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jueves, 26 de febrero de 2026

«NARCOS TAMBIÉN se CONFUNDEN»: «SICARIOS MATARON PSICOLOGA,ARQUITECTO y FISIOTERAPEUTA por HORROR de SUCURSAL del C.J.N.G en ANGELOPOLIS»…uniformados y sicarios comparten algo más que el calibre.

La Fiscalía de Puebla nos acaba de recordar algo incómodo: en México, matar por “confusión” ya es protocolo operativo, no accidente aislado. Igual que soldados y guardias nacionales “se equivocan” con familias, estudiantes o pobladores, ahora una célula del Cartel Jalisco también alega error de objetivo, como si la masacre fuera mero fallo logístico.

La “confusión” como coartada

Según la propia Fiscalía, los sicarios de la Operativa Barredora —brazo del CJNG— iban por alguien ligado al crimen organizado que viajaba en una camioneta blanca, y terminaron acribillando a tres personas que sólo tenían en común el color de la Mercedes Benz donde se subieron a las dos de la mañana, a la salida del bar Sala de Despecho, en Angelópolis. Veintinueve disparos de 9 milímetros no parecen precisamente una duda razonable: eso ya es dictamen definitivo sobre la vida de alguien.

La versión oficial primero quiso encuadrar todo como pleito entre delincuentes, pero después el propio Ministerio Público tuvo que aceptar que Giselle Ortiz Carreto, Joaquín Wirth y Emmanuel Campaña no eran el objetivo. La historia se reacomoda: no fueron “sospechosos abatidos”, sólo civiles que tuvieron la mala suerte de coincidir con la cromática vehicular del objetivo real.

Narcos que tiran como soldados

La narrativa suena familiar: “no eran ellos”, “coincidían las características”, “se creyó que iban vinculados a otra organización criminal”. Traducción libre: disparar primero, justificar después. Es la misma lógica de los operativos “fallidos” donde el Estado dispara sobre gente desarmada y luego improvisa el parte informativo, nada más que ahora la ejecutan sicarios en motocicleta con outsourcing de la violencia.

La Operativa Barredora compite con otro grupo criminal, pero el mensaje que sale a flote no es la disputa entre bandas, sino la normalización del margen de error: elegir mal a quién vas a matar se vuelve detalle técnico, no crimen de Estado ni crimen del narco, sino “incidente” gestionable en conferencia de prensa. El aparato institucional compra y vende la explicación con la misma frialdad con la que un comandante habla de “bajas colaterales” después de un operativo militar.

Angelópolis, vitrina de país roto

El escenario tampoco es casual: un bar de zona exclusiva, Sala de Despecho, en la Puebla de escaparate y centros comerciales, usada como campo de tiro por una célula del CJNG. El discurso oficial de “seguridad controlada” se rompe cuando te dicen que un comando puede planear durante un mes un ataque, ubicar el modelo de la camioneta… y aun así asesinar a tres personas que no eran.

Horas después del ataque, detienen a cuatro hombres, incluyendo a un adolescente, usando drones, cámaras y hasta helicóptero, todo el despliegue tecnológico del siglo XXI para llegar tarde a lo único que importa: evitar que se riegue la sangre equivocada en el lugar de moda. El juez ya calificó de legal la detención y los vinculó a proceso por homicidio calificado y tentativa, pero la pregunta central sigue intacta: ¿a quién le importa que la explicación oficial sea, básicamente, “ups, no eran ellos”?

El país de los objetivos equivocados

Familiares de las víctimas llevan días defendiendo la inocencia de sus muertos, mientras el expediente se llena de lenguaje técnico para maquillar lo brutal: fueron asesinados porque alguien confundió una camioneta blanca con otra camioneta blanca. En un país donde el Ejército, la Guardia Nacional y ahora también el narco disparan bajo la flexible categoría de “confusión”, el mensaje es brutalmente claro: aquí lo verdaderamente peligroso no es estar metido en el crimen, sino vivir en un territorio donde cualquiera puede convertirse en “objetivo” por el color de su coche, por la hora en que sale del bar o por estar en la mesa equivocada.

Al final, los sicarios del CJNG y los uniformados del Estado comparten algo más que el calibre: la certeza de que siempre habrá una conferencia de prensa, un parte informativo o una carpeta de investigación lista para explicar que la muerte fue un error… pero nunca un crimen imperdonable.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ANDRES RODRIGUEZ/

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