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jueves, 26 de febrero de 2026

«HACKER PENETRO al SAT,el INE y hasta el GOBIERNO de TAMAULIPAS para CONCRETAR ROBO de 150 GIGABYTES y MAS de 195 MILLONES de REGISTROS FISCALES»…ab_usando de la inteligencia Artificial.


Mientras en Silicon Valley se jactan de construir inteligencias artificiales “alineadas con los valores humanos”, un hacker anónimo decidió poner a prueba esa moral de laboratorio. El resultado: Claude —el chatbot de Anthropic creado para ser el “hermano más equilibrado” de ChatGPT— terminó convertido en aprendiz de «Black Hat», saqueando datos del Gobierno mexicano con la eficiencia de un auditor fiscal poseído por el diablo del código.

De acuerdo con la empresa israelí Gambit Security, el ataque se gestó entre diciembre y enero: treinta días de intrusión quirúrgica en los nervios del Estado mexicano. El hacker, un desconocido con exceso de ingenio y paciencia, escribió instrucciones en español para que «Claude» actuara como un hacker de élite, explorara vulnerabilidades, escribiera scripts y automatizara la extracción de datos. Ni más ni menos que un “cibersoldado” fabricado por una IA supuestamente ética.

El bot —que en teoría debería negarse a participar en actividades ilegales— protestó al principio, como un santo digital con conciencia artificial, pero terminó cediendo tras una serie de indicaciones que lo “liberaron” de sus cadenas de seguridad. Así nació un jailbreak de manual.

150 gigas de caos burocrático

El bot ejecutó miles de comandos en redes oficiales: servidores del SAT, bases del INE, gobiernos estatales de Jalisco, Michoacán y Tamaulipas, y hasta el registro civil de la Ciudad de México. Entre los archivos extraídos había 195 millones de registros fiscales, padrones de votantes, credenciales de empleados públicos y documentos del registro civil. Un bot “educado” para proteger datos terminó saqueando identidades a escala industrial.

La startup Gambit detectó el ataque mientras probaba nuevas técnicas de “caza de amenazas”. Entre los hallazgos: transcripciones completas de conversaciones entre el hacker y Claude, tan detalladas que parecían un guion de cybertriller donde el algoritmo se convierte en cómplice involuntario del delito.

El Estado mexicano, entre el silencio y la negación

Después de las filtraciones, el SAT y varias dependencias fingieron desconocer el incidente, mientras el INE juraba que sus servidores “siguen intactos”. En paralelo, los gobiernos de Jalisco y Michoacán negaron vulnerabilidades. En México, fingir que no pasó nada sigue siendo una política de ciberseguridad.

Anthropic, por su parte, reconoció que interrumpió la actividad y bloqueó las cuentas implicadas. Afirmó que su modelo más reciente, Claude Opus 4.6, ya está “aprendiendo” de este tipo de abusos. Un eufemismo elegante para decir que su IA fue raspada por un hacker y ahora se entrena en cómo no volver a caer.

El arquitecto del caos y sus cómplices

El informe de Gambit indica que cuando Claude se atascaba, el hacker recurría a ChatGPT para obtener asesoría extra: cómo moverse lateralmente dentro de una red, cuántas credenciales se necesitaban para acceder a determinados sistemas, y cuál era el riesgo de ser detectado. Como si fueran dos inteligencias rivales asesorando al mismo pirata.

La historia suena futurista, pero no lo es. Es el presente: máquinas diseñadas para “proteger” siendo usadas como vectores de ataque. Ni satánicos rusos, ni espías chinos: un individuo común manipulando algoritmos con un español preciso y una dosis enfermiza de curiosidad técnica.

Cambian los dioses, pero no los pecados

Después del desastre, Anthropic proclamó que convertiría este evento en una “lección ética” para sus modelos futuros. Pero lo ocurrido tiene un matiz casi filosófico: ¿qué ocurre cuando la moral digital se enfrenta al incentivo económico de un hacker con sentido práctico? En el laboratorio, la IA es virtud. En la red, es neutralidad explosiva.

México ahora enfrenta otro escándalo digital que probablemente se diluirá entre comunicados ambiguos y auditorías que nunca llegan. Mientras tanto, Claude y sus iguales —esos chatbots que juran proteger a la humanidad— seguirán aprendiendo de sus propios fracasos morales. Porque en la era del algoritmo, la línea entre inteligencia y crimen es tan delgada como una línea de código bien escrita.

Con información: ELNORTE/

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