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miércoles, 11 de febrero de 2026

«DEL TINTE al LLANTO»: «SENADORA VERDE SORPRENDIDA en SALON de BELLEZA del SENADO se DUELE de la FALTA de SORORIDAD de LEGISLADORAS de MORENA»…que la dejaron sola en la hoguera publica.


La senadora Juanita Guerra,del Partido Verde, entró por un tinte y salió con drama de telenovela legislativa: del sillón de la estética al llanto porque sus compañeras «sororas» la dejaron sola en plena quemadera pública.​

Del tinte a la víctima incomprendida

  • Juanita Guerra fue cachada el 4 de febrero en pleno tratamiento de salón de belleza dentro del Senado, justo en ese cuartito que operaba con el sigilo de una casa de citas, pero era de planchado y tinte legislativo.
  • Cuando reventó el escándalo, la narrativa pasó de “¿a poco usted no se hace un tinte?” a “soy víctima de agresión a mi imagen” y “me están persiguiendo”.

Sororidad de clóset… y estética clandestina

  • La senadora lloró acusando que sus homólogas de Morena la dejaron sola, pese a que, según ella, tres la invitaron durante un año a usar el salón “VIP” del recinto.
  • Lo que antes era un privilegio compartido entre “amigas” se volvió amnesia selectiva: cuando la cámara entró al salón, todas se hicieron las sorprendidas, como si el tinte hubiera aparecido por generación espontánea.

El salón que desmaquilla la austeridad

  • El espacio fue reabierto en sigilo pese a que la 4T lo había cerrado en 2018 porque era políticamente tóxico y jurídicamente discutible tener una estética en plena Cámara Alta mientras se predica la austeridad republicana.
  • Usar una oficina pública para arreglos personales, sin lineamientos ni transparencia, pinta perfecto el contraste entre el discurso de “no privilegios” y la práctica de “retoque de imagen con recursos e instalaciones del Estado”.

“Sólo fueron 20 minutos… y 500 pesos”

  • Guerra Mena pide revisar cámaras desde las 8:15 horas para probar que sí trabajó y jura que sólo estuvo unos 20 minutos, pidió un tinte y pagó 500 pesos, como si el problema fuera la tarifa y no el uso del recinto como estética privada.
  • Además admite que en un año solicitó el servicio tres veces, aunque solo acudió una, confirmando que no era una travesura aislada, sino un servicio instalado, operativo y conocido en ciertos círculos del Senado.

Cuando se corre el rímel, se caen las coartadas

  • Ahora la senadora exige auditorías, videos, nombres y quién autorizó la reapertura, como si apenas ella se enterara de que el salón existía y no hubiera estado sentada con la cabeza envuelta en tinte cuando tronó el escándalo.
  • Entre el llanto por falta de “sororidad” y el salón clausurado a la carrera, lo único claro es que la estética en el Senado terminó desmaquillando la narrativa de austeridad… y dejando a más de una legisladora corriendo, pero sin retoque.

Con informacion: REFORMA/

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