Sinaloa sigue en guerra y el parte de este fin de semana es tan rutinario como una misa de domingo: balazos, cuerpos tirados y drones con explosivos sobre pueblos donde el Estado solo pasa en caravana para la foto.
Días de guerra sin tregua
Desde el 9 de septiembre de 2024, cuando arrancó formalmente la disputa entre los Guzmán y los Zambada, Noroeste trae la bitácora de una guerra que el Gobierno finge llamar “incidencia delictiva”.
Hasta el 23 de mayo de 2026, ese conteo ya suma 3 mil 290 homicidios dolosos, 3 mil 856 personas privadas de la libertad, 11 mil 224 vehículos robados, 3 mil 590 detenidos y 190 abatidos: un país chiquito entero borrado del mapa, pero en versión estadística.
Son 622 días de guerra continua desde aquel 9 de septiembre de 2024 hasta este 23 de mayo de 2026, casi dos años de campaña permanente donde tres principales violencias han levantado, ejecutado y despojado, ademas de masacrar la economía.
Parte de guerra del sábado
El sábado 23 de mayo, la rutina homicida fue de dos asesinatos “oficiales”: a Bartolo lo acribillan saliendo de una iglesia en el fraccionamiento Montebello, en Culiacán, y a otro hombre lo matan en un ataque armado en la colonia Progreso, en Mazatlán.
Mientras tanto, las Sabuesos Guerreras localizan dos cadáveres en estado de descomposición en un predio entre Pericos y Recoveco, porque en Sinaloa los muertos se buscan en colectivo mientras la autoridad presume mesas de seguridad.
En paralelo, un hombre entra herido de bala a un hospital de Culiacán, otro dato más perdido entre comunicados que hablan de “hechos aislados” como si no llevaran casi dos años reportando lo mismo todos los días.
Con solo ese sábado, mayo se proyecta para cerrar con 167 homicidios, pero la gran narrativa oficial seguirá recargando todo en “percepciones” y “contexto electoral”, no en balas ni en cifras.
Explosivos, drones y Escuinapa sitiado
Al sur, Escuinapa ya no es municipio, es campo de pruebas: detonaciones de armas, explosivos y hasta drones que impactan en una taquería cerrada, como si la guerra necesitara también su toque de ciencia ficción barata.
Los titulares de Noroeste hablan de detonaciones, artefactos explosivos y más hallazgos, pero el discurso oficial se aferra a que todo “está bajo control”, quizá porque el control lo tienen los que siembran explosivos, no los que van atrás levantando cintas amarillas.
En medio de este paisaje, las caravanas militares y de Guardia Nacional pasean por las calles para mandar el mensaje de que “algo se está haciendo”, aunque las cifras demuestren que lo único constante es el conteo de muertos, desaparecidos y carros robados.
Impunidad administrada
Noroeste calcula que el promedio móvil de homicidios anda en 6 asesinatos diarios, con 124 muertes violentas en el mes solo en los registros del Secretariado, pero la narrativa oficial insiste en que la violencia “va a la baja”, probablemente en sus powerpoints, no en las colonias donde levantan gente.
Las privaciones de la libertad ya superan a los homicidios: 3 mil 856 denuncias frente a 3 mil 290 asesinatos, una estadística que suena a guerra sucia tolerada más que a crimen “controlado”.
La guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa se administra a punta de boletines: cada día se suman asesinatos, levantones y robos de vehículos, mientras la autoridad vende como “detenidos” a los mismos que el sistema va a escupir después por falta de pruebas.
Fin de semana sin fin
El fin de semana en Sinaloa ya no se mide por puentes ni por turismo, sino por número de cadáveres localizados, detonaciones registradas y expedientes abiertos que casi nunca llegan a sentencia.
Entre Culiacán, Navolato, Mazatlán, Mocorito o Escuinapa, lo único que se mantiene estable es el saldo rojo y la capacidad infinita del gobierno para negar que vive en un estado donde las cifras de Noroeste parecen más parte oficial de guerra que los comunicados de la Fiscalía.
La continuidad de la guerra, normalización del crimen y simulación del Estado.
“FIN de SEMANA SIN FIN”
- Remata la sensación de bucle: cada sábado y domingo se parecen, cambian nombres y colonias, pero el libreto es el mismo.
- “Sin fin” conecta con la cronología: no es un pico de violencia, es un régimen permanente de guerra que se vive como rutina.
- El “fin de semana” contra la realidad de balazos, levantones y hallazgos.
En Sinaloa el fin de semana dejó de durar dos días: se prolonga 622 jornadas seguidas, con partes de guerra disfrazados de reportes de “incidencia delictiva”.
“622 DIAS de GUERRA en SINALOA”
- El cuerpo factual al título: no es una metáfora, hay un conteo diario que documenta la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa desde el 9 de septiembre de 2024.
- Un conflicto de baja intensidad pero alta constancia, donde las víctimas se acumulan como si fueran “estadística administrativa” y no vidas.
“y el CARTEL como SI NADA”
- Aquí ponemos el dedo en la impunidad estructural: mientras la sociedad vive en modo guerra, el Cártel sigue operando, reclutando, cobrando y disputando territorio sin que su cadena de mando se vea realmente rota.
- “Como si nada” ironiza el contraste entre el caos abajo y la normalidad arriba: negocios abiertos, corridos sonando, líderes en fiesta mientras el conteo de muertos corre.
- El doble estándar: se persiguen operadores intermedios para la foto, pero el entramado económico, político y policial que sostiene al Cártel permanece intacto.
La guerra sí existe para quienes entierran a sus muertos; para el Cártel es solo reajuste de inventario: cambian células, se mueven rutas, pero el negocio sigue “como si nada”.
“LEVANTANDO, EJECUTANDO y DESPOJANDO”
- El repertorio básico del terror cotidiano: desapariciones, homicidios y despojo patrimonial (vehículos, casas, tierras).
- A ritmo casi de lista de cargos de averiguación previa: aqui no son “incidentes”, son delitos tipificados que no se investigan ni se castigan.
- Enganche de cifras: levantones y robos de vehículo ya superan a los homicidios, lo que muestra una guerra que no solo mata, también desplaza y empobrece.
La bitácora de estos 622 días es repetitiva: levantando, ejecutando y despojando, mientras los expedientes se apilan en bodegas y no en tribunales.
“siguen privilegiando capturas por encima de dar seguridad”
- Este es el arco acusatorio contra el Estado: el problema no es falta de operativos, sino la lógica de espectáculo.
- “Privilegiar capturas” sintetiza la obsesión por el golpe mediático: cateos filmados, conferencias, fichas de “detenidos importantes”, mientras los indicadores de violencia y miedo cotidiano se mantienen o empeoran.
- “Dar seguridad” es el contrapunto: el objetivo debería ser que la gente viva sin miedo, no engordar la estadística de detenidos que después salen por falta de pruebas o arreglos.
- El modelo de seguridad se mide por “cuántos agarramos”, no a cuantos ciudadanos les dimos seguridad en su integridad y bienes.
- Esto explica por qué, pese a las capturas, la guerra no se detiene: se administra, se calibra, pero no se desmantela la estructura criminal ni la red de protección institucional.
En Sinaloa la estrategia queda clara: mientras haya fotos de capturas, al gobierno le vale que el fin de semana nunca termine, que la guerra cumpla 622 días y contando, y que el Cártel siga, como si nada, levantando, ejecutando y despojando.
Con 622 días de guerra a cuestas, Sinaloa ya no pregunta cuándo va a acabar la violencia, sino cuántos tomos llevará el informe final de esta guerra no declarada que todos los días el gobierno insiste en llamar, con toda la desfachatez, “normalidad”.
Con informacion: NOROESTE/

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