Del 9 de septiembre de 2024 al 13 de febrero de 2026,de acuerdo con el saldo trágico en cifras de tres principales violencias en Sinaloa,publicadas por Noroeste, transcurrieron 522 días: 74 semanas y 4 días, o si lo prefieren, 17 meses y 4 días. En ese lapso, el “balance del parte de guerra», presume una aritmética que suena a parte militar con olor a fracaso: muchas “bajas”, muchas “capturas”, y aun así un estado en malísimo estado donde la vida como en Guanajuato,no valen nada, mucho menos la libertad o bienes con ciudadanos que siguen pagando la factura un dia si y otro también,victimas de levanton,muerte y despojo.
El “balance” en crudo
Las cifras citadas por Noroeste son : 2,820 homicidios dolosos; 3,305 personas privadas de la libertad; 9,671 vehículos robados; 3,295 personas detenidas; 170 personas abatidas por los operativos. La primera barbaridad no está en el tamaño del número, sino que mientras el gobierno las minimiza,los ciudadanos ya lo normalizan.Los informes oficiales y no, enumeran desaparecidos,muertos despojados como si fueran “meras variables de operativo”, el Estado deja de hablar como garante y empieza a hablar como cronista de daños.
Días de guerra, semántica de oficina
522 días son suficientes para que una estrategia se mida por lo esencial: ¿bajó el riesgo de que te maten, te levanten o te roben? Pero el discurso se va por la tangente: “detenidos”, “abatidos”, “incautaciones de armas y droga» , palabras que inflan músculo institucional aunque no demuestren el efecto central (seguridad en la integridad y bienes de los ciudadanos, en ese orden). Ha sido como presumir que el hospital “usó muchas camillas y muchas ambulancias», mientras en urgencias siguen muriendo pacientes: mucha logística y poco resultado de impacto que impacte en la tranquilidad de ciudadanos, que diferencia de las cifras de detenidos del gobierno,no vas ser fantasiosa, va ser verificable.
Logros vs pérdidas: el valor intrínseco
“Asegurar” o “detener”, «incautar o decomisar «, tienen valor intrínseco solo si reduce el daño futuro; si no, es estadística sin rendimiento social, como juntar estampitas del crimen mientras la calle sigue siendo trampa.
Además, las categorías se pisan: “personas detenidas” por la autoridad versus “personas privadas de la libertad” por el crimen, parecen ser distintas pero son parte del mismo universo criminal solo que rebautizado. Y mientras se presumen reforzamientos, tantos como el crecimiento de la violencia , el marcador duro —desaparecidos donde desparecer equivale a morir, que suma homicidios y robos— describe y multiplica las pérdidas directas para ciudadanos, no para el “operativo”, de ahi que no lleve prisa sigan bajo la dinamica del ensayo y error.
Analogías para entender la barbarie
- Es una guerra donde el gobierno se felicita por “capturar piezas” del tablero, pero el tablero (la ciudad, el camino, tu casa) sigue siendo territorio de levanton,muerte y saqueo.
- Es confundir el termómetro con la medicina: contar detenciones no cura la enfermedad si el paciente (la sociedad) sigue con la fiebre que se presenta como síntoma de esas tres principales violencias.
- Es un “corte de caja” como de empresa quebrada: se aplaude el número de auditorías (detenciones), pero se ocultan los quebrantos como saldo de fraudes (la violencia cotidiana).
Pero ante la verborrea oficial ,cada vez mas fantasiosa, que trabaja para el «tuit» y la foto, pero no coincide con la realidad,valdria la pena preguntarle : ¿cuántas de esas miles de detenciones se pueden probar que fueron de impacto ventilado aunque sea los números de las carpetas y si tuvieron vinculación a proceso? o como entraron,salieron ¿cuántas derivaron en sentencia?, ¿cuántos asesinatos se esclarecieron, mas alla de presumir que los homicidios bajaron,aunque no los homicidas.
En cuantos casos hay detenidos? ,se sorprenderán que detras de los números hay un fracaso mayor que las cifras prostituidas y que paradojicamente buscan abrumar al ciudadano para que no se abrume.
Tan solo basta con voltear a ver un indicador: la muerte impune de 78 policias ejecutados por el Cartel en Sinaloa,no hay ningun detenido.
Confunden guerra con seguridad
La estrategia de Omar García Harfuch —esa de «acompañamiento militar» y supuesta «coordinación interinstitucional»— se ha vuelto un desfile de cifras sin alma. Miden el éxito en decomisos, presumen detenidos como si fueran trofeos, y exhiben conferencias de prensa que buscan con cargo al presupuesto glorificar la derrota en Sinaloa.
Una estrategia de seguridad que merezca llamarse así tiene que tener como punto de partida —y de llegada— brindar seguridad real a la población. Si no reduce el miedo, las muertes o las violencias cotidianas, entonces no es una estrategia: es una simulación administrativa o una campaña publicitaria con uniformes.
Dar seguridad no es un objetivo accesorio, sino la razón de ser de toda política pública en ese ámbito. La legitimidad de una estrategia depende de su capacidad para generar entornos donde las personas puedan vivir sin miedo. Si los ciudadanos siguen encerrándose antes del anochecer o si los jóvenes mueren a balazos en plena calle, la estrategia fracasó, por más que haya decomisos o detenciones récord.
Con informacion: NOROESTE/

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