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lunes, 16 de febrero de 2026

«ME lo DIJO ADELA»: UN «SOLO VIDEO con TODAS las VOCES EXPLICA el DESGARRIATE de la SEP por la SOBRADA SOBERBIA de MARXISTA y la FALTA de AUTORIDAD de SHEINBAUM»…traducido: estamos jodidos.


Aquí no estamos hablando de un burócrata más, sino del apóstol tóxico de la Nueva Escuela Mexicana: Marx Arriaga, el marxista de powerpoint al que le confiaron la mente de tus hijos y que respondió con un berrinche de telenovela barata cuando le quitaron la silla.

Tuvieron que correrlo por necio, soberbio, incompetente y alucinado, y aun así el tipo se aferró al escritorio como si fuera el último vagón del obradorismo en llamas. El día que tenía que entregar la oficina montó un numerito tan patético que ni para stand up político alcanza: le pidió a la policía que lo esposara, que lo escoltara, que le siguiera el teatrito de “héroe perseguido por hacer libros de texto”.

Se paseaba por el pasillo como mártir de utilería: “venga compañero, que llevo aquí a un criminal… por el crimen de hacer libros de texto”, se victimizaba, mientras exigía que la cámara lo inmortalizara como el genio puro, el autor sacrificado del humanismo mexicano. Ni alto, ni modesto, ni serio: enano en estatura y todavía más chiquito en estatura política, convencido de que la SEP era su reino y que para sacarlo tendrían que mandar a las Fuerzas Armadas.

Y ojo: este sujeto era el encargado de educar a las niñas y los niños de México, el hombre que editaba lo que tus hijos leen en la primaria, el que definía qué es ciencia, qué es historia y qué es propaganda. Sus libros de texto son un monumento al despropósito: errores de primaria en la fecha de nacimiento de Benito Juárez, el orden de los planetas mal, faltas de ortografía, contenido científico recortado a machetazos y en su lugar, propaganda obradorista servida en porciones industriales.

Marx no hacía libros: hacía panfletos. Textos ideologizados hasta el ridículo, cargados contra el calderonismo, saturados de consignas de izquierda light que ni los propios izquierdistas se terminan de tragar. Menos rigor, menos ciencia, menos contenido útil, pero eso sí, mucha frase inflamada, mucha “transformación”, mucho culto al régimen mientras la educación se hunde: menos gasto, menos matrícula, menos calidad.

Y como si no bastara lo que dejó impreso, está la parte oscura que se comenta en corto: acusaciones de moches, misoginia, extorsión a trabajadores, acoso laboral, castigos a subalternos y despidos injustificados. Es el combo perfecto de la 4T: discurso de pueblo oprimido hacia afuera y prácticas de cacique de oficina hacia adentro.

Pero lo más insultante no es Marx: es el gobierno que lo parió, lo alimentó y lo sostuvo hasta que se volvió un estorbo político. A Arriaga no lo corren por haber reventado la calidad educativa, por llenar los libros de errores, por triturar contenidos científicos ni por usar a millones de niños como carne de cañón ideológica. Lo echan por desobediente, por no alinearse al nuevo manual de cálculo político de Mario Delgado y Claudia Sheinbaum.

Su pecado real fue negarse a aceptar los cambios que le ordenó el nuevo jefe de la SEP, resistirse a imprimir los cuadernillos para docentes y creerse intocable porque se asumía la encarnación viviente de la Nueva Escuela Mexicana. Para sacarlo, Mario Delgado le ofreció chamba en otras áreas, hasta una embajada en Costa Rica, porque en este régimen a los responsables del desastre educativo no se les investiga, se les premia con pasaporte diplomático.

Mientras Arriaga deliraba con refundar la “institución corrupta” llamada SEP, llamando al magisterio insurgente a derribarla piedra por piedra, convenientemente olvidaba que él era hasta la semana pasada una pieza clave de esa misma maquinaria corrupta que ahora denuncia. Es la 4T dinamitando a la 4T: el burócrata que ayudó a podrir el sistema ahora se declara víctima del sistema que él mismo sirvió con fervor.

La SEP, por su parte, se lava las manos con un comunicado tibio: sí, lo sacamos, pero no lo desalojamos; sí, se va Marx Arriaga, pero se quedan la Nueva Escuela Mexicana y los libros gratuitos tal y como están, con su tufo obradorista intacto y sin intención de corregir un solo error de fondo. Quitas al operador, dejas la bomba. Sacrificas al monaguillo, preservas el culto.

La escena final es brutal en su ironía: un funcionario que se autoproclama héroe del pueblo, que denuncia a “los Marios y las Leticias” como funcionarios sin escrúpulos que venden al pueblo por migajas, mientras él se aferra al cargo, a la oficina y al presupuesto como si fueran propiedad privada de su revolución personal. Lo corren por insubordinado, por pelearse con su jefe, por creerse por encima hasta de la presidenta, no por haberse pasado por encima a generaciones enteras de estudiantes.

Ese es el verdadero veneno: un gobierno dispuesto a usar la educación como campo de batalla ideológica, que tolera los errores, el adoctrinamiento y la mediocridad siempre y cuando el operador sea leal al guion del día. Marx Arriaga es la caricatura grotesca; el problema de fondo es el sistema que lo fabricó, lo aplaudió y sólo lo tocó cuando dejó de ser funcional para el proyecto de poder.

Con informacion: ADELA MICHA/

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