Dicen que en Oaxaca el viento todo lo arrastra: los murales, las carpas del Zócalo… y ahora las renuncias. Salomón Jara, todavía gobernador de MORENA por obra y gracia de 550.000 votos fieles (y pese a otros 357.000 hartos de su “primavera oaxaqueña”), decidió que el problema no es él, sino todos los que lo rodean. Así que pidió la renuncia del gabinete entero, como si la autocrítica fuera cosa de subordinados.
El hombre sobrevive al primer referéndum de revocación estatal del país, pero sale tundido: un 38 % de su propio pueblo le dijo con todas sus letras “ya no te creemos”. En cualquier otro lugar, eso se llamaría crisis política; en Oaxaca, se disfraza de “reinicio administrativo”. Y el guion, claro, lo escribe el protagonista que jura no ser parte del problema.
Ahora anuncia con solemnidad que el 18 de febrero presentará su “relanzamiento de gobierno”, una frase tan hueca como los discursos con que promete revisar el nepotismo… mientras revisa a cuál primo o cuñado no se le fue la mano en campaña. No se equivoquen: no es un proceso de limpieza, es un reciclaje de la misma familia política, solo que con nuevas sillas.
Eso sí, el PT no se compra el relato del renacimiento. Su líder, Benjamín Robles, anda de gira con un megáfono, recordándole al pueblo que el gobernador “usurpador” se aferra al cargo como turista a su sombrero en Teotitlán. Mientras tanto, Morena y sus aliados intentan posar para la foto de unidad, pero la fractura ya brilla más que el dorado de sus logos.
Y ahí está Salomón, en medio del incendio, convencido de que basta apagar las llamas con renuncias ajenas. Porque en la tragicomedia política mexicana, cuando el líder pide que se vayan todos, suele olvidarse del único que debería encabezar la lista.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERNESTO NUÑEZ/

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