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miércoles, 11 de febrero de 2026

LA «TRANSA de la CHATARRA AEREA»:»FRAUDE MILLONARIO en SUIZA CONECTA a EMPRESA en MEXICO que FACTURA REFACCIONES al EJERCITO»…un modelo opaco donde los convenios entre militares y proveedores extranjeros navegan sin radar público.


La historia suena a broma, pero costó millones de pesos del erario y décadas de negación institucional: los vetustos cazas F-5E Tiger II de la Fuerza Aérea Mexicana —una colección de aluminio fatigado que vuela desde el sexenio de López Portillo— volvieron a los titulares no por hazañas aéreas, sino por un fraude internacional conectado a su mantenimiento.

La empresa suiza RUAG, contratista histórica de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA, rebautizada ahora como Defensa en su etapa empresarial-militar), está siendo investigada por un fraude en los contratos de mantenimiento de los F-5. Los aparatos, comprados en 1982 cuando ya eran considerados obsoletos en Estados Unidos, se mantienen volando entre milagros y refacciones canibalizadas.

De acuerdo con el diario suizo SonntagsBlick, RUAG cayó víctima —o cómplice, dependiendo de quién lo cuente— de una estafa millonaria orquestada por su intermediario mexicano, un socio comercial con acceso privilegiado a los secretos de importación y aduana.

El truco era simple, clásico y elegante: inflar artificialmente el valor de las exportaciones hacia México para cobrar un IVA sobre una cifra inflada, con lo cual se generaban ventajas fiscales indebidas y jugosas comisiones ocultas. Dicho de otro modo, la Sedena pagaba millones por mantenimiento de cazas que apenas despegan… y el intermediario facturaba como si estuviera vendiendo piezas de ataque furtivo de quinta generación.

Las fuentes suizas detallan que el socio local, con acceso a información sensible sobre precios, trámites y logística, manipuló sistemáticamente los valores para que RUAG incumpliera el contrato sin siquiera notarlo. El resultado: un círculo vicioso donde el contribuyente mexicano paga de más por mantener en vuelo chatarra glorificada mientras el negocio de las refacciones envejece tan mal como los aviones.

El episodio no solo revela el colapso de control en los contratos internacionales de Defensa, sino también la persistencia de un modelo opaco donde los convenios entre militares y proveedores extranjeros navegan sin radar público. En el mejor de los casos, RUAG fue ingenua; en el peor, parte de un engranaje transnacional con sello mexicano.

Cuatro décadas después de su compra, los F-5 siguen orbitando sobre la narrativa oficial como reliquia y símbolo: los “guardianes del cielo nacional” son hoy piezas de museo mantenidas con dinero fresco, en un país donde el verdadero vuelo se da en los contratos, no en las pistas.

Con informacion: EL NORTE/SonntagsBlick/

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