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sábado, 21 de febrero de 2026

«ESTULTO SECRETARIO de IN_SEGURIDAD de ACAPULCO se REFIERE a MELANIE como DAÑO COLATERAL con la INDOLENCIA de quien HABLA de una LLANTA PONCHADA»…el humanismo a flor de piel.


Melanie Giselle no murió, la mataron en un país donde a una niña de 16 años la reducen a “daño colateral” y el tipo encargado de la seguridad lo dice como si hablara de una llanta ponchada.

Guion irreverente para la voz en off

Melanie Giselle Bravo Leyva iba a la prepa, cuarto semestre, Colegio de Bachilleres plantel 2, una mañana cualquiera en Acapulco. Subió a una camioneta de transporte público rumbo a clases, no a la guerra, aunque en este país la frontera ya se borró. 

A las 7 de la mañana, sicarios en moto atacaron la unidad cerca de la colonia Chinameca, a unos metros de la escuela, directo contra el chofer. Las balas “inteligentes” del México moderno hicieron lo que mejor saben: encontraron a los que no tenían nada que ver, a dos alumnas.

En el video se ve lo que ningún gobierno quiere ver: no es un parte oficial, no es un boletín, es un estudiante cargando en brazos a Melanie, sangrando del abdomen, tratando de arrancársela a la muerte en plena calle. No es una escena de serie narca, es la ruta escolar de todos los días convertida en camino al hospital. Horas después, Melanie muere mientras recibe atención médica; tenía 16 años, tenía uniforme, tenía futuro, pero aquí eso dura menos que una rueda de prensa.

En ese mismo ataque, el chofer del colectivo también murió, porque en Acapulco manejar transporte público ya es oficio de alto riesgo, sin prestaciones pero con balas incluidas. Otra estudiante, Paloma, 16 años, baleada en la pierna y el glúteo, ya fue dada de alta, viva pero con la marca de un país que la inscribió a la secundaria y al narcoestado al mismo tiempo.

Y entonces aparece él, el genio de la narrativa oficial, el Secretario de Seguridad Municipal de Acapulco, Eduardo Arturo Bailleres Mendoza. Le preguntan por la niña asesinada en un ataque a una camioneta que llevaba estudiantes y usuarios comunes. ¿Y qué dice el hombre que cobra por garantizar que los niños lleguen vivos a la escuela? Que lo de Melanie fue “un daño colateral”.

Daño colateral.
No “Melanie Giselle Bravo Leyva, 16 años, estudiante, hija, amiga, compañera”. No “fallamos brutalmente en protegerla”. No “es inaceptable que una menor muera por la violencia que no controlamos”. No. “Daño colateral”.

Ese término que se usa en manuales militares para minimizar masacres civiles, ahora sale de la boca del jefe de seguridad de un puerto donde matan estudiantes camino a la escuela. No es un lapsus, no es un error de lenguaje: es la doctrina oficial, la deshumanización en automático, la forma pulcra de decir “ni modo, se nos atravesó una niña”.

Mientras amigos, compañeros y familiares velan a Melanie en su casa, suben fotos, esquelas, videos, se despiden de ella con su nombre completo, con recuerdos, con abrazos rotos. En redes piden que no la olviden, que no la reduzcan a un número, que vean su rostro, su uniforme, sus 16 años. Del otro lado, un secretario la convierte en un concepto militar reciclado para rueda de prensa: daño colateral.

La escena es brutal: un alumno cargando a su compañera moribunda, afuera un transporte público agujereado, maestros aterrados, clases suspendidas, Acapulco sitiado por el miedo. Y arriba de todo eso, un gobierno que mide la tragedia en tecnicismos, que no ve una niña asesinada, sino “riesgos inherentes”, “ataque directo al chofer”, “daño colateral”.

A Melanie la mataron las balas de unos sicarios, pero la remató el lenguaje de un sistema que la borra incluso después de muerta. Si a una estudiante de 16 años asesinada la llaman daño colateral, entonces ¿qué somos todos los demás? Simple: población civil en zona de tiro, a merced de un Estado que ya decidió que nuestra vida es un mal cálculo en su mapa de guerra.

Con información; LATINUS/

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