En Tamaulipas, donde la memoria política suele ser selectiva y la indignación un recurso de temporada, el diputado federal de Morena, Carlos Canturosas,ex-alcalde de Nuevo Laredo que gobernó el municipio con ayuda ZETA,ya decidió ponerse el traje de guardián electoral. Ahora resulta que impulsa filtros y “blindajes” para evitar que personajes ligados al crimen organizado lleguen a cargos públicos. Dicho así, suena casi heroico. El problema no es la propuesta. El problema es quién la dice.
Porque no estamos hablando de un actor político inmaculado que descubrió de pronto la importancia de la ética pública. Hablamos de un personaje que, según señalamientos periodísticos previos y material que circula desde hace años en el ecosistema informativo tamaulipeco, ha sido vinculado en el pasado con estructuras y personajes asociados al crimen organizado —incluyendo referencias indirectas al entorno de Los Zetas y figuras del círculo de Osiel Cárdenas.
Nada de eso ha sido explicado con sobriedad ,ni tampoco desmentido con la contundencia que se exigiría a alguien que hoy pretende erigirse como filtro moral de la democracia.
Y ahí está la contradicción: el político que no aclaró del todo su propio expediente mediático ahora quiere revisar el de los demás.
De acuerdocon la la nota mas reciente de sus dichos, la iniciativa acompañada por el Diputado de Morena Humberto Armando Prieto Herrera,ex-panista igual que Canturosas, busca impedir que aspirantes con antecedentes o vínculos dudosos compitan en elecciones y que aya obligó a pronunciarse en torno a esta farsa a Guadalupe Taddei, la mismísima presidenta del INE.
En abstracto, parecería una medida necesaria y saludable en un estado donde la frontera entre política y crimen ha sido, durante años, más porosa que institucional.Tan asi que el hoy gobernador de Morena, Americo Villarreal y su antecesor panista Francisco García Cabeza de Vaca,son los mejores «malos ejemplos» y ambos deberían estar en prisión.
Pero en la práctica, el discurso pierde peso cuando proviene de alguien cuya trayectoria ha sido cuestionada en ese mismo terreno.
Más aún, el silencio selectivo también cuenta. En el material que ya ha sido difundido hemos señalado cómo Canturosas ha evitado pronunciarse sobre personajes y episodios específicos relacionados con redes de poder y criminalidad en la región. Es decir: indignación quirúrgica. Se habla cuando conviene, se calla cuando incomoda.
La política mexicana tiene una larga tradición de conversos de último minuto: funcionarios que descubren la legalidad justo cuando les toca legislarla, o que encuentran la moral pública cuando ya sortearon sus propias zonas grises. Canturosas parece encajar perfectamente en esa escuela.
Porque si el objetivo es limpiar candidaturas, el primer filtro debería ser la congruencia. Y ahí, la pregunta es inevitable: ¿quién audita al auditor?
En Tamaulipas no faltan leyes, sobran antecedentes. Y mientras los mismos nombres sigan rotando entre señalamientos y cargos públicos, cualquier intento de “blindaje” suena menos a reforma estructural y más a control narrativo.
Al final, no es que la iniciativa sea mala, aunque en los hechos duplicaría y hasta triplicaría funciones que ya estan determinadas en otras autoridades. Es que en boca de ciertos actores, suena a chiste involuntario.
Con informacion: HoyTamaulipas/Articulo-7/



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