Jorge Romero, jefe nacional del PAN, salió a anunciar como si fuera breaking news lo que en Sinaloa sabe hasta el señor de las tortillas: que el Estado está “infiltrado, capturado y utilizado por el crimen organizado” bajo el gobierno del morenista con licencia Rubén Rocha Moya.
Según el comunicado panista, lo de Rocha ya no es un expediente aislado, sino la radiografía completa de un Estado donde el poder público se entregó en charola de plata a estructuras ligadas al narcotráfico.
Mientras las familias buscan a sus desaparecidos y entierran a sus muertos, Morena protege a políticos acusados de operar para el narco, resume Romero, como si describiera una tragedia ajena y no el modelo de “gobernabilidad” que partidos de todos los colores han usado por décadas en zonas de guerra del país.
De partido de Estado a narco partido
El dirigente del PAN acusa abiertamente que Morena, al llegar al poder, “se convirtió en un narco partido”. No es metáfora: habla de campañas, policías, fiscalías, gobiernos y estructuras políticas del oficialismo presuntamente atravesadas por la misma red criminal.
La gracia es que lo presenta como una mutación reciente, casi como si antes de 2018 México hubiera sido Finlandia con mariachi y no el laboratorio original de la narcopolítica latinoamericana.
Romero dice que las acusaciones en Estados Unidos contra funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa exhiben un problema más profundo: infiltración criminal en campañas, corporaciones policiacas, fiscalías, gobiernos y estructuras políticas del oficialismo. El viejo narco‑Estado de siempre, pero ahora rebautizado como “narco partido” porque el logo cambió de tricolor a guinda.
El patrón guinda: de Sinaloa a donde caiga
El texto panista remata que el caso Rocha Moya se suma a otros escándalos y señalamientos en Baja California, Tamaulipas, Tabasco y Michoacán, además de investigaciones por huachicol fiscal, financiamiento ilegal y vínculos con grupos criminales que apuntan a gobiernos morenistas.
En otras palabras: lo que antes se llamaba “gobernabilidad”, “pactos de seguridad” o “abrazos, no balazos”, ahora se vende como evidencia de que Morena es un narcopartido profesional, con sucursales estatales y todo.
El guion es claro: si hay homicidios, es culpa de Morena; si hay acusaciones en tribunales gringos, es culpa de Morena; si el T‑MEC tiembla, es culpa de Morena; si a la oposición no le da el número en las urnas, pues también.
El T‑MEC, la nueva Virgen de Guadalupe
Romero advierte que no se puede poner en riesgo la relación con Estados Unidos, el futuro del T‑MEC, la estabilidad económica y la imagen internacional de México para proteger a políticos acusados de narco.
La amenaza ya no es sólo el narco: ahora es el narco pegándole al libre comercio, a la inversión extranjera y al sueño húmedo de cualquier tecnócrata: el “nearshoring” santificado por Washington.
En la narrativa panista, el narco ya no sólo controla territorios, municipios y policías: también está a punto de descarrilar el tratado comercial, bajar la calificación crediticia y arruinarle la foto a los embajadores. El crimen organizado como villano perfecto de todas las columnas de opinión y todos los comunicados de oposición.
“Presidenta, rompa el pacto”… pero el de ellos
El plato fuerte es el llamado directo a Claudia Sheinbaum: “rompa el pacto criminal” que la mantiene atada a los acuerdos y vínculos construidos durante el sexenio de López Obrador con el crimen organizado.
Sí, el mismo PAN que durante años juró que la militarización era la única respuesta, ahora le exige a la presidenta que se divorcie del narco‑Estado… sin preguntar jamás quién firmó los pactos anteriores.
La oposición encontró su eslogan: Morena es narcopartido, Rocha es la radiografía, Sinaloa es el ejemplo y Estados Unidos el juez supremo. Acción Nacional promete señalar cualquier intento de proteger desde el poder a actores vinculados al crimen organizado, y remata con la frase que condensa su estrategia de aquí a 2027: “Hay que decir las cosas por su nombre: Morena se convirtió en un narcopartido”.
La única cosa que el comunicado omite decir por su nombre es otra: si Morena es el narcopartido de hoy, ¿cómo se llamaba el club que dejó el país hecho fosa común antes de la 4T?
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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