Tan pronto se supo del operativo contra el Mencho, el Cártel Jalisco Nueva Generación apretó el botón de panico y el caos se encendió en cadena: sin necesidad de órdenes del jefe ya abatido, sólo una lógica de terror perfectamente aceitada que respondió como maquinaria de guerra a la sola posibilidad de que su jefe fuera trasladado. En cuestión de minutos levantaron narcobloqueos en prácticamente todo Jalisco, calcando la misma mecánica en la zona metropolitana de Guadalajara, en Puerto Vallarta y en las principales carreteras: parar autos y camiones, despojar a los conductores y convertir cada vehículo en antorcha y barricada, que extendieron a 22 entidades del pais.
No fue violencia discreta: fue espectáculo del crimen. Los sicarios se grabaron a sí mismos ejecutando los bloqueos, robando autos, incendiando gasolineras, tiendas de conveniencia y alrededor de 20 sucursales del Banco del Bienestar, como si la demostración pública de impunidad fuera parte del manual operativo.
Frente al mercado San Juan de Dios, en Guadalajara, cámaras ciudadanas captaron el momento en que varios hombres armados le arrebatan el coche a un taxista; en el Soriana de Circunvalación y Avenida Normalistas, impactan vehículos en los accesos del centro comercial y les prenden fuego, mientras las carreteras a Tequila, Guadalajara–Puerto Vallarta y Guadalajara–Chapala se convierten en pasillos de chatarra calcinada.
El saldo inmediato no sólo fue destrucción, sino control territorial por saturación del miedo. Más de mil turistas quedaron atrapados en el Zoológico de Guadalajara: sin señal de celular, sin transporte para salir, obligados a dormir dentro del recinto bajo resguardo de fuerzas de seguridad que llegaron tarde a un territorio ya tomado simbólicamente por el cártel. Puerto Vallarta amaneció con fisonomía de zona de guerra: el humo de los narcobloqueos cubriendo la ciudad, vehículos incendiados hasta en el estacionamiento de un Costco, y la sensación de que cualquier intento de vida normal quedaba suspendido.
Mientras en aire y tierra se escuchaban gritos de “¿Ya lo prendieron? ¡Vámonos, vámonos! ¡No hay nada!” y advertencias de “¡Cuidado! Tiraron una bomba en el autobús”, el mapa de la violencia empezaba a dibujar algo más grave que un estallido local: una coreografía nacional.
La empresa de análisis en seguridad DataInc mostró un plano con todos los eventos de ese día en Jalisco: narcobloqueos, incendios a tiendas, ataques a bancos, enfrentamientos armados; los puntos se amontonaban hasta borrar la geografía y dejar sólo la huella de la expansión del miedo como estrategia.
Pero el mensaje más inquietante fue que el terror no se quedó en Jalisco. La misma lógica de bloqueo, fuego y parálisis se desbordó hacia Tamaulipas,Michoacán, Colima, Nayarit, Guanajuato y Zacatecas, entre muchos otros,replicando el manual: quema de vehículos, ponchallantas en carreteras, OXXO incendiados, supermercados atacados, más sucursales del Banco del Bienestar en llamas.
A la lista se sumaron episodios de violencia en Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Nuevo León, Tabasco y el Estado de México, hasta el punto en que prácticamente cada territorio donde el CJNG tiene presencia reportó algún tipo de hecho delictivo vinculado a esta jornada.
En Quintana Roo, en las entradas a Cancún ardieron vehículos; en Cozumel fue una tienda de conveniencia; en Playa del Carmen, autos frente a un supermercado. En la autopista México–Puebla, lo mismo: quema de vehículos, incluso un autobús reducido a esqueleto metálico sobre el asfalto, mientras las autoridades contabilizaban 252 narcobloqueos en 20 estados de la República. DataInt localizó en otro mapa alrededor de 200 eventos disruptivos relacionados con el crimen organizado ocurridos ese domingo, cada uno de ellos un punto luminoso del desorden, hasta confirmar que más de la mitad del país reportó algún hecho delictivo.
Todo esto ocurrió cuando el cártel, en teoría, estaba sin su jefe visible, con el Mencho fuera de escena inmediata. Lejos de paralizarse, la estructura operó como un organismo que ya no requiere cerebro central para reaccionar: células autónomas, protocolos repetidos hasta el automatismo, una red que entiende que sembrar pánico en simultáneo en media República es la mejor forma de mostrar que el liderazgo puede estar ausente, pero el terror está completamente vigente.
Con información: LATINUS/

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