Matamoros es esa ciudad donde el plomo dicta la agenda, la policia dice que reacciona y el Congreso del Estado de Tamaulipas, via el ex-panista y ahora Morenista-humanista, Armando Humberto Prieto, jura que huele a primavera democrática, con tan solo unas horas de diferencia, cuando un junior trasnochado y chiflado,el «mayor» de los hijos de Alfredo Cardenas,alias El Contador,de filiación política «Morena’,le recordaba a Matamoros quien manda, incluido su socio,tambien Morenista por «causalidad», Alberto «Beto» Granados.
Pero desde Texas,la prensa que no esta al servicio del estado que administra Americo Villarreal,pero gobiernan carteles por voluntad propia, le puso otra vez el dedo en la llaga en reciente tiroteo, al mismo tiempo que acusa con letras grandes, un esfuerzo del aparato legislativo para minimizar la violencia, luego de que en gira artística en el Teatro de la Reforma de esa ciudad, el Diputado se aplaudió así mismo y al resto del oficialismo local, cuando dijo que “en Matamoros se respiran mejores aires” y “se percibe ánimo renovado”.
El berrinche nocturno del Matamoros real
La balacera que alude Breitbart no fue un “incidente aislado” ni una travesura de fin de semana: fue el berrinche armado del heredero del “patrón de Matamoros” que terminó con ráfagas de metralleta, ciudadanos tirados al piso y edificios policiacos baleados como si fueran de cartón, como la respuesta oficial.
El mensaje fue claro: el que manda no es el alcalde con su banda tricolor, ni la policia,ni el ejercito, ni la marina, sino el jefe de la plaza del clan local que se da el lujo de usar patrullas y corporaciones como tiro al blanco,mientras mantiene un nivel de vida lleno de novias, tantas como un jeque arabe,con la única diferencia que no estamos en Oriente Medio,sino en medio de los desplantes de un polígamo que tiene el dinero invertido en hacer crecer a la ralea.
El Matamoros oficial
Aqui el diputado Humberto Prieto le canta serenata al poder: el Congreso “late” en Matamoros, el Teatro de la Reforma tiene “eco profundo” y su “amigo Alberto Granados” es ejemplo de coordinación y compromiso.
Según esa versión, “se respiran mejores aires” y “se siente el rumbo”, como si las detonaciones fueran cohetes del Bicentenario y no el recordatorio de que el cartel sigue usando la ciudad como rancho privado.
Todo en medio de la extorsión exacerbada,su deporte exclusivo ,cuando no anda en el campito que se construyo para jugar sóftbol como la gente manda.
El alcalde en el ojo del huracán
El problema no es solo la ingenuidad discursiva, sino el contexto que la rodea: al alcalde ya ha sido profusamente documentado en señalamientos.
Lo mismo por sus vínculos con figuras del Cártel del Golfo que ahora son funcionarios del ayuntamiento, evidencias que no deben olvidar las autoridades,pues como ocurrió en Tequila,Jalicco,tendran que actuar obligada y reactivamente,cuando podrían hacerlo proactivamente.
Hasta operadores cercanos detenidos por narcotráfico hasta investigaciones que le costaron la visa estadounidense.
Para rematar, un juez ordenó que el histórico jefe del cartel firmara cada semana… ¡ante el propio presidente municipal de Matamoros!, mezclando de facto al edil con el régimen de medidas cautelares de un capo triple escapista de la ley que lleva años entrando y saliendo de prisión,pero siempre por la puerta del frente del penal.
Dos Matamoros, una misma negación
Afuera, la gente aprende a tirarse al piso, a leer ráfagas y a circular entre retenes de facto; adentro, el legislador proclama que el Congreso “no puede quedarse encerrado entre paredes cómodas” mientras justamente se refugia en el único Matamoros que existe para ellos: el de las ceremonias y las placas conmemorativas en medio de reclamos en redes sociales por la impunidad facturada por el gobierno al Cartel del Golfo.
El contraste es brutal: los ciudadanos denuncian en redes que la justicia tiene apellidos y padrinos, mientras la clase política se toma fotos de familia con el alcalde señalado, como si el único fuego cruzado fuera el de los elogios.
Epílogo incómodo
Cuando el tiroteo alcanza edificios policiacos y el mensaje oficial es minimizarlo, no estamos ante una falla de comunicación, sino ante una estrategia de encubrimiento político: vender normalidad para que el negocio siga corriendo.
Matamoros no necesita discursos que “derrama[n] miel y optimismo”, necesita que alguien en el micrófono admita lo obvio: que mientras el Congreso celebra el Bicentenario, hay otro poder –armado y con heredero trasnochado– decidiendo quién vive, quién muere y quién se permite seguir fingiendo que aquí “se percibe ánimo renovado”.
Con informacion: BREITBART/TX


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