El destino no toca la puerta: se sube a un Tsuru y te alcanza en plena avenida. Alfonso Moreno Tacuba, subinspector y excoordinador operativo de la Comisión Estatal de Seguridad en el sexenio de Cuauhtémoc Blanco (2018-2024), terminó ejecutado a balazos en Jiutepec, pegado a Cuernavaca, en un episodio que suena menos a “hecho aislado” y más a recordatorio de que en Morelos la violencia tiene agenda propia.
La escena trae todo el guion del fatalismo con presupuesto: iba en un vehículo blanco, le dispararon, perdió el control y se estampó contra una propiedad, como si la calle misma estuviera escrita para cerrar el capítulo con golpe final.
Y el contexto pone el sarcasmo sin esfuerzo: el ataque ocurre en avenida Tezontepec, en el fraccionamiento Las Fincas, descrito como de “mayor arraigo”, pero últimamente arraigado, sobre todo, a la estadística del plomo; ahí mismo habían matado recientemente a dos agentes ministeriales y a personal de Tránsito.
Los paramédicos llegaron sólo a certificar lo que en estos relatos suele ser trámite: ya no tenía signos vitales por heridas de bala.
Mientras tanto, el destino —ese que “siempre cobra”— salió con placas invisibles: los agresores huyeron en un Nissan Tsuru “con rumbo desconocido”, y la Fiscalía inició las investigaciones “correspondientes”, ese conjuro burocrático que se repite cuando lo único claro es que alguien ya no vuelve.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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