En Zacatecas, donde el apellido Monreal pesa más que cualquier estatuto, el senador Saúl Monreal Ávila sacó ayer el pecho ante sus seguidores y proclamó —sin pizca de pudor— que “el pueblo está por encima de las reglas”. Traducido al zacatecano llano: si la ley estorba, mi voluntad manda.
Arropado por vítores y consignas prefabricadas, el menor del clan convirtió el salón Chulavista en una capilla de fe ciega al monrealismo. Ahí, entre banderas guindas y discursos de autodestinación, el senador rompió lanzas contra el antinepotismo de Morena, ese obstáculo burocrático que no fue formalizado ,pero que se convierte en escollo para frenar la dinastía que gobierna el estado como si fuera rancho propio.
El mensaje fue claro: Zacatecas no aguanta otro Monreal, pero Saúl ya se apuntó para ser precisamente eso.
Con voz de cruzada popular, se envolvió en la bandera de la militancia y gritó que no hay estatuto “por encima de la voluntad del pueblo”. Claro, siempre y cuando el pueblo se apellide Monreal.
Pidió procesos “incluyentes”, exigió que no lo bajen del caballo, y hasta advirtió que podrían perder la elección si lo hacen a un lado. En su lógica, la derrota de Morena equivaldría a una herejía contra su linaje.
De paso, reconoció que ese apellido le ha abierto puertas (y algunas se las ha cerrado), pero omitió mencionar que todas esas puertas conducen al mismo palacio familiar.
A su cruzada, como era de esperarse, pues ni entre ellos se aguantan, no asistieron sus hermanos, ni David ni Ricardo ,“Quienes no están no me debilitan”, sentenció Saúl.
El presagio es tan predecible como incómodo: otra gira, otro mitin, el mismo guion.
Zacatecas, sin oxígeno ni paciencia, vuelve a escuchar la misma consigna disfrazada de épica popular: “El pueblo con Saúl”. Lo único que falta es definir si el pueblo todavía incluye a quienes no viven del apellido.
Con informacion: ELNORTE/

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