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martes, 28 de julio de 2026

«PRIMITO le VACÍO las CUENTAS y lo CITÓ para MATARLO: HUACHIREFINERÍA ERA de EMPRESARIO GOLFO EJECUTADO en COLIMA con CARA de ACCIDENTE”… ¿Quién sigue?…se está deshaciendo de todos los indicios.


Ángel Arnoldo Ramírez Salinas,el «otro Carmona», no fue un “empresario energético”, fue el gerente de una gasolinera clandestina del tamaño de un parque industrial, y el decomiso de Reynosa lo exhibe como lo que era: sucesor del rey del huachicol, operador fronterizo del oro negro robado y, según la versión oficial, muerto en un cómodo “accidente” en Colima, aunque en el bajo mundo se sabe que lo quebró César Morfín Morfín, alias Primito, para vaciarle las cuentas y heredar el negocio.

La planta del huachicol fino

La planta de procesamiento de hidrocarburos en Reynosa funcionaba mínimo desde 2024, a un kilómetro de un cuartel de la Guardia Nacional, como si la seguridad nacional fuera parte del paisaje, no del problema. Con 41,851 metros cuadrados bautizados con nombre de fraccionamiento fifí —Quinta Campestre Las Magnolias— ahí se refinaba petróleo robado de instalaciones de Pemex en Tabasco y Veracruz, convertido en diésel, gasolina y turbosina “alternativa” para el mercado informal más formal del país.

El proyecto tenía bendición regulatoria: ASEA autorizó en 2024 a la empresa Maytrack S.A de C.V una planta de 7,000 barriles diarios y 30 años de vida útil, como si el huachicol hubiera pasado por reciclaje de imagen para llamarse “combustible alterno”. Maytrack nació en 2012 en Monterrey, se mudó en 2018 a Ciudad Victoria y traía a Miguel Ángel Sáenz y Julio César Ruiz Herrera como socios, con Sáenz moviéndose entre MayTrack y Hidrocarburos Jaúja, la firma del mexico–americano Ramírez Salinas, que heredó la corona tras el asesinato de Sergio Carmona en 2021.

El decomiso que huele a Estado ausente

El aseguramiento federal de julio fue de película: 3,878,000 litros de hidrocarburos, 18 pipas y tractocamiones, 20 motobombas, 40 tanques verticales y cilindros horizontales, generadores, cámaras, antena, todo un clúster energético paralelo al país formal. 

El Ejército y la Guardia Nacional catearon dos inmuebles y exhibieron la infraestructura como trofeo, pero nadie explica cómo esa planta creció, operó y se expandió durante años a la sombra de las mismas instituciones que luego entran a “descubrirla”.

El predio era un nodo logístico: entraban y salían docenas de pipas diariamente, una coreografía de acero y combustible que no pasa desapercibida si el Estado de verdad mira, pero aquí miró para otro lado hasta que el escándalo se hizo inevitable. La narrativa oficial reduce el caso a un operativo exitoso y a una carpeta más en la Fiscalía, mientras la estructura empresarial y política del huachicol sigue viva, solo cambia de apellidos y de socios.

De rey del huachicol a señor de los buques

Ramírez Salinas es presentado como transportista de hidrocarburos, pero la descripción real es más incómoda: sucesor de Sergio Carmona, controlando tráfico de combustible en la frontera y tejiendo una red que une pipas, buques y campañas políticas en una misma malla de dinero sucio. Este tipo de operadores no son “outsiders” del sistema, son el lubricante económico de candidaturas, contratos y favores, y por eso duran tanto, hasta que alguien más grande, más violento o más ambicioso decide reciclarlos.

Ahí entra la otra versión: que César Morfín Morfín, “Primito”, lo habría ejecutado, vaciado las cuentas y asumido la herencia criminal, mientras el expediente público se conforma con registrar un “accidente” en Colima el 26 de abril de 2025, perfecto para cerrar el caso sin tocar las complicidades. 

El contraste entre la estenografía televisiva que habla de un percance y la narrativa criminal que apunta a una ejecución es, en sí mismo, una radiografía de cómo México maquilla la violencia con lenguaje burocrático.

Televisa, estenografía y censura elegante

El trabajo de Fátima Monterrosa y Hernando Guillén en Tamaulipas deja claro que el periodismo puede llegar físicamente a donde el Estado finge que no sabía que había una planta de huachicol, pero la versión televisiva termina empacada en el molde de “accidente” empresarial. La estenografía del segmento enumera litros, pipas, tanques, fechas y montos —500 millones de pesos invertidos en 2022 para procesar hasta un millón de litros diarios— pero se detiene antes de cruzar la línea que une esa infraestructura con nombres y apodos incómodos como Primito.

La televisión exhibe el decomiso, pero no toca el fondo: ¿quiénes son los socios políticos de estos empresarios?, ¿quién autorizó, prorrogó y toleró la operación?, ¿qué senadores, alcaldes o gobernadores se financiaron con ese oro negro? El resultado es una pieza “informativa” que describe el escenario pero deja fuera la escena del crimen real: la ejecución, la disputa por las cuentas, la continuidad del negocio bajo otro nombre y con nuevas amistades en la clase política.[

El Estado como cómplice silencioso

Que ASEA haya inspeccionado la planta el 9 de abril de 2025, concedido prórroga y días después el empresario aparezca muerto en un accidente es algo más que casualidad; es la evidencia de un Estado que regula la ilegalidad con sello y firma. La idea de una planta con 30 años de vida útil para refinar petróleo robado habla de una visión de largo plazo del crimen organizado, mientras las autoridades se limitan a entrar al final para la foto del decomiso y el boletín de éxito.[

La frontera entre legalidad e ilegalidad ya no se mide en metros, se mide en complicidades: un kilómetro de distancia del cuartel de la Guardia Nacional es nada cuando las rutas del dinero conectan oficinas públicas, empresas fachada y ranchos campestres con nombre de fraccionamiento premium. En ese ecosistema, un ejecutor como Primito no es una anomalía, es la herramienta de ajuste de cuentas cuando algún “empresario” deja de ser útil o empieza a ser peligroso para los verdaderos dueños del negocio.

Con información: TELEVISA/N+NOTICIAS/

«VESTIA como MARINO: ACUSADO del FEMINICIDIO de DAFNE posó JUNTO ALCALDE MORENO-HUACHICOLERO»… el que decía que AMLO era un peligro, y fue lo único sincero que ha dicho.


En Tamaulipas no hacía falta casting para montar una farsa militar: bastaba con Jorge Luis Ponce Ortega enfundado en blanco, con insignias de utilería, quepí bien puesto y un cordón de mando que parecía comprado en tienda de disfraces patrióticos. Así dirigía la academia “Marina Doenitz”, vendiendo disciplina de élite sin haber pisado —según las propias autoridades— una cubierta real de la Secretaría de Marina.

El problema es que el show no se quedó en lo ridículo. Terminó en tragedia: Dafne Zapata Quinteros, de 13 años, murió tras apenas tres días en ese “campamento militar de verano con internado”, donde la disciplina se confundía con violencia y las novatadas, presuntamente, con golpizas.

“Te engañan”, dijo su madre, Alejandra Quintos. Y la frase resume todo: una academia que presume lo que no es, instructores que juegan a ser marinos sin serlo, y un montaje sostenido con uniformes y palabras rimbombantes. “¿Militares? Es una farsa”.

Pero en México las farsas rara vez operan solas. Ahí está la foto: Ponce, perfectamente uniformado, posando sin rubor junto a Erasmo González, alcalde morenista de Ciudad Madero, un político señalado en distintas tramas relacionadas con huachicol. 

La imagen por si sola no prueba complicidades legales, pero sí retrata algo más profundo: la normalización del simulacro. El poder posando con el disfraz, legitimándolo con su presencia, como si bastara una sonrisa institucional para validar el montaje.

Mientras tanto, la realidad no admite maquillaje: Ponce y la llamada “Sargento Estrellita” están en prisión preventiva por el feminicidio de Dafne. Y lo único auténtico en toda esta historia —como dijo su madre— es una niña muerta y una familia exigiendo justicia.

Lo demás: uniformes, grados inventados, campamentos “militarizados” y fotos con políticos… puro teatro. Y de muy mal gusto.

Con información: ELNORTE/

«JUSTICIA RAMPLONA de AMÉRICO APROVECHA el FRACASO vs los VIENTOS de CAMBIO y le SACA RAJA POLÍTICA al CASO YAHLEEL»… con un moreno que sabe de justicia electoral.


En Tamaulipas, bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal , la 4T anda jugando a las vencidas con la panista de Nuevo Laredo Yahleel Abdala: o te bajas de la contienda o te avientan todo el aparato encima. La consigna, según el relato de Lourdes Mendoza en El Financiero, es clarita y de barrio bravo: “si no cedes, te chingamos”; y la respuesta de ella fue igual de seca: “pues si me dejo”.

La historia de Lourdes Mendoza pinta a una oposición a la que quieren sacar de la cancha no con votos, sino con fiscalía, jueces a modo y reformas cocinadas al vapor. Según el texto, a Yahleel le fabricaron bronca por unas despensas, cuando el verdadero objetivo sería frenarla porque trae ventaja rumbo a Nuevo Laredo donde aun gobiernan los CantuRosas gobernados por Los Zetas.

Lo más grotesco, dice la columna, es que el proceso lo lleva un fiscal anticorrupción que antes fue representante de Morena, o sea, el clásico “yo te juzgo, yo te denuncio y yo también te conozco el menú”. A eso súmale cambios de juez, intentos de cárcel preventiva donde no procede y una reforma municipal hecha casi con nombre y apellido.

En resumen: más que un pleito legal contra la corrupción de los “Vientos de cambio” del exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca (2016-2022), es una operación política con tintes justicieros y un pésimo balance en la promesa de castigo de Americo Villarreal.

Con información: ELFINANCIERO/

"VOCACION EMPRESARIAL de MILITARES GASTA el DOBLE de lo que GANA en MANTENER el FABULOSO TREN MAYA"...es equivalente de tirar dinero a la basura.


En el país donde todo se vuelve “estratégico”, hasta el caldo termina costando más que las albóndigas… y aun así lo venden como banquete de Estado. El Tren Maya, esa joya ferroviaria administrada por la disciplina castrense, parece haber descubierto una nueva doctrina económica: gastar el doble de lo que se ingresa, pero con uniforme y boletín oficial.

Porque no es cualquier desbalance, es uno con marcial elegancia. Mientras los ingresos propios apenas alcanzaron 541.7 millones de pesos en 2025, el mantenimiento —ese pequeño detalle de que el tren no se desarme— ya suma contratos por más de mil millones. 

Uno de 837 millones para vigilar, reparar y prácticamente cuidar que los rieles no se depriman, y otro de hasta 273 millones para que la electricidad siga haciendo su trabajo. En otras palabras, el tren no sólo no se paga solo, sino que ni siquiera se sostiene: se le sostiene, con dinero público y pulso firme.

La paradoja es digna de manual: una empresa “militar” que terceriza el trabajo técnico porque sus mil 700 empleados no lo hacen. 

Así que la eficiencia castrense termina dependiendo de contratistas civiles que sí saben cómo mantener vías, catenarias y maquinaria funcionando sin discursos. Empresas como ASCH México, curtidas desde 2008 en el Tren Suburbano, entran al quite mientras el aparato oficial redacta párrafos solemnes sobre “auscultación” y “observación continua”, como si la retórica también lubricara los rieles.

Y mientras tanto, el negocio —si es que se le puede llamar así— respira gracias al oxígeno artificial de los subsidios del gobierno espero en tirar dinero a la basura. Más de 4 mil 300 millones de pesos en 2025 para mantener en marcha una operación que, en teoría, debía ser símbolo de desarrollo, pero en la práctica se comporta como un paciente crónico del erario. Para 2026 proyectan ingresos que suenan optimistas en papel, pero que en la realidad ya vienen cojeando desde el primer trimestre.

Al final, el mensaje es claro: no importa si el caldo sale más caro que las albóndigas, lo importante es quién sirve la mesa. Y en este caso, la vocación empresarial de la formación militar parece consistir en una cosa muy precisa: administrar pérdidas con disciplina… y cobrarlas con puntualidad….y como van en la guerra al narco ?,cuestión de voltear a ver la montaña de casi 44 mil cadaveres.

Con información: ELNORTE/

«GOLPEADA, ENCERRADA y ATERRORIZADA: TEME por su VIDA la EXESPOSA del HIJO del CAMPEÓN JULIO CÉSAR CHÁVEZ»… la ley fue blanda con él y brutal con ella.


En México, al parecer, golpear, encerrar y aterrorizar a una mujer durante días no alcanza para pisar la cárcel… pero sí para seguir dando entrevistas, subir videos y, si eres famoso, hasta controlar el relato.

Denys Chantal Corona Rodríguez no está pidiendo fama, ni dinero, ni reflectores. Está pidiendo algo mucho más incómodo para este país: justicia. Y eso, en un sistema que suele arrodillarse ante el poder, resulta casi subversivo.

La historia es brutal, pero no excepcional. Denys denunció en 2025 a su entonces pareja, al hijo del campeón Julio Cesar Chavez, el boxeador Omar Chávez, por violencia familiar. 

No fue un arrebato aislado ni una discusión subida de tono: hubo golpes en el rostro y el cuerpo, y después algo todavía más grave—13 días privada de su libertad en una casa en Culiacán, vigilada, amenazada, incomunicada. Trece días donde la violencia dejó de ser doméstica para convertirse en secuestro con todas sus letras.

¿Y qué pasó? Lo de siempre: denuncias que duermen, audiencias a las que el acusado no llega durante meses sin consecuencias, y un sistema que parece más paciente con el agresor que con la víctima. Porque aquí la ley es dura… pero selectiva.

Mientras Denys reunía pruebas —fotos, videos, audios— y sobrevivía para contarlo, el agresor tuvo tiempo de construir su propia narrativa: estaba “mal”, pidió perdón, “de los errores se aprende”. Como si golpear y encerrar a alguien fuera una especie de tropiezo emocional y no un delito grave. Como si el machismo violento pudiera lavarse con una disculpa en video.

Y mientras tanto, ella con miedo de morir.

“Temo por mi vida”, dice. Y no es una frase dramática: es un diagnóstico. Porque el mensaje institucional es claro y peligroso: puedes denunciar, puedes probarlo, puedes escapar… y aun así, tu agresor puede seguir libre.

El machismo aquí no sólo golpea: también protege. Protege al agresor cuando es conocido, cuando tiene nombre, cuando puede convertir la violencia en “problemas personales”. Y el sistema de justicia, en lugar de romper ese círculo, lo administra.

La escena es grotesca: una mujer que tuvo que engañar a su captor para escapar, maquillarse para no levantar sospechas, subirse a una camioneta con su agresor… sólo para poder llegar a la Fiscalía. Es decir, arriesgar la vida para que, al final, la ley apenas reaccione.

Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿qué más necesita una víctima en México para que su agresor pise la cárcel? ¿Cuántas pruebas bastan? ¿Cuántos días encerrada? ¿Cuántos golpes?

Porque si 13 días de cautiverio, lesiones documentadas y una denuncia sostenida no son suficientes, el problema ya no es el caso… es el sistema entero.

Denys no quiere ser símbolo ni tendencia. Quiere que quien la violentó enfrente consecuencias reales. Quiere algo que en teoría es básico, pero en la práctica sigue siendo excepcional: que la justicia funcione.

Con información: ELNORTE/

«YA SALIO el PEINE ?…ESCULQUEN a la MATRIARCA : TRONCOSO EXHIBE QUEBRANTO de 450 MDP con AMERICO TRAS SALIDA de NORBERTO BARRON y sus COMPLICES»…unos hampones,otros solo muy bandidos.


En Tamaulipas, aun bajo el gobierno de Morena y el medico sin visa que iba sanar Tamaulipas ,cuando se le atravesaron las pipas del huachicol, como acusa EE.UU y todo con catadura de informante,no es que “salga el peine”, es que ya parece peluquería completa. Y ahora resulta que mientras Norberto Barrón la hacía de Secretario Particular y complice del gobernador,era también padrino —no precisamente de bautizo, sino de esos que apadrinan carreras exprés—, Jacobo Batarce armaba su propio imperio… pero con refacciones pagadas por el erario.

La historia contada por el aguerrido Nestor Troncoso ,tiene todos los ingredientes del manual clásico: talleres que brotan como hongos, contratos que se asignan con precisión quirúrgica y una red de prestanombres que funciona mejor que cualquier dependencia pública. Porque claro, cuando se trata de repartir dinero ajeno a la «bandita», la eficiencia sí aparece.

En apenas tres años, Batarce pasó de ser un actor discreto a convertirse en el rey del mantenimiento vehicular estatal. No uno, ni dos: varios talleres estratégicamente colocados, todos con conexiones “casuales” a nombres que orbitan el mismo círculo. Y como cereza en el pastel, una residencia de 20 millones que no se paga con buenas intenciones ni con discursos de austeridad.

Entre los establecimientos señalados se encuentran:

+​Tᴀʟʟᴇʀ ᴇɴ ᴄᴀʟʟᴇ Oʀᴏ̨ᴜɪ́ᴅᴇᴀ 570, ᴄᴏʟ. Mɪɢᴜᴇʟ Aʟᴇᴍᴀ́ɴ (ᴠɪɴᴄᴜʟᴀᴅᴏ ᴀ Rɪᴄᴀʀᴅᴏ Aʟғᴏɴsᴏ Hɪɴᴏᴊᴏsᴀ Lᴇʀᴍᴀ).

+​Tᴀʟʟᴇʀ ᴇɴ Cᴀsᴄᴀᴅᴀ Jᴜᴀɴ Cᴀᴘɪᴛᴀ́ɴ, ᴄᴏʟ. Gᴜᴀᴅᴀʟᴜᴘᴇ Vɪᴄᴛᴏʀɪᴀ (ᴠɪɴᴄᴜʟᴀᴅᴏ ᴀ Aʟʙᴇʀᴛᴏ Jᴏʀɢᴇ Mᴀʀᴛɪ́ɴᴇᴢ Gᴜɪʟʟᴇ́ɴ).

+​Cᴀʀᴍᴀɴ Cᴀʀ Cᴀʀᴇ Cᴇɴᴛᴇʀ, ᴜʙɪᴄᴀᴅᴏ ᴇɴ ᴇʟ 425 ᴅᴇʟ Bʟᴠᴅ. Fɪᴅᴇʟ Vᴇʟᴀ́ᴢᴏ̨ᴜᴇᴢ, ᴇɴᴛʀᴇ Nɪᴄᴏʟᴀ́s Bʀᴀᴠᴏ ʏ Gᴜᴇʀʀᴇʀᴏ.

Pero lo verdaderamente interesante no es el crecimiento —porque en política mexicana eso ya ni sorprende—, sino el silencio institucional que lo permitió. Porque aquí la pregunta no es quién se llevó el dinero; eso parece bastante claro. La pregunta incómoda es: ¿quién lo vio y decidió no ver nada?

Porque 450 millones de pesos no desaparecen como monedas en el sillón. Ese tamaño de boquete requiere estructura, complicidad… y, sobre todo, permisos tácitos. Es un trabajo en equipo donde unos firman, otros ejecutan y varios más simplemente voltean hacia otro lado.

Y en medio de todo esto, la cereza irónica: las instituciones encargadas de vigilar. Esas que siempre llegan tarde, cuando el escándalo ya no cabe debajo de la alfombra. Auditorías que reaccionan, contralorías que “analizan” y fiscalizaciones que parecen más ejercicio de relaciones públicas que de justicia.

Lo de Barrón huyendo y los vínculos que empiezan a destaparse no hacen más que confirmar lo evidente: aquí no hay casos aislados, hay redes. Redes que operan con tal comodidad que ni siquiera se molestan en disimular demasiado.

Así que la disyuntiva no es menor: o el sistema de control en Tamaulipas es tan inútil que no detecta lo obvio, o es tan funcional que sabe exactamente qué ignorar a cambio de dinero.

Y entre una y otra, hay algo peor: que ambas sean ciertas al mismo tiempo.

Con información: Nestor Troncoso/

LA «MIOPIA MILITAR»: dice GOOGLE MAPS que la HUACHIREFINERIA GOLFA del PRIMITO OPERABA a 1.5 km de la GUARDIA NACIONAL en REYNOSA…será que de ahí tragan como acusa narcomanta.


En un despliegue digno de antología —no por eficacia, sino por ceguera selectiva—, la FGR incautó una refinería clandestina en Reynosa que llevaba meses operando el único cártel liderado desde Jalisco por Cesar Morfin Morfin,alias «Primito», que es quien controla y regula el delito: el Cártel del Golfo, además identificado en “abrazos y cenas” de lugartenientes con el gobernador Américo Villarreal, y a tan solo 1.5 kilómetros de un cuartel de la Guardia Nacional. Sí, kilómetros, no metros por error tipográfico.

Desde al menos febrero de 2025, cualquiera con curiosidad, internet y dos ojos funcionales podía ubicar la instalación en Google Maps. 

Ahí estaba: tanques voluminosos, infraestructura industrial, caminos de acceso. Nada sutil. Nada escondido. Nada que exigiera labores de inteligencia avanzada, satélites o infiltrados. Bastaba con hacer zoom.

La “refinería” —porque a estas alturas el diminutivo ya suena a burla— no sólo era visible desde brechas como El Becerro, sino también desde el propio Libramiento Reynosa Sur II. 

Es decir, desde donde pasan civiles, transportistas… y, casualmente, fuerzas de seguridad. Incluso desde el entorno del cuartel de la Guardia Nacional, ese mismo que, en teoría, existe para vigilar y disuadir actividades exactamente como esta.

Pero no: durante meses, siete tanques verticales, once móviles y millones de litros de hidrocarburo ilegal convivieron en perfecta armonía con la autoridad. Una especie de urbanismo paralelo donde el crimen organizado construye, almacena y opera sin que nadie “se dé cuenta”. O, mejor dicho, sin que nadie quiera darse cuenta.

Para llegar al sitio, el camino es casi turístico: se toma el libramiento, se gira justo donde está el cuartel de la GN y se avanza por una brecha conocida —no por su tranquilidad rural— sino por ser ruta habitual de contrabandistas, polleros y narcotraficantes. A 1.5 kilómetros, ahí está la entrada. Sin acertijos, sin coordenadas secretas, sin necesidad de mapas del tesoro.

Y aun así, oficialmente, la ubicación era “desconocida”.

Cuando finalmente se realizó el operativo, el resultado fue tan espectacular como incompleto: millones de litros decomisados, predios asegurados… y cero detenidos. Una refinería fantasma que nadie vio, nadie operó y nadie construyó. Un milagro logístico digno de estudio.

Eso sí, una vez asegurado el lugar, la eficiencia apareció de golpe: periodistas bloqueados, accesos cerrados, retenes activos. La Guardia Nacional, que durante meses no notó con «inteligencia + Coordinación» una planta industrial clandestina a kilómetro y medio, ahora sí detecta con precisión quirúrgica a cualquier civil que intente acercarse.

El diputado panista Federico Döring que también suele padecer de ceguera selectiva, hizo la pregunta obvia, esa que incomoda porque no admite demasiadas respuestas elegantes: ¿cómo puede operar durante meses una infraestructura de ese tamaño, visible desde la carretera, sin que autoridad alguna se entere?

La respuesta no está en la distancia. 1.5 kilómetros no es un problema geográfico. Es un síntoma.

Porque aquí no falló el radar. Falló —otra vez— la voluntad de ver.

Con información: ELNORTE/