En Morena ya entendieron que sus conciencias prietas están en aprietos: la reforma electoral de Claudia Sheinbaum nace como “proyecto de Estado” pero podría morirse por falta de votos… y de aliados.
Morena contra la calculadora
- Para cambiar la Constitución necesitan dos terceras partes: 334 diputados y 86 senadores, números que hoy no les alcanzan ni juntando a todo el coro guinda.
- Aun así, la orden es no moverle una coma a lo que mande la Presidenta, aunque eso signifique estrellarse de frente contra la aritmética parlamentaria.
- Higinio Martínez ya avisó que, si se tiene que perder, se pierde, pero jamás se rectifica: antes muertos que reformados.
Aliados hartos de ser cajero automático
- PT y Verde están haciendo berrinche porque la reforma les mete tijera a dos cosas sagradas: plurinominales y financiamiento público, es decir, curules seguras y dinero fácil.
- En corto, sus legisladores admiten que no piensan aceptar “así como así” que les quiten pluris ni prerrogativas; en cristiano: “con nuestro negocio no se metan”.
- El Verde ya endureció postura y presume que “los votos son de quien los trabaja”, como si no llevaran años rentando su padrón legislativo al mejor postor.
El credo guinda: disciplina antes que razón
- Ricardo Monreal confiesa que ni siquiera hay certeza de que PT y Verde acompañen la iniciativa, pero igual exige respaldar el proyecto presidencial porque “no somos un grupo de sueltos, somos un movimiento”.
- El “movimiento” se resume en acatar sin chistar la misma receta: menos diputados plurinominales (pero diseñados por ellos), menos dinero para partidos (sobre todo ajenos) y recortes al aparato electoral mientras mantienen el control político.
- Encima quieren vender la reforma como cruzada anticachirules: más fiscalización, cero dinero sucio, más voto en el extranjero y democracia participativa… todo administrado desde Palacio.
Reforma “histórica”… si sobrevive
- En el papel, la iniciativa promete ahorrar miles de millones al recortar el costo del sistema electoral y bajar 25% el financiamiento a partidos, algo que encuestas dicen que el 70% de la gente aplaudiría.
- El problema es que para presumir la hazaña necesitan la misma mayoría calificada que hoy se les escurre entre las manos, porque ni PT ni Verde quieren firmar su propio adelgazamiento presupuestal.
- Así que mientras la Presidenta jura que no va a impulsar una reforma “desdibujada”, la realidad es que su proyecto puede terminar como muchas conciencias prietas: muy leal, muy firme… y atorado en el Congreso.
Con información: ELNORTE/

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