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domingo, 14 de junio de 2026

«TRAFICABA por REYNOSA: EE.UU. TUVO INFORMANTE INFILTRADO con el JARDINERO del CJNG, ALIADO del PRIMITO por MÁS de una DÉCADA»… líder de los Metros ya anda a salto de mata.


Desde hace más de una década, mientras en México se repetía el ritual de negación institucional y el «jugaba al tio lolo», Estados Unidos ya tenía metidas las manos —y los oídos— dentro del círculo de Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”. No era intuición: eran informantes incrustados que reportaban con disciplina burocrática cada movimiento del operador del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), particularmente su negocio estrella: el tráfico de cocaína por las aduanas más porosas del país, Reynosa y Nuevo Laredo, Tamaulipas.

La acusación de la Corte Federal del Distrito de Columbia no deja espacio para la épica narco: lo que hay es logística, placas vehiculares y seguimiento puntual. Desde al menos julio de 2016, una persona del entorno directo de Flores empezó a entregar a las agencias estadounidenses algo tan mundano como letal: números de placa de los tractocamiones utilizados para cruzar cocaína hacia Estados Unidos. No inteligencia sofisticada, sino datos concretos. Y con eso bastó.

Gracias a esa filtración sistemática, autoridades estadounidenses aseguraron al menos dos cargamentos en Texas: uno de 45 kilos interceptado en McAllen y otro de 40 kilos decomisado en Laredo, ambos ocultos entre mercancías legales, como suele ocurrir cuando el narcotráfico se disfraza de comercio internacional.

“El Jardinero” no era un improvisado. Su red de distribución cubría Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Illinois y Texas. El dinero —siempre el dinero— seguía una ruta igual de calculada: se concentraba en efectivo en Chicago, desde donde se enviaba de contrabando de regreso a México o se blanqueaba mediante transferencias bancarias. El circuito completo: droga al norte, dólares al sur, sistema intacto.

La imputación presentada en el Reclusorio Sur detalla el mecanismo con precisión casi administrativa. En enero de 2017, un miembro de la organización entregó los primeros números de placas de los tracto-tráileres. El testigo lo dijo sin adornos: esos vehículos se utilizaban tanto para mover grandes cantidades de droga hacia Estados Unidos como para regresar el efectivo producto de las ventas.

El 6 de enero de 2017, uno de esos tractocamiones intentó cruzar por McAllen con aproximadamente 45 kilogramos de cocaína. No lo logró. Fue decomisado dentro del marco legal —como subraya el expediente— por autoridades estadounidenses.

La historia se repitió meses después. En octubre de 2017, el informante volvió a entregar placas. El 13 de ese mes, otro tracto-tráiler fue detenido en Laredo tras cruzar la frontera. Resultado: otros 40 kilogramos de cocaína asegurados. La reacción interna revela más que cualquier discurso oficial: uno de los co-conspiradores envió al testigo la ubicación exacta del aseguramiento. El detenido estaba preocupado. No por la cárcel, sino por algo más inmediato: la cocaína pertenecía a “El Jardinero”, y hacerlo enojar era un riesgo mayor que enfrentar a la justicia.

Pero la acusación no se queda en decomisos. Estados Unidos también documentó encuentros directos. En julio de 2016, un testigo se reunió con Flores Silva en México para discutir el precio y la recaudación de un cargamento de 200 kilos de cocaína colocado en Chicago. Dos semanas después, hubo otro encuentro. Esta vez, el mensaje no fue verbal sino visual: “El Jardinero” llegó escoltado por 25 hombres armados con armas largas. La contabilidad del narco siempre va acompañada de exhibiciones de fuerza.

El origen de esta historia tampoco es reciente. Nacido el 19 de noviembre de 1980 en Huetamo, Michoacán, Flores Silva empezó a traficar grandes cantidades de cocaína y heroína hacia Estados Unidos en 2001, cuando apenas tenía 21 años. No fue una escalada lenta, sino una incorporación temprana a las grandes ligas del crimen transnacional.

El Departamento de Justicia estadounidense lo ubica no solo como operador, sino como uno de los líderes y “fundadores” del CJNG, organización encabezada durante años por Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, quien —según la información referida— murió el pasado 22 de febrero tras su captura en Tapalpa, Jalisco.

La estructura criminal también tenía raíces en la tierra. Un testigo declaró que desde 2007 “El Jardinero” compró terrenos en El Trapiche, en el municipio de La Yesca, Nayarit, para sembrar amapola y producir heroína. No es metáfora: agricultura criminal con cadena de suministro completa. El mismo testigo aseguró haber visitado el lugar en 2021 y haber constatado personalmente los sembradíos.

Para 2025, las autoridades ya tenían indicios de que Flores Silva frecuentaba esa zona. El 27 de abril pasado, la Marina lo detuvo a 15 kilómetros de ahí, en el Rancho El Mirador, también en La Yesca. No fue una captura en la frontera ni en una ciudad clave, sino en territorio de producción, donde empieza todo lo que después cruza medio continente.

La historia de “El Jardinero” no es la de un capo invisible, sino la de un engranaje bien documentado: placas, rutas, testigos, cargamentos, reuniones, cultivos. 

Mientras en México muchas veces se discute la narrativa, en los expedientes estadounidenses se acumulan los detalles. Y al final, en este negocio, los detalles son los que terminan hundiendo imperios porque todo dura hasta que se acaba.

Con informacion: ELNORTE/

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