La nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no solo resuelve menos asuntos que la anterior, también presume su “eficiencia” escondiendo datos, desmontando la especialización y regresando a la época de la justicia a ojo de buen cubero… pero ahora con portal estadístico a medias y discurso de “transformación”.
Productividad digna de sindicato fósil
Entre enero y abril de 2026, la nueva Corte resolvió 987 asuntos en Pleno, mientras que en el mismo periodo de 2025 la integración anterior despachó 1,108, es decir, 10.9% más asuntos que esta brillante vanguardia del constitucionalismo de nueve. Traducido del tecnicismo: con menos ministros y sin salas, la “nueva” Corte tarda más y resuelve menos, pero eso sí, muy orgullosa de su reforma judicial “modernizadora”.
En números mensuales, la nueva plantilla de excelencia resolvió 291 asuntos en enero, 239 en febrero, 241 en marzo y 216 en abril, mientras que el Pleno y las dos salas de 2025 despacharon 286, 254, 312 y 256 respectivamente. O sea, desmontaron el esquema anterior, presumieron orden nuevo, y terminaron con un Pleno gordo, lento y menos productivo que la “mafia de la toga” que tanto decían combatir.
Transparencia estilo cortina de baño
La cereza en el pastel es que la nueva SCJN dejó de publicar el detalle de la estadística mensual, así que ya no sabemos cuántos asuntos despachan por dictamen, ni cómo se mueven realmente las cargas de trabajo. Antes, de enero a abril de 2025, la Corte anterior resolvió 90 asuntos por dictamen para llegar a un total de 1,198 casos; hoy la cifra equivalente está en el limbo, bien guardada en el cajón de la opacidad con sello “reforma histórica”.
En abril de 2025, la SCJN registraba 6,324 casos ingresados: 67 acciones de inconstitucionalidad, 3,143 amparos directos en revisión, 237 amparos en revisión, 17 conflictos competenciales, 148 contradicciones de criterio, 211 controversias constitucionales y miles de recursos varios. Esa montaña de asuntos se atendía con Pleno más dos salas; ahora todo recae en un solo Pleno que resuelve menos y además nos pide fe ciega porque los datos detallados dejaron de ser “prioridad institucional”
Reforma judicial: cirugía con machete
La reforma judicial de 2024 eliminó las dos salas de la SCJN, obligando a que todos los asuntos se resuelvan en el Pleno, como si concentrar el embudo fuera una solución de gestión y no una receta para el colapso. En 2024, la Corte recibió 16,066 asuntos y turnó 3,853 a ministros; de éstos, resolvió 4,317, de los cuales solo 479 pasaron por el Pleno, mientras que la Primera Sala despachó 1,868 y la Segunda 2,009 en apenas 37 sesiones cada una.
Los académicos que analizaron estas cifras explican que la productividad de las salas se debía a dos factores: especialización temática y condiciones deliberativas menos teatrales, sin show mediático en cada coma de cada sentencia. Las salas se concentraban en un puñado de asuntos clave y aprobaban bloques de 40 a 70 asuntos por sesión, lo que permitía avanzar en serio en la montaña de expedientes sin necesidad de un reality show jurídico por cada voto.
El Pleno: talk show con toga
En el antiguo modelo, el Pleno discutía y votaba cada apartado de cada proyecto en sesiones públicas, con discurso, luces y cámaras, mientras que las salas trabajaban en modo taller y aprobaban paquetes completos después de análisis internos. La nueva Corte, en cambio, desmontó ese equilibrio y convirtió al Pleno en la licuadora universal de todo, pero con menos asuntos resueltos y más discurso sobre “carga de trabajo” y “nuevo paradigma”.
El resultado es un Pleno que pasa más tiempo administrando su protagonismo que desahogando expedientes, al tiempo que la estadística desagregada desaparece para no arruinar la narrativa de eficiencia revolucionaria. Si alguien preguntaba por qué los números no cuadran con el cuento oficial, la respuesta institucional fue sencilla: dejar de publicar la radiografía y quedarse solo con el eslogan.
Secciones: el remake de las salas, pero con otro nombre
La iniciativa de reforma judicial enviada el 20 de mayo por Claudia Sheinbaum ahora propone crear “secciones” en la SCJN, un invento que en realidad es la resurrección con maquillaje de las salas que acaban de decapitar. En la exposición de motivos se dice que el Pleno debe seguir con los asuntos de fondo para fijar criterios obligatorios y que las secciones se encargarán de los asuntos de trámite, gestionando mejor la carga de trabajo, como si no hubieran destruido exactamente eso hace un año.
La misma iniciativa remata diciendo que las leyes secundarias regularán la integración, funcionamiento y competencia de estas secciones, es decir, que primero dinamitaron el edificio y ahora prometen reconstruirlo con otro nombre y un folleto nuevo. La caterva legislativa y judicial logra así la hazaña de vender como innovación lo que en la práctica es: destruir un mecanismo que funcionaba, improvisar un modelo más lento y, cuando truena, anunciar con bombo y platillo la restauración con etiqueta nueva.
Caterva de zopencos y talegones, versión constitucional
Si uno repasa la cadena de decisiones, el patrón es de manual: eliminar salas que resolvían miles de asuntos en pocas sesiones, concentrar todo en un Pleno que resuelve 10% menos, ocultar estadísticas y luego proponer secciones para “mejorar la gestión”. Es el ciclo perfecto de la incompetencia institucional: incendiar el archivo, culpar al diseño heredado y luego vender el extintor con sobreprecio como logro histórico de la Cuarta Transformación Judicial.
En esa dinámica, los ministros actuales juegan al héroe sacrificado que “carga con todo”, mientras aceptan sin chistar un esquema que ya demostró resolver menos asuntos que la Corte que tanto demonizaron. Del lado del Ejecutivo y el Legislativo, la línea es clara: controlar la arquitectura de la Corte aunque eso implique hacerla más lenta, más opaca y más dependiente de la narrativa oficial sobre su supuesto éxito.
Con informacion: ELECONOMISTA/

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