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sábado, 28 de febrero de 2026

EL «REY MUERTO y su REINO COBRANDO»: «AUTORIDADES deben VOLTEAR a la EVIDENCIA de SOBORNOS de la RED de PROTECCION al MENCHO TAN INTACTA como el CARTEL»…tumbar el pico de la pirámide, no debilita la fortaleza de la estructura.


El Estado presume que “tumbaron al jefe”, pero los papeles encontrados en las cabañas del Mencho dicen otra cosa: el rey puede estar muerto, pero el reino sigue cobrando quincena puntual en las presidencias municipales.

Santuario de cabañas, no fin de semana romántico

Las cabañas de Tapalpa no eran el Airbnb dominguero del Mencho: eran su santuario, su oficina de pagos, su Hacienda alternativa. En las mesas no había folletos turísticos sino narconóminas: comandantes, pistoleros, halcones y personal de área cobrando entre 3,500 y 7,000 pesos, rayas de operación anotadas con una pulcritud que ya quisieran muchos tesoreros municipales.

En los mismos papeles aparecen pagos al “gobierno”, a un tal licenciado Huera por 40,000 pesos y a la PGR por 15,000, todo fechado desde julio de 2025, siete meses antes de que el Ejército se dignara entrar a Tapalpa. No lo sorprendieron: vivía ahí, operaba ahí, pagaba ahí.

La nómina real: alcaldías, policías y “antenas”

La narconómina no habla de un capo aislado, habla de un sistema perfectamente lubricado. En 21 zonas se documentan pagos de entre 15,000 y 283,000 pesos; los “muchachos” cobran de 4,000 a 10,000, mientras licenciados y policías estatales de Chiapa de Corzo, Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas se llevan hasta 100,000 pesos por cabeza.

Solo en diciembre de 2025, Mencho paga 928,000 pesos a los muchachos y 621,000 a las “antenas”, esa red de ojos, oídos y bocas compradas que avisan quién entra, quién sale y a quién hay que dejar pasar. Más de un millón mensual va directo a policías municipales de Tapalpa, Chiquilistlán, Tomatlán, Sayula, Atoyac y Cabo Corrientes: no son autoridades, son empleados con placa y presupuesto público.

Desde esas nóminas queda claro que el control iba más allá de las cabañas: Tenguillo, Mascota, Mixtlán, Villa Purificación y Casimiro Castillo formaban parte del mismo ecosistema de protección criminal municipalizada.

Cuando piden apoyo… y nadie contesta

El operativo que termina con la muerte del Mencho levanta la alfombra y debajo no hay “manzanas podridas”: hay todo un tianguis. La emboscada a elementos de la Guardia Nacional en Salicidro, zona de Zapopan, lo prueban: los guardias piden auxilio por radio, pero ni Policía Municipal ni Policía Estatal se aparecen; cuando el Ejército llega, ya hay más de 20 guardias nacionales masacrados.

En Zaguayo y Jiquilpan, policías municipales no solo no ayudan: impiden que retiren vehículos incendiados que bloquean carreteras, como si el manual de procedimientos dijera claramente “no tocar bloqueos del patrón”. Ese mismo día, distintos niveles de violencia revientan en incontables municipios de 22 estados, demostrando que el CJNG tiene algo mucho más sólido que un jefe: tiene territorio, nómina, protección y estructura.

Tumbar al capo no rompe la maquinaria

Ese domingo cayó la cabeza del cártel “más violento, sanguinario, rico y poderoso del mundo”, según Estados Unidos, pero la estructura quedó intacta, como si hubieran decapitado una hidra que ya tiene lista la siguiente cabeza en la fila. Los bloqueos simultáneos son la radiografía perfecta: el músculo real no está en el rancho del jefe, está en los municipios donde los policías cobran dos veces, una en la nómina oficial y otra en la narconómina.

Mauleón recuerda el manual ya probado: matan a Arturo Beltrán Leyva en 2009, se rompe la cadena criminal y en cada tramo del corredor México–Acapulco surgen franquicias de terror: Rojos, Guerreros Unidos, Cártel de la Sierra, Cártel Independiente de Acapulco, todos convertidos en una máquina de sangre que lleva 17 años funcionando. Lo mismo con cada capo caído, y Sinaloa en llamas año y medio después de la captura del Mayo Zambada es solo el capítulo reciente de una serie que ya conocemos de memoria.

O desmontas el municipio o el cártel sigue saludable

El CJNG no se hizo fuerte en 22 estados por el carisma del Mencho, sino porque fincó su poder en los municipios: alcaldes débiles o comprados, policías a sueldo, burocracias pequeñas pero leales a quien paga puntual. Mientras esa base municipal siga intacta, el gobierno puede colgar en Palacio Nacional todas las fotos de capos abatidos que quiera y el cártel seguirá saludable, cambiando de jefe como quien cambia de gerente regional.

El lodo que está inundando al país no hace distingos, lo mismo permeable en la Sedena que en las oficinas de la FGR o brota del fondo de las presidencias municipales, de las comandancias que deciden no contestar el radio, de las patrullas que escoltan bloqueos en lugar de retirarlos. Si no se desmantela esa estructura municipal —esa narcocracia local—, cada operativo espectacular será solo eso: un show de cabeza cortada mientras el cuerpo del cártel, bien alimentado por nóminas municipales, sigue respirando, cobrando, mandando y matando.

Con información de: HECTOR DE MAULEON/LATINUS

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