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martes, 26 de mayo de 2026

«SIN FOBIAS y SIN FILIAS desde el JUSTO MEDIO: CADA VEZ es MAS VISIBLE el ESTADO NARCO que ÉLITES CRIMINALES se CONSTRUYERON con la AYUDA del GOBIERNO»…a la cabeza del lopezobradorismo.


Más allá del mensajero, el mensaje es brutal: hay un señalamiento directo de colusión Estado–narco, de uso político de grupos criminales, de una guerra de drogas interminable y de un país atravesado por huachicol, muertos y desaparecidos durante la gestión de Andres Manuel Lopez Obrador y que aun continua.

Más allá de si quien lo dice tiene autoridad moral o credibilidad, el contenido apunta a algo que trasciende al sexenio en turno: la fusión progresiva entre estructuras estatales y estructuras criminales, y la normalización de esa simbiosis.

El justo medio implica reconocer que ningún bando tiene monopolio de la mentira ni de la verdad; los gobiernos maquillan, y los opositores explotan políticamente el dolor. Pero el hecho duro permanece: hay decenas de miles de familias buscando restos donde el Estado no llega o llega tarde.

En el justo medio, lo relevante no es comprarle la narrativa completa a ningún actor: ni gobierno ni televisora son árbitros imparciales; ambos usan la palabra “pueblo” como escudo y arma según convenga. La tarea es someter a contraste datos, tendencias y hechos más allá de la pose y la retórica.

Lo que sí queda en pie

Si despojamos el discurso de su envoltura propagandística, quedan varios mensajes que deberían preocupar a cualquiera, sin importar simpatías políticas:

  • La colusión Estado–crimen no es excepción, sino estructura.
  • La guerra contra las drogas se recicla y rebautiza, pero no se resuelve.
  • El saqueo de recursos públicos (como el combustible) es sistémico, no marginal.
  • Las víctimas y desaparecidos siguen siendo moneda de cambio simbólica, no prioridad real.

El justo medio no es repartirse culpas “parejo” por equidistancia cómoda, sino sostener esto: aunque el mensajero sea hipócrita, el señalamiento obliga a revisar al poder con la misma dureza, hoy y mañana, gobierne quien gobierne.

Con informacion: TVAZTECA/

«TESTIGOS COOPERANTES ?: MAGENTA TIENE OTROS DATOS y al ANDY lo CORRIERON de NARCOMORENA como PREAMBULO a la CARCEL GRINGA»…habian sido una organización criminal exitosa.


Andy López Beltrán ya está fuera de Morena. Lo sobrepasó el escándalo, lo rebasó la corrupción, lo superó su ineficiencia para operar electoralmente desde Durango y Veracruz, pasando por Chihuahua, y dejando tirados -de paso- los próximos comicios de Coahuila.

Lo cierto es que fue una sorpresa ayer la renuncia del junior de la Cuarta Transformación.  Y no es que no se esperara, lo veníamos anunciando desde hace tres meses. Pero como se le defendió su posición tras la salida de Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena, todos esperaban que a Andy se le diera la oportunidad de que sacara adelante la elección de Coahuila y ya con “la medalla en el pecho” pidiera licencia.

Nadie compró aquello de que renunció súbitamente a la Secretaría de Organización de Morena, porque va por una diputación federal en su natal Tabasco. Faltan por lo menos entre cuatro y cinco meses para que se definan esas candidaturas. Dicen que “para garantizarle el fuero”. Como si no pudiera aspirar a ser diputado federal y, al mismo tiempo, ser secretario de Organización de Morena.

Lo que la forma y el fondo dejan en claro, en la renuncia de ayer, es que Andy López Beltrán no renunció. Lo renunciaron. En la antesala del Mundial FIFA 2026 le sacaron la tarjeta roja. Y eso sólo pudo darse por uno de dos motivos.

UNO, que tras la visita del Secretario de Seguridad norteamericano, Markwayne Mullin, y después de su pláticas con la presidenta Claudia Sheinbaum, se encendieron algunos focos rojos. ¿Qué tal si entre las listas de políticos, en la mira de los Estados Unidos, apareciera el nombre de Andy López Beltrán? El mejor control de daños sería que, frente a la eventualidad de algún inesperado escándalo, lo mejor sería que ya se le viera desligado de Morena.

DOS, que después de la rechifla que le aplicaron a Andy López Beltrán a su llegada a Chihuahua, a donde fue a encabezar la fallida marcha morenista contra la gobernadora panista Maru Campos, sus bonos se desplomaron. Incapaz de operar. La supuesta popularidad heredada por ostentar el mismo nombre de su mesiánico padre rodó por los suelos. Y a la presidenta Claudia Sheinbaum no le quedó otra opción más que decirle a Andy, través de Ariadna Montiel: “Toma tus cositas y te vas…”.

Al final del día, el motivo de su “renuncia” es lo de menos. Cayó de la gracia divina, aún gozando de la sombra protectora de su Macuspano padre.  Y aquí también sólo caben dos posilidades de reacción desde Palenque.

Si a Andy López Beltrán lo sacaron de Morena para “cuidarlo” frente a la posibilidad de que su nombre esté en las listas norteamericanas de políticos ligados al narco-terrorismo, su papá Andrés Manuel López Obrador estará agradecido con la presidenta Claudia Sheinbaum. Se lo está cuidando.

Pero si al junior de la Cuarta Transformación lo expulsaron de Morena “por la libre”, sin el beneplácito de quien siente que todavía gobierna a México, entonces habrá que esperar el coletazo. La resaca política se desatará con toda su furia desde La Chingada.

Lo que no se puede negar, a pesar del discurso presidencial que defiende al ex presidente Andrés Manuel López Obrador es que, paso a pasito, la presidenta Claudia Sheinbaum va sacrificando a cada una de las fichas que se decía eran los guardianes custodios del Cártel de Tabasco. Si esto fuera un partido de futbol, el marcador sería Claudia 3, Andrés Manuel 0.

El primero en ser marginado fue Adán Augusto López, quien tras su involucramiento con el Cártel de “La Barredora” dejó de ser el coordinador de Morena en el Senado. De “premio de consolación” le dieron una credencial para ser, en 2027, custodio electoral en los estados del Sur. Allá, en esas latitudes donde no existen las jirafas.

Vino luego la salida de la presidencia de Morena de Luisa María Alcalde. Sí, la misma que por llamada de atención de la inquilina de Palacio Nacional tuvo que “tomar sus cositas…” en la Mañanera.

La misma Luisa María Alcalde cuyo nombre “no recuerda” la presidenta Claudia Sheinbaum, a pesar de que era la presidenta de su partido y hoy su Consejera Jurídica, un cargo que aceptó después de mucho pensarlo.

Y, ahora, le toca el turno a quien parecía intocable, al vástago al que ya perfilaban como el candidato presidencial de Morena rumbo al 2030. A ver si le alcanza la popularidad en su natal Tabasco para que el fuero lo proteja de sus oscuros  manejos en Pemex, el SAT, el Seguro Social, el Tren Maya, el Interoceánico y Aduanas. Aunque todavía estamos muy lejos de que pueda, incluso, garantizar que tiene la candidatura de un partido que está en la antesala de ser declarado “protector de cárteles terroristas”.

Y si alguien quiere una pista más de por qué Andy López Beltrán fue expulsado de la primera fila de Morena, que se asome a lo que declaró este fin de semana Derek Maltz, quien fuera director interino de la DEA.

El informado funcionario estampó en sus redes de “X” una imagen que exhibía la palabra Narco-Morena, con la advertencia de que ya existían “testigos cooperantes” hablando del ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Sí, del padre de quien hasta ayer era el jefe supremo de Morena y que hoy amanece tratando de buscar cuál será su nuevo Modus OperAndy para salvarse de un destino que -desde Estados Unidos- luce insalvable.

Fuente.-CODIGO MAGENTA/

LA «CRONOLOGIA del ARREPENTIMIENTO: la TUMBAN de JUEZ,le QUITAN la RISA,la MILITANCIA MORENA y NOS CONFIRMAN que HAY que SEGUIRLE al CHINGA y JODE»…no fue acto de ética institucional espontánea; es control de daños con cronómetro en mano.


Primero ocurre el escándalo: una jueza penal en funciones que, sin rubor, también funge como cuadro activo de Morena. Después viene la reacción pública —predecible— sobre la imparcialidad judicial hecha trizas. Y entonces, casi en sincronía quirúrgica, llegan las “decisiones responsables”: renuncia al Poder Judicial y expulsión del partido. Todo en cuestión de horas. Qué eficiencia cuando hay presión.

La narrativa oficial: pureza por decreto

Ponce Caro dice que se va para “salvaguardar la confianza ciudadana”. Morena dice que la quita porque su cargo judicial es “incompatible” con la militancia. Ambos discursos suenan impecables… si uno ignora que la incompatibilidad no nació el domingo a las 21:00 horas. Ya existía desde el momento en que decidió jugar en ambos bandos: juzgadora y operadora partidista.

El pequeño detalle que incomoda

No estamos ante un tecnicismo administrativo, sino ante un conflicto de interés de manual. Una jueza penal —con poder directo sobre libertades y procesos— alineada orgánicamente a un partido político, justo cuando el país atraviesa una reforma judicial que presume independencia. La contradicción no es menor; es estructural.

Morena: primero lo permite, luego lo “corrige”

El partido no detectó la incompatibilidad cuando la nombraron secretaria de sección. La detectó cuando se volvió escándalo. Y entonces actúa con firmeza ejemplar… pero reactiva, no preventiva. Es decir: no corrige por principios, corrige por costo político.

La renuncia: ¿acto de conciencia o salida obligada?

La carta habla de “responsabilidad pública”, pero el contexto grita otra cosa: presión mediática, cuestionamiento institucional y riesgo de invalidar decisiones judiciales bajo sospecha de parcialidad. No es que “ya se estén entendiendo”; es que ya no podían sostener lo indefendible.

El mensaje de fondo

El caso expone algo más profundo que una doble militancia mal calculada:

  • La permeabilidad entre estructuras partidistas y el aparato judicial.
  • La fragilidad del discurso de imparcialidad en plena reforma judicial.
  • La tendencia a corregir sólo cuando el escándalo es inocultable.

Aquí no hubo conversión ética repentina. Hubo evidencia, ruido público y una reacción de contención. En otras palabras: sí, “ya se van entendiendo”… pero a base de presión, no de convicción.

Con informacion:ELNORTE/

«YA se INCONFORMÓ el INE: «EJERCITO INVESTIGÓ NARCOVINCULOS de AMERICO en 2021 y esta GOBERNANDO pero ahora ESPERAN HIPOCRITAMENTE que lo IMPIDA ORGANO ELECTORAL»…y ya dijo: «no nos compete».


En 2021 y bajo el título del informe militar “Candidatos con posibles vínculos con la delincuencia organizada”, la SEDENA —hoy Defensa— registró los primeros indicios de la descomposición del ahora gobernador de Morena, Américo Villarreal, quien entonces contendía por la candidatura en Tamaulipas. Pero, pese al riesgo que ya representaba, nadie movió un solo dedo para impedirlo y, aun así, participó, igual que su adversario.

Con este preámbulo buscamos dibujar el escenario de hipocresía que emerge desde el gobierno federal y el Congreso, que, con el ánimo de salir al paso tras las acusaciones de nexos con el narcotráfico por parte de Estados Unidos contra el aún gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya —y, en los próximos días, se especula fundadamente , contra el gobernador de Tamaulipas y muchos otros más—, pretenden legislar “hipócritamente” para impedir que se cuelen los “narcocandidatos” a puestos de elección popular. Sin embargo, buscan hacerlo desde el INE, lo que ya desató la inconformidad de la presidenta del Instituto Nacional Electoral.

Una farsa solo para verse tienen vez de hacerlo bien

Y es que,al más puro estilo del “hagamos una reforma para aparentar control”, el Congreso mexicano se dispone a crear una flamante Comisión de Verificación de Integridad en Candidaturas dentro del INE, como si el problema de los narcocandidatos fuera una laguna normativa y no, más bien, un monumento a la omisión deliberada del Estado.

Pero la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, no se quiso quedar callada e hizo lo que en este país ya parece subversivo: decir lo obvio. El Instituto no es ministerio público, no es juez, no investiga delitos ni determina vínculos criminales. Es, por diseño constitucional, una autoridad administrativa. 

Traducido al español sin eufemismos: pretender que el INE dictamine quién es narco y quién no, es pedirle que haga un trabajo que la ley ya asignó —desde hace décadas— a otras instituciones que, curiosamente, hoy se quieren “coordinar” como si apenas existieran.

El truco legislativo es elegante en su cinismo: se crea un órgano dentro del INE que no decide nada, que no investiga nada y que no puede bajar candidaturas. Solo recibe solicitudes de los partidos (sí, los mismos que postulan perfiles dudosos), las turna a otras dependencias y regresa respuestas sin diagnóstico propio. Una ventanilla burocrática con nombre rimbombante.

Mientras tanto, el Congreso vende la narrativa de que ahora sí habrá filtros contra el crimen organizado, cuando en realidad lo que hay es un traslado de responsabilidad cuidadosamente diseñado para que nadie cargue con el costo político. El INE no juzga, las agencias “opinan” y los partidos —sorpresa— deciden si ignoran o no las alertas.

La sobrerregulación como coartada

El planteamiento de Taddei desnuda la simulación: no falta legislación, sobra. Lo que falta es voluntad para aplicar la que ya existe.

Porque el Estado mexicano sí tiene herramientas para detectar candidatos con vínculos ilícitos. Y no son nuevas ni improvisadas. Son estas:

  • Fiscalía General de la República (FGR): Puede investigar delitos, judicializar carpetas y solicitar órdenes de aprehensión; si hay indicios de delincuencia organizada, no necesita una reforma electoral, necesita actuar.
  • Unidad de Inteligencia Financiera (UIF): Tiene facultades para rastrear operaciones con recursos de procedencia ilícita, congelar cuentas y generar reportes de inteligencia financiera.
  • Centro Nacional de Inteligencia (CNI): Produce inteligencia estratégica sobre amenazas a la seguridad nacional, incluyendo infiltración criminal en estructuras políticas.
  • Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV): Supervisa el sistema financiero y detecta movimientos atípicos que pueden vincularse con lavado de dinero.
  • Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC): Coordina información operativa y de inteligencia en materia de seguridad pública.
  • Fiscalías estatales: Con competencia directa sobre delitos locales y vínculos territoriales de grupos criminales.
  • Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF): Puede anular elecciones si se acreditan violaciones graves, incluida la intervención del crimen organizado.
  • OPLES (organismos electorales locales): Ejecutan procesos electorales en territorio, donde muchas veces es más visible la captura criminal.
  • Y hasta la Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa Nacional ,(S-2 o G-2) es el departamento o plana mayor encargado de la Inteligencia, contrainteligencia y seguridad.

Ninguna de estas instituciones requiere que el INE funja como intermediario para saber que un candidato está financiado por dinero ilícito o respaldado por estructuras criminales. Lo que requieren es ejercer sus atribuciones sin cálculo político.

El fondo del problema: partidos sin incentivos

Taddei también puso otro punto incómodo sobre la mesa: la responsabilidad es de los partidos. Son ellos quienes registran candidaturas y quienes, en esta nueva arquitectura, decidirán si hacen caso o no a los reportes de “riesgo razonable”.

Es decir, el sistema descansa en la buena fe de estructuras partidistas que han demostrado —una y otra vez— que compiten por ganar, no por depurar perfiles.

Y aquí está el núcleo del problema: mientras no exista una consecuencia jurídica automática (inhabilitación, cancelación de registro, responsabilidades penales), todo el andamiaje será consultivo, opcional y políticamente negociable.

Mucho diseño, poca acción

El dato duro termina de exhibir la dimensión del teatro: más de 140 mil aspirantes para cerca de 20 mil cargos en 2027. En ese volumen, pretender que una comisión administrativa filtre riesgos sin capacidades de investigación ni decisión no es solo inviable, es funcional a la simulación.

Se legisla para aparentar control mientras se evita tocar lo esencial: obligar a las autoridades que ya tienen facultades a usarlas, y establecer consecuencias reales para quien postule —o tolere— candidatos vinculados con el crimen.

Porque el problema nunca ha sido la falta de reglas. El problema es que aplicarlas implica incomodar a quienes hoy las están redactando.

Con informacion: ELNORTE/

«DOS OPERATIVOS,TODOS DESECHABLES y…la SEGURIDAD ?: ESTRATEGIA en SINALOA COPIA la GUERRA de GENARCO GARCIA LUNA»…y ya son casi 41 mil muertos con Sheinbaum y 737,349 de los últimos 7 sexenios que SI cuentan,pero no cuentan.


Un total de 18 personas fueron detenidas durante el fin de semana en el municipio de Escuinapa, en dos operativos distintos coordinados por las autoridades federales que detuvieron a 13 personas y aseguraron 13 armas largas, 86 cargadores, 13 chalecos tácticos y 2 mil 560 cartuchos útiles de diferentes calibres.

Pero los ciudadanos deben de saber, que este operativo en Escuinapa ,como muchos otros en Sinaloa donde la violencia parece atacable pero inatajable,se parece demasiado a la vieja gramática calderonista: despliegue de fuerza, decomiso vistoso, narrativa de “golpe” y una apuesta casi automática por el músculo militar como sinónimo de control territorial. 

La diferencia es que hoy ya sabemos adónde conduce ese libreto cuando se usa como sustituto de una política de seguridad: más violencia, fragmentación criminal y una guerra que presume resultados tácticos mientras pierde la estrategia que busca pacificación en medio de la violencia,pues ya sumando acuerdo con TREsearch: 40,766 muertos en 601 dias del segundo piso del gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum. Aunque la cifra total que cada gobierno ignora es de: 737,349 cadaveres. 

La lógica calderonista

En el sexenio de Felipe Calderón, la seguridad se reorganizó alrededor de la confrontación directa con las organizaciones criminales, con un peso central del Ejército, la Marina y la entonces Policía Federal dirigida por Genaro García Luna,ahora preso en EE.UU. Esa lógica privilegiaba capturas, decomisos y “golpes de mando” como si el mapa criminal se pudiera reordenar por acumulación de operativos, no por inteligencia sostenida, investigación financiera y control institucional. 

El resultado fue que la violencia no se apagó: se dispersó, se recrudeció y dejó una estela de homicidios y descomposición que marcó el sexenio.

Semejanzas con Escuinapa

Escuinapa reproduce tres rasgos clásicos de aquella estrategia.Primero, la espectacularidad del aseguramiento: armas largas, cargadores, cartuchos, chalecos y vehículos funcionan como prueba pública de eficacia, aunque no expliquen el mando, la red ni la ruta de financiamiento. 

Segundo, el protagonismo castrense y federativo: Guardia Nacional, Ejército, Marina, SSPC y FGR aparecen como fuerza de choque, exactamente el tipo de coordinación que Calderón convirtió en método. 

Tercero, el énfasis en la detención de personas armadas como si la mera captura equivaliera a desarticular una estructura criminal, cuando en realidad suele ser apenas un episodio dentro de la guerra de reemplazos
donde estos ejércitos de sicarios son el estrato mas bajo y desechable.

Por qué huele a fracaso

Confundir guerra con seguridad es asumir que el problema se resuelve neutralizando enemigos, cuando la seguridad pública exige prevención, inteligencia, investigación, control judicial ,reducción de capacidades financieras,logísticas y políticas donde el caso de Ruben Rocha Moya debiera de ser atendido con seriedad, no complicidad.

La guerra produce rendimientos mediáticos inmediatos, pero su lógica incentiva reacción, escalamiento y dispersión; por eso la estrategia de “descabezamiento” terminó multiplicando células, disputas internas y violencia territorial. 

En otras palabras: el operativo puede ser correcto en lo táctico, pero seguir siendo insuficiente o incluso contraproducente en lo estratégico si no viene acompañado de persecución patrimonial, judicialización robusta, contención civil del territorio y desmantelamiento de la protección política que acusan integrantes del mismo Cartel de Sinaloa. 

La herencia García Luna

La sombra de García Luna no es sólo su condena posterior; es el modelo de seguridad que hizo del golpe espectacular una política de Estado. Ese modelo convirtió la seguridad en una coreografía de operativos, boletines y cifras de aseguramientos, mientras el tejido criminal seguía adaptándose por debajo de la superficie. 

Por eso Escuinapa no debe leerse como “éxito” automático, sino como síntoma: cuando la autoridad celebra arsenales incautados pero no explica la cadena de mando, el flujo de dinero y el control local, está repitiendo la lógica de la guerra que México ya pagó demasiado caro.

Lectura periodística

La pregunta clave no es cuántos fusiles se aseguraron, sino qué estructura territorial permitía circular con ese armamento, quién financió el despliegue y qué falla institucional hizo posible ese nivel de concentración bélica. Ahí está el verdadero punto de quiebre con la visión calderonista: seguridad no es exhibir el botín de la guerra, sino impedir que la guerra se instale como método de gobierno. En Escuinapa, por lo que se ve, volvimos a mirar el síntoma y aplaudirlo como si fuera el remedio, pero y…la seguridad,esa tendrá que esperar en tanto nos dirigimos a la cifra de 800 mil muertos.

Con informacion: NOROESTE/

LA «UIF RECONOCE con GUIA ANTIEXTORSION en BANCOS que ESTADOS en MAL ESTADO NO PUEDEN BLOQUEAR CELULARES en la CARCEL…quieren detectar el dinero ilícito, pero dejan intacta la fábrica del delito.


En el papel, México “combate” la extorsión telefónica desde las cárceles. En la práctica, la administra. Y Tamaulipas bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal se han convertido en el laboratorio más obsceno de esa contradicción: un estado donde oficialmente existen decenas de inhibidores de señal en penales… y, simultáneamente, un flujo constante de llamadas de extorsión que salen, como si los bloqueadores fueran decoración institucional y que ya provocó la molestia publica de otros gobernadores, entre ellos Samuel García de Nuevo León,cita Milenio. 

El diario español,El País documenta ahora que el gobierno federal ha emitido una guía para que los bancos detecten operaciones vinculadas a extorsiones originadas en prisión. 

De acuerdo con la informacion,la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha entregado a los bancos mexicanos una guía para detectar la extorsión a través del sistema bancario, principalmente cuando ocurre desde las cárceles, según ha comunicado la Secretaría de Hacienda. 

La llamada Guía para Sujetos Obligados del Sector Financiero en el Monitoreo del Perfil Transaccional de Clientes y/o Usuarios: Casos Relacionados a Extorsión.

Se identificaron patrones transaccionales asociados con esquemas de extorsión operados desde el interior de Centros Penitenciarios. Entre los hallazgos, destaca la recepción de transferencias electrónicas con conceptos recurrentes y la movilización acelerada de recursos a través de aplicaciones móviles, las cuales concentraron alrededor del 70% de las operaciones observadas en el caso analizado”, ha explicado la UIF en el comunicado.

Es decir: el Estado asume que el delito ocurre, que fluye dinero, que hay patrones rastreables… y decide intervenir en la fase financiera, no en la raíz operativa. La pregunta es incómoda pero inevitable: si las llamadas salen de cárceles “controladas”, ¿qué exactamente se está controlando?

La respuesta, si se observa Tamaulipas, raya en lo grotesco.

De acuerdo con la informacion,en los penales del estado existen alrededor de 40 inhibidores de señal. Cuarenta. No uno, no dos: un despliegue que en teoría debería convertir cualquier intento de comunicación ilícita en una imposibilidad técnica. Sin embargo, las extorsiones no solo persisten, sino que se sofistican. La ecuación es simple y brutal: o los equipos no funcionan, o funcionan selectivamente.

Y ahí es donde el discurso oficial se desmorona.

Porque sostener que “es imposible que un aparato funcione con una máquina” —en alusión a la manipulación o sabotaje de los inhibidores— implica una de dos cosas: ignorancia técnica o cinismo político. Los inhibidores no son artefactos místicos; requieren calibración, mantenimiento, supervisión… y, sobre todo, integridad institucional. Basta una decisión administrativa —o una “omisión conveniente”— para que un penal vuelva a ser una central telefónica criminal.

El contraste no es menor: mientras la federación instruye a los bancos para detectar depósitos sospechosos, en Tamaulipas el problema no es el rastro del dinero, sino la puerta abierta para que el delito exista. Es como instalar cámaras para documentar un robo mientras se deja la caja fuerte sin llave.

Más aún, la narrativa de que desde los penales se cometen extorsiones pese a la infraestructura instalada no solo exhibe fallas técnicas: sugiere un esquema de tolerancia, cuando no de participación. Porque mantener operativas redes de llamadas desde prisión requiere más que celulares clandestinos: implica acceso a energía, señal, tiempos, coordinación y, crucialmente, ausencia de consecuencias.

En otras palabras, no es un fallo aislado. Es un sistema.

Tamaulipas, en este contexto, no es una anomalía sino un espejo incómodo. Lo que ahí ocurre —inhibidores que no inhiben, extorsiones que no se detienen, autoridades que explican lo inexplicable— adelanta el modelo que la federación parece normalizar: gestionar los efectos del crimen en lugar de erradicar sus condiciones de posibilidad.

La guía para bancos, entonces, llega como un parche sofisticado sobre una herida que el propio Estado se niega a cerrar. Se profesionaliza la detección del dinero ilícito, pero se deja intacta la fábrica del delito: las cárceles convertidas en call centers criminales.

Y así, mientras los documentos oficiales hablan de “mecanismos de prevención financiera”, en Tamaulipas la realidad dicta otra cosa: que la extorsión no solo sobrevive a los inhibidores, sino que convive con ellos.

Porque en México, al parecer, el problema no es que el sistema falle.

Es que funciona exactamente como está diseñado.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/