En la frontera donde la realidad suele escribirse con tinta oficial… y corregirse con plomo, Nuevo Laredo volvió a vestirse de propaganda optimista: “Cruza por Nuevo Laredo”, dicen los panorámicos que adornan carreteras entre Nuevo León y Tamaulipas, como si se tratara de una invitación turística y no de una zona históricamente marcada por disputas criminales.
El mensaje no es menor. Repite fórmulas discursivas tipo Samuel García —“lo dicen los números”, “somos los número uno”— pero con el sello guinda bien colocado, ese que no necesita firma para insinuar autoría política. Aunque nadie reconoce formalmente la campaña, el estilo coincide con las promociones previas de la alcaldesa morenista Carmen Lilia Canturosas, empeñada en posicionar a Nuevo Laredo como el cruce estrella hacia Estados Unidos,pero encaminado todo a obtener la candidatura de MORENA para suceder al gobernador con «aroma zeta» Americo Villarreal en 2028.
La narrativa es clara: eficiencia, liderazgo, resultados. La omisión también.
Porque en paralelo a los espectaculares coloridos, del otro lado del expediente —el judicial, el incómodo— empiezan a acumularse testimonios en cortes estadounidenses contra presuntos integrantes de Los Zetas y sus derivados. Declaraciones que, según reportes periodísticos, no sólo apuntan a estructuras criminales, sino que rozan a actores políticos de Tamaulipas, elevando el costo de la negación institucional.
En ese contexto, la pregunta no es si Nuevo Laredo es un cruce importante —lo es, y lo ha sido durante décadas— sino qué tipo de “certidumbre” permite lanzar campañas tan confiadas en una plaza que, históricamente, ha sido considerada de alta complejidad en materia de seguridad.

Porque promover una ciudad fronteriza como “la mejor opción” para cruzar no es sólo marketing: implica, en los hechos, presumir condiciones de control territorial, gobernabilidad y seguridad sostenida. Y ahí es donde la narrativa oficial empieza a rozar con la sospecha pública: ¿control institucional… o equilibrio pactado?.
Mientras Nuevo León presume cifras de crecimiento en el Puerto Colombia —con incrementos de más del 100% en cruces y una apuesta clara por infraestructura estatal—, desde Nuevo Laredo la respuesta no ha sido técnica sino política: campañas, slogans y una insistencia en que “los números” respaldan su liderazgo.
Pero en la frontera norte, los números siempre tienen doble lectura: los del comercio… y los que no salen en los informes.
Así, entre espectaculares naranjas y guindas, y mientras en Estados Unidos se cocinan testimonios que podrían incomodar más de un despacho en Tamaulipas, la consigna queda flotando como ironía involuntaria:
“Cruza por Nuevo Laredo”.
Sí, pero entendiendo bien quién garantiza —y cómo— que ese cruce funcione.
Con informacion: ELNORTE/

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