Mientras en El Paso, Texas, un incidente presuntamente con drones obligaba el cierre de la actividad aérea y la presidenta Claudia Sheinbaum soltaba su ya célebre “no tengo información”, en México la realidad ya lleva la delantera en materia de uso y abuso de estos artefactos que ya se constituyeron en la imparable fuerza área de Carteles en medio de una guerra al narco que también es electrónica.
El país de “no tengo información”
De acuerdo con informacion de la Plataforma Nacional de Transparencia,citada por EL ECONOMISTA,desde 2019 y hasta el 20 de octubre de 2025, el Ejército y la Guardia Nacional han asegurado 134 drones en 20 estados del país. Solo entre enero y octubre de 2025 se decomisaron 85, el pico más alto de todo el periodo, mientras el discurso oficial se mantiene en “austeridad cognitiva”.
Michoacán va a la cabeza con 52 drones asegurados, casi 4 de cada 10 en todo el país, y Sinaloa le sigue con 27, como si fueran sucursales de Aeroméxico pero del narco. Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua, Guanajuato y Guerrero completan el mapa, cada uno sumando sus propios “no tengo información” locales mientras los artefactos vuelan sin necesidad de pista.
El cielo es del narco
En Michoacán, Apatzingán y Tepalcatepec concentran 40 drones asegurados, porque ahí la guerra entre el Cártel Jalisco y los “Unidos” ya incluye espacio aéreo, armamento improvisado y cero regulación. En Sinaloa, Badiraguato y Culiacán acumulan 21 aparatos, donde la disputa entre Los Mayos y los Chapitos convirtió el dron en el nuevo cuerno de chivo: mas explosivo, más precisión y burlan retenes.
Mientras tanto, Baja California, Edomex, Jalisco y otros estados reportan casos sueltos, como si fueran “focos rojos” en un mapa que la autoridad insiste en leer como si fuera decoración navideña. El mensaje es claro: el narco ya domina tierra, mar y ahora también nube… pero la respuesta oficial sigue atorada en el WiFi.
Soldados como blancos de laboratorio
La DEFENSA reconoce al menos 16 agresiones contra militares con drones o explosivos improvisados en 2025, pero eso sí, sin alarmar: todo “bajo control”. Michoacán se lleva el primer lugar otra vez, con siete ataques, casi la mitad del total, en municipios como Apatzingán, Buenavista, Aquila, Zitácuaro y Cotija, donde la normalidad es escuchar motores… pero ya no siempre de camionetas.
Sinaloa suma cuatro agresiones, tres en Culiacán y una en Badiraguato, porque si algo sabe el narco es innovar en logística bélica más rápido que el gobierno en actualizar su discurso de seguridad. Chihuahua y Sonora registran dos ataques cada uno, en municipios serranos y fronterizos, mientras Tamaulipas reporta uno más, como recordatorio de que el mapa completo ya está en fase de ensayo militar… sólo que del lado equivocado.
Cronología de una negación
El primer ataque con dron registrado por Sedena en 2025 fue el 1 de febrero en Chihuahua, y el último el 25 de octubre en Tamaulipas, como si el calendario viniera con temporada alta de explosivos aéreos. Nueve de los ataques ocurrieron solo en la primera mitad del año: cuatro en febrero, tres en marzo y dos en abril, un trimestre que, en cualquier país serio, habría detonado crisis de Estado, pero aquí apenas produjo conferencias y evasivas.
Así, mientras en El Paso un dron trastoca la seguridad aerea y pone a prueba la seguridad internacional, en México las cifras oficiales muestran una narcoguerra aérea en marcha… y la máxima respuesta presidencial sigue siendo: “no tengo información de drones”. La mala noticia para el gobierno es que el narco sí la tiene, la usa, la mejora y la arma; la buena noticia para ellos es que, al parecer, la realidad todavía no llega a la agenda de seguridad nacional.
Con informacion: ELECONOMISTA/

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