El mas reciente reporte que cita la iniciativa global de Datos y Ubicación de Conflictos Armados (ACLED, por sus siglas en inglés) deja muy clara una cosa incómoda para el discurso triunfalista, siempre optimista,pero mal informado: mataron al jefe, pero el monstruo sigue de pie, armado, cobrándole renta al país entero y sin fracturas internas visibles.
El “golpe histórico” que no desmanteló nada
ACLED –no la mañanera– es quien pone los pies en la tierra: tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, el CJNG no se rompió, no perdió su músculo de fuego y nadie más aprovechó el vacío para arrebatarle las plazas. El relato épico del “Estado recuperando el territorio” se estrella contra un dato básico: el cartel conserva su estructura y capacidad operativa, incluso después de la jornada de violencia que siguió al operativo.
Mientras el gobierno vende el abatimiento del Mencho como parteaguas, los analistas de conflicto señalan que el CJNG sigue siendo una de las principales amenazas de seguridad en México, con presencia nacional y mando intermedio intacto. Es decir: descabezaron al consorcio, pero ni desmontaron el andamiaje político ni tocaron a fondo la maquinaria financiera que lo sostiene, justo lo que especialistas vienen repitiendo desde febrero.
Poder militar: el ejército que no se desmoviliza
El texto de Proceso retoma los hallazgos de ACLED sobre el poder militar del CJNG, que mantiene un despliegue paramilitar con hombres, armas y logística suficientes para seguir peleando más de media república a la vez. No es una banda de halcones improvisados, sino una estructura con Grupo Élite, blindaje artesanal, drones con capacidad de bombardeo remoto, fusiles Barrett .50, ametralladoras Browning y lanzagranadas RPG-7.
ACLED confirma algo que la experiencia de campo ya había dejado claro: la reacción posterior a la muerte del Mencho –bloqueos, quema de vehículos, enfrentamientos simultáneos– probó que la cadena de mando intermedia funciona y puede coordinar ataques en varios estados sin necesitar una voz única en la cúspide. Lo que el gobierno vendió como “pánico” del cartel luce más bien como demostración de fuerza para recordarle al Estado quién sigue controlando las plazas y quién puede paralizar carreteras, corredores industriales y ciudades cuando le convenga.
Rentas criminales: la caja registradora sigue sonando
El corazón del análisis es brutal en su sencillez: las fuentes de ingreso del CJNG no se desplomaron con el cadáver del Mencho. Siguen operando tráfico de drogas, extorsión, cobro de piso, minería ilegal, tala, narcolaboratorios y todo el catálogo de negocios sucios que consolidaron durante la última década.
Lejos de un “quiebre financiero” del cartel, lo que documentan es continuidad: las rentas siguen fluyendo porque la red territorial –esos mandos regionales con autonomía y caja propia– permanece intocada. ACLED habla de una organización que muta, pero no colapsa: se perfila un escenario de “señoríos” locales, donde las células controlan zonas específicas, cobran sus propios tributos y negocian con actores políticos y económicos de su región. En castellano llano: el Estado presume el trofeo del líder abatido mientras las franquicias criminales de la marca CJNG continúan cobrando la cuota de protección en municipios, corredores de carga y enclaves mineros.
Fragmentación, mito conveniente y riesgo real
El expediente ACLED 2026 que ademas cita Proceso en Mexico, dialoga con otra línea de análisis: sí hay riesgo de fragmentación, pero eso no significa paz, sino más violencia desordenada. Especialistas como Víctor Manuel Sánchez Valdés advierten que los mandos regionales –los que tienen “recursos, elementos y armas”– decidirán si pactan una continuidad relativamente ordenada o si se lanzan a la guerra de todos contra todos por rutas y plazas.
Mientras tanto, el gobierno presume que “no hay fractura interna” como si eso fuese buena noticia, cuando lo que implica es que el cartel mantiene disciplina suficiente para seguir operando en bloque y negociar desde una posición de fuerza. Otros análisis señalan que la Golpeología Oficial siempre promete el mismo milagro: se cae el capo, llega la reconstrucción institucional… y lo que realmente llega son reacomodos, masacres y nuevos pactos en lo oscurito.
ACLED, con frialdad de base de datos, le arruina el eslogan a los políticos: la muerte del líder modificó el mapa interno del CJNG, pero no redujo su capacidad para ejercer violencia letal ni para seguir exprimiendo rentas criminales en México y fuera de él.
El Estado mexicano: músculo para operativos, anemia para gobernar
El retrato que emerge de Proceso es demoledor para el Estado: cuando hay voluntad política, las Fuerzas Armadas pueden montar operativos sofisticados, abatir a un capo de alto perfil y contener temporalmente el caos. Lo que no logran –o no quieren– es lo que ACLED pone sobre la mesa: desmantelar las redes políticas, financieras y locales que permiten al CJNG sostener su aparato paramilitar y sus múltiples negocios de extorsión, explotación y tráfico.
La administración federal despliega decenas de miles de elementos en el corredor del Bajío para “contener efectos” de la purga interna y la esperada embestida del Cártel de Sinaloa, pero no presenta una estrategia clara para quebrar la economía criminal del cartel ni su relación con autoridades locales. El resultado es el de siempre: mucho uniforme, mucha conferencia y un mapa de violencia que, según los datos de ACLED, sigue registrando una organización con alcance transnacional, poder de fuego de grupo extremista y un negocio tan rentable que sobrevive incluso a la ejecución de su máximo jefe.
Con informacion: ACLED 2026/ PROCESO/

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