San Valentín en Puebla amaneció con balazos en lugar de flores: afuera (y, según otros, hasta dentro) del bar “Sala de Despecho” en Angelópolis donde motosicarios armaron la descarga contra una camioneta Mercedez Benz y el saldo preliminar es de tres muertos,2 hombres, una mujer y 5 lesionados, mientras la autoridad sigue en modo comunicado pendiente.
Al momento del ataque clientes y empleados se tiraron al piso, corrieron y se encerraron donde pudieron mientras las ráfagas sonaban y el “cupo limitado” se convirtió en “salida ilimitada».

Los agresores se dieron a la fuga como siempre: rápido, armados y sin que haya noticias de detenciones contundentes por parte de las autoridades en el momento del hecho.
La reacción oficial (de trámite)
La Secretaría de Seguridad Ciudadana llegó a acordonar la zona, montar operativo y “realizar recorridos”, mientras la Fiscalía abrió carpeta de investigación y levantó indicios como si no llevaran años levantando casquillos sin resultados visibles.
En el discurso extraoficial se habla de posible ajuste de cuentas, pero las autoridades no confirman nada, lo que deja el móvil flotando en el aire como si la violencia en Puebla fuera una especie de fenómeno meteorológico y no consecuencia de un Estado rebasado.
El cuento repetido de la Puebla “cool”
Angelópolis presume centros comerciales, bares “nice” y vida nocturna aspiracional, pero cada vez más seguido termina en escenas de crimen con camionetas de lujo agujereadas y cuerpos tirados.
En una semana balaceras en antros, ataques en bares del Centro Histórico y operativos que llegan siempre después, como si la prevención fuera opcional y la impunidad parte del paquete de la ciudad “moderna”.
Con informacion: PRIMERA LINEA/

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