Sinaloa está viviendo una temporada de cacería humana… y el gobernador Ruben Rocha Moya de color guindo-humanista con tintes narcos, jura que “no sabe nada”, como si gobernar fuera hobby de fin de semana y no chamba de tiempo completo.
Mientras la sierra y las ciudades se llenan de fosas y levantones, Rubén Rocha Moya parece más preocupado por su narrativa que por sus muertos, atrapado entre la narcoguerra de chapitos y mayos y su propio guion de “todo tranquilo en el paraíso sinaloense”.
El año arrancó con secuestros en modo cadena nacional: el 20 de enero se llevan a la influencer Nicole Pardo, “La Nicholette”, a plena luz y con todo grabado por las cámaras de su Cybertruck Tesla, como si Sinaloa hubiera inaugurado su propio servicio de streaming del terror. Cuatro días después la sueltan en Culiacán, y el mensaje es claro: aquí manda quien puede, no quien sale a dar conferencias.
Tres días más tarde, diez mineros de la empresa canadiense Vizsla Silver son levantados en Concordia. Días después aparece una fosa clandestina y el 9 de febrero se confirma que ahí hay diez cuerpos, cinco de ellos de los mineros, mientras al resto nadie los nombra, como si fueran material desechable de esta guerra donde el gobierno finge no ver y no trae prisa.
El turismo tampoco se salva del desastre humanista: el 3 de febrero, en plena zona turística de Mazatlán, se llevan a seis integrantes de una familia del Estado de México; liberan a una mujer y a su hija de nueve años, pero los otros cuatro siguen tragándose el silencio oficial. Apenas el 9 de febrero, otras cinco personas son secuestradas en el tramo hacia el norte, porque en Sinaloa ahora la carretera incluye peaje, baches y levantón que ha dejado de ser opcional.
Y en medio de todo esto, Rocha Moya sale con que “no está al tanto” de lo que ocurre, como si Sinaloa fuera un Airbnb que le dejaron encargado y se le olvidó revisar las cámaras. El gobernador guindo presume despliegues de fuerzas y “proyectos integrales” para Concordia, pero la realidad es que las fosas aparecen más rápido que la justicia y los operativos sirven más para la foto que para frenar a los grupos armados que tienen partida en raya al Estado.
Así que mientras el narco administra el territorio, la federación manda más soldados para simular control y la minera canadiense cuenta cadáveres, Rocha sigue en su papel de estadista distraído: mucho tuit, mucha reunión, mucho discurso humanista… y un Sinaloa convertido en vitrina sangrienta de lo que pasa cuando el gobierno decide que “no saber nada” es más cómodo que gobernar.
Con informacion: REFORMA/

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