Visitanos tambien en:

sábado, 21 de febrero de 2026

EL «BOOMERANG YA VIENE de REGRESO»: «CUANDO SHEINBAUM decide MINIMIZAR,TOLERAR y NO MOVER un DEDO contra CORRUPTOS se CONVIERTE en CORRUPTA»…la narrativa que un día derribó al viejo régimen terminará devorando también al guinda.

Claudia Sheinbaum puede no haber cobrado un solo soborno en su vida personalmente en persona, pero cada vez que se tapa los ojos frente a las denuncias de corrupción de su propio gobierno cruza la raya: eso ya es un acto de corrupción política, aunque venga envuelto en discurso de “legalidad” y “procedimiento”.

“La narrativa no es suficiente”: la coartada oficial

  • Raquel Buenrostro ya dejó claro el nuevo catecismo de la 4T recargada: “la narrativa no es suficiente para iniciar una investigación; se necesitan elementos”.
  • Traduzcamos: mientras no llegue un expediente armado, con testigos, documentos y el caso casi resuelto, la Secretaría de Anticorrupción prefiere seguir tomando café y viendo cómo arde la casa en Twitter.
  • El problema es que el libro de Scherer no es un hilo anónimo de X: detalla nombres, cargos, fechas, modus operandi y hasta vínculos con operadores del huachicol y redes de extorsión desde el poder. Negarse siquiera a abrir una indagatoria preliminar no es prudencia jurídica: es encubrimiento pasivo.

“Que presente su denuncia”: la presidenta lavándose las manos

  • Cuando le preguntan qué hacer con las acusaciones de corrupción documentadas en “Ni venganza ni perdón”, la presidenta responde con la consigna perfecta para no hacer nada: “que presente su denuncia, no lo he leído ni lo voy a leer”.
  • Que la jefa del Estado se niegue a leer un libro que señala a su círculo cercano no es neutralidad, es una decisión política: decide no enterarse para no tener que actuar.
  • Y cuando la mandataria respalda a Buenrostro y su “la narrativa no es suficiente”, está mandando un mensaje nítido al aparato: aquí no se mueve un expediente si no hay presión judicial… y ojalá tampoco mediática.

Cuando el poder sí leía y explotaba “narrativas”

  • López Obrador se subió a la Presidencia cabalgando precisamente esas “narrativas”: “fue el Estado” en Ayotzinapa, la indolencia criminal en Pasta de Conchos, los escándalos de Peña reventados en medios y redes.
  • Él mismo bautizó a las “benditas redes sociales” como arma para romper la hegemonía mediática priista, y usó cada filtración, cada reportaje y cada video incómodo para dinamitar al viejo régimen, aunque muchos casos jamás llegaran a sentencia.
  • Hoy, el mismo movimiento que aplaudía los hashtags y las portadas incómodas como prueba moral del “PRIAN corrupto” las degrada a simple “narrativa” cuando el dedo señala a los suyos.

Tolerar y minimizar también es corrupción

  • En México casi ninguna gran trama de corrupción se destapa porque un fiscal heroico despertó iluminado, sino porque periodistas, libros incómodos y redes sociales arrinconan al poder hasta que ya no puede fingir demencia.
  • Si frente a un libro que describe redes de extorsión, tráfico de influencias y posibles vínculos con huachicol la respuesta oficial es: “no lo he leído”, “no lo voy a leer”, “que presente su denuncia” y “la narrativa no es suficiente”, el Estado está renunciando deliberadamente a su obligación de investigar.
  • Cuando el poder tiene los elementos para sospechar, las herramientas para indagar y el deber de hacerlo, pero elige no mover un dedo, eso se llama corrupción por omisión: no hace falta maleta de billetes, basta mirar para otro lado.

El boomerang que ya viene de regreso

  • Morena está donde está porque millones se hartaron de los gobiernos que desoían denuncias en prensa, se burlaban de víctimas y apostaban al olvido: Calderón en Pasta de Conchos, Peña con la “verdad histórica”, el PRIAN entero tragándose reportajes de corrupción como si nada.
  • Si Sheinbaum se instala en la misma lógica de minimizar, desacreditar y congelar cualquier señalamiento que incomode al grupo gobernante, la narrativa que un día derribó al viejo régimen terminará devorando también al guinda.
  • Sheinbaum puede no ser corrupta en lo personal, pero tolerar, solapar y voltear la mirada ante acusaciones serias contra su entorno es exactamente lo que hundió a sus antecesores: es corrupción de Estado disfrazada de formalismo legal.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/SALVADOR CAMARENA/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: