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miércoles, 27 de mayo de 2026

«ESCANDALOS SI CRUZAN a TEXAS»: GUARDIA ESTATAL TIRATIROS del GENERAL PANCARDO y AMERICO andaba METANFETAMINADO»…la cara de esa policia se parece al rostro del gobernador.


El escandalo de “Guardia Estatal de élite” del General Arturo Pancardo y el Gobernador de Morena Americo Villarreal ,que no puede cruzar a EE.UU porque no tiene VISA y si cruza lo atoran, ya cruzó a Texas ,como todos los escándalos silenciados de este lado del Río,donde también la misma policia convirtió cuartel en bar clandestino, ahora en clínica de rehabilitación fallida con grupo de choque al servicio del Crimen Autorizado.

Cuartel cantina y “top 3” nacional del abuso

Como se recuerda,en Burgos, Tamaulipas, 43 guardias estatales fueron suspendidos después de que altos mandos los encontraran, literalmente, convertidos en parroquianos de bar dentro de la propia comandancia: bebiendo en turno y usando la estación como cantina personal.

El propio secretario de Seguridad, Carlos Arturo Pamcardo, salió a decir que “todavía no está acreditado” que estuvieran ebrios, como si la duda razonable incluyera hielera, vasos rojos y aliento alcohólico institucional.

No es un desliz aislado de “unos cuantos manzanas podridas”: el Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal 2025 coloca a la Guardia Estatal de Tamaulipas en el “top 3” de las policías más abusivas del país, por abusos de autoridad, corrupción, trabajo en estado de ebriedad, violencia contra mujeres y extorsión.

Mientras Morena vende en mítines la narrativa de “pacificación” y “profesionalización”, en la calle la marca registrada de la corporación es abuso, cobro de piso con uniforme y levantones con membrete oficial.

Del bar al cristal: el policía en la azotea

En Padilla, otro elemento de esa misma maquinaria “renovada” decidió subir un nivel: un policía estatal, Enrique Salas Reyes, se metió metanfetamina cristalina, agarró su rifle oficial, se subió a la azotea del hotel-arrendado-como-cuartel y comenzó a disparar contra las patrullas en el estacionamiento.

Sus compañeros intentaron “dialogar”; como no funcionó la terapia de grupo, otro policía tuvo que dispararle al torso para frenarlo, y aun herido hubo que abalanzarse sobre él para quitarle el arma y esposarlo.

Fuentes internas confirmaron que el oficial consumió cristal antes del tiroteo y que, como muchos otros policías estatales de Tamaulipas, tenía un problema de adicción a las drogas… pero igual consiguió plaza y rifle reglamentario.

No es un caso aislado: se documentó ya un episodio en 2020 donde otro policía, también bajo los efectos de drogas, mató a un compañero y a un civil inocente durante un brote de alucinaciones, demostrando que la “evaluación de control de confianza” en la entidad es, en la práctica, un trámite de utilería.

Gobierno en modo encubrimiento permanente

Frente al policía dopado en la azotea, la reacción del gobierno de Tamaulipas fue modelo de la 4T de la simulación: ordenaron un bloqueo informativo para que no se conocieran detalles y no se les descompusiera el discurso de “crisis superada”.

La instrucción no era investigar a fondo, sino tapar el escándalo, exactamente igual que con la borrachera masiva en la estación de Burgos, donde el objetivo ha sido minimizar, regatear términos y hacer que “asuntos internos” avance a paso de tortuga.

La misma Secretaría de Seguridad que presume “orden y paz” es la que trae una nómina inflada de elementos bajo investigación por abusos, corrupción y consumo de sustancias, pero que se mantiene operando porque la prioridad es proteger la fachada del gobernador, no a la ciudadanía.

Mientras tanto, organizaciones y reportes periodísticos acumulan casos de violaciones a derechos humanos, extorsiones y colusión con cárteles, pero la narrativa oficial insiste en que todo eso es “herencia del pasado” aunque la Guardia Estatal actual sea el espejo perfecto del modelo de impunidad vigente.

Guardia Estatal: del “honor” al ridículo internacional

El episodio de los 43 “guardias de cantina” terminó en medios internacionales, mientras el gobierno local aún intenta vender a la corporación como “policía de élite”.

Los mismos mandos que no pueden impedir que su cuartel se convierta en bar, ni que un elemento drogado convierta un hotel en tiradero de balas, son los que se paran en foros a hablar de “nuevo paradigma de seguridad”.

En la práctica, la Guardia Estatal funciona como fuerza de intimidación política y económica: una corporación ocupada en cobrar, extorsionar y humillar, no en proteger.

Es el rostro armado de un gobierno que se vende como cambio, pero que en la realidad opera un sistema de Crimen Autorizado con sello morenista, rifle oficial y, cuando se puede, un buen trago en la comandancia.

Con información: BREITBART/TX

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