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martes, 6 de enero de 2026

«SOY INOCENTE,SOY DECENTE y SOY PRESIDENTE»: EL «PODRIDO de MADURO se PLANTÒ ante la CORTE de EE.UU e INFIRIO que NO ROBÓ,NO MINTIÓ y NO TRAICIONÓ»…y se dice prisionero de guerra.


Nicolás Maduro llegó a Nueva York diciendo “soy inocente, no soy culpable, soy un hombre decente y sigo siendo el presidente de mi país”, como si el problema fuera de dicción y no de narcoterrorismo, cocaína y ametralladoras. Sobre esa línea, su postura judicial es básicamente: “no robe, no mentí y no traicioné a nadie”, sólo dirigí —según la acusación— una maquinaria que movía toneladas de cocaína, protegía cárteles y apretaba a quien se atravesara.

La narrativa del “hombre decente”

  • En la audiencia se declaró “no culpable” de todos los cargos, insistiendo en que es “inocente”, “no culpable” y “un hombre decente”, casi como eslogan de campaña reciclado para fichas signaléticas.
  • Remata con que sigue siendo “el presidente de su país” y que es un “prisionero de guerra”, como si la Corte del Distrito Sur de Nueva York fuera Guantánamo y no el foro donde le leen cargos de narcotráfico y armas de guerra.​

“No robo, no miento, no traiciono”

  • Trasladado a su reality judicial, el mantra quedaría así: “no robo”, pero la acusación habla de un esquema donde la corrupción alimentada por la cocaína enriquecía a funcionarios y familiares usando al Estado como empresa de logística criminal.
  • “No miento”, pero niega cualquier responsabilidad mientras enfrenta señalamientos de ordenar secuestros, golpizas y asesinatos contra quienes debían dinero del negocio o estorbaban la operación.
  • “No traiciono a nadie”, salvo a los venezolanos que cargan con sanciones, crisis humanitaria y denuncias de crímenes de lesa humanidad mientras su comandante en jefe se vende como mártir en Manhattan.

El presidente de su país… en modo acusado

  • Cada vez que repite “soy el presidente de mi país”, suena menos a legitimidad y más a coartada de manual: si me declaro jefe de Estado, quizá el narco, los cárteles aliados y los muertos se vuelven asuntos de “soberanía”.
  • Mientras tanto, en el expediente figuran cárteles mexicanos, bandas venezolanas y toneladas de cocaína rumbo a Estados Unidos, como si “no robo, no miento, no traiciono” fuera el eslogan corporativo de un consorcio multinacional del polvo blanco.

El giro final de la victimización

  • Al autodefinirse “prisionero de guerra”, Maduro intenta convertir un juicio penal por narcotráfico en una guerra épica contra el imperio, un recurso clásico para tapar que no está en el banquillo por poesía bolivariana, sino por cocaína, fusiles y cadáveres.
  • Así, la postura judicial del podrido de Maduro se resume en una parábola torpe: si repite tres veces “soy inocente y decente”, tal vez el expediente deje de oler a sangre y coca, y empiece a oler a perfume patriótico de dudosa marca.

Con información: CODIGO MAGENTA/

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