En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.
Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.
En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.
Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.
En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.
Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.
El resultado del domingo no dejó espacio para interpretaciones creativas: la estructura que durante años se vendió como invencible fue arrastrada sin demasiada ceremonia. El famoso “Truko” Verástegui —ese operador que algunos daban por amortizado— terminó no solo respirando, sino administrando los restos del naufragio. Y con él, su planilla, que hoy ya no pide permiso: tiene las llaves.
La cereza del pastel la pone Gloria Garza, ahora dirigente estatal del PAN. Primera mujer en presidir el partido en Tamaulipas, sí, pero también heredera de un campo minado que otros dinamitaron con singular entusiasmo. Su constancia de mayoría no solo certifica una victoria; también sella el acta de defunción de un grupo que confundió control con permanencia.
Del otro lado, los derrotados hacen lo que mejor saben:impugnar, patalear y repetir que “esto no se acaba hasta que se acaba”. Traducción: el manual de siempre, edición desesperación.
Pero hay algo que ni los recursos legales ni la nostalgia por el poder pueden revertir: el panismo tamaulipeco cambió de manos. Y no fue un relevo terso ni elegante; fue una sacudida con nombre y apellido.
Hoy, el tablero ya no lo mueven los de antes. Y eso, más que la derrota misma, es lo que realmente duele.
Porque perder una elección es una cosa. Perder el control… eso sí deja cicatriz.
Con información: ELUNIVERSAL/










