Ana Camarillo fue a una feria de armas en Phoenix,Arizona en EE.UU y allí intentó comprar una Barrett M82, ese rifle calibre .50 pensado para “romper cositas” como vehículos blindados, tumbar helicópteros estacionados en el aire y estructuras que se atraviesen, como vehiculos artesanalmente blindados, llamados «Monstruos». Cuesta entre ocho y catorce mil dólares, pesa más que una buena resaca y puede volarte la cabeza desde 2 kilómetros. Ella apenas podía sostenerla, pero el vendedor se la despachó igual, como quien vende churros en el estadio. Pagó en efectivo, claro.
Ese mismo día, en el mismo recinto, otro grupito hizo de las suyas: siete rifles calibre .50, cinco fusiles de asalto y un par de pistolas más. Tres años después, una de esas joyitas reapareció en Sinaloa, custodiada por quienes suelen ponerle nombre de animalito a sus cárteles.

Así fue como la ATF ,la agencia federal estadounidense de «Armas,tabaco y explosivos» ,descubrió que Ana y otros ocho gringos funcionaban como “compradores fantasma”: prestaban su nombre por cien o mil dólares para legalizar compras destinadas a los traficantes. Los titiriteros eran los hermanos Jorge y Alejandro Corona, quienes reclutaban por Snapchat y Facebook como si buscaran influencers, ofreciendo hasta mil dólares por compra.
Los hermanos Jorge y Alejandro Corona de acuerdo con Jesús Álvarez,agente de la ATF, se les acusa de haber adquirido ocho rifles calibre 50, cuatro ametralladoras semiautomáticas M240-SLR, un rifle semiautomático y dos pistolas de 9 milímetros. El armamento de calibre 50 se ha consolidado como una de las armas largas más potentes y codiciadas por los grupos del crimen organizado en México, a menudo descrita como su “arma favorita” o de “uso de guerra” debido a su inmenso poder destructivo, explica el informe de la ATF.
Álvarez afirmó que los hermanos Corona siempre contaban con altos montos en efectivo. Incluso una de las mujeres que trabajaban para ellos, April Corral, dijo que recordaba que en una de las ocasiones en que la recogió para ir a comprar armamento, había dinero esparcido por todo la camioneta y una bolsa de plástico con aproximadamente 50.000 dólares en efectivo.
Alejandro Corona explicó que a veces depositaba el efectivo en su cuenta de banco en una ciudad de Arizona y luego lo retiraba en otra, pero que nunca superaba la cifra de más de 9.000 dólares para evadir los requisitos de informes bancarios. Este declaró que lo hacía para evitar preguntas en los controles de la Patrulla Fronteriza de EE UU. También dijo que se pegaba dinero al cuerpo con cinta adhesiva al pasar por los controles. De acuerdo con la misma declaración, una vez compradas las armas, las transfería a dos cómplices: Salvador García Moreno y otro identificado como Noe N. Corona declaró que ambos contrabandeaban grandes cantidades de dinero a Estados Unidos para facilitar la compra de armas de fuego y también las transportaban a México.
Pablo Pérez Ricart, profesor e investigador de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), una de las universidades más prestigiosas de México, se refiere a los también conocidos como prestanombres, como una red hormiga de tráfico de armas que involucra al menos a 50.000 personas en todo Estados Unidos. Considera que los esfuerzos que agencias como la ATF o la Oficina de Aduanas, junto con el Gobierno de México, realizan es como buscar una aguja en un pajar. Afirma que la vinculación a proceso de estos nueve acusados es realmente “muy poquito” respecto a la dimensión del problema. “Estados Unidos prácticamente no hace nada. No significa nada, ya que es parte de pequeños esfuerzos que hacen agencias con muy poco presupuesto y que cada tanto hacen detenciones de este tipo. Nuestras cifras más consistentes coinciden en que hablamos de que 145.000 armas al año entran a México. Son como 400 diarias”, complementa el autor del libro La violencia vino del Norte.
Al final, Arizona se ha vuelto el Duty Free del crimen organizado mexicano: armerías legales vendiendo rifles antimaterial a civiles con mochilas llenas de efectivo. Para los fabricantes, es un negocio redondo; para las autoridades, una “preocupación permanente” (que suena más a slogan que a política pública); y para México, un recordatorio diario de que las balas también cruzan su frontera agujerada y en eso hace muy poco o nada, salvo echarle culpas al vecino cuando la puerta por la que entran es responsabilidad de Mexico,donde el mismo ejercito MexiCano ha sido exhibido facilitándoles esa artillería y poder de fuego que hoy dice combatir.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ ANDRES RODRIGUEZ/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: