La FGR presume en comunicados lo que en la realidad parece un simulacro de eficiencia: 149 vehículos, 82 mil litros de combustible y cero seres humanos esposados. Un operativo de laboratorio, tan impecable en inventario como patéticamente vacío en resultados. Cuatro cateos, un ejército de instituciones —Defensa, GN, AIC, Policía Estatal— y ni un solo detenido. Ni un chofer distraído, ni un velador mal pagado, ni el clásico “administrador del predio”. Nada. Silencio absoluto y olor a humo… no del combustible, sino del cuento
Porque este operativo en Minatitlán no es una excepción: es el manual de estilo de la caza teatral del huachicol. Lo mismo ocurrió con mas de doce cateos del estratega cuentachiles Omar Garcia Harfuch que ya hemos desmenuzado: decenas de miles de litros incautados, millones en infraestructura decomisada y ni una pizca de responsabilidad penal concreta.
Es y ha sido la fórmula del “combate al crimen” en modo «miren si trabajamos»: muchas cifras, fotos aéreas, tanques alineados y el habitual vacío legal que sostiene la impunidad por litro.
Si los operativos fueran exámenes, México estaría reprobado con honores en materia de detenciones. El Estado se aplaude por embargar fierros y tambos, mientras los verdaderos operadores siguen llenando el tanque, cambiando la lona del negocio que a decir de los decomisos, sigue saludable.
La narrativa del éxito operativo se cae con un simple dato: cada litro asegurado sin detenido es una confesión pública de fracaso. Un show coreografiado para la nota de prensa, pero huérfano de justicia real,aqui y en china.
Con informacion: ELNORTE/

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