La historia es un brete monumental: el senador de Morena, Carlos Lomelí Bolaños, está en medio de un escándalo triple que parece el guion de una narconovela mexicana. No solo le vende medicinas a su propio gobierno, sino que arrastra antecedentes por sospechas narco de la DEA y, para rematar, lo colocaron al frente de la Comisión de Marina en el Senado, donde sus empresas le surten insumos médicos a las fuerzas armadas y hospitales públicos. Una combinación de cinismo y descaro digno de un gobierno humanista y cuatritransformador.
El Senador y sus Medicinas
Carlos Lomelí, además de político, es un empresario multimillonario en el negocio farmacéutico. Laboratorios Solfran y Abastecedora de Insumos para la Salud, dos empresas con vínculos directos y familiares, recibieron contratos por adjudicación directa del IMSS por más de 420 millones de pesos en plena crisis de desabasto y corrupción en medicamentos. No hubo licitación, no hubo competencia: fue el gobierno de Morena comprándole al senador de Morena. El colmo: la esposa dirige una de las empresas, y el propio Lomelí es socio. Hasta colocó a su exsocio como asesor en el Senado.
Sospiechado por la DEA
No es cualquier proveedor. Lomelí fue investigado por la DEA y la OFAC por vender precursores químicos al Cártel de Sinaloa. En 2010, para evitar cargos, negoció con EE.UU. y entregó bienes por 2.7 millones de dólares. Se retiró como superdelegado en Jalisco tras los escándalos. Fue señalado como lavador de dinero y testaferro del narco. Sus empresas han vendido fentanilo medicinal incluso siendo señaladas por entregar información falsa.
Presidente de la Comisión de Marina (WTF)
Lo nombraron presidente de la Comisión de Marina en el Senado, precisamente una de las instituciones que, según documentos oficiales, recibe insumos hospitalarios de sus empresas. Un chiste sin remate. El conflicto de interés es estratosférico: el señor fiscaliza a las mismas fuerzas navales que compra su material médico. La jugada se dio tras una «venganza parlamentaria», pero en realidad es el premio gordo del cinismo político: mientras la 4T denuncia corrupción y desabasto, aquí el negocio está en casa, protegido y aceitado.
¿Por Qué No Pasa Nada?
- Las adjudicaciones directas se dieron por “emergencia médica” mientras millones de mexicanos no tienen medicinas.
- Lomelí ha negado sus vínculos directos, aunque la evidencia lo contradice y sus familiares, socios y asesores están en el tinglado farmacéutico.
- La DEA había puesto a sus empresas en la lista negra, pero negociaciones diplomáticas y millones de dólares después, Lomelí está limpio y presidiendo la marina.
Así de surreal está el país: el mismo gobierno que prometió limpiar la corrupción acaba de institucionalizar el conflicto de interés y meter a un «indiciado» por la DEA al corazón de la vigilancia naval. Un script digno de Netflix. ¿El siguiente capítulo? Seguirán vendiendo medicinas, habrá crisis y el barco sigue navegando. En México todo puede pasar, hasta esto, por que este es otro gobierno donde siempre se puede estar peor.
Con informacion:LATINUS/

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