En el Tamaulipas administrado por Morena y Americo Villarreal,pero gobernado por «Carteles», no hace falta excavar con maquinaria pesada; basta con patear la tierra —con suerte o con tragedia— para que asome otro fragmento de lo que el Estado insiste en llamar “incidentes aislados”.
La geografía ya no es solo territorio: es archivo clandestino. Y cada palada, cada varilla hundida en el suelo, funciona como un recordatorio incómodo de que aquí los desaparecidos no desaparecen… se acumulan, ya casi 14 mil y el gobernador se lleva la plata…tambien la medalla.
Mientras el discurso oficial se entretiene en conferencias y cifras maquilladas, los colectivos hacen el trabajo que la Fiscalía no quiere o no puede hacer: buscar. Y encontrar.
Porque encontrar es inevitable cuando hay más de 30 sitios señalados sin procesar —sí, treinta— entregados formalmente a la autoridad, como si se tratara de una lista de pendientes domésticos y no de posibles fosas con historias truncadas. El documento no es una denuncia: es una radiografía del abandono institucional.
La ecuación es grotescamente simple: más sitios sin intervenir equivalen a más cuerpos sin nombre. Y más cuerpos sin nombre implican más familias condenadas a la incertidumbre perpetua.
Tamaulipas, por mérito propio o por negligencia ajena, ya compite en el podio nacional de la ignominia: el estado donde los muertos no alcanzan registro y los vivos no alcanzan justicia.
Pero si alguien pensaba que el horror tenía un límite logístico, los colectivos han venido a desmentirlo. No solo hay fosas: hay crematorios clandestinos. Instalaciones completas dedicadas a borrar evidencia humana, a reducir personas a cenizas sin expediente. Es decir, la industrialización de la desaparición. Una cadena de producción donde el producto final es el anonimato absoluto.
El hallazgo mas reciente, no el ultimo
Un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas descubrió seis fosas clandestinas que contenían los restos de al menos nueve víctimas en una remota zona rural de Miguel Alemán, Tamaulipas, justo al sur de la frontera con Texas; un territorio marcado por los enfrentamientos entre el Cártel del Golfo y la facción del Cártel del Noreste (CDN) de Los Zetas.
El hallazgo se produjo cerca del poblado de Los Ángeles, en un área rodeada de bodegas agrícolas abandonadas, las cuales quedaron vacías debido a la violenta disputa entre las dos organizaciones criminales. Según los buscadores, los cuerpos estaban enterrados a solo unos centímetros de la superficie y presentaban signos de haber sido incinerados.
“Casi a flor de tierra se encontraron osamentas; algunas todavía conservaban prendas de vestir, mientras que en otros casos los huesos mostraban exposición a altas temperaturas”, explicó un portavoz del grupo, quien no fue identificado públicamente debido a las amenazas que el colectivo ha recibido en el pasado.
Los miembros del grupo —una ONG que entrega la escena a las autoridades policiales tras realizar un hallazgo— sospechan que los perpetradores quemaron neumáticos para destruir los cadáveres, dado que entre la tierra removida se encontraron alambres de acero característicos de los refuerzos internos de las llantas.
La zona del hallazgo tiene un largo historial de ser un punto estratégico para el narcotráfico, el robo de combustible y el contrabando de migrantes indocumentados hacia los Estados Unidos.
Y aquí es donde la narrativa oficial se rompe. Porque no se puede hablar de “hechos aislados” cuando hay infraestructura criminal operando con esa escala. No se puede alegar desconocimiento cuando los colectivos encuentran lo que las autoridades ignoran. Y no se puede presumir gobernabilidad cuando la frontera con Texas funciona, en paralelo, como corredor de desaparición y zona de incineración ilegal.
El mensaje es brutalmente claro: en Tamaulipas no solo se mata, se borra. Y se borra con suficiente eficiencia como para que el Estado pueda seguir fingiendo que no ve.
Así, mientras la Fiscalía acumula oficios, listas y omisiones, la tierra sigue hablando. El problema es que nadie en el poder parece dispuesto a escucharla… salvo cuando ya es demasiado tarde.
Con informacion: Breitbart/TX/

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