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viernes, 23 de enero de 2026

LOS «MATARON a TODOS»: «HALLAN CALCINADA FAMILIA COMPLETA de INTERPRETES de LENGUA de SEÑAS MEXICANA en MICHOACAN»…la incongruencia del despliegue militar y su inútil capacidad de prevenir un crimen tan atroz.


Michoacán sigue siendo el mismo infierno con uniformes nuevos. La Fiscalía General del Estado confirmó que los cuerpos calcinados hallados el pasado sábado en Zinapécuaro pertenecen a la familia de intérpretes de Lengua de Señas Mexicana conformada por Víctor Manuel Mújica Vega, de 37 años; su esposa, Anayeli Hernández León, de 36; y su hija, Megan Eileen, de apenas 12. Los tres fueron reportados desaparecidos desde el 14 de enero, y una semana después aparecieron como tantas otras víctimas: entre neumáticos ardiendo, en un predio a la orilla de la autopista, devorados por el fuego y la desidia oficial.

Lo grotesco no es solo el crimen —de una familia dedicada a la inclusión, defensores de derechos y conocidos colaboradores del propio Gobierno estatal— sino la farsa de seguridad que lo rodea. 

Michoacán presume más de 10 mil soldados desplegados bajo el famoso “Plan Michoacán”, pero ninguno sirvió para impedir un triple asesinato a plena luz del día en su capital. Decenas de convoyes militares, retenes, drones, helicópteros… y aun así, los asesinos actuaron con calma, sabiendo que la impunidad en el estado no duerme: descansa protegida.

El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla salió con el guion de siempre: “condena el crimen atroz”, promete apoyo y justicia, y a la semana todo vuelve a la normalidad. En este teatro del absurdo, el Estado se lamenta a sí mismo mientras los criminales gobiernan la realidad.

Víctor y Anayeli no eran anónimos. Tradujeron sesiones del Congreso local, eventos de la CEDH, la Fiscalía y el propio gobierno que hoy finge indignación. Durante la pandemia, Víctor interpretó el programa Aprende en Casa de la SEP; Anayeli, activista y feminista, había denunciado hace dos años la falta de pagos del mismo Congreso que ahora “reconoce su legado”. Ironía pura: el sistema que se benefició de su voz fue incapaz de proteger sus vidas.

Mientras funcionarios ensayan condolencias y las instituciones se reparten culpas, la comunidad sorda del país despide a quienes “no solo traducían palabras, sino mundos enteros”. En Michoacán, esos mundos se apagan uno a uno entre discursos huecos y fuegos que nadie quiere apagar.

Con informacion: ELNORTE/

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