Mientras la FIFA vende el Mundial 2026 como la gran fiesta global de la hermandad, México carga con más de 133 mil personas desaparecidas y una impunidad que alcanza el 99%, casi perfecta… si eres delincuente o autoridad omisa. No es un país, es una fosa enorme maquillada con fuegos artificiales y spots patrioteros bajo un segundo piso igual de rancio que el primero.
El 11 de junio, mientras 87 mil aficionados entren sonrientes al Estadio Azteca para el partido inaugural, las familias de desaparecidos planean formar vallas humanas afuera, con fotos, mantas y nombres de quienes el Estado decidió borrar del mapa administrativo. Un inventario de una tragedia que el gobierno intenta reducir a “cifras” y “casos”. Esa postal va a recorrer el mundo, no por la belleza del gol, sino por la obscenidad de un país que organiza un Mundial mientras permite que más de 40 personas desaparezcan al día.
Hablamos de más de 72 mil cuerpos sin identificar apilados en instalaciones gubernamentales, congelados en trámites, bodegas y negligencia, con un 99.7% de impunidad. Es decir: aquí no se investiga, no se sanciona, no se busca de verdad; se archiva, se administra el horror, se espera a que las familias se cansen o se mueran. Si eso no es una política de Estado, se le parece demasiado.
El caso de Ana Amelí García, con medidas cautelares de la CIDH y una acción urgente de la ONU, lleva más de 200 días sin que se investigue seriamente ni siquiera la obstrucción policial inicial. Si con reflectores internacionales, la respuesta institucional es esta mezcla de desdén y simulación, ¿qué les espera a los otros 130 mil sin cámaras, sin conferencias, sin Mundial que “aprovechar” para gritar? México acumula 773 acciones urgentes de la ONU por desaparición, más que cualquier otro país; el gobierno, en lugar de aceptar la dimensión del desastre, lo niega como si fuera rumor de redes sociales.
El mensaje es brutal en su sencillez: para las autoridades, las personas desaparecidas son un problema de imagen, no de justicia. Por eso les urge más garantizar que el tráfico fluya el día del partido que garantizar búsquedas efectivas todos los días. Quieren un Mundial sin sobresaltos, no un país sin desaparecidos. No es que no puedan; es que no les importa lo suficiente como para romper la maquinaria de impunidad que los protege a ellos mismos.
Así que el 11 de junio habrá dos Méxicos frente a frente: el de las pantallas 4K, los himnos y las marcas, y el de las fotos impresas en papel barato, pegadas en cartulinas que gritan lo que el Estado calla. Si el gobierno se escandaliza porque “manchan la imagen del país” en plena inauguración, la respuesta es sencilla: la imagen ya está manchada de ausencia, de fosas y de carpetas vacías; lo único que hacen las familias es encender la luz para que se vea.
Con informacion: ELFINANCIERO/

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