Al afirmar que «no van a defender a nadie de su partido que infrinja la ley»,pero sin mencionar la foto exhibida por la prensa nacional que advierte al aun gobernador de Tamaulipas,Americo Villarreal,tragando de gorra con narcos,el presidente del Consejo de Morena en Tamaulipas, Rómulo Pérez, pidió a su correligionario (…rival), el diputado federal Mario López, responder ante las autoridades de Estados Unidos tras la cancelación de su visa y retención por 14 horas por parte de autoridades migratorias la semana pasada.
“Al afirmar que ‘no van a defender a nadie de su partido que infrinja la ley’…”
— Ah, la vieja cantaleta del “respeto a la ley”. Tan usada como desgastada. Si realmente no fueran a defender a nadie, ya habríamos visto expulsiones, sanciones o, mínimo, autocrítica. Pero aquí la ley solo pesa cuando el acusado no sirve al círculo de poder.
Lo que debería haber dicho: “Vamos a dejar de usar la frasecita de la ley como cortina. Si nuestros compañeros la rompen, los señalaremos con la misma fuerza con que aplaudimos sus campañas. Pero sin disimulo ni cálculo electoral”.
“…el presidente del Consejo de Morena en Tamaulipas, Rómulo Pérez, pidió a su correligionario responder ante las autoridades de Estados Unidos.”
— Qué valiente postura: exigir rendición de cuentas… en otro país. Aquí, en Tamaulipas, el silencio es norma. Allá, donde no manda, se atreve a “exigir”. Ese doble estándar es el deporte favorito del político promedio.
Lo que debería haber dicho: “No le pido cuentas a nombre del partido, porque sería hipócrita: aquí nadie rinde cuentas reales. Pero sí reconozco que los abusos y los privilegios nos están empantanando a todos”.
“Nosotros no podemos defender a nadie que infrinja la ley.”
— Más falso que un mitin espontáneo. Porque si infringen la ley “los nuestros”, se vuelven “víctimas de persecución”. El discurso es de manual: parecer moral para cubrir la miseria ética.
Lo que debería haber dicho:“Ya basta de discursos de cartón. Si un compañero la riega, lo decimos sin rodeos y no salimos corriendo a protegerlo con hashtags de unidad”.
“La postura es el respeto a la ley y a las personas.”
— Una frase de concurso de oratoria, tan pulida y vacía que no significa nada. Suena bien, pero se sostiene como papel mojado sobre el pantano de la doble moral.
Lo que debería haber dicho:“Nuestra postura debería ser respetar la inteligencia de la gente, no repetir frases huecas que nadie cree”.
“Necesitamos verificar qué ocurrió realmente.”
— Traducción: “denos tiempo para fabricar la versión oficial que menos daño cause”. Es el clásico “vamos a investigar” que nunca llega a nada.
Lo que debería haber dicho:“Si el diputado fue detenido catorce horas, algo pasó. Y si no lo sabemos, es por complicidad o por flojera política”.
“A lo mejor es una cuestión migratoria… necesitamos verificar nada más la información.”
— Qué casualidad, todo se “verifica” hasta que se olvida. Y mientras tanto, la duda se diluye bajo toneladas de retórica administrada.
Lo que debería haber dicho: “Si fue una revisión migratoria, que lo diga claro. Si fue otra cosa, que también lo diga. Lo que ya no se vale es esconderse detrás de tecnicismos o del silencio cobarde”.
“Ha habido un efecto a nivel nacional… eso no implica que el partido tenga temor.”
— Claro, porque el miedo no es a la justicia sino a perder control del relato. Admitir tendencia sería admitir patrón, y admitir patrón sería aceptar podredumbre.
Lo que debería haber dicho: “Sí, hay un patrón, sí hay sospechas, y sí hay responsabilidad política. No podemos seguir con el cinismo de decir que todo es coincidencia”.
“Tenemos muy buenos perfiles…”
— Falso optimismo de micrófono. Desde hace años confunden “perfil bueno” con “lealtad al líder”. Y así nos va: del partido de los ideales al club de las excusas.
Lo que debería haber dicho: “Tenemos que dejar de llenar los puestos con gente por conveniencia y empezar a exigir ética, no discursos bien ensayados”.
Todo el discurso de Pérez es una coreografía de simulación, diseñada para sonar institucional mientras opera como blindaje político. Lo toral —la responsabilidad moral y política ante los excesos propios— queda, como siempre, fuera del guion.
Con informacion: ELNORTE/

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