La imagen trascendida a redes, con un texto por demas claridoso, representa de forma irreverente y polémica lo que muchos consideran los rasgos más escandalosos del poder en México durante el reciente sexenio: la militarización de la administración, el manejo irregular de la deuda pública y el vínculo de altos mandos con redes de corrupción vinculadas al huachicol fiscal.
El General y el Departamento Millonario
El titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, admitió haber comprado un departamento de lujo en Huixquilucan, pero negó que valiera $30 millones; sin embargo, investigaciones periodísticas mostraron que propiedades similares rondan ese precio y lo adquirió a una persona relacionada con proveedores del Ejército. Su defensa oficial cimentó la narrativa de que los militares gozan de impunidad y blindaje político, mientras la ciudadanía vive bajo la sombra de casos de corrupción y privilegios inimaginables para el mexicano promedio.
Deuda Pública Más Grande de la Historia
Durante los sexenios de López Obrador y Sheinbaum, la deuda pública alcanzó cifras históricas: de 10.5 billones en 2018 a más de 17.4 billones en 2024, superando con creces el endeudamiento de administraciones anteriores. Cada mexicano debe actualmente más que nunca, mientras se cuestiona el uso y destino de recursos públicos para sostener proyectos faraónicos y la estabilidad política.
El Almirante y la Red del Huachicol Fiscal
Investigaciones recientes vinculan a altos mandos de la Marina, en especial los hermanos Farías Laguna —familiares del exsecretario Rafael Ojeda Durán— con la sofisticada operación de contrabando de combustibles y lavado de dinero, que implicó complicidad de militares, políticos y empresarios.
Se revela cómo la red operó al amparo de la Marina, perjudicando gravemente el erario y consolidando una estructura criminal paralela dentro del Estado.
Argumento Irreverente
La fotografía, entonces, no es ningun infundio y sintetiza un sexenio definido por la militarización del poder, el abuso de recursos públicos, el encubrimiento y protagonismo de redes criminales institucionalizadas. El sexenio no se define por avances democráticos o transparencia, sino por la persistente impunidad, el incremento desaforado de la deuda pública y la consolidación de una nueva aristocracia: la militar-financiera y la político-criminal.
Esta imagen no sólo documenta la presencia física de los actores clave, sino que desenmascara la normalización de prácticas que debieran provocar indignación y vigilancia ciudadana permanente, y pone en entredicho las promesas de cambio y honestidad que dominaron el discurso presidencial, mientras los hechos revelan privilegios, corrupción y complicidad institucional.
Con informacion: @REDES/

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