En Sinaloa la violencia no “se contiene”, se desborda por todos lados mientras el gobierno federal sigue jurando que su estrategia funciona, como si los muertos fueran un problema de percepción y no de balas.
El salto brutal de la violencia
Entre 2024 y 2025, Sinaloa pegó un brinco de violencia letal que no se veía en una década: tras años de descenso, el homicidio doloso prácticamente se duplicó en 2024 y volvió a crecer con fuerza en 2025, empujado por la guerra entre las facciones Guzmán y Zambada del Cártel de Sinaloa. Desde septiembre de 2024 el estado vive con un “piso” de más de cuatro asesinatos diarios y llegó a un pico de siete víctimas al día en junio de 2025, todo con sello oficial del SESNSP.

La violencia real vs la violencia “oficial”
En 2025 el homicidio doloso alcanzó su nivel más alto en diez años, pero no llegó solo: también crecieron feminicidios, desapariciones y “otros delitos contra la vida”. Cuando se suman homicidios dolosos, feminicidios, desapariciones y “otros delitos contra la vida y la integridad”, el total de víctimas se dispara todavía más y coloca a Sinaloa en la peor crisis de inseguridad de su historia, muy por encima de lo que presume el discurso oficial. Es decir, el homicidio doloso es apenas la cascarita visible de un hoyo negro de violencia que el gobierno intenta reducir a un numerito en la mañanera.
Maquillaje estadístico: cómo desaparecen homicidios
En diciembre de 2025 la Fiscalía de Sinaloa reportó 128 asesinatos (122 homicidios y seis feminicidios), pero el recuento diario hecho a partir de sus propios informes da 166 privaciones de la vida, más 10 hallazgos de cuerpos y restos en fosas clandestinas. Esa “magia” administrativa recorta en 23 por ciento los homicidios reportados y borra del mapa que diciembre de 2025 fue el diciembre más violento del siglo en el estado. Para lograrlo usan cajones basura como “causa de muerte por determinar”, “homicidio por otros”, “homicidio por enfrentamiento” o “agresión a la autoridad”, etiquetas diseñadas para sacar muertes dolosas del indicador central del SESNSP.
El cinismo llega al punto de que incluso asesinatos de policías se esconden en esas categorías, aunque 2025 fue el año más letal para las fuerzas de seguridad en Sinaloa, con al menos 48 agentes asesinados,78 a la fecha y todos impunes.

No es un error contable: es política pública de simulación, porque mientras el gobierno federal vende la narrativa del “país en paz”, las fiscalías le acomodan las cifras para que no le arruinen la conferencia.
Atrocidades: la radiografía del fracaso
Si uno deja de ver solo el homicidio doloso y mira las atrocidades, el discurso federal se cae a pedazos. El informe “Galería del horror” de Causa en Común documenta que Sinaloa fue el estado con más hechos de extrema violencia en 2025, con 641 atrocidades registradas en la prensa.

Esa barbarie prueba que la crisis no es solo “más homicidios”: es una expansión de violencias brutales que las estadísticas oficiales no capturan ni quieren capturar. La estrategia federal presume control territorial y reducción de homicidios, pero lo que hay en el terreno es un laboratorio del horror donde se tortura, se masacra, se calcina y se entierra en fosas, mientras la federación reduce todo a un promedio.
La estrategia federal: pura propaganda
En Sinaloa hoy conviven dos capas de manipulación: anomalías estadísticas en las categorías del SESNSP y prácticas abiertas de reclasificación y subregistro de la Fiscalía. Hay momentos en que el homicidio doloso crece menos que otras formas de violencia letal o incluso baja mientras suben desapariciones y “otros delitos contra la vida”, no porque haya menos muertos, sino porque los están repartiendo en cajones distintos para que no estorben al discurso del éxito. Al mismo tiempo, se omiten víctimas, se retrasan registros y se inventan etiquetas administrativas que diluyen el homicidio doloso, todo para modular la percepción pública de la violencia.
El resultado es una doble distorsión: por un lado se subestima el volumen real de víctimas; por otro, se fragmenta la violencia en pedacitos incomprensibles. Bajo la supuesta estrategia federal, Sinaloa ofrece la prueba más incómoda: la violencia letal puede crecer aceleradamente, las atrocidades convertirse en rutina y los asesinatos de policías dispararse, mientras el gobierno se refugia en estadísticas manipuladas para sostener que va ganando la guerra que, en la realidad, ya perdió.
Con información: NOROESTE/

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