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martes, 15 de septiembre de 2026

“TE VOY a CAMBIAR el NOMBRE”: PEMEX IMITA a JOAN SEBASTIAN y REBAUTIZA por SEGUNDA VEZ la EMPRESA que ENVIABA PETRÓLEO a la DICTADURA CUBANA… Sheinbaum juega con fuego geopolítico.


Pemex la petrolera mas endeudada del planeta le aplicó a sus envíos de combustibles a Cuba la vieja técnica del enamorado desesperado: te voy a cambiar el nombre. No porque cambie la relación, no porque desaparezca el cargamento, no porque haya una explicación más clara para los mexicanos, sino porque al expediente ya le pesaba demasiado el nombre anterior.

Primero fue Gasolinas Bienestar, una razón social que ya parecía chiste involuntario: bienestar para La Habana, interrogantes para el contribuyente mexicano y explicaciones en oferta para quien quisiera encontrarlas. Luego vino Servicios Logísticos Integrales Mumiya, como si el petróleo estatal hubiera decidido salir disfrazado de producto esotérico. Ahora le toca a Servicios Logísticos y Recursos Estratégicos, una denominación suficientemente larga como para que, entre tanta sílaba, se extravíe la pregunta elemental: ¿por qué Pemex necesita cambiar de máscara cada vez que los envíos a Cuba generan escrutinio?

Porque aquí no cambiaron el fondo: cambiaron la etiqueta del frasco. Los petrolíferos siguen llegando a la isla, mientras el nombre de la empresa se mueve de un registro corporativo a otro con la delicadeza de quien quiere que nadie haga demasiadas preguntas. Pemex reportó exportaciones a Cuba durante el primer semestre de 2026; lo que parece ausente del relato es una explicación política frontal, completa y verificable sobre los criterios, costos, condiciones y conveniencia pública de esas operaciones.

La canción institucional sería más o menos así: te voy a cambiar el nombre, para que no me encuentres en la aduana, en los reportes financieros ni en las preguntas de Washington. Pero Estados Unidos no necesita escuchar serenatas para revisar rutas, manifiestos y movimientos comerciales; y los ciudadanos mexicanos tampoco deberían necesitar un traductor de razones sociales para entender qué hace su petrolera con recursos públicos.

Si los envíos a Cuba son legales, estratégicos y defendibles, que los defiendan con la frente en alto. Que digan cuánto se manda, a qué precio, bajo qué contrato, quién cobra, quién asume el riesgo y por qué conviene a México. Lo demás —la sucesión de nombres, los disfraces mercantiles y el baile administrativo— huele menos a soberanía que a ese recurso burocrático tan conocido: cambiarle el nombre al problema para fingir que ya cambió la realidad.

Mala decisión: 

Sheinbaum mete a México en un brete de tres pistas: queda mal con Cuba si recorta el apoyo, queda bajo sospecha en Washington si lo mantiene y queda debiéndole explicaciones a los mexicanos si pretende resolverlo cambiando nombres de empresa. Pemex redujo los envíos reportados a productos refinados y rebautizó dos veces a la intermediaria en pocos meses, mientras la petrolera sigue bajo presión financiera y depende del respaldo público

«Pemex no dejó de enviar: nomás le cambió el nombre, a ver si entre tanto rebautizo también se le olvidaba al país preguntar«

Con información: ELFINANCIERO/

LA «OPERACION RETORICA: con el PECHO INFLAMADO INFLAMADO la FISCAL USA el PATRIOTISMO para PRESENTAR a la FGR como GUARDIANA de la SOBERANIA»…


La colaboración de Ernestina Godoy en El Universal+, usa el patriotismo como escenografía para presentar a la FGR como guardiana de la soberanía. El problema no es exaltar la Independencia, sino deslizar —sin demostrarlo— que investigar, judicializar y “fortalecer el Estado de derecho” son méritos ya acreditados por una institución cuya obligación legal, no una hazaña política, es precisamente hacerlo.

La operación retórica

El mensaje está construido con una fórmula conocida: primero invoca a Hidalgo, la guerra de Independencia y la dignidad nacional; después identifica amenazas abstractas —“presión”, “intervención”, “intereses particulares”, “ambición”— y finalmente coloca a la Fiscalía como dique moral frente a esos peligros.

Es una operación eficaz para el aplauso, pero pobre para la rendición de cuentas. Cuando se habla de enemigos sin nombre, corrupción sin expedientes, autonomía sin pruebas y justicia sin resultados medibles, la arenga patriótica comienza a funcionar como sustituto de la información.

La fiscal no enumera investigaciones concluidas, sentencias firmes, redes de corrupción desmontadas, reparación a víctimas, órdenes de aprehensión ejecutadas, criterios de priorización criminal ni indicadores de impunidad o fracaso. Ofrece, en cambio, una equivalencia emocional: FGR = soberanía. Y esa es una equivalencia que conviene desmontar.

Lo cierto

Hay afirmaciones del discurso que son verificables y correctas:

  • El inicio del movimiento independentista se conmemora el 16 de septiembre de 1810, mientras que la consumación ocurrió el 27 de septiembre de 1821, tras once años de guerra. El 15 corresponde a la ceremonia cívica del Grito, no al aniversario exacto del levantamiento. 
  • La FGR es un órgano constitucional autónomo (aunque no se note), no una dependencia formal del Poder Ejecutivo. Su mandato incluye investigar delitos federales, esclarecer hechos, procurar justicia, combatir la impunidad y atender los derechos de víctimas. 
  • La ley obliga a la Fiscalía a conducirse con autonomía, legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez e imparcialidad. Es decir: los valores que Godoy enuncia no son una contribución extraordinaria de su administración; son el piso normativo mínimo de la institución que ciudadanos pocas veces ven hechos realidad.

El dato histórico funciona. El problema comienza cuando de esa historia se pretende derivar una coartada institucional.

Donde empieza la propaganda

1. “Una voz que pertenece a todos”

No: la voz es la de la fiscal general, una funcionaria con poder penal, acceso privilegiado a información y capacidad para decidir prioridades de investigación. Hablar en nombre de “todos” borra diferencias legítimas: víctimas que esperan justicia, periodistas que investigan abusos, opositores, organizaciones civiles y ciudadanos que cuestionan a la Fiscalía.

El plural patriótico es útil porque desactiva el desacuerdo: quien objeta puede ser presentado como alguien que no acompaña “la voz de México”. Es un recurso clásico de apropiación simbólica de la nación por parte del poder.

2. La soberanía como palabra comodín

Godoy afirma que México ha enfrentado “presión, intervención y disputa” por sus decisiones. Es cierto que la historia mexicana está atravesada por intervenciones extranjeras y asimetrías internacionales. Pero el texto no identifica quién presiona, sobre qué asunto, con qué mecanismo ni qué respuesta concreta ha dado la FGR.

Sin nombres, hechos o expedientes, “la amenaza externa” con clara alusión a EE.UU ,deja de ser un diagnóstico y se vuelve una niebla conveniente. Sirve para elevar la temperatura patriótica sin asumir el costo de sostener una acusación comprobable.

Además, la soberanía no se defiende solamente con discursos de firmeza frente al exterior. También se erosiona cuando el sistema de justicia es selectivo, cuando los casos de alto impacto se prolongan sin resultados, cuando las víctimas no acceden a verdad y reparación, o cuando la procuración de justicia parece responder a incentivos políticos.

3. “Cooperación no significa subordinación”

La frase parece impecable, porque difícilmente alguien defendería la subordinación. Pero es una frase de utilería mientras no diga qué acuerdos, presiones, investigaciones transnacionales, solicitudes de extradición o estrategias de cooperación judicial están en disputa.

La fiscal presenta una obviedad como si fuera una definición de rumbo. Nadie exige sumisión; lo que corresponde exigir a una fiscalía es cooperación internacional con legalidad, transparencia, reciprocidad y resultados. No postureo soberanista.

4. “Combatir la corrupción” sin hablar de poder

Aquí está uno de los silencios más elocuentes. El discurso denuncia que “intereses particulares” buscan poner a las instituciones al servicio de unos cuantos. Correcto. Pero no explica cómo la Fiscalía evitará ser utilizada por intereses partidistas, empresariales, burocráticos o gubernamentales.

Una fiscalía no prueba su independencia diciendo que es autónoma. La prueba cuando investiga con el mismo rigor a aliados, adversarios, funcionarios en funciones, exfuncionarios, empresarios protegidos y redes criminales; cuando explica sus decisiones; cuando no selecciona casos por conveniencia mediática; y cuando permite que sus resultados sean auditables.

La autonomía no es un adjetivo ceremonial. Es una práctica institucional susceptible de escrutinio. La propia ley concibe a la FGR como un órgano autónomo y le impone principios de objetividad e imparcialidad. 

El sesgo principal: confundir deber con logro

El núcleo propagandístico está en este tramo:

“Investigar los delitos, llevar ante la justicia a quienes quebrantan la ley y fortalecer el Estado de derecho son también formas concretas de defender la soberanía”.

En sentido general, la frase es cierta. Pero oculta una trampa: describe las funciones ordinarias de la FGR como si su sola enunciación constituyera evidencia de cumplimiento.

Investigar es el deber; esclarecer y judicializar con pruebas sólidas es el resultado. Promover la legalidad es el mandato; garantizar imparcialidad frente al poder es la prueba. Hablar de víctimas es una obligación; darles acceso efectivo a verdad, reparación y no repetición es el examen real.

La FGR reconoce entre sus fines investigar y esclarecer delitos, procurar justicia, reducir impunidad y garantizar derechos de víctimas. Precisamente por eso un mensaje institucional serio tendría que informar qué ha hecho, no recitar lo que debería hacer. 

Las preguntas que el discurso evita

Un periodismo que no se deje llevar por el tambor patrio debería pedirle respuestas verificables:

  • ¿Qué casos de corrupción de alto nivel han llegado a sentencia firme y cuáles permanecen estancados?
  • ¿Cuántas investigaciones relevantes se han abierto, judicializado, archivado o desestimado, y con qué criterios?
  • ¿Qué indicadores concretos sostienen la afirmación de que la Fiscalía fortalece el Estado de derecho?
  • ¿Cómo garantiza la FGR que sus prioridades no se alineen con las necesidades políticas del gobierno en turno?
  • ¿Qué mecanismos externos revisan la objetividad, la atención a víctimas y el desempeño ministerial?
  • ¿Cuántas víctimas han obtenido reparación integral, y cuántas siguen esperando resultados?
  • ¿Qué se entiende específicamente por “defender la soberanía” desde una fiscalía penal? ¿Perseguir delitos transnacionales, corrupción que afecte recursos públicos, tráfico de armas, lavado de dinero, espionaje, delincuencia organizada? ¿Con qué resultados?

Mientras esas preguntas no tengan datos, el discurso seguirá siendo una pieza de identidad nacional, no un informe de procuración de justicia.

Nuestra réplica 

La fiscal Ernestina Godoy invoca a Hidalgo, la dignidad nacional y la soberanía para envolver a la Fiscalía General de la República en la bandera. Es una maniobra retórica de pecho inflamado: convertir el deber constitucional de investigar delitos en una épica de defensa de la patria.

Nadie discute que México debe defender su autonomía ni que la corrupción debilita al Estado. Lo que se discute es la facilidad con que el poder convierte esas verdades generales en certificado de buen desempeño. La FGR no acredita su autonomía porque la pronuncie, ni defiende la soberanía porque la mencione en un discurso patrio. La acredita cuando investiga sin mirar colores partidistas, cuando no usa expedientes como garrote político, cuando rinde cuentas por sus omisiones y cuando entrega justicia verificable a las víctimas.

La Independencia comenzó el 16 de septiembre de 1810 y se consumó el 27 de septiembre de 1821; esos hechos son parte de la historia nacional. Pero una fiscalía del siglo XXI no se mide por la intensidad con que pronuncia “México”, “dignidad” o “soberanía”. Se mide por expedientes, pruebas, judicializaciones, sentencias, reparación del daño y autonomía efectiva frente a cualquier poder.

La patria no necesita fiscales declamando grandeza. Necesita fiscales que expliquen por qué los grandes casos avanzan o se congelan, quién responde por la impunidad y qué resultados pueden revisar los ciudadanos. Todo lo demás —por solemne que suene el 15 de septiembre— corre el riesgo de ser patriotismo de oficina: mucha bandera, poca cuenta pública.

Con información: ELUNIVERSAL+/

EL “PELIGROSO” es el HOCICO: CABEZA de VACA REPITE en el WAR ROOM de MAGENTA la CANTALETA de MEDIAS VERDADES"…la evidencia lo incrimina, igual que a AMÉRICO.


Francisco Javier García Cabeza de Vaca llegó a El War Room de Código Magenta con una tesis simple —y convenientemente útil para sus aspiraciones de 2030—: no es un prófugo, sino un perseguido político; no está aislado, sino respaldado por información que, asegura, ya conocen las agencias de Estados Unidos; y no es un exgobernador bajo sospecha, sino uno de los pocos que se atrevió a decirle a López Obrador lo que nadie quería decirle de frente.

En entrevista con Rodrigo Carvajal, el panista que ha conseguido fama y fortuna apelando a la «simulación como su mejor arma retorica», confirmó su intención de buscar la candidatura presidencial opositora en 2030 y leyó la propuesta para restringir candidaturas de personas con doble nacionalidad como una “Ley Cabeza de Vaca”. Su argumento: el oficialismo no teme a la doble nacionalidad en abstracto; le incomoda, sostiene, que un eventual presidente mexicano tenga ciudadanía estadounidense y, por tanto, una relación más estrecha con Washington.

El alegato del politico perseguido,no perseguido politico

Cabeza de Vaca insiste en que la causa penal que enfrenta no está ligada a su gestión en Tamaulipas ni a vínculos criminales, sino a la venta de un departamento y un cajón de estacionamiento. Según su versión, Morena necesitaba colocarle la etiqueta de “delincuencia organizada” para convertir una disputa fiscal en una narrativa criminal de alto impacto.

El exgobernador presenta su caso como una operación política iniciada desde Palacio Nacional: desafuero, congelamiento de cuentas, señalamientos mediáticos y solicitud de extradición. En su lectura, el pecado original fue no alinearse con López Obrador, cuestionar la estrategia de “abrazos, no balazos” y encabezar, junto con otros mandatarios, la Alianza Federalista.

La defensa es conocida: si el aparato del Estado te persigue, entonces debes ser incómodo. El problema es que, en política mexicana, esa ecuación no siempre prueba inocencia; a veces sólo prueba que la guerra entre élites está en marcha.

El huachicol como arma política

El núcleo de su narrativa de medias verdades está en el huachicol fiscal. Cabeza de Vaca asegura que alertó a López Obrador desde 2019 sobre la introducción ilegal de combustibles, la evasión de impuestos y el fortalecimiento financiero de grupos criminales. Dice que el negocio comenzó con pipas, migró al ferrocarril y después escaló hacia buquetanques y puertos.

Su acusación de «descubridor pero encubridor» es de dimensiones mayores: una operación de ese tamaño —afirma— no podía depender de mandos medios ni de un par de marinos, sino de una red de complicidades que alcanzaría aduanas, Pemex, Hacienda, Marina, Energía, autoridades portuarias y, sobre todo, Palacio Nacional.

La tesis no es modesta: para Cabeza de Vaca, el huachicol fiscal no sería una trama de corrupción administrativa, sino el mecanismo financiero de una estructura político-criminal que habría servido para fondear campañas de Morena y engordar a los cárteles. Es decir: no habla de contrabando; habla de una caja chica electoral con olor a diésel.

Carmona, Delgado y la disputa por el relato

Sobre Sergio Carmona, el empresario asesinado en 2021 y convertido en símbolo de las presuntas redes de financiamiento ilegal, Cabeza de Vaca busca deslindarse. Reconoce que empresas vinculadas con Carmona recibieron contratos durante su gobierno, pero sostiene que fueron contrataciones previas a que el empresario incursionara en el negocio del combustible y que los contratos fueron rescindidos por incumplimientos.

También rechaza las declaraciones de Gloria Molina, exsecretaria de Salud de su administración, quien señaló vínculos contractuales entre empresas de Carmona y el gobierno estatal. El panista afirma que la exfuncionaria fue presionada por el actual gobierno de Tamaulipas para involucrarlo y responsabiliza públicamente al gobernador Américo Villarreal de cualquier daño que pudiera sufrir ella.

En paralelo, Cabeza de Vaca coloca a Mario Delgado y a Erasmo González en el centro de la operación política del huachicol fiscal. Asegura que las campañas internas y electorales de Morena habrían sido financiadas con recursos provenientes de esa red. Son acusaciones graves, formuladas desde una entrevista política y presentadas por el exgobernador como parte de información y denuncias que, dice, ya circulan ante autoridades estadounidenses. El texto de la entrevista recoge sus dichos, pero no aporta por sí mismo pruebas independientes que permitan verificarlos. 

El mensaje a Washington

La parte más delicada —y probablemente la más calculada— es su reivindicación de cercanía con agencias estadounidenses. Cabeza de Vaca no intenta negarla: la presume. Dice que, como político fronterizo, ha trabajado durante dos décadas con alcaldes, congresistas, autoridades y agencias de Estados Unidos, y que durante su gobierno coordinó acciones de seguridad con siete agencias norteamericanas.

Su mensaje es transparente: mientras el obradorismo habría desconfiado de la cooperación con Washington, él se presenta como un interlocutor confiable para Estados Unidos, particularmente en materia de seguridad, crimen organizado e inteligencia fronteriza. No es sólo una postura de política pública; es una credencial de supervivencia política.

Porque en esta entrevista Cabeza de Vaca no únicamente defiende su nombre. Se posiciona para el futuro: el opositor que supuestamente vio venir el huachicol fiscal, denunció la penetración criminal, enfrentó a López Obrador y conserva una puerta abierta hacia el norte.

La pregunta pendiente no es si su relato incomoda a Morena. La pregunta es si, más allá de la potencia retórica, sus acusaciones resistirán el peso de expedientes, tribunales y evidencia verificable.

Con información: CODIGO MAGENTA/

“ALCALDE NO se EQUIVOCA: CRITICA de PASE TURÍSTICO EXHIBE PASE de CAPOS de TAMAULIPAS VIVIENDO y GOZANDO del GLAMOUR de NUEVO LEÓN”… les encanta: a ellos, sus novias y sus familias.


Nuevo León decidió convertir al automovilista foráneo en sospechoso administrativo: si usted llega con placas de otro estado, tendrá que tramitar un Pase Turístico para circular. Gratis, digital y con vigencia de hasta 30 días al año, dicen las autoridades; es decir, no cobran la entrada, pero sí le colocan una aduana burocrática al visitante. 

Desde el 21 de octubre, el conductor de fuera tendrá que exhibir tarjeta de circulación, licencia, póliza de seguro y teléfonos de contacto para no convertirse en infractor por atreverse a cruzar la entidad. 

El Pase Turístico de Nuevo León opera actualmente como una burocracia selectiva que castiga al visitante y ya derivó en señalamientos del alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, quien lanzó una acusación políticamente incendiaria al advertir que jefes de cárteles de Tamaulipas viven en Nuevo León. Es una afirmación respaldable en cuanto al patrón de capturas —sobre todo en San Pedro Garza García—, aunque no constituye una prueba automática de que todo Nuevo León sea un “refugio” criminal.

Nuevo León quiere papeles para el turista, pero sus capos parecen haber tenido pase libre

La justificación oficial en N.L presume seguridad vial, orden y control vehicular. Suena impecable en el boletín: una especie de peaje sin caseta, con lenguaje de “certeza jurídica”. El problema es que el esquema separa a los mexicanos por el origen de sus placas: al local no le exigen permiso; al visitante sí. 

Y allí aparece el tufo de una medida selectiva que podría ser impugnada, pues el debate no es si el Estado puede regular el tránsito vehicular —claro que puede—, sino si puede imponer un filtro previo exclusivamente a quienes vienen de otra entidad, como si portar placas foráneas fuera una presunción administrativa de sospecha. 

Llamarlo desde ahora “inconstitucional” como una sentencia definitiva sería adelantarse: el Pase tiene sustento en una reforma local y permanece vigente mientras un tribunal no lo invalide. Pero tampoco es una ocurrencia inocente ni jurídicamente blindada. 

Especialistas consultados por medios regionales han advertido que condicionar el paso a una autorización administrativa y diferenciar entre vehículos locales y foráneos puede chocar con el artículo 11 constitucional, el principio de igualdad y la exigencia de proporcionalidad. La Corte tendrá la última palabra si llegan los amparos; por ahora, Nuevo León ensaya la idea de que el libre tránsito viene con formulario. 

Y justo ahí entra el segundo ángulo: la crítica del alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz. Su frase de que Nuevo León es refugio de jefes criminales y plataforma de lavado de dinero que podria traducirse que esta entidad opera como hotel de cinco estrellas para el crimen organizado.Aunque el núcleo de su argumento —que numerosos operadores y presuntos líderes han sido localizados y capturados en Nuevo León— no salió de la nada.

La captura más reciente —y por segunda ocasión— exhibió el gusto de Octavio Leal Moncada, alias “El Viejo Narco”, por San Pedro Garza García. El señalado como socio político-criminal de Morena y de Américo Villarreal en Tamaulipas fue nuevamente detenido en ese municipio.

San Pedro Garza García, el municipio más blindado por muros, patrimonio y seguridad privada, tiene un historial incómodo. Una revisión publicada por Milenio documentó que, entre 2001 y enero de 2023, en ese municipio fueron detenidos alrededor de 30 presuntos capos, operadores o delincuentes de alto perfil; el patrón retrata cómo las zonas residenciales exclusivas pueden servir como escondite, residencia o camuflaje para personajes ligados a redes criminales como ocurre con la llamada «Reyna del Huchicol», la intocable viuda de Sergio Carmona el patrocinador de Americo Villarreal en Tamaulipas 

Tan solo basta recordar el caso de Alfredo García Vilano, alias “La Kena-19”, señalado como cómplice de Américo Villarreal en Tamaulipas y capturado en San Pedro Garza García en enero de 2024.

En mayo de 2026, autoridades federales realizaron cateos en Nuevo León y reportaron la detención de cuatro personas presuntamente vinculadas al Cártel del Noreste; entre los casos difundidos figura la captura de Jesse “N” en Valle de San Ángel, San Pedro Garza García. 

En el mismo despliegue fue detenido José Antonio “N”, alias “El Titán” o “El Mamado”, identificado por las autoridades como presunto líder de una red vinculada al contrabando y la comercialización ilegal de hidrocarburos ya en libertad.

Caso similar al de Mario Alberto Cárdenas Medina, alias “El Betito” o “El Betillo”, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén e hijo de Mario Cárdenas Guillén, “El M1”, quien fue detenido en Monterrey, Nuevo León, en diciembre de 2025. 

Aunque no se trata de afirmar sin matices que cada colonia de San Pedro es una guarida criminal ni de convertir las capturas en una sentencia colectiva contra los nuevoleoneses. Se trata de no fingir sorpresa: el municipio ha aparecido repetidamente en la geografía de detenciones de alto perfil.

Mientras el Gobierno estatal afina el radar para registrar al turista que llega en un sedán con placas de Tamaulipas, Coahuila o Texas, la pregunta incómoda sigue estacionada en las zonas más exclusivas del área metropolitana: ¿qué tan eficaz ha sido el filtro para detectar a quienes no llegan a pasear, sino a esconderse, operar o lavar dinero ?

El Pase Turístico presume control, pero controla primero al visitante común. Carlos Peña Ortiz acierta al señalar una contradicción que Nuevo León no puede despachar con propaganda: hay un historial de capturas que demuestra que varios presuntos criminales sí han encontrado, particularmente en San Pedro, un domicilio conveniente y una apariencia respetable. 

Antes de pedirle papeles al turista, el Estado tendría que explicar por qué a tantos personajes de alto riesgo les resultó tan fácil instalarse en el vecindario, como ocurrió con Alfredo Cárdenas, alias “El Contador”. Al presunto capo de Matamoros le gustó tanto San Pedro que ahí le dio alojamiento a su pareja, emparentada con Morena.

Con información: ELNORTE/