En la región IV de este interminable “Juego de Tronos” tamaulipeco, la animadversión del «aun» gobernador de Morena Américo Villarreal, ya no es novedad: es política de Estado. Desde que arrancó su administración, el rasgo más constante no ha sido la gobernabilidad, sino la incapacidad de digerir derrotas políticas, especialmente frente al alcalde de Reynosa. Porque si algo le ha dolido —y se nota— es perder terreno político donde no controla el tablero.
Pretextos para el encono sobran y lo que falta es autocrítica.
Mientras Reynosa arde entre violencia con 86.1.% de ciudadanos percibiendo inseguros, sumadas las carencias y exigencias reales, el gobernador que cenó con el principal lugarteniente del Cartel del Golfo,el ex-militar Mario Gutian Rosas, alias La Chispa, el mandatario que si atendemos el pronostico de Carlos Loret ,se encamina a la carcel en EE.UU ,parece más ocupado en administrar agravios que en resolver problemas.
De acuerdo a la informacion ventilada en redes, el nuevo pleito doméstico explotó cuando Carlos Peña Ortiz,alias «Makito», se burló del “Tamaulipas de caramelo”, esa versión edulcorada donde la inseguridad es un invento colectivo que contrasta con la geografía de Reynosa, campeona a nivel estatal de los «levantones» ,rubro donde el gobernador es subcampeon nacional de las desapariciónes toleradas y solapadas, convertidas en una maquiladora fronteriza exitosa y fabrica 24/7/365 de «NO LOCALIZADOS».
El comentario tocó nervio. Y la respuesta no fue institucional, fue visceral: una jugada que huele más a berrinche que a estrategia.

¿La movida?
Quitarle al municipio el control de los proyectos clave y concentrarlos en el estado. Así, sin rubor. Publicado el pasado viernes 22 de Mayo en el Periódico Oficial, con sello y firma, como quien dice: “la pelota es mía y ya no juegas”. El FIDEREY pasó de instrumento de desarrollo local a club privado del gobierno estatal. Reynosa, invitado no deseado.

La narrativa oficial hablará de eficiencia, coordinación y mejores resultados. La lectura política es más simple: castigo. Centralizar para disciplinar. Controlar para no perder. Todo en nombre del “bien común”, ese comodín retórico que lo mismo sirve para pavimentar calles que para aplastar autonomías municipales.
Y mientras en el Olimpo se reparten culpas, abajo la ciudad sigue esperando. Obras detenidas, apoyos congelados y espacios públicos que cuentan otra historia: basta ver el Parque Cultural, convertido en monumento al descuido. Si ese es el estándar del “rescate estatal”, Reynosa debería empezar a preocuparse en serio.
Porque al final, en este Juego de Tronos versión Tamaulipas, no hay dragones ni épica, pero sí víctimas claras: los ciudadanos. Los mismos que pagan el costo de cada pleito político, de cada ego herido, de cada decisión tomada con el hígado en lugar de la cabeza.
Y aquí la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿esto es gobernar o ajustar cuentas?
Con informacion: @Redes/ Periodico Oficial/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: