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miércoles, 27 de mayo de 2026

«NO la PELARON: PETICIÓN de SHEINBAUM en RED MAÑANERA de NO VER TVAZTECA le SUBIÓ el RATING a TELEVISORA…culpen a la reactancia.


En la historia del México moderno no existen presidentes -sean priistas, panistas o morenistas- que no haya salivado ante la tentación del control sobre los medios libres de comunicación. Acallar la disidencia para que nadie los cuestione, para que no se exhiban sus deslices políticos y, mucho menos, sus corruptelas a costa de nuestros impuestos.

Con esa soberbia que caracteriza a la mayoría de quienes se cruzan en el pecho la banda presidencial, se sienten con todo el poder de lanzar el aparato del Estado sobre los dueños, directores y periodistas tanto en prensa, como en radio y en televisión, y ahora, las redes sociales. La mordaza es su fetiche.

Olvidan esos mandatarios que, a diferencia de los periodistas, su tránsito entre las nubes del poder es como la leche: tiene fecha de caducidad. En México vence cada seis años. Y no hay vuelta para atrás. El destino oscuro, inevitablemente, los alcanza.

Hagan un recuento de cuántos de los ex presidentes mexicanos que sobreviven  pueden andar libres en su país. Fuera de Vicente Fox, el resto están haciendo su vida en España o en Estados Unidos.

Existen, en México, dos casos emblemáticos de los obstáculos o las persecuciones presidenciales en contra de medios de comunicación críticos. Son casos dignos de estudio, que exhiben con claridad, que todo aquello que el político autoritario pretende acallar, acaba por brillar todavía más.

Uno, el del presidente Luis Echeverría, que en julio de 1976, furioso por la línea editorial crítica del periódico Excélsior, asestó un golpe político al manipular a trabajadores cooperativistas de ese diario, para expulsar de la dirección a su incómodo director, el periodista Julio Scherer García. Y la persecución, lejos de intimidarlo, encumbró a Scherer para crear -con un puñado de valientes periodistas- la revista Proceso, un medio semanal que, desde entonces, ha sido factótum en la investigación periodística en nuestro país.

El otro caso es el del periodico Reforma, un diario creado en 1993 al amparo de la independencia que desde Monterrey irradiaba el periódico El Norte y la familia Junco de la Vega, con un ejército de jóvenes periodistas luchando a contrapelo por la libertad de expresión. 

Tan incómoda resultaba la incursión de “los bárbaros del Norte”, que el viejo PRI orquestó que la Unión de Voceadores boicoteara la distribución del nuevo diario, para evitar que se leyeran sus investigaciones que sacudían al sistema priista. Pero lejos de alejar a Reforma de las calles, lo acercó a una ciudadanía que, en defensa de sus derechos para tener una prensa libre, salió del confort de sus casas para vocear por ellos mismos la venta del diario. El resultado fue que, en pocos meses, Reforma se instaló en la preferencia de una gran mayoría de lectores no sólo de la Ciudad de México, sino de todo el país. Y de esa lucha emergieron otros diarios hermanos, como Mural en Guadalajara y Palabra en Saltillo.

Viene este preámbulo a cuento, porque ya apareció en el firmamento una nueva émulo de Luis Echeverría y del viejo PRI: la presidenta Claudia Sheinbaum. Y desde su púlpito mañanero ya lanzó su consigna autoritaria contra su medio villano: “Mexicanos, no vean Televisión Azteca”.

A la inquilina de Palacio Nacional le indigna que Ricardo Salinas Pliego, el presidente de TV Azteca, sea la voz contestataria frente a los abusos ideológicos y la corrupción descarada de Morena y de la Cuarta Transformación. Ignorando que en México -al menos en el papel- todavía existe la libertad de expresión, la presidenta Claudia Sheinbaum quiere quemar en leña verde a todo lo que huela a la televisora del Ajusco. Su dueño y sus periodistas tienen la osadía de tocar en sus canales 1, 7 y en ADN40, las historias prohibidas de Andy López Beltrán, de Adán Augusto López, de Mario Delgado y, por supuesto, de Andrés Manuel López Obrador. Y lo que es peor, le dan espacio libre a los disidentes de la Cuarta Transformación para que se expresen con libertad, en estos días en los que  muchos de ellos ya fueron proscritos en otros medios de comunicación que cobran el favor en la caja en la que despacha Jesús Ramírez.

Olvida la presidenta Claudia Sheinbaum que es condición humana consumir “lo prohibido”. Desde niños, el “no hagas esto” o “no leas esto” es sinónimo de “vete a buscarlo”. Por eso, en estos días, los ratings de TV Azteca, en pantalla abierta y en redes sociales se dispararon. “¿Qué es lo que la presidenta no quiere que veamos? ¡Pues vamos a verlo para probarlo!”.

Mala estrategia de quien no tiene la visión de respetar los más elementales derechos humanos, comenzando por la libertad de expresión. ¿Qué sigue ahora? ¿Que la presidenta Claudia Sheinbaum salga cada semana con su lista de medios y sitios prohibidos porque no le juegan su juego a Palacio Nacional? ¿Que recomiende abrevar en el pensamiento y la filosofía cuatroteísta de Lord Molécula y paleros que lo acompañan?

Vamos pidiendo cuentas para conocer de qué tamaño es el presupuesto que su heredado comunicador, Jesús Ramírez, se gasta -por arriba y por debajo de la mesa- para acallar disidentes o para impulsar a los medios que se le someten.

La batalla de la censura a TV Azteca la ganó Ricardo Salinas Pliego. Hoy, esa pantalla chica tiene más audiencia viendo y escuchando sus informaciones “prohibidas”, mientras que en Palacio Nacional ya se dieron cuenta de que colocarse del lado de la historia de Luis Echeverría y del viejo PRI no rinde frutos.

Curioso detalle que, en 1997, la telenovela “Mirada de Mujer” lanzó al cielo los ratings de TV Azteca, porque exhibía temas prohibidos como la infidelidad, el machismo y las relaciones entre mujeres adultas y hombres jóvenes.

Curioso que hoy sea otra peculiar “Mirada de Mujer” -la de Claudia Sheinbaum- la que, con nuevas prohibiciones, le regrese los elevados ratings a los noticieros de la televisora del Ajusco.

Ah, por cierto, en 1997, el director de aquella exitosa “Mirada de Mujer”, Epigmenio Ibarra, tenía todas las libertades que le dio TV Azteca para producir su “novela prohibida”. Y que hoy, desde el púlpito mañanero de la censura, en Palacio Nacional, sea el mismo Epigmenio Ibarra el que produzca -de la mano de Jesús Ramírez- esta cuestionable y muy autocrática “Mirada de Mujer”.

Con informacion: CODIGO MAGENTA/

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