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miércoles, 25 de febrero de 2026

«YA lo estaban VENADEANDO»: «CRIMINALES RAFAGUEAN y EJECUTAN EX-SUBPROCURADOR de DELITOS de ALTO IMPACTO»…iba con su hija,salio ilesa.


En La Paz,Baja California, amaneció con la postal perfecta del narco–Estado: un exsubprocurador acribillado a ráfagas a la puerta de su casa… y su hija menor de copiloto, convertida en escudo involuntario de la barbarie.

El mensaje a plena luz

A las 7:00 de la mañana, hora de lonchera escolar, no de ejecución, Bernardo Soriano Castro, exsubprocurador de Atención a Delitos de Alto Impacto, fue emboscado al salir del Residencial Hispania, en la esquina de Cantabria y La Cima, en La Paz, Baja California Sur. Viajaba en una Jeep gris, con su hija menor; él quedó abatido por disparos de grueso calibre, ella salió ilesa, como si el crimen organizado hubiera decidido respetar un milímetro de humanidad solo para subrayar que lo demás lo tiene bajo contrato.

No fue un “encuentro”, fue una cita agendada: la Mesa Estatal de Seguridad reconoce que los sicarios ya lo estaban esperando, como quien aguarda el Uber frente al fraccionamiento. Vecinos reportaron múltiples ráfagas, porque aquí no se mata en silencio; se mata con eco, para que toda la colonia escuche quién manda y a qué horas empieza su jornada laboral el plomo.

El sistema que “lamenta” mientras se cae a pedazos

La PGJE salió con el clásico responso institucional: lamentan los hechos, prometen rigor, transparencia y que “no habrá impunidad”. El comunicado pinta a Soriano como funcionario ejemplar, comprometido con la procuración de justicia y el combate a la delincuencia; el problema es que el crimen acaba de dar su propio boletín, escrito en casquillos, sobre cuánto vale la vida de un exmando en Baja California Sur.

Hablan de protocolos activados y de líneas de investigación, como si no fuera evidente la línea principal: alguien se atrevió a tocar al crimen o estorbó la cadena de negocios, y el mensaje es que ni el historial de “alto impacto” te salva cuando la plaza se administra desde otra oficina. El aparato institucional corre detrás de una emboscada montada con total control de tiempo, lugar y víctima; en términos de poder real, el Estado llega tarde, levanta el cadáver y firma el acta.

La niña en la escena del crimen

Que la hija haya salido sana y salva no es un gesto de humanidad, es una demostración de precisión y atrevimiento:sabían que iba con una menor y de todos modos ejecutaron al objetivo frente a ella. La escena describe perfecto la jerarquía de valores del narco: primero el mensaje, luego el territorio, al final las infancias que se traumatizan de por vida, porque vieron cómo el Estado que presumía “fortalecimiento institucional” termina tirado sobre el volante.

A las afueras de un residencial, a la hora de llevar a la niña, en una ciudad que presume paz en su nombre, un exsubprocurador cae a tiros: no es solo un asesinato, es una nota al margen de la Constitución que dice “la seguridad se otorga por fuera del gobierno y sin garantía de devolución”. Aquí el atrevimiento del crimen no es novedad; la novedad es que todavía haya comunicados oficiales fingiendo que tienen el control, cuando el control ya madruga, se estaciona afuera del fraccionamiento y espera pacientemente a su próximo “alto impacto”.

Con información: SEMANARIO/ZETA TIJUANA/

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