Los “jueces sin rostro” son la última genialidad de un sistema que pretende combatir al crimen organizado tapándose la cara, pero dejando intacta la corrupción, el nepotismo y la puerta giratoria de la impunidad.
Por qué la figura es tóxica para un juicio justo
- En cuanto tú le quitas el nombre y el rostro al juez, le quitas al acusado la posibilidad de cuestionar su idoneidad, independencia o imparcialidad; no puede saber si ese juzgador fue abogado de un cártel, compadre de un gobernador o pieza de un grupo político.
- La Corte Interamericana ya lo dijo clarito en casos contra Perú: los tribunales “sin rostro” violan el artículo 8.1 de la Convención Americana porque impiden conocer quién juzga, recusar, y garantizar que sea un tribunal independiente e imparcial.
- El truco del anonimato convierte al juicio en acto de fe: “créeme que soy independiente, pero no puedes saber quién soy, ni de dónde vengo, ni a quién le debo el cargo”. Eso no es justicia, es liturgia de oscuridad con toga.
La experiencia internacional: del “remedio” al desastre
- Perú y Colombia ya jugaron este experimento: en el contexto de terrorismo y crimen organizado se montaron tribunales sin rostro y terminaron con cientos, incluso más de mil personas inocentes condenadas, al grado de que la propia Corte IDH y organismos de derechos humanos obligaron a desmontar el modelo.
- Amnistía Internacional documentó en Perú alrededor de 700 casos de personas inocentes encarceladas por jueces sin rostro y organizaciones locales estimaron hasta 1,400; al final, el mecanismo se retiró por inhumano y arbitrario, no por “falta de comunicación”.
- El Salvador, en plena fiebre de régimen de excepción, retomó la fórmula: juicios sin presencia del acusado, identidad oculta de juzgadores, ampliación de prisión preventiva, incluso contra menores de 12 años, y un deterioro brutal de garantías básicas.
- Moraleja internacional: cada país que mete jueces sin rostro acaba retirándolos con un costal de víctimas, condenas internacionales y sentencias de la Corte IDH recordándole que el estado de derecho no se defiende a oscuras, sino justamente con luz.
México: el anonimato como coartada perfecta de la corrupción
- En México el problema no es que los jueces tengan rostro, es que tienen padrino: gobernadores que los “recomiendan”, partidos que los impulsan, redes familiares dentro del Poder Judicial, despachos que se reciclan en juzgados, y una larga tradición de favores procesales a políticos y narcos.
- La corrupción judicial no se combate tapando caras, sino exhibiendo trayectorias: quién fue abogado de quién, quién ascendió por mérito y quién por cuota política, quién aparece en los expedientes como salvavidas de criminales de alto perfil.
- Anonimizar a jueces en un país donde la opacidad es la regla es como darle pasamontañas a un ladrón y luego sorprenderte de que robe más tranquilo: se vuelve imposible rastrear patrones de resoluciones a favor de ciertos grupos, mapear redes de complicidades o vincular sentencias escandalosas con carreras políticas.
- Cuando el Estado propone “proteger” a los jueces con anonimato, pero es incapaz de proteger a testigos, periodistas, defensores y víctimas, no está diseñando una política integral de seguridad: está construyendo un blindaje selectivo para un eslabón del sistema que además ya opera bajo altos niveles de impunidad interna.
Lo que dicen las y los especialistas (y lo que se lee entre líneas)
- Mercedes Carbonell recuerda que los países que implementaron esta medida terminaron por retirarla; es una figura con fecha de caducidad porque choca frontalmente con los estándares interamericanos y genera más daño que protección]
- María Luisa Aguilar, del Centro Prodh, admite que el Estado debe proteger a quienes imparten justicia, pero subraya que el anonimato judicial es incompatible con los principios básicos del juicio justo: si el procesado no sabe quién lo juzga, no puede cuestionar competencia, independencia ni imparcialidad.
- Cristina Reyes Ortiz advierte que regular mal la figura abre la puerta a un uso expansivo y autoritario: lo que empieza como “excepción contra el crimen organizado” termina siendo herramienta para perseguir disidencia, criminalizar pobreza y atacar oposición política, tal como pasó en Colombia y Perú.
- Del otro lado, voces como Rubén Pacheco Inclán hablan de “viabilidad” en México por el riesgo que enfrentan jueces, pero su solución es el bisturí de carnicero: en vez de exigir protección real, investigación de ataques, castigo a agresores y depuración interna, promueve una máscara procesal que deja al ciudadano viendo un teatro de sombras.
- La idea del “comité ético” que autorice el anonimato suena muy institucional hasta que recuerdas dónde estás: México, donde los comités se llenan de cuotas y lealtades, y donde las decisiones “técnicas” muchas veces son políticas con corbata.
Por qué no debe aplicarse en México (y por qué no va a funcionar)
- Porque viola estándares internacionales ya probados
- La Corte Interamericana tiene una línea sólida: tribunales sin rostro violan el derecho a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial, con garantías de defensa; México está obligado por la Convención Americana y por esa jurisprudencia.
- Adoptar jueces sin rostro sería un retroceso reconocido como tal: académicos y organizaciones han señalado que esta reforma implica echarse décadas para atrás en materia de derechos humanos y debido proceso.
- Porque el verdadero problema de seguridad no se resuelve con anonimato
- La experiencia comparada muestra que la figura no garantiza seguridad real: en países donde se aplicó, la violencia contra operadores de justicia no desapareció; lo que sí creció fueron las violaciones de derechos y la opacidad.[
- Proteger a jueces implica investigar y sancionar agresiones, robustecer escoltas, reforzar infraestructura, depurar cuerpos policiales, no esconder nombres en expedientes mientras los cárteles siguen sabiendo perfectamente quién firma qué.
- Porque en un sistema corrupto, el anonimato es gasolina, no freno
- En México, donde hay denuncias de nepotismo y redes familiares en el Poder Judicial, y un largo historial de resoluciones que favorecen a élites políticas y criminales, ocultar la identidad de quienes deciden es facilitar el negocio, no proteger la justicia.
- La reserva de identidad permitiría que jueces con vínculos turbios tomen decisiones cruciales sin escrutinio público, sin presión social, sin que víctimas, periodistas o académicos puedan documentar patrones de impunidad.
- Porque abre la puerta al autoritarismo procesal
- Una vez que normalizas el juzgar con identidad oculta, el siguiente paso es ampliar los supuestos: hoy “crimen organizado”, mañana “terrorismo”, pasado mañana “seguridad nacional”, y pronto cualquier caso incómodo puede terminar ante un tribunal opaco.
- La experiencia de El Salvador ya mostró cómo, bajo la narrativa de seguridad, se pueden usar este tipo de figuras para encarcelar masivamente, incluidas personas menores de edad, con mínima o nula capacidad de defensa.
- Porque choca frontalmente con la exigencia de transparencia en un país de impunidad crónica
- México no necesita jueces sin rostro; necesita jueces con historia pública rastreable, declaraciones patrimoniales creíbles, audiencias transmitidas, resoluciones completas accesibles y mecanismos reales para recusar y sancionar.
- En un país donde la ciudadanía ya desconfía de ministerios públicos, fiscalías y tribunales, pedirle que confíe en decisiones de alguien a quien ni siquiera puede identificar es casi una burla institucional: “confía en mí, pero no preguntes quién soy”.
En resumen: los jueces sin rostro venden la ilusión de seguridad de los juzgadores mientras compran, a muy buen precio, más opacidad para un sistema judicial que ya es experto en esconder la impunidad detrás de sellos, tecnicismos y puertas cerradas. En México, donde la corrupción judicial tiene nombre, apellido y padrinos, la solución no es borrar el rostro del juez, sino exhibirlo por completo junto con su trayectoria, sus decisiones y sus vínculos.
Con informacion: ELNORTE/ AGENDA DE DERECHO/ FDP/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: