Matamoros ,cuna del Cartel del Golfo que ayudo a ungir como gobernador de Morena a Americo Villarreal, al estilo de Ruben Rocha Moya en Sinaloa,acaba de recibir otro “mensaje” de la faccion de «Escorpiones» del Cártel del Golfo que seguramente, como las victimas,van a ir al archivo muerto,ese apartado donde la Fiscalia de Justicia de Tamaulipas envía las investigaciones inconclusas que en esta entidad han sido cifras de impunidad terrorífica,casi total.
Los “príncipes” del Contador
De un lado esta ecuación violenta están los hijos de José Alfredo Cárdenas, alias “El Contador”, lider máximo de la faccion de «Escorpiones» cuyos hijos luego de ser detenidos y enclaustrados en un penal federal,conocieron la libertad casi inmedita, igual que su padre,gracias a jueces federales muy sensibles al sonido del fajo de billetes.
Tanto como el alcalde de Morena en Matamoros,Alberto «Beto» Granados,que se presto para fingir y fungir como supervisor de la medida cautelar de libertad del capo,cuyos hijos heredaron el ADN CRIMINAL.

Alan Alexis y Axel Alfredo Cárdenas Rodríguez fueron vinculados a proceso en 2023 por secuestro de cuatro estadounidenses (dos asesinados), delitos contra la salud, armas de uso exclusivo, fentanilo y hasta tentativa de homicidio contra la Guardia Nacional.

Alan Alexis: Guardia Nacional reporta que el 7 de mayo de 2023 un tal Aldo Antonio,escolta del hijo del Contador les dispara desde un inmueble en el fraccionamiento Victoria de Matamoros, mientras el resto del combo es detenido con armas, pastillas M30 de fentanilo, precursores y dólares contantes y sonantes,publicó MILENIO.
Todos acabaron en el Altiplano, penal “de máxima seguridad”, para luego salir por la puerta grande: hoy Axel y Alexis Alfredo ya se mueven como jefes de la organización, en sintonía con Balkis Garcia, la pareja sentimental del Contador, señalada como operadora financiera y enlace directo con el capo.
En resumen: los “mocosos que jugaban a ser capos” ya no juegan, mandan. Y Matamoros lo está sintiendo a fuego literal.
La casa incendiada y la cuota
Las imágenes del incendio en Matamoros no son un accidente doméstico ni una tragedia fortuita: son la versión 2026 del clásico “no pagaste, te borro del mapa”.

El reporte que circula: familia dedicada a eventos especiales, abordada para pagar “cuota”, se niega… y horas después, a las 5 de la mañana, la planta baja de la casa comienza a arder, el fuego sube, envuelve la vivienda y la familia muere intoxicada por humo mientras duerme arriba.

La lista de víctimas –abuelos, jóvenes, una niña de apenas cuatro años– pinta la masacre que el discurso oficial intenta reducir a “siniestro”.
Los bomberos llegan sin agua ni equipo, pidiendo herramientas a los vecinos, mientras el gobierno de Tamaulipas corre a buscar el ángulo menos incómodo para no rozar la palabra incómoda: terrorismo.
En cualquier país serio, incendiar una casa familiar por negarse a pagar extorsión sería tratado como crimen de alto impacto con coordinación federal, presión política y persecución real contra los autores materiales y los jefes que dieron la orden.
En Tamaulipas, en tiempos de Morena, es “un carpetazo más”, como remata el mismo reporte local que narra el horror y el abandono institucional de Matamoros.
Los Cárdenas y el Estado: sociedad anónima
Mientras la familia es calcinada, los vástagos del Contador han pasado de internos en el Altiplano a operadores visibles del CDG, asumiendo “de facto su rol como jefes del Cártel del Golfo”.
La narrativa clara: los jueces “recapacitan”, modifican términos de prisión y entregan boleta de libertad como si fueran recibos de estacionamiento, no resoluciones judiciales frente a delincuentes de alto perfil.
El mensaje que baja a nivel calle es brutal:
- El que extorsiona manda.
- El que se niega, arde.
- El que firma las órdenes de aprehensión, negocia.
- Y el que debe investigar, tiene pasado al servicio del narco.
La multiejecución disfrazada de incendio no ocurre en el vacío:ocurre en el territorio donde los hijos del Contador fueron ya detenidos con armas largas, fentanilo, dólares y acusaciones de tentativa de homicidio, y aun así hoy se les menciona como jefes actuales de la organización.
Es la graduación práctica de los “Chapitos Región IV”: al surco lo riega sangre, no papel membretado.
El fiscal Govea: juez y parte… del narco
Para rematar el cuadro, la Fiscalía de Justicia de Tamaulipas está encabezada por Jesús Eduardo Govea Orozco, un funcionario que no fue inventado por “la oposición fifí”, sino documentado en un reportaje de Televisa/NMAS+ como exreo de Almoloya.
Govea de acuerdo con Televisa,fue detenido por vínculos con el Cártel del Golfo en 2002 y permaneció 7 meses recluido en la misma carcel donde hoy Osiel Cardenas pernocta otra vez y por igual otra vez manda.
Muy y gracias al dinero de la misma extorsion que se cobra en Matamoros.
El reportaje de Fátima Monterrosa recuerda que Govea fue acusado de participar en la liberación de un operador del CDG, Rogelio González Pizaña, “El Kelin”, mediante suplantación: entregaron a un detenido distinto, con la cara cubierta, a la Unidad Especializada contra Delincuencia Organizada.
Por ese episodio, un juez federal le dictó formal prisión por delincuencia organizada y delitos contra la salud; pasó siete meses en el penal de máxima seguridad de Almoloya y salió bajo “reserva de ley”, es decir, libre pero nunca absuelto.
Ese es el hombre que hoy, a propuesta del gobernador de Morena, Américo Villarreal, fue votado por el Congreso local con 27 votos a favor para encabezar la Fiscalía de Tamaulipas durante siete años, después de haber pasado por la Fiscalía Anticorrupción.
Cuando se le cuestiona por su pasado, Govea lo despacha con una frase para la antología del cinismo: “informaciones sesgadas… no me amerita ningún comentario”.
Lo que no “ameritó comentario” en 2002 hoy sí amerita fuero, salario y poder para decidir qué se investiga y qué se entierra en la estadística.
Américo Villarreal: la moral en outsourcing
Américo Villarreal, gobernador de Morena, no puede alegar ignorancia: fue su propuesta la que llevó a Govea al cargo, con un historial documentado de colaboración con el CDG y prisión federal.
Si el fiscal fue exhibido por Televisa y por analistas como De Mauleón como un operador del Cártel del Golfo, aun así obtuvo el respaldo casi unánime del Congreso, lo que pinta de cuerpo entero a tono con la “moral pública huachicolera” del ameriquismo.
Decir que la ética de este gobierno está “a tono” con la de su fiscal no es una metáfora, es un organigrama: el narco como antecedente, la Fiscalía como rehabilitación y la impunidad como programa de gobierno.
No es casualidad que, justo en este contexto, una familia entera pueda ser quemada por no pagar cuota sin que el sistema político se altere lo más mínimo.
La frase que circula entre analistas de Tamaulipas y a nivel nacional es que -Américo podría ser el “próximo Rocha Moya”– no es un elogio: es advertencia ganada a pulso.
Si este es el modelo, la ecuación es sencilla: fiscal con pasado de narco + hijos de capo reempoderados + extorsiones incendiarias = Estado al servicio del terror, no de las víctimas.
La casa con el número 60 calcinado y la cinta amarilla colgando no es “un caso más”: es el monumento a la asociación de hecho entre el Cártel del Golfo y un aparato de justicia que hace como que no ve lo que ayudó a construir al estilo Sinaloa,donde quedaron a deberle un pedazo y EE.UU se lo va dar, porque quien mas lo haría.
Con informacion: MEDIOS/REDES/

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