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martes, 12 de mayo de 2026

«MASACRE de EMPLEOS: 610 DIAS de GUERRA de BANDOS de la MISMA BANDA y ESTRATEGIA FALLIDA de HARFUCH ACRIBILLA 27 MIL EMPLEOS FORMALES en SINALOA»…toda la plantilla de una ciudad mediana frente al paredón económico.


Sinaloa no está en crisis: está en “limpia”, pero de nómina. La guerra de bandos de la misma banda ya no sólo se come cuerpos, ahora se desayuna empleos y eructa cifras oficiales como si fueran parte de guerra glorioso.

Masacre de empleos

De acuerdo con Noroeste,en dos años, Sinaloa perdió 27 mil 349 empleos formales, como si hubieran alineado a toda la plantilla de una ciudad mediana frente al paredón económico y hubieran jalado el gatillo al ritmo de la balacera diaria. 

La violencia primero cercó las calles y luego cercó las cajas registradoras: negocios cerrados, inversiones congeladas y patrones huyendo como “levantados” de escritorio, dejando colgado al trabajador que un día cotizaba al IMSS y al siguiente está en calidad de desaparecido laboral.

El discurso oficial habla de “incertidumbre” y “factores externos”, pero la realidad es más sencilla y más brutal: donde mandan las balas, se callan las cajas, y cada plaza tomada por el crimen es una nómina que se desangra hasta quedar en hueso. La estadística fría dice que es una caída de empleos; en el barrio se entiende mejor: la chamba formal está cayendo como civiles en medio del fuego cruzado, mientras la única industria en expansión es la del miedo.

Parte de guerra: país en modo cementerio

Del 9 de septiembre de 2024 al 10 de mayo de 2026, el parte de guerra nacional parece reporte de frente de batalla, no de un país en “pacificación”. En ese lapso se acumulan 3,220 homicidios dolosos, 3,831 personas privadas de la libertad, 11,006 vehículos robados y 3,546 personas detenidas, como si el Estado y el crimen estuvieran compitiendo a ver quién llena más expedientes antes de que se acabe el sexenio.

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El renglón más cínico es el de las 187 personas abatidas, esos muertos con sello oficial, contados como “bajas enemigas”, que no pocas veces o mas bien muchas,no lo han sido.

Día tras día, semana tras semana, el conteo corre como marcador de partido arreglado: el país suma muertos, desaparecidos y robos mientras la propaganda presume que “van bajando los homicidios” a nivel nacional, como si una disminución porcentual pudiera tapar el olor a pólvora y desempleo que sale de estados como Sinaloa.

La aritmética de la guerra sin fin

Entre el 9 de septiembre de 2024 y hoy 12 de mayo de 2026 han pasado 610 días de guerra silenciosa: 86 semanas completas y casi 20 meses redondos de un éxodo que no sale en caravanas, sino en filas afuera de las oficinas de empleo… cuando todavía hay oficinas y empleo. En esos 610 días, el promedio es una morgue alimentada con 5.3 homicidios diarios, una cárcel clandestina del CDS nueva con 6.3 personas privadas de la libertad cada día, 18.1 vehículos robados diarios como tributo obligado para moverse en territorio tomado y 5.8 personas detenidas al día que sirven para rellenar conferencias donde presumen “resultados”.

El calendario se volvió un fusil: cada hoja arrancada trae un paquete de muertos, desaparecidos y robos, y debajo del pliego hay otra cifra que nadie quiere leer: los empleos que se esfuman porque nadie invierte donde manda la bala. Mientras el gobierno federal vende que los homicidios “bajan 42 por ciento” desde septiembre de 2024, la realidad local es que el miedo sube 100 por ciento en la caja del negocio que cierra, en el obrero que se queda sin patrón y en la familia que entiende que su única opción es irse o someterse.

Sinaloa: laboratorio de la derrota

Sinaloa arranca 2026 entre los estados con mayor pérdida de empleo formal, hundido en un retroceso de 2.7 por ciento que lo coloca en la parte baja de la tabla nacional, como equipo goleado que todavía presume “proyecto deportivo”. 

En el mismo periodo en que el gobierno celebra la tendencia a la baja de los asesinatos, el estado se convierte en laboratorio de la derrota: baja la chamba, sube la violencia, y la única curva realmente ascendente es la del cinismo.

Aquí la “estrategia de seguridad” se parece más a una política de tierra quemada: donde antes había maquila, ahora hay cortina metálica con huecos de bala; donde había nómina, hay lista de desaparecidos; donde había prestaciones, ahora hay “cuota” y “piso”. El mensaje es claro y brutal: el que manda en la economía real no es la presidenta que presume cifras desde Palacio, sino el fusil que decide si hoy como ayer, abres, cierras o te vas.

Con informacion: NOROESTE/

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