La farsa dorada de la austeridad: Morena bajo la lupa del New York Times
Morena, el partido que juró gobernar con “pobreza franciscana”, aparece hoy retratado bajo el reflector más incómodo: el de la contradicción. El New York Times, con firma de James Wagner, publicó el pasado 2 de octubre el reportaje titulado “Morena, el partido gobernante de México, en aprietos por los gastos de algunos miembros”. Y vaya que no escatimó bisturí.
El texto dibuja un cuadro mordaz de la cúpula morenista nadando entre lujos, viajes internacionales, hoteles de ensueño y cheques con demasiados ceros, mientras siguen repitiendo el dogma de “por el bien de todos, primero los pobres”.
“¿Cómo puede el partido del pueblo disfrutar de tanta riqueza?”, se preguntan los votantes citados por el diario. Pregunta que suena tan inocente como sarcástica frente a la opulencia recién exhibida.
El eco de la decepción
Entre los testimonios, destaca Enrique Rodríguez, estudiante de arquitectura de 23 años y votante de Claudia Sheinbaum en 2024. “Sí crea un ligero choque. Se supone que está tratando de hacer un cambio”, dijo, con tan pocas palabras como resignación.
El Times subraya que en México los políticos con gustos caros no sorprenden a nadie. Pero, en el caso de Morena —el partido que enarboló la bandera anti–corrupción— el impacto adquiere categoría de traición. Lo que alguna vez fue combustible de esperanza hoy parece el fuego que podría consumir su credibilidad.
Pecados de familia (y del clan)
El texto pone especial atención en Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización de Morena e hijo del ex presidente. El heredero, según el reportaje, fue visto desayunando en un hotel de Tokio de 400 dólares por noche. Y su cuenta de restaurante —difundida en medios nacionales— rondaba los 2,600 dólares por dos semanas.
López Beltrán reconoció los gastos, alegando que el dinero era suyo. Pero sus explicaciones no calmaron el enojo ni disolvieron el contraste con su propio credo de juventud: “El poder es humildad, la austeridad es asunto de principios y se debe vivir en la justa medianía”.
Frase hermosa, pero que suena hueca entre el sushi del buffet y las toallas de algodón egipcio.
La analista política Vanessa Romero no anduvo por las ramas: “He visto una respuesta popular tan furiosa y rotunda en contra de estos personajes. La gente está ofendida y traicionada”, declaró. Incluso habló de un “daño irreparable” a la imagen del partido.
Los nuevos ricos de la revolución
El desfile de nombres continúa. Adán Augusto López Hernández, senador y ex secretario de Gobernación, aparece señalado por reportes de ingresos privados de 4.3 millones de dólares en 2023 y 2024. “Yo puedo ganar en mi ejercicio… eso no está prohibido”, justificó. Claro, mientras se declaren los millones, santo remedio.
El Times también recuerda cómo en mayo Morena endureció sus reglas éticas prohibiendo ostentaciones materiales. Pero esas “directrices” parecían más un acto de magia: se anuncian y desaparecen ante la primera copa de champaña.
Mario Delgado Carrillo, secretario de Educación, aparece alojado en un costoso hotel en Portugal; Ricardo Monreal, coordinador de diputados, degustando cocina española en otro hotel de lujo. Sheinbaum salió a defenderlos: “Tienen derecho a tomar vacaciones con fondos personales”. Tan cierto como incómodo cuando el lema oficial sigue invocando la austeridad del pueblo.
Y como broche de oro, el Times rescata el caso de Gerardo Fernández Noroña, el eterno marxista de micrófono encendido. Aquel que juró no tener dinero hoy presume dos autos y una casa de 1,200 metros cuadrados valuada en 650,000 dólares. Ante la crítica, respondió sin pestañear: “Yo no tengo ninguna obligación de ser austero. Son las políticas públicas las que son austeras”. Una declaración tan brutal que casi suena honesta.
Entre la furia y la resignación
El reportaje recoge el sentir de los votantes. María Rodríguez, de 50 años, desde la Ciudad de México, lanza la pregunta que corta como bisturí: “Andan viajando, bien vestidos, carros muy caros, ¿y la pobreza extrema dónde quedó?”.
Mientras tanto, Margarito Correa, jubilado de 81 años, recibe su pensión multiplicada por cinco y resume con sabiduría amarga: “¿Los políticos que viven a lo grande? Es el mismo cuento”.
El New York Times no inventa nada: solo registra, con precisión quirúrgica, la metamorfosis ideológica del partido que alguna vez juró combatir el lujo. Y en el espejo de la “4T”, lo que hoy se refleja es un espejismo dorado de poder, contradicción y desencanto.
Con informacion: THE NEW YORK TIMES/ ELNORTE/

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