La senadora Juanita Guerra,del Partido Verde, entró por un tinte y salió con drama de telenovela legislativa: del sillón de la estética al llanto porque sus compañeras «sororas» la dejaron sola en plena quemadera pública.
Del tinte a la víctima incomprendida
- Juanita Guerra fue cachada el 4 de febrero en pleno tratamiento de salón de belleza dentro del Senado, justo en ese cuartito que operaba con el sigilo de una casa de citas, pero era de planchado y tinte legislativo.
- Cuando reventó el escándalo, la narrativa pasó de “¿a poco usted no se hace un tinte?” a “soy víctima de agresión a mi imagen” y “me están persiguiendo”.
Sororidad de clóset… y estética clandestina
- La senadora lloró acusando que sus homólogas de Morena la dejaron sola, pese a que, según ella, tres la invitaron durante un año a usar el salón “VIP” del recinto.
- Lo que antes era un privilegio compartido entre “amigas” se volvió amnesia selectiva: cuando la cámara entró al salón, todas se hicieron las sorprendidas, como si el tinte hubiera aparecido por generación espontánea.
El salón que desmaquilla la austeridad
- El espacio fue reabierto en sigilo pese a que la 4T lo había cerrado en 2018 porque era políticamente tóxico y jurídicamente discutible tener una estética en plena Cámara Alta mientras se predica la austeridad republicana.
- Usar una oficina pública para arreglos personales, sin lineamientos ni transparencia, pinta perfecto el contraste entre el discurso de “no privilegios” y la práctica de “retoque de imagen con recursos e instalaciones del Estado”.
“Sólo fueron 20 minutos… y 500 pesos”
- Guerra Mena pide revisar cámaras desde las 8:15 horas para probar que sí trabajó y jura que sólo estuvo unos 20 minutos, pidió un tinte y pagó 500 pesos, como si el problema fuera la tarifa y no el uso del recinto como estética privada.
- Además admite que en un año solicitó el servicio tres veces, aunque solo acudió una, confirmando que no era una travesura aislada, sino un servicio instalado, operativo y conocido en ciertos círculos del Senado.
Cuando se corre el rímel, se caen las coartadas
- Ahora la senadora exige auditorías, videos, nombres y quién autorizó la reapertura, como si apenas ella se enterara de que el salón existía y no hubiera estado sentada con la cabeza envuelta en tinte cuando tronó el escándalo.
- Entre el llanto por falta de “sororidad” y el salón clausurado a la carrera, lo único claro es que la estética en el Senado terminó desmaquillando la narrativa de austeridad… y dejando a más de una legisladora corriendo, pero sin retoque.
Con informacion: REFORMA/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: