El ex-senador por un «ratito», Alejandro Rojas Díaz Durán ,buscó una entrevista con Carmen Aristegui, básicamente para prender una bengala en medio del gasoducto político de Morena y Tamaulipas: dice que Jesús Ramírez Cuevas,el jefe de asesores de la Presidenta Claudia Sheinbaum,es un pillo, sí, pero no es el verdadero operador del huachicol fiscal; el negocio, la red y la ingeniería del saqueo nacen y se consolidan en Tamaulipas, cobijados por panistas, morenistas y una clase política carmonizada hasta la médula.
El huachicol no salió de Palacio, salió de Reynosa
Rojas revienta una pieza clave del relato oficial: el libro de Julio Scherer (“Ni venganza ni perdón”) carga las baterías contra Ramírez Cuevas, pero, según él, omite al verdadero andamiaje que levantó la industria del huachicol fiscal.
La historia, dice, arranca en Reynosa, cuando “le dan la aduana” a Julio Carmona, hermano de Sergio, y ahí se cruzan, como si nada, panistas y futuros morenistas:
- José Ramón “JR” Gómez Leal, hoy senador de Morena, entonces panista y cuñado de Cabeza de Vaca, con empresa de pipas heredera de las redes de González Calderoni, el policía estrella de Salinas que terminó asesinado en EE.UU.
- La amistad de JR con Bobby González Beltrán, es decir, Gonzalo López Beltrán, uno de los hijos de López Obrador, que abre la puerta para conectar a Carmona con Andy y desde ahí con la élite morenista.
Rojas recuerda que empezó a denunciar a “los carmonizados” desde 2020-2021, porque la élite tamaulipeca ya ni disimulaba: reuniones en San Pedro Garza García, departamentos en Soto la Marina y Polanco, contratos, campañas y una maquinaria aceitándose con gasolina robada… pero facturada finamente.
La ruta del dinero: de Carmona al partido
El relato de Rojas cuadra con lo que otras investigaciones han venido armando: Sergio Carmona, “el Rey del Huachicol”, no era un llanero solitario, sino la bisagra entre gobiernos, aduanas, SAT, Marina, ferrocarriles, crimen organizado y campañas de Morena en medio país.
Según él:
- Erasmo González, ex PRI y hoy morenista de hueso colorado, es quien lleva a Sergio Carmona con Mario Delgado y lo coloca como financiador de la operación electoral. Erasmo se vuelve pieza clave en la Comisión de Presupuesto en San Lázaro gracias a ese padrinazgo, mientras otro tamaulipeco toma la estafeta después.
- Los presidentes municipales morenistas en Tamaulipas están, dice, amarrados a la red Carmona-huachicol, y el financiamiento empieza a desbordarse hacia la costa del Pacífico en 2021: Sinaloa, Nayarit, Colima, Baja California, con Américo Villarreal como delegado y operador en ruta.
Otras fuentes han documentado que el huachicol fiscal de Carmona llegaba a significar cientos de millones de pesos al año y financiaba campañas de Morena a nivel nacional; se habla de al menos 500 millones para comicios de 2021 y contratos por más de 300 millones de pesos con gobiernos morenistas. El negocio: comprar combustible en Estados Unidos, meterlo “por la libre” con apoyo de carteles y autoridades, evadir impuestos y revenderlo al doble en México.
Los que “no salen” en el libro
Rojas no se guarda nombres. Acusa que el libro de Scherer se queda corto, casi cómodo, cuando reduce el escándalo a Ramírez Cuevas. Para él, el foco debería estar en:
- Mario Delgado, apadrinado desde Tabasco por Adán Augusto López para llegar a la dirigencia nacional de Morena, beneficiado por el financiamiento del huachicol a través de aduanas y operadores como Carmona, según lo que documentó en su momento Porfirio Muñoz Ledo en un expediente que hoy nadie sabe dónde quedó.
- Adán Augusto y la refinería de Dos Bocas, con contratos multimillonarios a allegados; Rojas sugiere que ahí también corre la lógica de la renta petrolera paralela, pegada al huachicol y a la red político-empresarial del sexenio.
- El general Audomaro Martínez y el CNI (antes CISEN), con presencia en Tamaulipas, que habrían jugado un rol logístico y de inteligencia en el blindaje del esquema Carmona, como han señalado investigaciones de Código Magenta y otras piezas periodísticas.
Mientras tanto, Ramírez Cuevas es descrito por Rojas como perverso y pillo, sí, pero en otro negocio: el de la propaganda. Asegura que maneja el periódico Regeneración como negocio privado con transferencias acumuladas por 2,800 millones de pesos reportadas en informes del propio partido, alrededor de 400 millones anuales en años recientes.
Carmona, crimen de Estado y guerra de pelones
La entrevista pone sobre la mesa otra bomba: el asesinato de Sergio Carmona en San Pedro Garza García se parece más a un crimen de Estado que a un ajuste simple entre bandas, según lo que le contaban al propio Carmona sus cercanos. El empresario decía que ya jugaba el papel de “pacificador” y que, a través de Mario Delgado, los recursos del huachicol se movieron a campañas a lo largo del Pacífico en 2021.
En paralelo, el contexto de Tamaulipas en 2024-2025 se vuelve aún más grotesco:
- Américo Villarreal, ya como gobernador, acusa a Julio Carmona y a Cabeza de Vaca de un quebranto de 344 millones de pesos por contratos y esquemas ligados a la red Carmona.
- Sin embargo, reportes locales exhiben que ese mismo Julio Carmona habría sido antes su patrón político y financiero en Río Bravo, financiando estructuras morenistas mientras hacía negocios con el gobierno panista de Cabeza de Vaca.
De ahí el apodo perfecto: “el pelón denunciante y el pelón denunciado”: Américo se victimiza por un quebranto que, en buena medida, habría sido parte de la gasolina (literal) que lo impulsó a él y a su grupo. La línea es clara: en Tamaulipas el huachicol fiscal fue la caja chica bipartidista, primero con el PAN, luego con Morena, y muchas veces con los mismos personajes sentados a ambos lados de la mesa.
Cabeza de Vaca, la columna armada y la denuncia
Al final de la charla, Rojas recuerda que él sí denunció formalmente a Francisco Javier García Cabeza de Vaca, exgobernador panista, por corrupción y por su vínculo con Sergio Carmona y con una “columna armada” que operó primero para el PAN y luego para Américo Villarreal. Esa estructura criminal habría sido clave en el control territorial y electoral en Tamaulipas, mientras los contratos con Carmona rondaban los 400 millones de pesos en tiempos de Cabeza de Vaca.
La paradoja es brutal: el mismo huachicol fiscal que, según Rojas, dejó un boquete de más de 600 mil millones de pesos a las finanzas públicas, terminó convertido en pegamento político que une a panistas, morenistas, gobernadores, alcaldes y operadores de campaña en todo el corredor noreste–Pacífico. Y en medio del desastre, el debate público se quiere quedar en si el malo de la película es un solo vocero, cuando lo que describe Rojas es una industria nacional del saqueo, con partido, logo y mapa pintado de guinda.
Con informacion: ARISTEGUI NOTICIAS/

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