En Cadereyta, Nuevo León, las autoridades de la Fiscalia General de la Republica (FGR),especialista en engañar incautos, montaron un operativo de alto calibre, aseguraron más de un millón de litros de presunto hidrocarburo, decomisaron infraestructura digna de una empresa energética… y no detuvieron a nadie.
Ni uno.
La escena es casi perfecta: tractocamiones, autotanques, 409 cubitanques, silos, motobombas, plantas de luz… un complejo logístico que no cabe en la categoría de “bodega clandestina”, sino en la de operación industrial. Pero al parecer, toda esa maquinaria se manejaba sola. Fantasmas altamente especializados en logística de combustibles, muy a tono de los operativos de Omar Garcia Harfuch.
El cateo, ejecutado por la FGR con apoyo de la SSPC, Sedena y Guardia Nacional, fue presentado como un golpe importante. Y sí, lo es… pero no contra la estructura criminal, sino contra el inventario.
Porque aquí como en muchos otro lugares del pais,no cayó una red, no se desarticuló una célula, no se capturó a un operador. Lo único que cayó fue el combustible.
Golpe al síntoma, no a la red
El dato de “cero detenidos” no es un detalle menor: es el resumen de toda la operación.
Implica que:
- Nadie estaba custodiando un millón de litros
- Nadie operaba la distribución
- Nadie coordinaba la logística
- Nadie financiaba la infraestructura
O peor aún: que todos sabían cuándo irse.
Este tipo de aseguramientos masivos sin capturas no son excepcionales; son patrón. Y ese patrón revela algo más incómodo que cualquier cifra: la capacidad de las organizaciones para anticipar operativos o, en el mejor de los casos, la incapacidad del Estado para llegar a tiempo.
Cadereyta: donde el negocio ilegal no se esconde
El hallazgo ocurre en una zona estratégica, cerca de la refinería de Pemex en Cadereyta. Es decir, en un punto donde el combustible circula en grandes volúmenes todos los días.
Ahí, montar una operación de este tamaño no solo requiere dinero y logística, sino tolerancia. Porque mover, almacenar y redistribuir hidrocarburos a esta escala implica visibilidad.
Y aun así, la historia oficial insiste en presentar estos casos como golpes sorpresivos, casi accidentales.
La narrativa de la “victoria”
La FGR informó que todo quedó a disposición del Ministerio Público y que se continuará la investigación “contra quien o quienes resulten responsables”.
La frase es conocida. Funciona como cierre institucional… y como sustituto de resultados.
Porque mientras el comunicado habla de aseguramientos millonarios, la realidad operativa muestra otra cosa: estructuras intactas, operadores prófugos y redes que probablemente ya están reubicando el negocio.
Ganar perdiendo
En papel, el Estado incautó más de un millón de litros. En la práctica, el crimen organizado conservó lo más importante: su gente, su estructura y su capacidad de seguir operando.
Y en esa lógica, el mensaje es claro: puedes perder la mercancía… siempre y cuando no pierdas a los responsables.
En Cadereyta no hubo enfrentamiento, ni persecuciones, ni capturas. Solo un predio lleno… y convenientemente vacío de culpables.
Una victoria administrativa que, vista de cerca, se parece demasiado a una derrota operativa.
Con informacion: ELNORTE/

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