En la duela de Culiacán ya nos quedó claro algo incómodo: al “sistema” se le hace fácil que maten a un chamaco de 15 años en plena calle y archivarlo como si fuera error de Excel, pero a la banda del básquet no se le olvida un compañero tirado en el piso.
Este domingo 22 de febrero el juego se mueve de la cancha a las calles: la marcha por Ricardo Mizael es el último tiempo fuera antes de que la normalidad violenta los deje en la banca permanente.
No van a marchar solo por un número más en la estadística cruenta y sangrienta de mas 2 mil 800 y tantos asesinados en medio del fracaso de la estrategia militar; van por el morro que salía a comprar comida para gatitos, el que traía uniforme, mochila y sueños, mientras otros traen armas largas, cargos públicos,uniforme militar o escoltas pagadas con impuestos.
Que quede claro para gobernantes, narcos y uniformados verdes o azules: si no quieren escuchar los gritos, van a tener que aguantar el eco de cientos de balones botando en el asfalto, porque cada bote es un “¿dónde estaban cuando lo mataron?”,como cuestióna su madre,eso que no se tapa con conferencias de éxito mañanero, ni promesas de investigación eterna.
Así que el domingo, 9 de la mañana, salen de La Lomita rumbo a Catedral, en uniforme y con balón en mano, no para hacerles el favor de una marcha “bonita”, sino para recordarles que con los niños no, que no quieren minutos de silencio sino años de vida, y que si a ellos no les duele, a ellos les toca hacer ruido hasta que la chicharra les reviente los oídos.
Y para rematar el partido, un mensaje a la “estrategia” con uniforme y botas: llevan años en la cancha, pero juegan como si nunca hubieran aprendido a defender. Se paran con su camuflaje, blindadas,helicópteros y discursos, pero dejan la pintura abierta para que el crimen entre, enceste y se burle desde la grada.
Mientras los sicarios corren fast break tras fast break contra niños, estudiantes y familias. Mucho desfile, mucho uniforme planchado, pero a la hora de marcar hombre a hombre al enemigo, siempre llegan tarde, sin táctica y sin marcador claro.
Si esto fuera básquet profesional, esa “estrategia de seguridad” ya estaría descendida a la liga amateur por perder todos los juegos clave: masacres impunes, miles de víctimas, ciudades sitiadas y madres marchando con la foto de sus hijos en lugar de verlos en la duela. En cualquier equipo serio, al entrenador que permite tantas canastas en contra lo sacan de inmediato; aquí, en cambio, le aplauden la derrota como si fuera parte del plan.
El problema no es la camiseta militar, sino que salieron a jugar sin libreta de jugadas, sin estadísticas reales y sin vergüenza deportiva: siguen repitiendo el mismo esquema roto como si fuera un sistema ganador, mientras el marcador de muertos se dispara y la gente aprende a vivir agachada en su propia cancha.
Algún día, tarde o temprano, tendrán que entender que la seguridad no se resuelve con más fotos en uniforme, sino con resultados en el tablero que cuente no los decomisos y capturas, sino las vidas y bienes que se protegen ,incluida la vida de los que solo querían botar un balón.
Con información: @redes/

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