha contra el crimen, aunque el contexto huele más a exhibición de músculo presupuestal que a una política pública con lógica costo-beneficio. El aparato —un UH-60L Black Hawk— puede transportar hasta 11 policías y alcanzar casi 300 km/h, lo cual suena impresionante hasta que uno revisa para qué se está usando realmente.

Porque aquí viene el primer dato incómodo: el primer Black Hawk, adquirido en 2023, ha realizado apenas 78 misiones. Traducido al idioma de la eficiencia pública: un vuelo cada 12 días. Para una herramienta supuestamente “estratégica” en un estado con crisis de seguridad, eso no es capacidad operativa… es subutilización de lujo.

Y el nuevo juguete llega todavía más verde: sin armamento instalado y, para rematar, con matrícula estadounidense (N371AT). Un detalle nada menor, considerando que la Ley de Aviación Civil limita el uso de aeronaves extranjeras en funciones estatales. Es decir, el helicóptero estrella podría estar, en los hechos, restringido a operaciones muy específicas mientras se resuelve su situación legal. Pero eso sí, la foto ya se tomó.

El Secretario de Seguridad presume números globales: 3,500 vuelos, 87 detenciones, 187 arsenales asegurados y 129 vehículos blindados neutralizados. Suena contundente hasta que se hace la división incómoda: esos resultados no corresponden exclusivamente a los Black Hawk, sino a toda la flota aérea. Es decir, el argumento diluye el impacto real del aparato más caro del catálogo.

Aquí es donde la narrativa oficial empieza a hacer agua. Si el helicóptero estrella vuela una vez cada casi dos semanas, ¿realmente justifica una inversión de decenas de millones? ¿O estamos frente a una política de seguridad basada en aparatos vistosos pero con baja rentabilidad operativa?

Porque el problema no es tener helicópteros. El problema es convertirlos en símbolo de estrategia, cuando los datos sugieren que son más bien accesorios caros en un esquema que no ha demostrado proporcionalidad entre gasto y resultados.

En términos simples: esto no es necesariamente una inversión en seguridad. Es, más bien, un despliegue de recursos que luce bien en conferencia, pero que —hasta ahora— no ha probado ser determinante en tierra.

Con informacion: ELNORTE/

"IMPUTAN DELITOS a JUEZ FEDERAL BIEN PERRO que ENCHULABA con AMPAROS las BRONCAS de CABEZA de VACA "...y en el proceso,se metio con curricular manchada fiscal de Americo.


El juez federal Juan Fernando “A” fue vinculado a proceso por el delito contra la administración de justicia, luego de ser señalado por resoluciones que favorecieron al exgobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

El expediente habla de un juez que se creyó oráculo constitucional y terminó imputado como vulgar gestor de amparos a modo, no sin antes hundir las aspiraciones del entonces Fiscal Anticorrupción ,convertido hoy en fiscal de justicia d=con todo y el currículum tatemado, Jesús Eduardo Govea, que ahora intenta venderse como paladín de la legalidad con toga recién planchada pero con historial de tachadura en letra chiquita que apuntan al Cartel del Golfo en 2002.

El juez del amparo milagroso

En Reynosa, el juez federal Juan Fernando “A” fue vinculado a proceso nada menos que por haber convertido su juzgado en taller mecánico de resoluciones para el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca que gobernó Tamaulipas del 2016-2022.

La causa penal 45/2026 no lo trata como juez, sino como presunto coautor de un ‘tuning», un “enchula_miento” jurídico basado en el artículo 225, fracción VI del Código Penal Federal, ese catálogo de fechorías para servidores públicos que confunden la función jurisdiccional con servicio de blindaje político.

El antecedente es quirúrgico: en 2024, con la causa penal 51/2024 por operaciones con recursos de procedencia ilícita respirándole en la nuca, Cabeza de Vaca llegó al Juzgado Séptimo de Distrito en Tamaulipas, expediente 417/2024 bajo el brazo, y Juan Fernando “A” le recetó la suspensión provisional que lo reanimó políticamente como candidato plurinominal.

Es decir, el juez no solo suspendió una orden de aprehensión, sino que resucitó un proyecto político, otorgando una especie de “medida cautelar a la carta” para que el INE lo registrara como si nada, mientras la legalidad quedaba en estado de coma inducido.

Morena denunció esa resolución ante la FGR por considerar que el juzgador se saltó el manual y se inventó facultades para proteger al exgobernador, y no precisamente por amor al debido proceso, sino por cariño a la discrecionalidad.

El Tribunal de Disciplina Judicial ya lo había olido: en febrero de 2026 lo inhabilitó un año por faltas graves, acreditando actuaciones contrarias a la legalidad, a la imparcialidad y a cualquier apariencia de pudor jurisdiccional, señalando incluso un patrón de “errores inexcusables” más propios de despacho partidista que de órgano de control constitucional.

De héroe de amparos a villano funcional

Las resoluciones del juez no fueron un desliz aislado, sino parte de un desempeño sistemático de freno de mano a mandatos judiciales contra el exgobernador, al grado de impactar incluso asuntos vinculados con la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Traducido a jerga callejera, donde debía haber un juez de garantías, se instaló un garante de impunidad con membrete de Poder Judicial, que ahora enfrenta su propia audiencia de control como imputado estrella del delito contra la administración de justicia.

La vinculación a proceso abre una nueva etapa penal independiente de la sanción administrativa, dejando muy claro que el cuento del “criterio jurídico controvertido” se desmorona y asoma el verdadero tipo penal: un juez que habría confundido la imparcialidad con militancia procesal a favor de Cabeza de Vaca.

El expediente lo retrata como ese operador silencioso que, desde la sala de audiencias, movía el tablero político, metiendo mano en candidaturas, órdenes de aprehensión y tiempos electorales bajo el disfraz de control de constitucionalidad.

El fiscal de currículum con tachones

Mientras el juez cae del pedestal, aparece en escena Jesús Eduardo Govea Orozco, hoy Fiscal de Justicia del Estado, producto de una larga carrera en materia penal y seguridad pública, con títulos, maestrías y especialidades que brillan en papel, aunque su historial público está marcado por cuestionamientos y versiones que él mismo ha tenido que salir a desmentir.

El hombre que ahora presume perfil técnico y cruzada anticorrupción es el mismo que se defiende en 10 puntos, alegando que jamás participó en la liberación de Rogelio González Pizaña “El Kelín” y que todo intento de vincularlo a esos hechos es falso y tendencioso.

Antes de llegar a la Fiscalía General, Govea operó como titular de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, desde donde impulsó “investigaciones relevantes”, vinculaciones a proceso de exservidores públicos y reactivación de casos viejos, según la narrativa oficial que intenta pintarlo como cirujano de la limpieza institucional.

Pero la misma historia que vende “nueva etapa” en la procuración de justicia también arrastra el murmullo de que su ascenso se acomodó en el reacomodo de piezas que dejó la caída de ciertos jueces y el desgaste de otros operadores que se quemaron en la hoguera de los amparos a modo.

Govea, ya como fiscal, afirma que quienes buscan manchar su nombre no lo van a intimidar ni distraer, como si la crítica fuera un delito de ultrajes a la autoridad y no un derecho procesal ciudadano para revisar a detalle la hoja de vida del nuevo guardián del monopolio de la acción penal.

El discurso institucional lo pinta como técnico, neutral y obsesionado con la trazabilidad de los expedientes, pero la realidad política coloca a su alrededor un halo de sospecha: el sistema está intentando reciclar su credibilidad sentando en el banquillo a un juez, mientras protege, pule y encuadra al fiscal.

El efecto dominó en aspiraciones y carreras

Las decisiones de aquel juez, que en su momento funcionaron como salvavidas para un exgobernador, hoy operan como ancla para carreras ajenas: hundieron proyectos políticos, trastocaron planes electorales y sirvieron de coartada perfecta para reconfigurar el mapa de quién persigue a quién en Tamaulipas.

La narrativa oficial se vende así: se castiga al juez para maquillar el sistema, se exhibe la red de amparos como excepción y no como regla, y al mismo tiempo se impulsa a un fiscal de historial controvertido como si fuera producto de laboratorio ético y no de la misma fábrica institucional.

En términos jurídicos, Juan Fernando “A” hace el tránsito procesal de juez de control a sujeto de control, mientras Govea pasa de fiscal anticorrupción a fiscal general, con la bendición política de un Congreso que prefiere mirar hacia otro lado cuando se discuten sus antecedentes y las versiones que lo vinculan con decisiones polémicas del pasado.

La paradoja es brutal: el sistema sanciona al supuesto operador de blindajes judiciales, pero coloca al frente de la justicia a alguien que todavía tiene que litigar en la opinión pública que su currículum no es un catálogo de conflictos de interés ocultos bajo lenguaje técnico.

En esta escenografía, la “administración de justicia” parece más una marca registrada que un principio constitucional, donde el juez caído se convierte en sacrificio ritual y el fiscal emergente en protagonista reciclado, ambos unidos por el mismo hilo: decisiones que, lejos de garantizar derechos, han repartido impunidad, tumbado aspiraciones y reconfigurado quién vive políticamente y quién queda en calidad de cadáver jurídico.

Con informacion: HoyTamaulipas/